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—Bien, usted asegura haber hablado directamente con Dios, así que díganos… ¿cuál es el mensaje de Dios para el mundo?
Quien hablaba era el mundialmente famoso anfitrión de uno de los programas matutinos más populares de la televisión nacional de Estados Unidos, y me pedía responder a la pregunta más importante de todos los tiempos.
—¿Puede ponerlo en una o dos frases? —agregó—. Nos quedan treinta segundos.
Mi mente se aceleró. ¿Cómo podría decir en treinta segundos algo que capturara la esencia de lo que Dios quiere que el mundo sepa? Entonces, en un súbito destello, escuché la respuesta de Dios en mi cabeza. Parpadeé e hice un anuncio que incluso a mí me sorprendió.
—De hecho, puedo ponerlo en cuatro palabras.
El presentador levantó las cejas, mostró un milisegundo de incredulidad y luego miró socarronamente a la cámara:
—De acuerdo. Damas y caballeros, del hombre que dice que está en contacto con La Divinidad, éste es el mensaje de Dios para el mundo… en cuatro palabras.
Sabía que millones miraban desde sus casas en todo el mundo. Era mi oportunidad de transmitir el mensaje más importante de Dios a más gente de la que nunca imaginé en toda mi vida. Miré directo a la lente y repetí las palabras que recibí para pronunciarlas:
—Me han entendido mal.
UNA OPORTUNIDAD EN UN MILLÓN
Mi nombre es Neale y debería explicarme.
He hablado con Dios.
No sólo una vez, en un momento único de revelación o epifanía, sino muchas, muchas veces.
Y tú también.
Puedes pensar que no es cierto, pero lo es. Tal vez lo has llamado de otra manera, quizás una luz cegadora de entendimiento, o una idea brillante, un presentimiento increíble, una buena suposición, un golpe de genialidad, una coincidencia, azar, o intuición femenina.
Como sea que lo llamaras, todo es lo mismo. Es un mensaje desde una fuente de sabiduría y entendimiento en nuestro interior que es un derecho de nacimiento de todos nosotros.
En mi caso llamé a mis encuentros con esta fuente tal y como los experimenté: Conversaciones con Dios.
Por fortuna, escribí todos los intercambios que tuve, de modo que nunca los olvidara. El proceso empezó cuando, un día de febrero de 1990, me senté a las 4:20 de la mañana y le escribí una furiosa carta a Dios, exigiendo saber por qué mi vida no funcionaba y cómo podía lograr que lo hiciera.
Lo que siguió después fue un diálogo continuo en el papel con la Deidad, en el que le planteé las preguntas más intrigantes y frustrantes de mi vida, y las respuestas que recibía tal como si fuera un dictado.
En cierto momento me dijo Dios: “Esto se volverá un libro algún día”, y así, unos meses después, envié mis notas manuscritas a un estenógrafo para que las transcribiera, luego imprimí el documento y lo envié a un editor… casi como un desafío.
No sé a quién desafiaba… a mí mismo o a Dios… pero sabía que quería “probar” lo que había recibido, ver si tenía alguna validez, si algo de ello era verdad.
Era plenamente consciente, por supuesto, de que la posibilidad de que alguna editorial de verdad publicara y distribuyera un libro de una persona que decía estar hablando directamente con Dios era una en un millón. Simplemente no ocurriría.
Me equivocaba.
Ocurrió.
AHORA, LA AMPLIACIÓN COMIENZA
Ahora estoy aquí, tras nueve libros de la serie Conversaciones con Dios, haciendo lo que hago cada vez que me siento a escribir un libro. Me pregunto: ¿por qué estoy escribiendo este libro? ¿Qué espero conseguir? ¿Es necesario este libro?
Déjame responder mis propias preguntas de modo que puedas darte una idea de lo que sigue, y entonces decidir si quieres emprender este viaje o no.
- Escribo este libro porque mucha, mucha gente me ha pedido muchas, muchas veces expandirme acerca de lo que Dios dijo en las miles de páginas que conforman las Conversaciones con Dios, y quiero hacerlo en un solo, inmaculado volumen, de modo que el mensaje de Dios para la humanidad pueda estar al alcance de la manera más fácil y rápida posible.
- Lo que espero lograr con estas nuevas ampliaciones, nunca antes publicadas, de los mensajes de Conversaciones con Dios, es hacerlas inmediatamente útiles para la vida diaria. Quiero que las ideas sean aplicables y no sólo conceptuales.
- Este libro es necesario por dos razones: 1) Millones de personas han leído Conversaciones con Dios (los libros de la serie se han publicado en treinta y siete idiomas), y esos lectores no sólo me han pedido ampliar el material sino también que les diga cuáles de esos muchos mensajes son los más importantes. 2) Los mensajes de las Conversaciones con Dios pueden cambiar el mundo si la gente sabe cómo aplicarlos, y el mundo necesita con desesperación cambiar ahora mismo. No en cincuenta años. No en veinticinco. No en diez años. Ahora mismo.
EL PROBLEMA ES SISTÉMICO
Es momento de ser honesto aquí: nada funciona.
