México es un país de hombres tristes y de niños alegres dijo Ángel mi padre (22 años) en el instante de crearme. Antes mi madre Ángeles (menos de 30 años) había suspirado: “Océano origen de los dioses.” Pero pronto no habrá tiempo para la felicidad y todos serán tristes, niños y viejos juntos, continuó mi padre quitándose los espejuelos redondos, violetas, con aro de oro, muy johnlenones. Para qué quieres un hijo entonces?, volvió a suspirar mi madre.
—Pronto ya no habrá tiempo para la felicidad.
—Cuándo lo hubo, tú?
—Qué dijiste? En México nos va mal.
—Eso es una tautología. México es para que nos vaya mal.
Y ella insistió:
—Para qué quieres un hijo entonces?
—Porque yo estoy contento, gritó mi padre, yo estoy contento, gritó más fuerte volteando a mirar las incansables olas del Océano Pacífico, ¡yo estoy poseído de la más íntima alegría reaccionaria!
“Océano origen de los dioses” y ella se colocó su edición de los Diálogos de Platón publicada por el rector don José Vasconcelos en los años veintes sobre la cara: las tapas verdes con el escudo negro de la Universidad de México POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU se mancharon de sudor coppertónico.
Pero mi padre dijo que quería tener un hijo (yo, cero años) con ella aquí en Acapulco de vacaciones frente al océano origen de los dioses que dice homérica ves pussy, arrastrándose boca abajo y desnudo sobre la playa caliente, sintiéndose el muy cachondo como la arena del mediodía comienza a moverse entre sus piernas, acercándose a mi madre, diciendo coño origen de los dioses y de las diosas, arrastrándose como culebra, ceba, culea, celebra, cerebra, el sexo no anda entre las piernas sino dentro del coconut grove que produce más hormonas que cualquier otro planeta de nuestro afrodisiaco cuerpo solar mamacita alrededor del cuerpo esbelto, desnudo, inocente, divino de mi madre con su tomo de Platón cubriéndole la careta, mi padre y mi madre desnudos bajo los litros del sol torrencial y borracho de Acapulque el día que me inventaron a mí gracias gracias.
—Cómo le pondremos al niño?
Mi madre no contesta sino que se quita el libraco de la cara y mira a mi padre con sorna y reprobación y hasta desprecio por no decir compasión, aunque no se atreve a llamarlo cerdo chovinista macho indecente, qué tal si es niña?, pero prefiere pasar por alto el asunto aunque él sabe que algo anda mal y no lo puede permitir a estas alturas y circunstancias de modo que todo se resuelve con él lamiéndole los pezones a ella como si fuesen gomitas sabor de cereza mentiras y mentadas pospriandales y prepriapales se imagina el vacilador de mi jefe en cuyo saco prostático yo yazco aún, inocente y filadélfico con mis dormidos hermanitos (y hermanitas) cromosómicos y espermatoides.
—Óyeme, tengo que presentar el examen de filosofía en marzo, es a título de suficiencia, falté demasiado a clase por andarte siguiendo en tus relajos, ahora no vas a querer que me reprueben, verdad?
—Cómo le pondremos al niño?
—Todas las cosas son sin que nadie las nombre, dijo ella para no caer otra vez en el argumento sobre el sexo de los ángeles.
—Seguro pero yo quiero tu perita en dulce.
—Tú y yo no necesitamos tener un nombre para ser, verdad?
Yo sólo necesito tu cosita rica.
—Ya ves, también la llamas la hidra y otras cosas.
—Y higo.
—E higo, rió mi mamá, como diría tu tío Homero.
—Nuestro tío Homero, la regañó en broma mi padre, ¡ay! —no supo él mismo si se quejaba del indeseado parentesco o si exclamaba a causa del placer precipitado que él no quería perdido en la arena, estéril, aunque supiera tirado allí de barriga que tanto el bien como el mal son sólo un violento placer, en eso se parecen y se excusan, en su excepcional irrupción y lo demás matal el tiempo y metel el culo.
—Sí, mucho ay, mucho reírse del viejo, dijo Ángeles mi madre, pero aquí estamos de vacaciones en Kafkapulco frente al océano origen de los dioses invitados por él a su casa.
—Su casa chiles, respinga mi padre Ángel, casa de los ejidatarios a los que despojó, pinche viejo talegas y jijo de su abuelita que también es tuya mi amor porque tú y yo le decimos mar al mar pero quién sabe cuál sea su nombre verdadero, el nombre que se dicen los dioses cuando quieren agitarlo y decirse a sí mismos: “Talassa. Talassa. El mar es nuestro origen.”
Bendita madre mía: gracias por tu mente de varios carriles, en uno de ellos explicas a Platón y en el otro acaricias a mi padre y en el tercero te preguntas por qué a fuerzas ha de ser niño, por qué no niña? y dices talassa talassa bien nombrado Astynax hijo de Héctor señor y mantenedor de la ciudad heredera de su padre (mira hacia el mar colérico Ángeles mi madre Ángeles mi mujer) bien nombrado Agamenón que quiere decir admirable por su resistencia (y mi aguante qué Ángeles mi amor? si sintieras cómo aguanta mi chile faulkneriano, no sólo dura, sobrevive, y no sólo perdura, es duro): bien nombrados todos los héroes, murmura mi madre leyendo su libraco vasconcelista de tan elegante tipografía art-deco para aplazar con el ejercicio del primer carril de su mente el irrepetible placer del segundo: Héroes que comparten la raíz de su identidad con Eros: eros, héroes, cómo le pondremos al niño qué vamos a hacer hoy 6 de enero de 1992, día de la epifanía y aniversario mismísimo de la primera ley agraria de la revolución para que el niño sea generado en viejos terrenos ejidales indebidamente apropiados por nuestro tío el señor licenciado don Homero Fagoaga y gane el concurso del descubrimiento de América el 12 de octubre entrante? en cuál de los circuitos y sistemas de la mente a triple carril de mi minamami me van a insertar onomásticamente, no quiero saberlo, los genes paternos me comunican horrores Sóstenes Rocha Genovevo de la O Pánfilo Natera Natalicio González Marmaduke Grove Assis de Chateaubriand Archibald Leach Montgomery Ward Snopes Frutos Gutiérrez Mark Funderbuck y mi madre le pregunta: para qué quieres un hijo entonces?
—Chuchito en Chihuahua.
—Jesusita en Nazareth.
—Porque estoy contento!, grita mi padre y ella tira lejos el tomo verde publicado en 1921 por don José Vasconcelos con sus hojas gruesas y platónicas que sobrevivieron miren nomás sus demencias La Bombilla y Huitzilac y Tlatelolco, los cadáveres importantes y los cadáveres subalternos, los muertos con mausoleo y los muertos sin petate, los cáiganse cadáver y los que no tienen en qué caerse muertos: cómo le pondremos al niño? por qué a fuerzas niño, carajo?, porque así dice el manifiesto del concurso:
SEPAN CUANTOS: El niño de sexo masculino que nazca precisamente a las 0:00 del día 12 de octubre de 1992 y cuyo nombre de familia, aparte del nombre de pila (seguramente, lo estimamos bien, Cristóbal) más semejanzas guarde con el Ilustre Navegante será proclamado HIJO PRÓDIGO DE LA PATRIA, su educación será proveída por la República y dentro de dieciocho años le serán entregadas las LLAVES DE LA REPÚBLICA, proemio a su instalación, al cumplir los veintiún años, como REGENTE DE LA NACIÓN, con poderes de elección, sucesión y selección prácticamente omnímodos. De manera CIUDADANOS que si su apellido por pura casualidad es Colonia, Colombia, Columbiario, Colombo, Colombiano o Columbus, para no hablar de Colón, Colombo, Colomba, o Palomo, Palomares, Palomar o Santospirito, e incluso, ya de perdida, Genovese (quién sabe? quizás ninguno de los anteriores y entonces A USTED YA SE LE HIZO) ENTONCES ÓYEME MACHO MEXICANO, EMBARAZA A TU SEÑORA, PERO YA!