Quiero decir, nada.
Ni un solo sistema importante que haya sido puesto en marcha en el planeta funciona correctamente. Ni nuestro sistema político, económico, medioambiental, educativo, social, ni tampoco nuestro sistema espiritual. Ninguno de ellos está produciendo los resultados que decimos desear; de hecho es peor. Están generando resultados que decimos no desear.
Y no sólo a escala global. Alcanza incluso el nivel personal. Llega hasta donde estamos tú y yo. Sólo un pequeño porcentaje de la población mundial no se encuentra en dificultades; dificultades diarias. Dificultades no sólo para ser felices sino para sobrevivir, para pasarla, simplemente para seguir a flote.
Y ahora ha ido incluso más allá. Porque ahora incluso aquellas personas que están viviendo la “buena vida” no lo pasan tan bien. Ni siquiera ellos. La felicidad personal parece misteriosa y frustrantemente esquiva. Y aun cuando la gente la alcanza, no pueden retenerla.
Y ésa es la mayor pista, la señal más grande, el rasgo más evidente de que algo se ha perdido. Cuando incluso aquellos que deberían ser felices en cualquier medida razonable no lo son, tiene que haber un problema sistémico serio en la cultura de una sociedad. Puedes afirmar que una fórmula social es torcida cuando aunque funcione, no funciona; cuando aunque todo vaya bien, algo está desesperantemente mal.
Ahí es donde nos encontramos ahora, y creo que es momento de que un nuevo Mensaje guíe a la humanidad. Creo que es tiempo de que nuestra especie adopte una nueva historia cultural.
Ahora que si te agrada tu vida tal como es, y tu mundo justo como se presenta, puedes estar en desacuerdo conmigo. Pero si no existe otra razón aparte, tal vez quieras seguir leyendo. Si anhelas que las cosas sigan igual, deberías saber todo lo que hay que saber sobre los cambios que otros (en este caso, millones de otros) están siendo invitados a considerar.
Si coincides conmigo en que es hora de hacer algunos cambios importantes, en el mundo en general y tal vez tu propia vida, has llegado al lugar correcto.
Estos mensajes tienen la intención de cambiarlo todo.
AGÁRRATE A TU ASIENTO
Para una lectura más rápida y el máximo impacto, he reducido los mensajes centrales de los nueve libros de las Conversaciones con Dios a unas mil palabras. Después ofrezco una ampliación significativa de los mismos.
Ésta es, pues, la articulación más clara y la aplicación más práctica de los que considero los aprendizajes más importantes de las Conversaciones con Dios.
No es que cada afirmación en el resumen de mil palabras que conforma el capítulo 2 se entienda a la perfección con la primera lectura. No ocurrió así conmigo. Precisamente por eso me he extendido sobre ellos en las páginas siguientes.
Luego de quince años de trabajar en aplicar estos mensajes en mi vida y, durante la misma década y media, buscar la manera más clara y sencilla de explicar —en respuesta a miles de preguntas de audiencias de todo el mundo— lo que dicen los mensajes y cómo pueden ser aplicados, puedo aseverar que ahora estoy listo para contribuir a este libro.
Así que aquí vamos. Oh, pero ahora, agárrate a tu asiento: algunas de estas ideas pueden ser consideradas por muchos como heréticas, lo que podría significar todo un reto. Creo sin embargo que es como George Bernard Shaw observó notablemente: “Todas las grandes verdades comenzaron como blasfemias”.
2
Aquí, en mil palabras, está todo lo que la raza humana necesita saber para vivir la vida que ha anhelado y la cual, a pesar de haberlo intentado durante miles de años, aún le falta conseguir. Lleva estos mensajes a tu mundo:
- Todos somos Uno. Todas las cosas son Una Cosa. Sólo hay Una Cosa, y todas las cosas son parte de la Cosa Única que existe. Esto quiere decir que tú eres Divino. No eres tu cuerpo, no eres tu mente, y no eres tu alma. Eres la combinación única de los tres, lo que abarca la Totalidad de Ti. Eres una individualización de la Divinidad; una expresión de Dios en la Tierra.
- Hay lo suficiente. No es necesario competir, mucho menos pelear, por los recursos. Todo lo que tienes que hacer es compartir.
- No tienes que hacer nada. Hay muchas cosas que harás, pero nada a lo que estés obligado. Dios no quiere nada, no necesita nada, no exige nada ni ordena nada.
- Dios habla con todos, todo el tiempo. La pregunta no es: ¿con quién habla Dios? La pregunta es: ¿quién escucha?
- Hay Tres Principios Básicos de la Vida: Funcionalidad, Adaptabilidad y Sustentabilidad.
- No existen el Bien y el Mal, sólo hay Lo Que Funciona y Lo Que No Funciona, según lo que intentes lograr.
- En el sentido espiritual, no hay víctimas ni villanos en el mundo, aunque en el sentido humano sin duda parezca que los hay. Sin embargo, como eres Divino, todo lo que ocurre te beneficia en última instancia.
- Nadie hace nada inapropiado, según su modelo del mundo.
- No existe el infierno, y tampoco la condenación eterna.
- No existe la muerte. Lo que llamas “muerte” es tan sólo un proceso de Re-Identificación.
- No existen el Espacio y el Tiempo, sólo el Aquí y el Ahora.
- El Amor es todo cuanto existe.
- Eres el creador de tu propia realidad, al usar las Tres Herramientas de Creación: Pensamiento, Palabra y Acción.
- Tu vida no tiene nada que ver contigo. Se trata de todos aquellos cuyas vidas tocas y cómo lo haces.
- El propósito de la vida es re-crearte de nuevo en la siguiente versión mayor de la visión más grande que tengas acerca de Quien Eres.
- En el momento en que declaras cualquier cosa, todo lo contrario aparece en el espacio. Es la Ley de los Opuestos, produciendo un campo contextual en el cual lo que deseas expresar puede experimentarse.
- No existe la Verdad Absoluta. Toda verdad es subjetiva. Dentro de este marco hay cinco niveles de expresión de la verdad: Decirte la verdad acerca de ti mismo; Decirte la verdad a ti mismo acerca de alguien más; Decir tu verdad acerca de ti mismo a alguien más; Decir tu verdad acerca de alguien más a otro; Decir tu verdad a todos acerca de todo.
- La raza humana vive dentro de una serie específica de ilusiones. Las Diez Ilusiones de los Seres Humanos son: Existencia de la Necesidad, Existencia del Fracaso, Existencia de la Desunión, Existencia de la Insuficiencia, Existencia de la Obligación, Existencia del Juicio, Existencia de la Condenación, Existencia de la Condicionalidad, Existencia de la Superioridad y Existencia de la Ignorancia. Estas ilusiones están destinadas a servir a la humanidad, pero se debe aprender a usarlas.
- Los Tres Conceptos Clave de la Vida Holística son Honestidad, Conciencia y Responsabilidad. Vive según estos preceptos y la ira contra ti mismo desaparecerá de tu vida.
- La vida funciona dentro de un paradigma Ser-Hacer-Tener. La mayoría de la gente tiene este retroceso, creyendo que primero uno debe “tener” cosas para “hacer” cosas, y entonces “ser” lo que desean. Revertir este proceso es la manera más rápida de experimentar un dominio en el vivir.
- Hay Tres Niveles de Conciencia: Esperanza, Fe y Conocimiento. El dominio espiritual tiene que ver con vivir a partir del tercer nivel.
- Hay Cinco Falacias acerca de Dios que generan crisis, violencia, asesinatos y guerras. La primera, la idea de que Dios necesita algo. Segunda, la idea de que Dios puede fracasar en conseguir lo que necesita. Tercera, la idea de que Dios te ha separado de Él porque no le has dado lo que necesita. Cuarta, la idea de que Dios aún necesita lo que tanto necesita que ahora te exige, desde tu posición separada, que se lo des. Quinta, la idea de que Dios te destruirá si no cumples con sus demandas.
- También hay Cinco Falacias acerca de la Vida que igualmente generan crisis, violencia, asesinatos y guerras. La primera, la idea de que los seres humanos están separados unos de otros. Segunda, la idea de que no hay suficiente de lo que los seres humanos necesitan para ser felices. Tercera, la idea de que a fin de conseguir aquello de lo que no hay suficiente, los seres humanos deben competir con los demás. Cuarta, la idea de que algunos seres humanos son mejores que otros seres humanos. Quinta, la idea de que es apropiado que los seres humanos, para resolver las severas diferencias creadas por las demás falacias, se maten entre sí.
- Piensas que otras personas te aterrorizan, pero lo cierto es que estás aterrorizado por tus propias creencias. Tu experiencia de ti mismo y de tu mundo cambiará drásticamente si adoptas, colectivamente, los Cinco Pasos para la Paz:
- Permítete reconocer que algunas de tus antiguas creencias acerca de Dios y la Vida ya no funcionan.
- Explora la posibilidad de que hay algo que no entiendes completamente acerca de Dios y de la Vida, y que si lo comprendieras cambiaría todo.
- Anuncia que estás dispuesto a los nuevos entendimientos acerca de Dios y la Vida que vayan surgiendo, entendimientos que podrían producir una nueva forma de vivir en este planeta.
- Examina con valentía estos nuevos entendimientos y, si se alinean con tu verdad interna y conocimiento personales, amplía tu sistema de creencias para incluirlos.
- Expresa tu vida como una manifestación de tus creencias más elevadas y no como su negación.
- Que haya un Nuevo Evangelio para toda la gente en la Tierra: “Todos somos uno. El nuestro no es el único camino, es sólo otro camino”.
Estas mil palabras, aceptadas y puestas en práctica, podrían cambiar nuestro mundo en una sola generación.
3
Algunos de estos mensajes son clarísimos y otros ruegan por alguna explicación. La mayoría de nosotros probablemente coincida, por ejemplo, en que “no es necesario competir, mucho menos pelear” por nuestros recursos. Por otra parte, podríamos pasar un mal rato con la idea de que “no hay víctimas ni villanos en el mundo”, aun si calificamos la afirmación “en un sentido espiritual”.