MAÑANA PUEDE SER DEMASIADO TARDE
LAS LUNAS LUNERAS SON CADA VEZ MÁS
CASCABELERAS
EL MOMENTO ES AHORA
ESTOS NUEVE MESES NUNCA VOLVERÁN A
OCURRIR
¡A procrear, pues, señoras y señores! ¡Su placer es su deber y su deber es su libertad! ¡En México todos somos libres y el que no quiera ser libre será castigado! ¡Y confíen ustedes en sus jueces! Alguna vez les hemos fallado?
y ella por lo menos en el carril de su conciencia ya no opuso resistencia, ya no dijo qué tal si es niña? cómo le pondremos a la niña, tú?, sólo dijo qué bonito es amar así en la playa, al mediodía mi amor, desde que me dijiste no te cuides Ángeles quiero hacerte un hijo junto al mar me puse caliente, me rasuré las axilas por primera vez en un año aunque se me enojen las sorellas del movimiento y también el vello que se me asoma por las ranuras de mi chair asada por el sol en este calorón acapulqueño, no el sol mi amor, tu chère asada en mi boca hambrienta, tu cherezada tampiqueña con sus rajitas y sus frijolitos que estoy escarbando con mi dedo largo, tu cunto, tu cuento, tu ass chèrie, tu cherry ass, Chère Sade, flagelada por mi látigo furioso aquí sobre la playa de Pichilingue, pero una playa privada mi amor, a veces tiene sus ventajas la propiedad individual, verdad Prudón?, perdón?, no hables mi amor, déjame imaginar tus chers rassés, tu ché arrasado, déjame vivir, Chère Sade, en el calendario febril de tus opep and one nights y tus ciento veinte cornadas de sodoma y nadar en tu sudor de colores, tu cromohidrosis, déjame habitar tu maravillosa grupa de yegua árabe por sólo treinta segundos sobre Tokio, toko yo mi Ángeles divina tus nalgas que son todas las nalgas que te parieron mi amor, las olas traen algas a tus nalgas, bebo el vino de tus nalglass, oh tus nalgas mexicanas Ángeles mía de membrillo dulce olorosas a mango maduro y a huachinango fresco, tus nalgas con historia, Ángeles, fenicias y febriles, romanas y rumberas, turcas y tuercas, nalgas castellanas y moriscas, rayadas de azteca, cordobesables, náhuatl nalgas, nalgas almohades y almohadas para mis nalgas, nalgas a caballo y a camello, cachetes del culo, segundo rostro, cómo dices que te llamas?, cómo le pondremos a los niños? qué dice la parte plutónica de tu libro platónico? tienes las palabras contadas, mi amor?
Se atrevió a mirarla. Ella tenía una aureola iluminada sobre la cabeza, es decir (decía ella) más iluminada que nunca cuando decía lo que tenía que sentir o sentía lo que tenía que decir o escuchaba lo que tenía que escuchar, pero apagada, triste la aureola cuando se la desgastaban los idiotas, los metiches, los sinhumor, los planos: de esto se quejaba mi madre con su aura muy brillante este mediodía brillante y con los codos clavados en la arena, exilando sus preguntas:
—Qué tal si es niña a pesar del concurso.
—Qué tal si salen mellizos.
Mi padre mira los codos de mi madre y los desea casi más que su cuca: codos núbiles, sensuales, excitantes, enterrados en la arena. El olor seco del techo de palapa: una frescura marchita. Coco y mango y cayo de hacha con salsa de Tabasco. El mar es el Pacífico. Mientras más lejos se mira más parece arder el agua. Talassa, talassa.
Y mi padre vuelve a chuparle los pezones como sucrettes, al ritmo mismo de la respiración: Aire, Hera, Aire, Hair, Eros, Aura, Aire, Héroes, Ángeles, Cherezada, Contadora Pública Titulada, Primera Novelista, húndete en las aguas del tiempo, remójate el silabario mi amorcito, nalgas de mi amor angelino (mi madre es amada por mi padre a la orilla del mar y yo estoy a punto de ser creado) en Acapulco tengo hambre a las doce del día y quiero tener un hijo en país de niños alegres y hombres tristes antes de que cese el tiempo para la felicidad y aunque México sea para que nos vaya mal, frente al océano origen de los dioses y darte leche para que me des queso riquirrán los maderos de San Juan, dame tu feta, por el mar voy llegando, déjame deshebrar tu quesito de Oaxaca, vengo de muy lejos, mordisquear tu riccottage, la ruta ha sido larga, tu jocoque, nadie creía que saliendo de Palos regresaría a Palos, vinagreta de la casa para tu mozzarella en carozza en troika y en trajinera, tu cajetita quemada, tu tocinito del cielo, me prometieron el desastre y la muerte por agua, Isabel, si es niña le pondremos Isabel, gimió mi madre agarrada al palo mayor de la carabela de mi padre, enchufada de repente en su carril inconsciente, puede ser niña, a pesar de tu prepucilánime autor siciliano, acercando su mastrodón gesualdo a mi homérica ves pussy, giovanni, falacia, falacia! Emanuel Cunt, Cunning Linguist, Hard Times, Vulva Boatman, lecha cuntdensada, Cherezada, tragarme las natas con las que haces tus hostias, reina mía, cómo le pondremos a la niña, eh!, por qué a fuerzas niño? eh?, le pondremos ISABEL a la niña, Isabel la Católica, Isabel la Catatónica, Isabel la Catártica, Isabel la Caótica, Isabel la Carbólica, Isabel la Retórica, Isabel la Plutónica, Isabel la Platónica, Isabel la Pletórica, Isabel la Estrambótica, Isabel la Esclerótica, Isabel la Babilónica, Isabel la Supersónica, Isabel la Neurótica, Isabel la Nostálgica, Isabel la Neurálgica, Isabel la Zoológica, Isabel la Botánica, Isabel la Metódica, Isabel la Alcojólica, Isabel la Flemática, Isabel la Famélica, Isabel la Hiperbólica, Isabel la Diabólica:
Reina Mía: dame América, dale Ameriquita a tu Angelito; déjame acercarme a tu Guanahaní, acariciarte el Golfo de México, rascarte rico la delta del Mississippi, alborotarte la Fernandina, destaparte el tapón del Darién:
Dame América, Ángel: véngase mi Martín Fierro, aquí está su pampa mía, dame tu Veragua, ponme tu Maracaibo, arrímame tu Tabasco, clávame el Cayo Hueso, piden pan y les dan queso, riquirrán, riquirrán, fondea en mi puerto, rico, déjame ahí el gran caimán, hazme sentir en la española, Vene, Vene, Venezuela! y una mordidita en el pescuezo: Draculea, ay Santiago, ay Jardines de la Reina, ayayay Nombre de Dios:
Nhombre nos dé Dios: ERBMON, ERBMOH, nómbralo, ya salió, hierbabuena, semillita, el único entre millones, plateado y veloz, chinaco, espadachín, torero torerazo, escapado de la compañía millonaria de las legiones cromosómicas, semillita, y mañana serán hombres, gran producción luminosa y plateada, espérame esperma, esparce espermanente, coño sur
“LUMITON ARGENTINA PRESENTA
Y MAÑANA SERÁN HOMBRES”
Nómbralo: ya salió, ya ni modo, con todos sus genes a cuestas, portando, por Dios, portando todo lo que somos, hierba mala nunca muere: semillita, semillonaria:
—La culpa de todo la tienen los genes, dijo el tío Fernando Benítez.
—Ciertamente: la culpa de todo la tienen los Hegels, contestó el tío Homero Fagoaga.