En especial en un sentido espiritual, hemos creído que “el bien y el mal” son partes intrínsecas del esquema universal de cosas —de “la Ley de Dios”, si lo prefieres— y la mayoría de la gente no puede concebir un mundo sin absolutos morales. De hecho, lo que muchos creen que está mal hoy en el mundo es que parece haber cada vez menos absolutos morales.
Esto crea un gran problema. La mayoría de los seres humanos no parecen saber cómo existir sin alguien aparte de ellos diciéndoles qué hacer y qué no hacer. Ya es bastante duro hallar felicidad en un mundo donde alguien lo hace. ¿Qué haríamos sin ninguna regla? ¿Y qué nos limitaría si no hubiera juicio, condenación y castigo, en especial en “sentido espiritual”?
Así que vemos que la primera dificultad con, y el mayor reto del material de las Conversaciones con Dios, es que quita lo que da fundamento a las construcciones morales e ideas acerca de Dios. No importa que esas construcciones y dogmas religiosos hayan hecho poco para crear un mundo libre de odio, violencia y miedo. No importa que esos valores morales y enseñanzas acerca de Dios hayan fracasado en eliminar el sufrimiento, reducir la miseria, o incluso lograr algo tan simple como acabar con el hambre en el planeta.
¿Sabías que seis millones de niños mueren cada año en la Tierra por hambre? Eso es un hecho, no un argumento.
Nos alarmamos terriblemente —y deberíamos— cuando un hombre con un arma mata a 20 niños en una escuela, pero nos quedamos sentados mientras vemos morir a 684 niños cada hora de hambre y dejamos que eso siga. No hay nada, decimos, que podamos hacer al respecto.
Es tristemente cierto que cuando se trata de nuestros valores globales y las religiones de las que emanan, la mayoría de las personas del planeta se han rehusado a hacer lo que se han permitido en cualquier otra área del esfuerzo humano.
En la ciencia, lo han alentado. En la medicina, lo han alentado. En la tecnología, lo han alentado. Pero cuando se trata de la religión —posiblemente el área más importante de todas—, enérgicamente lo han desalentado.
¿Y qué es lo que hace la gente rutinariamente en la ciencia, la medicina, la tecnología, que cuando se trata de la religión, tercamente se rehúsa a hacer?
Cuestionar el supuesto previo.
DEJA LAS COSAS COMO ESTÁN
Poner las cosas de cabeza no es algo que le guste hacer a la gente. Tampoco quieren que nadie se meta con sus creencias más sagradas. Aun si esas creencias son clara y probadamente equivocadas, u obvia y totalmente inefectivas para conseguir los resultados que promueven o anuncian, los seres humanos se aferrarán a sus creencias con una rigidez terca que es la vez impactante y desoladora.
Por ejemplo, ¿sabías que —sin importar los descubrimientos en paleontología y arqueología de los pasados 25 años— las investigaciones muestran que más de 40% de la población del planeta sigue creyendo que el mundo no tiene más de 10 000 años de antigüedad?
La gente cree lo que quiere o necesita creer con tal de dar sustento al punto de vista que ya tenía. En un asombroso número de ocasiones, de verdad es un caso de “no me importan los hechos”.
Y en ningún lado es más evidente que en el área de la religión.
Sabemos lo que sabemos sobre Dios y no queremos escuchar nada más. Y hay una poderosa razón para ello. Nuestros pensamientos sobre Dios forman los cimientos de nuestra comprensión acerca de la Vida. Esto es cierto incluso para aquellos que no creen en Dios en absoluto.
Así que ya sea que las personas sean “creyentes” o “no creyentes”, sus pensamientos acerca de Dios crean una base a partir de la cual muchos construyen su código moral entero. Comprensiblemente, entonces, nuevos pensamientos, nuevas ideas, nuevos conceptos acerca de Dios, no son bien recibidos con facilidad o adoptados con entusiasmo por la mayoría.
Una Nueva Verdad acerca de Dios sería —para agnósticos, ateos y similares— la Mayor Puesta de Cabeza de las Cosas de todos los tiempos.
VOLAR HACIA LA VENTANA
Ya que la mayoría de la gente no quiere que nadie se meta con sus creencias, nos vemos a menudo insistiendo en construir una vida en los primeros 25 años del siglo XXI con herramientas espirituales del siglo I.
En medicina, esto sería como tratar de llevar a cabo una cirugía con un palo muy afilado. En tecnología, equivaldría a mandar un cohete a la luna con las chispas de unas piedras. En ciencia, a tratar de llevar a cabo un experimento en una cueva con la luz de una pequeña fogata.
Con todo, dejar intocadas nuestras creencias religiosas podría tener sentido si esas herramientas funcionaran. Sin embargo, ni siquiera se nos permite cuestionar si funcionan. El problema no son las herramientas, nos decimos, el problema es que no las estamos usando.
Pero el observador atento se daría cuenta de que el problema es exactamente el opuesto. El problema es que las estamos usando. Y las estamos usando contra los demás.
De modo que las herramientas de nuestras antiguas religiones han demostrado ser inefectivas (para decirlo con suavidad) para crear un mundo de paz, armonía, autosuficiencia y dignidad para todos.
¿Qué está mal aquí?
Ésa es una pregunta que no se supone que deberíamos hacer. Se supone que sigamos haciendo lo mismo que hemos estado haciendo siempre, y esperar un resultado distinto. (Y eso, por supuesto, es la definición de locura.)
Como moscas contra una ventana, seguimos estrellándonos de cabeza contra eso que no vemos, o, en nuestro caso, que nos negamos a ver: que debe haber algo fundamentalmente equivocado en nuestras creencias acerca de Dios y de la Vida, o estaríamos mucho más adelante de donde nos encontramos ahora en términos de nuestro desarrollo social y espiritual.
No viviríamos en un planeta donde la gente se siguiera matando para resolver sus diferencias.
No viviríamos en un planeta donde la gente siguiera muriendo de hambre por millones mientras cada día se tira a la basura comida suficiente para alimentar a la mitad de la población.
No viviríamos en un planeta donde 5% de la población posee o controla 95% de la riqueza y los recursos, y considera que eso es perfectamente correcto.
No viviríamos en un planeta donde se considera que “cada cual para sí mismo” es de hecho preferible a “uno para todos y todos para uno”.
¿QUÉ ESTAMOS DISPUESTOS A HACER?
Sin embargo, vivimos en ese planeta. Y la pregunta entonces es, ¿estamos dispuestos a seguir con todo ello?
¿Estamos dispuestos a simplemente seguir adelante como lo hemos estado haciendo, heredando a nuestros hijos y a los suyos un mundo donde podemos sacar a la luz los misterios del genoma humano pero no podemos sacar a luz el amor dentro del corazón humano?
Decimos que no. Decimos que queremos una vida mejor, y generar una vida mejor para nuestros descendientes, ¿pero qué estamos dispuestos a hacer?
¿Estamos dispuestos a hacer lo más valiente de todo? ¿Estamos dispuestos a desafiar nuestras más sagradas creencias? ¿Estamos dispuestos a considerar la posibilidad de que haya algo que tal vez no entendemos por completo acerca de Dios y de la Vida, que de comprenderlo cambiaría todo?
¿Estamos dispuestos a considerar —o al menos explorar— nuevas ideas, nuevos pensamientos, nuevas construcciones dentro de la historia humana? Aun si, en la superficie, parecen contradecir lo que ya creemos saber sobre Dios y la Vida, ¿podemos cuando menos explorar sus posibilidades? ¿Debemos descartar cada nuevo concepto, cada nueva hipótesis sin más, simplemente porque no coincide con la historia que nos hemos contado durante siglos y milenios?
No. No tenemos que estarlo. Y una civilización que espera avanzar no puede permitírselo. En consecuencia, estos mensajes resultan extraordinariamente importantes, pues sólo cuando estamos abiertos a todas las ideas, todas las posibilidades se abren ante nosotros.
4
Éstas son las buenas noticias. Hoy, mientras el mundo enfrenta crisis mundiales, agitación política, inquietud civil, colapso social, degradación ambiental, confusión espiritual, conflicto permanente y guerras, la gente de todas partes está hallando el coraje de no abandonar sus creencias religiosas. Están en busca de nuevas direcciones, nuevos entendimientos, nuevas respuestas, nuevas maneras de ser humano.
Lo más importante, un pequeño pero creciente número de personas ahora anhela nuevas formas de entender y relacionarse con Dios, porque han alcanzado una nueva conciencia de que las ideas de la humanidad acerca de Dios impactan grandemente, y en ocasiones incluso crean sus ideas acerca de la humanidad misma, acerca de quiénes somos en relación con los demás, y acerca de cómo funciona la Vida.
Y es claro ahora —hoy más que nunca, a causa de nuestra capacidad para vernos a nosotros mismos, para comunicarnos con el mundo entero, en un instante— que algunas de nuestras antiguas ideas ya no son funcionales.
Es de dudar que alguna vez lo fueran, pero eso no importó en el pasado. No a una escala global. Porque las cosas siguieron su marcha. La vida prosiguió. Pero ahora las cosas no pueden continuar. No del modo en que han sido. Muchos muy pronto saben demasiado. Nuestras antiguas maneras de hacer las cosas, de ser, ya ni siquiera las considera funcionales en parte un sector del mundo. Y esto es lo que la gente en todas partes está comenzando a reconocer cuando menos. En el pasado, un lugar de la Tierra podía ocultar de otro sus disfunciones; en la actualidad, todos sabemos todo lo que sucede en cualquier parte. Esto hace que resulte más difícil ocultar lo que no funciona, y es más difícil que el mundo en su conjunto lo tolere.
Demasiados de nosotros vemos ahora las heridas que nos hemos infligido. Y vemos también que se nos han terminado las venditas. Ya no podemos mantener todo unido a base de parches.