—Así es, confirmó el tío Fernando:
todo lo que semos desde el origen, todo viene inscrito en él, ay mi DNA del alma, va a encontrar tu huevo Ángeles, tu esperma Ángel, portando por Dios, Nombre de Dios, Española, la Reina por Dios, portándolo, Cristo, Cristo,
CRISTÓBAL
ya se encontraron, ya se abrió paso por el bosque del sudor y sangre y mucosas palpitantes y impacientes (E impacientes, niño, corrige el tío Homero con don Andrés Bello en la mano): ya salí doloroso y doliente desprendido para siempre de la única compañía que he conocido nunca: mis paquetes de células, mis amadas generaciones armadas de células precursoras, almacenadas, pacientes, regenerándose a sí mismas sin esperanza alguna, mis verdaderos abuelos y bisabuelos, mis padres auténticos aunque transitorios, mi interna genealogía, adiós!, ay Dios, voy corriendo afuera llorando, portado por la sangre y por los nervios de mi nuevo padre, dejando atrás lo que hasta ahora conocí y amé, ahimé, ay de mí, oh me oh my, alas que me llevan veloz y yolanda, yo que llevo quién sabe cuánto tiempo en esa cueva de cuero ciruelo de mi padre de afuera, el que me está arrancando de mi arbolito secreto de padres y abuelos y bisa y tátara de adentro, el árbol de células al que pertenecía hasta el momento en que este hombre decidió hacer lo que está haciendo: sacarme de quicio, arrancarme de cuajo, cortarme de raíz y eyacularme, expulsarme de la península, eyaculado y ella culeada, despedido, en el inicio del viaje en la mitad de mi verdadera vida, nadie me conoce, ellos que están gozando allá afuera no saben que aquí voy yo,
AHÍ VOY YO!
acompañado de la invencible jajá armada de mis mil millones de hermanos y hermanas, Cristobalitos y Isabelitas (E ISABELITAS, grita el tío Homero furibundo) a latigazos, en filas cerradas, impulsadas por el cómo me gusta el gusto de mi padre allá afuera, luego abandonado a todos los accidentes del negro túnel, luchando río arriba en el desagüe Delagüera de mi madre, su salada mina y mi trifulcar, filas veloces de infantería lúbricas dentro de los termópelos de mi madre, boteros del Vulva, cabecitas pequeñas y colas largas, somos legión dijo Luci, a latigazos, saltando obstáculos, los muros de la mucosa inhóspita que acabarán siendo los muros de la patria mía, los baños calientes de las secreciones ácidas que nos secan nuestros jugos salados, salá mina, gauchita sódica, perdiéndose en los desiertos silenciosos de las salidas cílicas equivocadas, el periférico del útero, Luther’s Turnpike, el expressway sin éxito, el laberinto de la soledad, ¡ay!, los veo morir como chinches porque se les acaba la gasolina, porque tienen dos cabezas y doce dedos, porque la cucaracha ya no puede caminar, mueren por millones a mi lado, mis hermanitos y hermanitas del alma, Fred waring y sus pennsylvanos, Guy Lombardo y sus royalcanadianos, las hermanitas Andrews y los Hermanitos Brothers, los miserables que no llegaron victoriosos a la meta, victor who? go!: los millones de esperanzados espermas tumbados en Otumba, oh Guaterlú aguado de mis fratelinos decimados, termopelados, para siempre separados de nuestros jóvenes abuelos precursores que nos dieron suave patria y todas esas memorias que la pareja cachonda en la playa ignora, batallas y canciones, nombres y sabores, oh Water Mock Loo, oh Guater Mock Sin que nunca escaparon de la talega carcelaria del que ahora va a ser padre y señor mío, los demás muertos en el combate contra los jugos y la sangre y los perversos túneles de la que va decirse mamma mia, mira que nos están dando pamba colectiva en la mucosa cervical, no hay vuelta a la izquierda por la cerviz destapada, un río de vidrio me ahoga, voy por la resbaladilla del esperma, sólo quedamos unos cuantos ya, a latigazos, exhaustos, la naturaleza no es piadosa, la naturaleza es implacable, la naturaleza no nos llora, mis pobres hermanitos moribundos, y yo, yo?
SOLO AL FIN: AL FIN SOLO
....................... Terror ............ Dolor ........... Yo solo otra vez? ........... Yo el único que llegué a la isla del tesoro? ....... El huevo de mi madre me espera en su escondite .... En su trono de sangre: ........... la reina Isabel de los Ángeles, mi hermanita piadosa, mi madre cruel, me abren los brazos a mí, el campión, victorioso sobre los millones de soldados y soldaderas muertos en la carrera inútil por llegar hasta aquí, donde yo estoy calientito, ávido, triste, pidiendo posada. Un esperma para un huevo. Madre, solo hay uno. Ya se enredó en sus raíces el Cristobalito, ya ni quién lo salve de su suerte, ya se encontró su destino, ya déjenlo hablar oír saber; ahí está él, no tuvo tiempo de montar a su caballo.
Vas a ver, Angelito, le dijo mi mamá a mi papá cuando los dos se separaron y él le lamió los codos mientras yo pugnaba por alojarme singular y triunfante en el útero de Ángeles mi madre, quien le repitió a mi papá vas a ver cómo sí nace cuando debe, cuando tú quieres que nazca, yo te lo juro amor que te lo paro a tiempo, te echo a tu hijo al mundo el mero día, cómo no si desde que te conocí no dormí toda la noche de pura felicidad, no importa, te juro que te doy un hijo hombre porque así dice el concurso, ni modo, ya no pido que sea niña, no Isabel sino Cristóbal, con tal de que me sigas diciendo a la oreja lo que siempre me has dicho amor:
—En México todo el problema es la actitud ante los hombres con poder y ante las mujeres sin poder.
—Regresa.
—Siempre he estado aquí.
—Ven.
—Te esperaba.
Los dos aquí sobre la arena en el calderón acapulqueño donde la vida es sueño, contentos, país de hombres tristes pero de niños alegres pero antes de que no haya tiempo para la felicidad pero en México donde nos tiene que ir mal pero ahora nomás tú y yo tomados de la mano, desnudos, exhaustos, bocarriba, con los ojos cerrados para defendernos del sol pero con mi aureola derramada sobre la arena como un sol desgranado y del cielo llueve, el sol se oscurece tantito, las alas del moscardón nos cubren y desde arriba nos llueve, nos llueven, mariposas, pétalos, plumas, nubes tropicales?
Qué va.
—Mira, dijo mi padre, viene de allá arriba.
—Huele, dijo mi madre, es caca.
Encima de sus cabezas pasaron volando un par de nalgas como dos alas temblorosas de un incierto murciélago, blanco y blando, drenado de sangre por los vampiros del sol: un hombre iba volando arrastrado a lo largo y ancho del cielo mexicano por una reata —POR EL ESPÍRITU HABLARÁ MI— colgado desde un paracaídas de rayas naranja y azul, jalado por una cuerda y la lancha apresurada, rugiente, que mantenía flotando en el aire espeso a nuestro tío Homero Fagoaga (60 años), no tuvo tiempo de montar a su caballo, las guerrillas guerrerenses se le echaron de a montón, sólo su guayabera amarilla y sus posaderas desnudas chorreando venganzas de Xocoyotzin, carterizando y pataleando, lleno de malaise, contra el aire, acicateando con un látigo imaginario a la lancha que se alejaba de Pichilingue y el viejo aterrado huyendo, diarreico del susto, seguido de un anuncio fabricado de nubes
WELCOME TO SUNNY ACAPULCO
Homer, oh mére, oh mar, oh madre, oh mer, oh merde origen de los dioses: talassa, talassa.
—Ahora qué vas a hacer?
—Mañana es otro día.
—Cuándo? Qué clase de día?
—El niño tiene que nacer, me entiendes?
—Pero está tan solito. Nueve meses solo. Con quién se entenderá?
—Con sus mercedes benz.
—A saber?
—Elector, nomás, elector.
BIENVENIDO A LA VIDA, CRISTÓBAL PALOMAR
Primero:
La suave patria
La patria es impecable y diamantina...