Nos hemos quedado sin suelo fértil para plantar nuestros cultivos. Nos hemos quedado sin un clima más frío y húmedo para evitar que la Tierra muera de sed. Nos hemos quedado sin aire limpio. Y nos hemos quedado sin maneras de ignorar todo esto.
Nos hemos quedado sin dinero para hacer mejores las cosas. Nos hemos quedado sin tiempo para hacerlo. Y lo peor de todo, mucha gente se ha quedado sin la voluntad de hacerlo, mientras se hunden más y más en el miedo y la frustración, creyendo que la única solución es volverse contra el otro en lugar de hacia el otro.
ESTE GRUPO NO TE INCLUYE
Tú no estás entre los que creen esto, o nunca habrías elegido este libro. Estás entre los que tienen claro que no es demasiado tarde para cambiarlo, incluso si no sabes exactamente qué papel puedes jugar para conseguirlo. (Volveremos sobre esto.) Lo que sí sabes es que lo que debe conseguirse ahora es reajustar totalmente nuestra manera de ser.
No es tarea fácil, pero tampoco imposible. Nuestra especie ha experimentado una completa re-creación de sí misma antes; una regeneración, un renacimiento, si lo deseas. Y esta regeneración no requiere trescientos años, puede lograrse en una décima parte de ese tiempo, precisamente a causa de la naturaleza instantánea y transparente de nuestra comunicación contemporánea, una condición que yo llamo instaparencia.
Quiero sugerir que nuestro reajuste podría empezar mejor con una nueva escritura, una ampliación de nuestra historia cultural, de las palabras que nos hemos dicho acerca de nosotros mismos, de las lecciones que enseñamos a nuestros hijos acerca de la razón y el propósito de la vida misma, y —lo más importante de todo— de las narrativas que compartimos con los demás acerca de lo que llamamos “Dios”.
Aquí es donde radica la fuerza. Aquí es donde está la ventaja estratégica. Es aquí donde encontramos el combustible que enciende el motor de la experiencia humana.
Sin embargo, ¿qué nueva adición inspirada por la Divinidad a nuestra consagrada historia humana podría capturar nuestra atención y movernos a considerar siquiera nuestros antiquísimos comportamientos? Ésa es la cuestión. ¿Qué nuevas ideas de Dios pueden ser tan poderosas e inspiradoras, tan emocionantes y motivadoras, como las de Lao-Tsé o las de Buda, las de Moisés o Jesús, las de Mahoma o de Krishna? ¿Qué ampliación de nuestra historia podría ser tan conmovedor, tan impactante para la vida, y tan modificador de nuestra experiencia como los mensajes de los sistemas de creencias y religiones a los cuales los seguidores de esos maestros dieron origen?
Ésta ha sido la pregunta clave durante mucho tiempo. ¿Qué nuevas ideas pueden ampliar nuestra antigua historia lo suficiente como para ofrecer nuevas posibilidades a una especie en su conjunto?
NO SE TRATA DE RECHAZAR O ABANDONAR
Vengo aquí a sugerir respetuosamente que las ideas contemporáneas de lo que he llamado la Nueva Espiritualidad podrían brindar un esquema para realizar esas adiciones, u ofrecer al menos una base para abrir discusiones, para empezar exploraciones.
Esto no ocurrirá, sin embargo, si la gente contempla esas exploraciones como un rechazo o abandono de la Antigua Historia de la humanidad pues la tenemos como algo muy querido, como debe de ser. Después de todo, nos ha traído hasta donde estamos.
Así que debe quedar claro desde un inicio que las Conversaciones con Dios nunca sugieren nada semejante. De hecho, establecen lo contrario: mucho de lo que hemos recibido de las religiones del mundo es valioso y bueno. Por eso la religión misma ha durado tanto. Si las religiones han producido conflictos entre las personas, no es porque sus enseñanzas sean “equivocadas” sino que es posible que sean incompletas.
Mi observación es que muchos seres humanos son como niños que han aprendido a sumar y restar pero aún no han oído hablar de la multiplicación y las divisiones largas (por no mencionar la geometría, la trigonometría y el cálculo), y sin embargo creen que saben todo lo necesario acerca de las matemáticas.
Queda mucho más por revelarse acerca de Dios y de la vida de lo que ahora suponemos, y creo que es un error imaginar que hemos adquirido todo lo que hay que saber sobre estos asuntos.
La intención de las Conversaciones con Dios no es, por tanto, rechazar en su conjunto o abandonar por completo las antiguas ideas de la humanidad acerca de lo Divino y sobre la Vida, sino aportar, construir, ampliar, ensanchar, extender, profundizar, clarificar y enriquecer nuestra Antigua Historia.
PONER FIN AL BLOQUEO
No hay necesidad de que esta ampliación de nuestra comprensión original genere rabia, y mucho menos nos bloquee para siempre a medida que buscamos avanzar en nuestro viaje espiritual mucho más de lo que ampliar nuestros entendimientos científicos, médicos y técnicos nos ha bloqueado para siempre de progresar en nuestro viaje evolutivo.
Sí, ha habido algunos obstáculos, ha habido algunos retrasos en el viaje evolutivo de la ciencia, la medicina y la tecnología, pero nada que hayamos permitido que nos detuviera completamente. Nos tomó un tiempo admitir que el sol no giraba alrededor de la Tierra; nos tomó un tiempo reconocer que lavarnos las manos antes de ayudar a nacer a los niños reduciría la mortalidad infantil; nos tomó un tiempo “captar” que las computadoras no significaban una amenaza para los seres humanos, pero al final adoptamos estos y otros adelantos y seguimos adelante.
No desechamos la totalidad de nuestro conocimiento científico para admitir un nuevo descubrimiento, no desechamos la totalidad de nuestro conocimiento médico para adoptar un nuevo procedimiento, no desechamos la totalidad de nuestro conocimiento técnico para aplicar un nuevo avance. Simplemente integramos lo nuevo dentro de lo viejo, dejamos que nuestra comprensión se amplíe y modifique, y seguimos adelante, ahora mucho mejor.
Ahora es tiempo de hacer lo mismo con la religión.
5
Lo que ahora se necesita en la Tierra es un Movimiento por los Derechos Civiles del Alma, liberar a la humanidad por fin de la opresión de su creencia en un Dios violento, furioso y vengativo, y liberar a nuestra especie de una doctrina espiritual que no ha ocasionado sino separación, miedo y disfuncionalidad en todo el mundo.
Necesitamos sustituir este dogma con lo que mi amigo el rabino Michael Learned describiría como un ethos de unidad y cooperación, entendimiento y compasión, generosidad y amor.
El primer paso en este movimiento es iniciar una conversación global que inicie con una pregunta directa que rara vez se hace: “Honestamente, y sin prejuicio alguno, ¿dirías que los sistemas de creencias del mundo, incluidas sus religiones, han conseguido los resultados que la humanidad anhela?”.
Si la respuesta es no, la siguiente pregunta debe ser: “¿Por qué crees que nuestros sistemas de creencias han fracasado en conseguirlo?”. Y por último, cualquier discusión provechosa debería conducir a esta pregunta: “¿Qué creencias o puntos de vista sientes que conseguirían los resultados que la humanidad dice desear?”.
Estas preguntas pueden formar la base de lo que llamo la Conversación del Siglo, y es algo en lo cual todos podemos tomar parte. Podrías unirte ahora mismo a la Conversación del Siglo en la comunidad virtual global que se reúne a diario en www.TheGlobalConversation.com. Se trata de un periódico en línea que creé, el cual relaciona los conceptos espirituales ampliados de la Nueva Espiritualidad con las noticias del día, haciendo otra vez vital la espiritualidad, dotándola de sentido de nuevo en nuestras vidas.
Podrías abrir un Grupo Revolucionario para la Evolución ahora mismo en tu comunidad, con reuniones en tu hogar una o dos veces al mes.
Hablar de cuestiones importantes genera energía alrededor de ellas. Cada cambio importante que haya tenido lugar alguna vez en nuestros sistemas social, político, económico y espiritual comenzó con una persona hablándole a otra al respecto. Esto puede parecer absurdamente obvio, sin embargo, observo a mucha gente que quiere ver cambios en su mundo y en sus vidas decir: “¿Y qué puedo hacer? ¿Qué impacto es posible que yo tenga?”.
No te confundas, cuando la gente habla al mismo tiempo sobre lo mismo en el mismo momento se vuelve muy poderosa. Tan poderosa que, como dijo Victor Hugo: “Todos los ejércitos del mundo no pueden detener una idea cuyo momento ha llegado”.
Reescribir la historia cultural de la humanidad para incluir creencias ampliadas y puntos de vista más profundos acerca de Dios y la Vida, agrandando las creencias primitivas y simplistas del pasado, es una gran idea.
Toma tiempo, pero grandes grupos de personas —sociedades enteras— pueden cambiar de idea acerca de las cosas. Martin Luther King Jr. ayudó a cambiar la mentalidad acerca de la gente de raza negra. Betty Friedan y Gloria Steinem ayudaron a cambiar la mentalidad acerca de las mujeres. Harvey Milk ayudó a cambiar la mentalidad acerca de los gays. Nosotros podemos ahora ayudar a cambiar la mentalidad acerca de Dios.
UN NUEVO EVANGELIO
“Cambiar la mentalidad del mundo acerca de Dios.” ¡Ah! ¡Vaya meta!
Y ésa es la meta de la Nueva Espiritualidad. Ésa es la meta de las Conversaciones con Dios. Ésa es la meta de cada persona que conoce y ama a Dios, y que no puede seguir sentada mirando ausente a los demás mientras batallan con enseñanzas acerca de un Dios temeroso, vengativo y violento, e ignorar todos los dañinos resultados que tales creencias han infligido a la raza humana.
Quienes estamos en ese grupo sabemos que lo primero en que debemos ayudar a la gente a cambiar de mentalidad es acerca de la relación de Dios con nosotros. Luego, nuestra relación hacia Dios. Y por último, la relación de todas las personas entre sí, y hacia la Vida misma.