RAMÓN LÓPEZ VELARDE,
La suave patria
1
Viene corriendo el niño desde la Isla de Pascua, tibio y malsano, el infante de la muerte por agua, azotado contra las costas del Perú sofocando en su abrazo caliente a las anchoas y las algas, secuestrando la frescura vital de los nitratos y fosfatos ecuatoriales, rompiendo la vasta cadena de la nutrición y la creación de los grandes peces del océano: pesado y sudoroso nada El Niño, arrojando peces muertos contra las paredes del continente, adormeciendo y pudriéndolo todo, el agua hundiendo al agua, el océano asfixiado en su propia marea muerta, el océano frío ahogado por el océano caliente, los vientos enloquecidos y desplazados: El Niño destructor, El Niño criminal arrasa las costas de California, seca las planicies de Australia, inunda de lodo los declives del Ecuador. Mi tío Fernando Benítez (80 años) vuela hacia el Usumacinta llorando por una patria perdida; al mismo tiempo que mi tío Homero Fagoaga vuela sobre Acapulco diarreico del miedo, huyendo de los guerrilleros y pues bien recapitula mi padre, mientras yo hago esfuerzos inauditos por prenderme a tierra firme en el oviducto del útero rumbo a su cavidad de ella que se dispone a ser mi cueva mía, el espacio que se supone ella y yo vamos a compartir por quién sabe cuánto tiempo (espero que ellos, es lo menos que pueden hacer, me den cuenta cuanto antes de lo que significa esa palabra “tiempo” que empiezo a intuir capital para entender qué carajos me sucede, cómo voy a vivir con ellos y sin ellos, adentro y afuera de mí y de ellos) que se apuren a explicarme cuándo fui concebido, por cuánto “tiempo” voy a vivir aquí adentro, si voy a salir algún día o no y a dónde voy a dar en caso afirmativo, qué significa todo esto, “lugar”, “espacio”, “patria”, “tierra”, mi hogar nuevo ahora que dejé (me corrieron de) mi vieja casa de cuero y esperma entre las piernas de mi padre (me corrió el muy miserable, todo por un fugaz minuto de placer, eh? , oh!, cómo he de olvidar este hecho, cómo perdonarlo?) donde tan a gusto me encontraba con mis genealogías secretas, toda una feliz familia ahora dispersa, lanzada a los cuatro vientos y todas estas preguntas mías (tiempo? qué es? cuánto? cuándo empiezo a contar mi vida? en los testículos de mi padre? en el huevo de mi madre? adentro de adentro? afuera ahora que pasé por el placer de mi padre a la posesión de mi madre? por cuánto “tiempo”?, pregunto desesperado!) toda mi ubicación y serenidad previas destruidas por las cachonderías del señor don Ángel Palomar y Fagoaga (22 años, eso lo dijimos ya) y uno ochenta metros de alto (novedad descriptiva para Susmercescesbenz) y ojos de pantera amarillentos pero cegatones (sabido) y piel de aceituna gitana (ignorado) que ante el mundo pretenderá y presumirá de ser mi padre; pues bien yo necesito decirte que te quiero, papá, que a pesar de todo yo te adoro y que desde ahora vivo en la complicidad de la imaginación contigo y que de ti dependo para que me digas dónde estoy, de dónde vengo, y cuál es, habiendo conocido ya mi nombre, mi tiempo dicen, esto es mi tiempo, ahora mi espacio, qué país es éste?, dónde estamos?, dónde acaban de gestarme, dónde me destinan a nacer?, es cierto todo lo que me informa mi cadena genética?: que como este país no hay dos? y es una bendición o una maldición que no haya dos?, es cierto que a ninguna nación le hizo alguien (Él, Ella) algo semejante?, que ahora nuestro problema es administrar la riqueza?, que todavía no estamos maduros para la democracia?, que la culpa de todo la tienen los tlaxcaltecas?, que al indio hay que darle la razón aunque no la tenga?, que salimos a coger gachupines?, que hombres necios que acusáis a la mujer sin razón?, que no hemos venido a vivir, hemos venido a soñar?, que hay un Ford en su Futuro?, que nos crecemos en las crisis?, que Dios nos negó genio para el periodismo y el cine pero en cambio nos hizo geniales para sobrevivir?, que por qué no quiere mi padre que yo sea niña?, a poco nada más por el mentado concurso ése? por los Cristobalitos?
Dijo que quería tener un hijo (yo, cero años) con ella porque si yo era concebido la Duodécima Noche con buena suerte vendría al mundo el Día de la Raza. Mi madre se incorporó como resorte cubriéndose los senos con el clásico de la Universidad. Un niño concebido junto al mar el 6 de enero nacería oportunamente el 12 de octubre?
—Y si nace en septiembre?
—Ganaría el Concurso de la Independencia de Dolores, pero no es lo mismo.
—Claro que no. Dónde estábamos el quince de septiembre pasado, tú?
—Frente al balcón de Palacio en el Zócalo, viendo la primera aparición de la aparición.
—Y el 12 de octubre pasado, dónde, a que ya no te acuerdas?
—Frente al monumento a Colón en el Paseo de la Reforma.
—Ella fue sacada en palanquín por las calles, hasta el monumento de Colón para proclamar...
—Ella nunca habla. Ella sólo grita una vez al año.
—Tienes razón.
—Y no hables de ella con ese tono de rendida admiración. Mejor contéstame volando mis tres preguntitas.
—Dispone.
—Ahí te van. Primero, cómo le vamos a poner al niño?
—Qué te pasa? Estás mota? Cristóbal!
—Y si es niña?
—Okey, okey. Isabel. La Caótica.
—Segundo, en qué idioma va a hablar el niño?
—Español, qué no?
—Y todas esas jergas nuevas, qué? El espanglés y el angloñol y el ánglatl inventado por nuestros cuates los Four Jodiditos y...
—Y el habla de nuestra amiga la chilena Concha Toro, y el gabachototacho de la cabaretera francesa Ada Ching. Ángeles adorada: por favor date cuenta de que estamos en una arena donde combaten todos los lenguajes.
—No me distraigas.
—Dispara.
—Y tres: en qué país va a nacer nuestro hijo?
—Fácil: en la suave patria. Tú lee a Platón, Ángeles. Yo leo a Ramón López Velarde.
—Ramón who?
—López Velarde Ramón. Nacido el 15 de junio de 1888 en Jerez de Zacatecas. Muerto a los treinta y tres años por andarse saliendo del viejo parque de su corazón provinciano para venirse a morir en el ruidoso paseo de la metrópoli ojerosa y pintada. Una inyección de penicilina lo hubiera salvado hoy de su pobre infección entonces mortal. En 1921, una mañana de junio, se murió el poeta Ramón con las bolsas llenas de papeles sin adjetivos.
—A quién se parecía?
—Parece que a mí. Un poquito, me dicen. Moreno olivo, ojos rasgados. Pero él usaba bigote y era trompudito.
—Qué escribió?
—“La patria es impecable y diamantina”, dijo mi padre.
—“Impecable y ...”, se detuvo mi madre, desconcertada: Aquí va a nacer nuestro hijo?
2. Patria, tu mutilado territorio
Don Fernando Benítez va volando el día de mi concepción rumbo a la selva lacandona en la frontera del río Usumacinta y en un momento dado la vista se le nubla, siente un anticipo de tinieblas y trata de imaginar la proximidad de un volcán, una aldea, un río. Quiere darles nombre para decirse y decirle al joven piloto del helicóptero que lo conduce al aeropuerto de Frontera Corazos:
—Joven, muéstrame desde acá arriba el territorio de la patria; dime, qué queda de México?
Le pide al piloto que le ayude a ver desde la altura la totalidad del territorio de la Suave Patria, nuevamente mutilado. Quiso (estuvo a punto de distinguir) más allá de la selva lacandona el territorio de Yucatán enajenado en exclusiva al Club Mediterránée para crear el Fideicomiso Turístico Peninsular (FITUPE), sin injerencia del gobierno federal, sólo para pagar los intereses de la deuda externa (la deuda eterna) que este año llegará, se calcula, a los 1492 millones de dólares: bonita cifra para celebrar los cinco siglos de Colón-y-Zeción. Y ahora mismo vuelan con permiso especial sobre el Chitacam Trusteeschip (Chiapas-Tabasco-Campeche), enajenado a los consorcios petroleros norteamericanos de las Cinco Hermanas hasta pagar el principal de la misma deuda, que de todos modos no hace sino aumentar, asegurándoles una posesión a perpetuidad a las compañías extranjeras. Y no quiso distinguir más allá de aquel cúmulo de nubes la media luna asediada de Veracruz, de Tampico a Coatzacoalcos y del puerto jarocho a las faldas de la Malinche, tierras enajenadas a una guerra incomprensible, revolución agraria según unos, invasión norteamericana según otros: depende, señores, del canal de televisión que miren ustedes de noche. El hecho es que nadie se puede comunicar con Veracruz, qué tiene de extraño que de repente nadie se pueda comunicar con Acapulco?, imposible penetrar estos misterios, qué dice usted, don Fernando?, no se oye con el ruido del motor, digo que Veracruz se ha vuelto materialmente impenetrable porque una fila de soldados, codo con codo, helicópteros, sí éste es un helicóptero don Fernando; no no me entiendes y artillerías antiaéreas le cierran al intruso toda la franja del Cerro de Perote a las lagunas de Tamiahua y Catemaco. Y no quisiera don Fernando extender la mirada del cielo hasta esa atroz nación de la frontera norte: Mexamérica independiente de México y de los Estados Unidos, rebanando su faja de maquilas y fayucas y espanglés y refugio para los perseguidos políticos y paso franco para los indocumentados de la costa del Pacífico a la costa del Golfo, cien kilómetros al norte y cien al sur de la antigua frontera, de Sandy Ego y Antijane a Coffeeville y Killmoors: independientes sin que mediara proclama alguna, el puro hecho es que allí ya nadie le hace el menor caso a los gobiernos de México o Washington / Y hubiera querido mirar también hasta el Pacífico y entender qué cosa había pasado con toda la costa al norte de Ixtapa-Zihuatanejo, toditita, incluyendo los litorales de Michoacán, Colima, Jalisco y Nayarit, Sinaloa, Sonora y la Baja California: por qué no se hablaba de estas tierras, a quién le pertenecían, por qué no había explicaciones, por qué era la República Mexicana sólo una especie de espectro de su antigua cornucopia?
Vio una angosta nación esquelética y decapitada, el pecho en los desiertos del norte, el corazón infartado en la salida del Golfo en Tampico, el vientre en la Ciudad de México, el ano supurante y venéreo en Acapulco, las rodillas recortadas en Guerrero y Oaxaca... Esto quedaba. Esto administraba el gobierno federal, su presidente panista, su aparato priísta, su burguesía financiera ahora totalmente adicta al sector público (o éste a aquélla: ya daba lo mismo), su policía impuesta a un ejército desbandado por descontento y desmoralización, sus nuevos símbolos de legitimación, sus Augustas Progenitoras y sus Concursos Nacionales y sus millares de periódicos ilegibles...
Don Fernando Benítez estuvo a punto de vomitar desde la ventanilla del helicóptero, pero una vacilación lo serenó, advirtiéndole secretamente contra el horror de la simetría.
—Crees en la Virgen de Guadalupe?, le preguntó al piloto.
—La qué?, le contestó (el ruidero, los audífonos).
—Digo que sólo un milagro como la reaparición de la Virgen puede salvar a México...
—No, no vamos a México, gritó el piloto... Vamos a Frontera...
Fernando Benítez cerró los ojos y apretó el hombro del joven piloto.
—Sólo un milagro...
Aunque para él ese milagro, detrás de la mirada nublada, consistía en poder recordar una montaña, una aldea, un río, y repetir en voz baja ahora, sin importar el ruido del motor, Nevado de Colima, Tepoztlán, Usumacinta...
Suave patria impecable y diamantina: el bosque de ceibas, la velocidad plateada del río, el cocodrilo y el ocelote, los monos y los tucanes bajo la bóveda vegetal. Y una columna de humo que ascendía desde el corazón de la selva: los bosques talados, las nuevas carreteras, las perforaciones de las Cinco Hermanas, el curso desviado del río, las huellas del pasado borradas para siempre por el lodazal y el petróleo: Yaxchilán, Planchón de las Figuras, la selva lacandona... La suave patria invisible.
3
Tomen aire Susmercedes Electas y continúen la relación que mi padre le está haciendo a mi madre el día de la Epifanía mientras se limpian la mierda llovida del cielo y los dos, creo saberlo, se disponen a contarme todo lo que conduce a este instante que es el de mi postconcha inmediata, pero que sin duda sólo recordaré en el momento en que mi cabecita empiece a funcionar dentro de mi madre pero fuera de ella, si así puede decirse, independiente de ella, yo digno de respeto y consideración a partir de qué momento? desde cuándo más importante que ella, con tanto derecho a la vida como ella, desde qué instante, digo yo? Ellos no se preguntan seriamente nada de esto; están en la playa donde acaban de concebirme sin estar seguros del éxito de sus afanes, recordando lo que pasó en días pasados, luego en años anteriores, añadiendo estratos y más estratos al dónde y al cuándo que me las huelo volando, son y serán siempre algo así como el cautiverio y la libertad simultáneos de mi “persona”?
Dónde estamos?
En Acapulco.
Qué está ocurriendo?
Que tú y yo vamos a entrar al mar a lavarnos la mierda de nuestro tío Homero Fagoaga.
No, te pregunto por las circunstancias, no por nosotros.
El señor Presidente se dirige a la nación con su mensaje para el año nuevo 1992, año del quinto centenario del descú/
Qué hace el pueblo de Acapulco?
Está reunido en la plaza municipal de cemento y mogotes escultóricos para oír mediante magnavoz las palabras del señor Presidente de la Repú/
Pero no se entiende lo que sale por los altoparlantes, de modo que el pueblo no escuchó la parte medular del mensaje presidencial de don Jesús María y José Paredes, en el que alborotó a la parvada política del país anunciando solemnemente que el más importante deber de un Presidente de México en los noventas era elegir a su sucesor y luego morir: “Ya no debe haber expresidentes, sólo debe haber candidatos”, dijo crípticamente, abriendo así todas las puertas a la especulación: nuestro Chuchema nacional va a morirse al dejar la presidencia? se va a suicidar?, va a ser candidato a algo????? preguntas que mantuvieron entretenida a la Nación a lo largo del Primer Mes del Quincentenario añadiendo su aparatosa simbología a las otras novedades de la patria después de la elección que siguió a los sucesos del Año Noventa: la del presidente Jesús María y José Paredes, el primer candidato triunfante del PAN (Partido de Acción Nacional), clerical y derechista, cuya victoria sobre el poder único del PRI (Partido Revolucionario Institucional) detentador de la presidencia, de todas las gubernaturas y de todos los Senados desde 1929 y autor de la democracia dirigida, la unidad nacional, la industrialización, la reforma agraria, el surgimiento de la clase media y la burguesía, el milagro mexicano, la apertura, la reforma, la bonanza, el desplome, la austeridad, la renovación moral, la deuda eterna, el terremoto del Quinto Sol, la revancha oligárquica y finalmente el Trueno del Año Noventa, fue al cabo pírrica victoria (dice el tío don Homero Fagoaga mirando desde los aires la corrupta bahía de Acapulco) pues el primer presidente del PAN viose obligado a gobernar con los cuadros, organizaciones y estructuras del PRI, con la Confederación de Trabajadores de México, con la Confederación Nacional Campesina, con la Confederación Nacional de Organizaciones Populares, con los burócratas, los técnicos, los administradores y oficiales del PRI: resulta que no había otros, dijo con la baba verde rodándole por el mentón el coronel Nemesio Inclán (de indefinibles años) jefe de la policía de la Ciudad de México, echándose una copiosa de raíz desde la cubierta de la discoteca flotante Diván el Terrible frente a la Califurnace Beach en Aka y eternamente abrazado a la almohada sobre la cual murió su mamacita; debemos crear nuevos poderes cívicos, una real sociedad civil, se dijo desde el balcón del palacio en el centro de la capital mexicana el joven y fogoso secretario de la SEPAVRE (Secretaría de Patrimonio y Vehiculación de Recursos), Federico Robles Chacón (39 años) pero primero hay que hacer explotar, como judas de cartón, todos los símbolos terribles de México; plus ça change, murmuró su rival don Ulises López (64 años), el titular de la SEPAFÚ (Secretaría de Patriotismo y Fomento Ultranacional), observando la extensión de su cacicazgo guerrerense desde las alturas de su finca en el Fraccionamiento Lost Breezes: nombrado Ministro permanente para que no renuncie ni a su posición cimera en la burocracia política ni a su bien ganado sitial como capitán de la iniciativa privada, don Ulises contempla la frase emblemática que ustedes pueden ver en todos los cerros pelones del país pero que él ha mandado instalar con luces neón en todo lo alto del Faro de la Roqueta:
MEXICANO INDUSTRIALÍZATE:
VIVIRÁS MENOS PERO VIVIRÁS MEJOR
y de la frase no menos lapidaria que sólo adorna, bordada, la cabecera de su cama: EL QUE LA PAGA LA HACE.