Estos tres asuntos forman la línea que recorre los principales mensajes de las Conversaciones con Dios, resumidos en el capítulo 2. Creo de todo corazón que estos mensajes ofrecen un sendero hacia la clase de experiencia vital que la gente de la Tierra ha anhelado, individual y colectivamente, por miles de años.
Por favor, observa que dije “un” sendero, no “el” sendero. Mi elección de palabras fue específica y deliberada. Las Conversaciones con Dios le ofrecieron a la humanidad un Nuevo Evangelio en el libro Amistad con Dios. El Nuevo Evangelio concluye el resumen del capítulo 2.
Así que empecemos aquí. Empecemos nuestra exploración de este resumen de mil palabras donde termina. Empecemos con el final y prosigamos hacia arriba.
6
Mientras vemos los 25 mensajes clave surgidos de las Conversaciones con Dios, del último al primero, dedicaré un capítulo a cada uno y dividiré cada capítulo en dos secciones: Significado y Aplicación. De ese modo, nos extenderemos de dos maneras sobre los mensajes mismos, llevando a mucha gente a nuevos territorios donde no han tenido oportunidad de estar antes.
Aquí tenemos entonces nuestra mirada al mensaje más desafiante de todos…
MENSAJE CLAVE DE LAS CONVERSACIONES CON DIOS #25
Que haya un Nuevo Evangelio para toda la gente en la Tierra: “Todos somos uno. El nuestro no es el único camino, es sólo otro camino”.
Éste fue para mí uno de los mensajes más maravillosos en el diálogo con la Divinidad que tuve la maravillosa fortuna de experimentar. En ese lindo intercambio, Dios me dijo suavemente que podemos poner fin a buena parte de la ira, el odio, las divisiones y la violencia en nuestro mundo tan sólo con adoptar y difundir una nueva enseñanza, una sencilla doctrina de catorce palabras: Todos somos Uno. El nuestro no es el único camino, es sólo otro camino.
Dios llamó a esto el Nuevo Evangelio, y debo admitir que en un principio estuve muy reacio a usar estas palabras porque, después de todo, la palabra evangelio guarda un significado muy especial para mucha gente. Pero nunca he suprimido una sola cosa que haya recibido en estas experiencias dialogadas, y no podría justificar empezar a hacerlo de pronto… así que dejaré la frase exactamente como la recibí.
Creo que a todos nos vendría bien un nuevo evangelio. No uno que reemplace al anterior, sino que lo complemente, que lo amplíe y le dé un significado más profundo y rico. De modo que, en mis charlas y talleres por todo el mundo he invitado a nuestros líderes en la economía, en la política y espirituales para hablar de este Nuevo Evangelio a sus audiencias.
Hasta ahora, ninguno lo ha hecho. Lo comprendo. Sé por qué ningún líder mundial relevante, ninguna figura espiritual global, ningún titán de los negocios y de la industria se ha atrevido a pronunciar esas palabras desde sus podios y púlpitos y mesas de juntas. Ellos simplemente no creen que funcione, que alguna vez sea aceptado por aquellos que los escuchan y los miran.
De hecho, debido a las mismas posiciones que ocupan estos líderes, pueden sentir que necesitan afirmar exactamente lo contrario. ¿Por qué habría alguien de seguirlos si no proclamaran que están en lo correcto?
Con todo, nada bloquea la creación y el sostenimiento de la paz en tu mundo como los pensamientos de superioridad, en especial si van acompañados de santurronería.
Y esto, tristemente, es lo que vemos con mayor frecuencia en nuestra sociedad cada vez más polarizada. “No sólo”, dicen nuestros líderes, “tenemos una buena idea… es la única idea que hay. Nuestra senda es la senda correcta. Cualquier otra no sólo es equivocada, sino que es mala incluso de mencionar”.
Así es como suena nuestro intercambio de opiniones cada vez más y más a diario, y es muy triste que ni siquiera notemos que nosotros mismos creamos la polarización con nuestra superioridad moral.
Como se señaló antes aquí, cuando los seres humanos creen que están en lo “correcto” acerca de algo, algunos de ellos —tal vez la mayoría— se aferran a sus opiniones tenazmente, aun cuando los hechos revelen que sus puntos de vista son erróneos o los hagan obsoletos.
Es cierto que la gente puede cambiar de mentalidad acerca de las cosas; Harvey Milk, Gloria Steinem, Martin Luther King Jr. y otros, Dios los bendiga, lo demostraron. Pero no es una tarea fácil ayudarlos a conseguirlo, pues es como se nos dijo en Comunión con Dios: la idea de superioridad es seductora.
Es, nos dice ese libro, una de las Diez Ilusiones de los Seres Humanos. No puede ser real… y explicaré por qué en un momento más… pero sin duda parece real. Y se siente tan bien.
En ningún lado está más extendida la idea de superioridad que en la religión, otro señalamiento que hemos hecho antes. Es esto lo que vuelve al Nuevo Evangelio tan dramático e impactante, y tan desafiante para muchas personas a la hora de aceptarlo.