El niño tiene que saber qué país es éste donde va a nacer y quién lo gobierna, no crees Ángeles?
“No crees Ángeles”, dijo ella imitando burlescamente a mi padre pero rindiéndose ante sus razones: evidente, como dicen los suramericanos que nos mandaron esta corriente de El Niño que me remueve, apenas concebido, en el seno de mi madre.
Con todo lo cual me obligan a admitir desde el huevo que Yo soy Yo Cristóbal Más mi Circunstancia.
Mi madre hace tres preguntas:
En qué país va a nacer el niño?
Cómo se va a llamar el niño?
Qué lengua va a hablar el niño?
Pero yo tengo mis propias preguntas, señores electores.
Seré yo ese niño?
Cómo saberlo sin saber tres cosas:
Qué es mi tiempo? Qué es mi espacio? Y ahora, cuál es mi circunstancia?, que ellos relatan como si atendieran mi súplica sin escuchar un rumor de fondo, tan persistente que era hermano del silencio, semejante al ronroneo de una jauría de gatos, recordando en cada movimiento, en cada ruido, su origen montés pero disfrazándolo con su callado deslizarse hogareño, que no deja de ser una memoria temible del movimiento de la pantera antes de atacar: así se escuchaba sin escucharse la entrada y la salida de Acapulco de los camiones foráneos, cargados de los productos que el estéril balneario necesitaba pero no creaba: desde el New York Cut steak hasta el papel higiénico, desde las cajas de Taitinger hasta las horquillas para el pelo; papel, pollos y petardos; mostaza, moscatel y manzanas; velocípedos, vaporub y vychysoisse: todo debía ser traído de lejos y el rumor de los camiones que lo traía era el más implícito de todos; quién volteaba jamás a mirar un camión de dieciocho ruedas, su entraña refrigerada, sus fauces humeantes, sus extremidades vulcanizadas, sus escapes envenenados, sus fatales altarcillos en los parabrisas?
Nadie. Salvo este día.
Al frente de la armada camionera, el muchacho albino vestido con chamarra de cuero negro se detuvo, saltó del camión, levantó la mano color de rosa, miró detrás de sus anteojos negros de envoltura hacia el puerto desde las alturas del derrotado ejido de la Santa Cruz y dijo:
—Hoy no entramos, hoy nos paramos aquí. Hoy está pasando algo. Que no nos pase a nosotros, mis cuates. Hoy no entramos a Aca.
Se miró con disgusto y sorpresa la mano levantada, descolorida, y la escondió en el acto. Buscó desesperadamente su guante negro. Lo vio en el asiento del camión, subió, lo tomó, se sentó en el trono del conductor y al ponerse el guante miró el altarcillo móvil que colgaba de su visor: veladoras, la virgen de Guadalupe, la Señora Margaret Thatcher, la mamacita morena del chofer drenado de color y una foto de la Señora, la Madre y Doctora de los Mexicanos. Los del sindicato le ordenaron que añadiera esa estampa a las de la virgen y la mamacita y la P.M. en su visor. Primero Bubble Gómez se encabritó, estuvo a punto de escupir su eterno chicle: por lo menos su altarcito santo era suyo, nomás suyo y no del PRI o del sindicato! Pero se había encariñado con la foto de la Señora, palabra que sí, hasta iba bien con las otras tres, y la prueba de su cariño es que a cada rato, para matar las horas largas en la carretera, el chofer hacía globitos con el chicle hasta reventarlo; éste era su máximo homenaje a la vida: Bubble Gómez, llevando al balneario estéril los víveres indispensables, acarreando de un lugar a otro la riqueza producida en otra parte, por otros, inconsciente de la ironía de la riqueza hispánica, importada, improductiva camino de Santiago, oro de las Indias, tesoros de los Austrias, aparatos eléctricos de Texas, los tesoros se cuelan como agua entre nuestros dedos, sólo los símbolos permanecen, sólo la continuidad de los símbolos nos pertenece.
Ahora ELLA ES EL SÍMBOLO.
La veía —le dijo al hombrón de bigotes de aguacero sentado a su lado con una muchachilla de trece años vestida de carmelita sentada sobre las rodillas— como, pues, uno de nosotros, una mujer popular, a pesar de las joyas y las plumas, una como muy cuatita, no le parecía a él?
El mostachudo se bajó del camión.
—Vente, Colasa. El camión no va a entrar. Vamos a pie.
Cerró de un golpazo la puerta y le dijo al albino:
—No seas de a tiro inocente. Esa vieja es la puta de Babilonia. Te lo dice el ayatola Matamoros.
Levantó dos dedos en señal de bendición, colocó la otra mano sobre la cabeza de la muchacha color de té y le dijo al chofer que podía repetir sus palabras, si quería.
Bubble Gómez encendió el motor e hizo estallar un globo de chicle en las narices de la fotografía de la Señora.
4. Madre y Doctora de los mexicanos
Ella fue sentada frente al espejo. Ella se miró en el espejo de camerino teatral, rodeado de poderosos focos perforadores de poros. Ella no tuvo tiempo de recordarse. No le habían permitido mirarse en un espejo durante más de un año.
El escuadrón de maquillistas y peinadoras le cayó encima. Primero le borraron su cara, la que traía, con la que entró al cuarto de maquillaje. Por lo menos quiso ver y recordar esa cara. No le dieron tiempo ni de eso. Recordar su cara anterior, la verdadera, la primera, eso sí que no era posible. Hasta llegó a dudar de que alguna vez tuvo una primera cara.
Ella cerró los ojos mientras le rizaban el pelo en francés y se negó a aceptar lo que acababa de pensar. Arrugó la frente para aferrarse al harapo de su recuerdo y la maquillista le dijo, Señora, no frunza el ceño.
Ella decidió que esta mañana, antes de que la sacaran a mostrar otra vez, iba a recordarse a sí misma; al rato ya no habría tiempo. Ella sería retirada del espejo. Un año después de su entronización, ya le permitían mirarse al espejo cuando era maquillada. Pero ella prefería intentar lo imposible: recordarse como fue antes de esto. Y no podía. El presente era demasiado fuerte, lavaba su memoria y la dejaba abandonada en la isla del instante, como si su presente pudiese ser su salvación y no, como su alma se lo advertía, la cárcel. Hasta llegó a pensar que la memoria era su peor enemigo, el tiburón de una marea ciega y opulenta que la mantenía en la cresta pero sin jamás moverla: una ola fijada para siempre en el terror del pasado.
Por eso fue un acto tan valiente para ella bostezar frente al espejo y decidir, en contra de, a pesar de que esta mañana, antes de que la sacaran a mostrar, iba a recordar a la muchacha que trabajaba dos años antes en el pool secretarial de la Secretaría de Patrimonio y Vehiculación de Recursos (SEPAVRE) en la Avenida de los Insurgentes.
Cómo era?
Ése era el problema: los dos años pasados le parecían un siglo y cómo iba a reconocerse siquiera en una taquimecanógrafa delgada y alta aunque dicen que bien dotada, de pelo castañorratónlacio, un maquillaje pálido que le sobraba un poco porque tenía una piel canela muy bonita y usaba una combinación de saco y pantalón comprada en el Palacio de Hierro con los ahorros de su anterior empleíto que ése sí no lo recordaba.
El de la SEPAVRE sí, es cuando era novia de Leoncito el agente funerario de la calle de San Luis Potosí, no muy lejos de la Secretaría, se daban cita en el Café Viena del Parque Hipódromo porque ese jardín era el oasis de estas colonias por donde corrían los autobuses diesel y los materialistas con el escape abierto (en México Nader es Nadie y aquí se fundó la Sociedad Nada con Nader, Enemigo del Desarrollo Nacional) vomitando nubes de veneno sobre los árboles muertos: ellos bebían capuchino y comían pasteles de chocolate con nombres alemanes y él le ofreció para que se engalanara un poquito, para que no se viera tan simple, pues para que él se sintiera orgulloso de ella, unos listones que siempre le sobraban de las fiestas patrias de septiembre, unos listones tricolores verde blanco y colorado, con las siglas favoritas del agente fúnebre inscritas a lo largo del moño: R.I.P.
—También el Día del Grito de Dolores hay muertos, sabes?, le decía para educarla.
Claro que alguien se rió de ella por llegar así a la oficina, pero con tal de darle gusto a Leoncito su novio, le venían guangas las burlas; hasta le gustó que se fijaran un poquito más en ella, aunque fuera para distraerse de tanto desastre nacional y todas las demás secretarias que antes nomás vacilaban o hablaban de amores y películas y telenovelas de repente chismeaban de deuda externa y devaluación y captación de ahorro, ay Dios, y ella nada, nomás con sus listones muy coquetos, la bandera tricolor y el R.I.P. y unas flores resecas, sobras de antiguos velorios, que le daba Leoncito.
No que estuviera ciega y sorda, qué va. Cuando entraba a recibir dictado (de los funcionarios tradicionalistas que aún no usaban medios mecánicos o que temían que quedara prueba de sus voces en una cinta o testimonio alguno que fuera directamente atribuible a ellos) o a pasar carpeta para firmas (en ausencia de secretarias ejecutivas superiores a ella que oyeoye no te andes creyendo que tú o nadie pasa por encima de mí para llegar al boss) pescaba una palabra aquí, una palabra allá. Claro que no entendía nada. Y al salir de las salas de conferencias donde un pool de secretarias se afanaba para inmortalizar cada paréntesis, cada coma, cada cláusula subordinada de los equipos de economistas que se sucedían con velocidad de montaña rusa aunque su coro verbal fuese siempre el mismo (los economistas, al contrario de los políticos, aspiraban a que todas sus palabras quedasen fijadas) ella se preguntaba si alguien en alguna parte podía realmente entender la prosa del enésimo Plan Nacional de Desarrollo.
Pero luego pasaron dos cosas consecutivamente. El señor licenciado Federico Robles Chacón llegó al ministerio lanzando madres a diestra y siniestra contra el lenguaje de los economistas, dijo, pensar que en el siglo 18 Montesquieu llamó a la economía la ciencia de la felicidad humana, gracias Carlyle por corregirlo y llamarla mejor la ciencia abismal, tétrica ciencia. Y la otra cosa fue que ella entró a tomar su puesto de amanuense en la junta interministerial con sus moños tricolores y su cuadernito de dictado cuando Robles Chacón decía:
—Mae West no se viste con plumas y chaquiras ni se pone todos sus diamantes encima y luego sale a pasear por Central Park a las doce de la noche.
Entonces (hecho que cambió para siempre el derrotero de la ciencia mexicana) Robles Chacón, por estar hablando de una mujer seguramente, buscó intuitivamente a una mujer en el salón de juntas del ministerio, la miró a ella y las palabras se le fueron muriendo en la boca.
—Eso... hicimos... con... nuestra... política... petr
o
l
e
r
a...
La miró intensamente, miró sus flores secas, sus listones tricolores y sus iniciales fúnebres; tronó los dedos como si fuese a bailar la jota y de un clóset vecino apareció un hombrecito pequeño, elegante y relamido, en posición de atención militar, vestido de smoking y con zapatillas de charol con moños negros.
—A ver, le dijo Robles Chacón, dame las cifras del ingreso nacional per cápita...
—Pues bien, dijo con una voz desmayada el señor de etiqueta, si atendemos a los parámetros del aumento del p.n.b. en términos globales de 300 mil millones de pesos, en virtud de insumos importados por valor del 75% de las exportaciones, mas sin hacer caso omiso del aumento de salarios en un 49% y precios ajustados a los índices de inflación real, que fueron respectivamente del orden del 150.7% y de...
—A ver, interrumpió el ministro, y ahora descríbeme la misma situación en Guinea-Bisseau...
—...296.8%, llegamos a percibir (dijo el hombre del clóset sin solución de continuidad) que el previsible aumento de la demanda de empleos será en el orden de dos millones de nuevas plazas, aproximativamente, y su incidencia en la demanda de bienes y servicios sumamente fluctuante, toda vez que no coincide necesariamente con las necesidades de infraestructuras evaluadas en parámetros clásicos de un gasto público deficitario del orden de...
Robles Chacón dio un manotazo en la mesa, que casi se le caen los gruesos anteojos de aviador: —Esto les demuestra, señores, que detrás de cada estadística se esconde un mentiroso. La única verdad no dicha de todo lo que acaban de oír es que la inmensa mayoría de la gente en México y en Guinea-Bisseau está jodida.
El estadígrafo regresó como sonámbulo al clóset pero el ministro vitalicio Ulises López, titular de la Secretaría de Patriotismo y Fomento Ultranacional (SEPAFÚ) se incorporó con rabia y dijo que era bien conocido el afán del señor licenciado Robles Chacón por desprestigiar a la profesión económica en beneficio de una superada grilla política de paliacate y pistola.
—La verdad palmaria de México, le contestó Robles Chacón sin mirarlo, es que un sistema se nos agota pero no tenemos otro sistema con qué sustituirlo.
Sí, dijo López siempre de pie, pomadoso, calvo, cepillado y gris todo él, tenemos un sistema de competencia económica y científica, que es inagotable, pues la economía es ciencia exacta.
Robles Chacón, al cabo el discípulo preferido del maestro Horacio Flores de la Peña, continuó sin perturbarse: —Los cementerios están llenos de estadísticas. Como el descontento no se resuelve con estadísticas, quisiéramos que se resolviese con hechos. Pero como los hechos son testarudos y, además, resolverlos puede conducir al caos, propongo que no empleemos ni hechos ni estadísticas, sino imaginación y símbolos.
Ulises López dijo en voz alta que él volvería a las juntas interministeriales cuando se expulsara de ellas a los soñadores, a la gente que no sabía poner los pies en la tierra, a los poetas, en suma. Se echó con furia un salvavidas de menta en la boca y salió de la sala con taconazos de bailarín de flamenco enojado.
Mas Robles Chacón no se perturbó. La miró a ella otra vez. Se acomodó los anteojos en la punta de la nariz. Y la señaló con un dedo, que a ella la hizo temblar de miedo, como nunca en su vida, más que al ver el coraje titánico del superministro Ulises López, con su experiencia y sus años, ante la insolencia del joven y advenedizo licenciado Robles, así que ella dejó caer el bloque y el lápiz de puro susto cuando el señor licenciado exclamó:
—Vean a esa muchacha. La ven? Qué ven? A una pinche secretaria mecanógafa. Pues yo veo lo mismo que el Obispo Juan de Zumárraga hace cuatro siglos. Yo veo a una virgencita mexicana.
Ella se ruborizó —Señor, ay señor, no sabe usted lo que dice.
Pero él ya estaba de pie, moreno y tenso, nervioso y flaco, una especie de Dantón de la burocracia, a los treinta y nueve años el ministro más joven del régimen del presidente Jesús María y José Paredes (55 años), arengando al gabinete con una convicción que demolía sus propias ideas personales en beneficio del sistema que, ayuno de ideas, le servía a la colectividad: auguró todas las catástrofes, empréstito tras empréstito para pagar los intereses de una deuda creciente en virtud de los nuevos empréstitos, sin arañar siquiera el pago del principal; devaluación tras devaluación, agricultura de exportación para pagar mínimamente más deudas en un mercado mundial en declive; falta de divisas para importar alimentos para una población creciente; maquinita de billetes e inflación a la brasileña, a la argentina, a la ángelazul; presiones, desmembramientos y al cabo —cayó sentado, exhausto— la necesidad de salvar algo, lo salvable.
—Vamos a ser un Weimar sin democracia o una utopía con símbolos?
Robles Chacón guardó silencio religiosamente un instante. Ella dijo que hasta cree que ella misma se persignó y se tapó los ojos. Pero el licenciado rompió el silencio estruendosamente señalándola de nuevo a ella, Jesús mil veces, a ella, a ella tan modosa con su traje-pantalón del Palacio de Hierro y sus listones en el pelo que su novio el agente fú...
—Les repito: mírenla. Miren a esa muchacha.
—Yo? A mí, señor licenciado? Mírenme a mí?
—Qué ven, señores ministros? Ni me lo cuenten. Una secretaria del pool. Ya sé. Pues miren bien sus trenzas, sus listones tricolores. Qué leen inscritos en ellos? Ya sé. Ni me digan. Ustedes, ciegos, leen R.I.P. Pero yo, abusado, leo P.R.I.
Suspiró hondo. —Primero vamos a hacerla reina de la oficina, nomás para empezar. Esto hay que hacerlo sin prisa pero sin pausa. Pero recuerden una sola cosa. A este país lo único que le interesa es la legitimación simbólica del poder.
Ya nunca la dejaron sola desde ese momento. En la oficina le cambiaron los listones fúnebres por los partidistas, la llevaron en Mercedes a una casa nueva rodeada de muros en el Pedregal, una casa para el olvido, se dijo ella, porque ella no reconocía nada allí, ni nada quería, y todo lo que tocaba lo olvidaba: muros blancos, muebles empotrados blancos como los muros, como si la hubieran metido dentro de un huevo, una casa hecha para el blanco olvido, sí, a Leoncito lo mandaron a vender cajones de muerto a Empalme Escobedo, nunca más lo vio, a ella la desaparecieron dentro del cascarón blanco del Pedregal, ya no la dejaron ver a nadie, hablar con nadie, sino oír boleros el día entero por un sistema de altoparlantes que se le colaba por todas partes de la casa, hasta el excusado, hasta debajo de la almohada, oír boleros para saberse dominante y no dominada por el mundo de los machos, sólo en el bolero la mujer era triunfadora, castigadora, hacía sufrir, dominaba y doblegaba al macho lloricón, que pasaba de su mamacita a su virgencita a su huilita, todo cabe en un bolero sabiéndolo acomodar, para que a ella le digan, sublimadamente, mediante altavoces, de día y de noche, enviándole el mensaje directo al subconsciente, como para compensar su encierro, un hombre cantándole desde las alturas invisibles del cielo romántico de la celebridad y el amor y la seguridad, donde son las mujeres las que tienen el poder y los hombres los que tiene la impotencia:
Usted es la culpable
de todas mis angustias
y todos mis quebrantos...
y después de una cura de soledad de un año y tres meses, sin saber qué pasaba afuera, llegó el ejército de peinadores, maquillistas, costureros, modistas, sombrereros, lo invadió todo, vistió la casa de manequíes y estolas, nubes de gasa y cofres de lentejuela, pelucas platinadas y polisones de piel de culebra.
Un día todos la dejaron sola. Regresó Robles Chacón con toda su gente. La miraron asombrados. Pero más asombrada ella de que ellos se asombraran. De qué?
No la habían dejado mirarse. El señor licenciado dijo que los espejos a ella no le hacían falta por ahora, debía irse acostumbrando a ellos más tarde, poco a poco: espejos prohibidos en la mansión de la ceguera en El Pedregal, sólo boleros. Ella sólo pudo mirarse en el asombro de los demás, por encima de las palabras siempre enérgicas de Robles Chacón.
—Señores: a medida que la crisis nacional se ahonda, resulta obvio que no podemos contentarnos con expedientes esporádicos. México se ha salvado siempre porque ha sabido institucionalizarlo todo —desgraciadamente, hasta sus vicios. La pobre Argentina, ni eso logra; incluso sus vicios son caóticos e insignificantes. Aquí no. Ahora lo veremos. En la antigüedad, cuando los espíritus del pueblo andaban bajos, los emperadores ofrecían pan y circo. Entre nosotros, en años recientes, dos soluciones esporádicas han ofrecido el circo, que no el pan, cuando cunde el descontento: una visita del Papa o un pleito con los gringos. Hasta el más contundente agnóstico debe admitir que las sucesivas visitas de Woytila no sólo han creado euforia popular al grado de demostrar que a marxistas pragmáticos nadie nos gana y que aunque el opio nos venga de Polonia, opio se queda, sino que han creado oportunidades de comercio inusitadas: sombreros, globos, playeras, sillas de lona, botellas, discos y exclusivas de TV. Pero como el descontento cunde y la solución de los problemas no tiene para cuándo, ni modo que tengamos al Papa instalado en México todo el año. El pleito con los Estados Unidos lo hemos escalado hasta una conflagración que nos tiene ocupado todo el estado de Veracruz, con batallones de infantería de marines entrados hasta Huamantla y Apizaco. Lo sé: no falta quién diga que esto lo hicimos de acuerdo con los gringos para estabilizar y darle cauce al antinorteamericanismo en México, y otros, menos generosos, insinúan que invitamos a los marines para sofocar una rebelión agrario-socialista en Veracruz. Si así fue, logramos todos nuestros objetivos. Esas batallas ya tienen menos fuerza que el proverbial Tehuacán destapado, como decía mi maestro Flores de la Peña. Señores, yo les ofrezco algo mejor: una institución nuestra. Una bruja. Una curandera. Una enfermera de los pobres:
(y abrieron la puerta de su recámara, y la empujaron a la pobrecita hacia afuera)
una Doña Bárbara en helicóptero
(y de la mano la llevaron hasta el descenso de la costosísima escalera de acrílico blanco, cegante)
una mujer que llene el cántaro vacío de la legitimación nacional: una nueva Madre para México
(y la soltaron, la dejaron sola y ella sintió que se caía desde lo alto de la escalera de caracol a una barranca sin fondo, sin manos hermanas que la salvaran, sin una piel contigua)
Madre antigua fue Nuestra Señora la Coatlicue, la de la falda de serpientes
(pero se contuvo, cerró los ojos, no supo si los iba a poder abrir otra vez, tanto rimmel, tanta ojera, tanto polvo de estrellas en sus párpados, en sus pestañas embadurnadas)
Madre impura fue Nuestra Señora la Malinche, la traidora amante del conquistador, la puta madre del primer mexicano
(y con cada peldaño que descendía, le temblaban más los senos inyectados, inflados, sillycónicos, manoseados quirúrgicamente hasta obtener la consistencia, el ritmo y el equilibrio necesarios para rebotar como ahora aunque apretados y levantados y escotados como ahora bajo la cascada de sofocantes diamantinos)
Madre Pura fue nuestra Señora de Guadalupe, la redentora del indio humilde: de Babilonia a Belén con un ramo de rosas instantáneas, Nescaflores, señores: ya tenemos mamacita santa
(así le enseñaron durante un año y tres meses, cimbra la cadera, muchacha, mueve el poto, cabrita, sabor, negra, mueve la cintura, como si fueras por un malecón habanero, el as es el ass, tú no lo olvides, pokerona)
Madre revoltosa fue Nuestra Señora la Adelita, la mera madrina de la revolución
(encorsetada, ceñida, cimbrante, llena de secretos sólo para ella, le dijeron, un rubí incrustado en el ombligo que nadie vería, en el vientre una comba blanca y una espuma rizada, ya no lacia y desgarbada como llegó, hasta allí le hicieron la permanente y la onda marcel, una vulva cocida con hilo de oro y guarnecida por dos docenas de brillantes afilados como dientecillos de tiburón, como húsares de esa entrada a todos prohibida; le dijeron que su tentación iba a ser ofrecer el odio como esperanza; que pensara entonces que ella no era real, era inventada, atornillada por piedras preciosas, un monstruo frankedénico con cátodos de cuarenta kilates: el que entre en ti, Mamacita, será achicharrado, pulverizado, destajado)
y Madres secretas todas las mujeres de cuya imagen descendimos, pero que jamás pudimos tocar: las estrellas de cine, las devoradoras, las vampiresas, las grandes rumberas y exóticas de nuestros inmensos sueños adolescentes, Ninón, Mapy, María Antonieta, Dinorah Judith, Rosa la más hermosa, Carmina, Iris la más chacona Chacón
(pero los pies descalzos, nunca usaría zapatos, le dijeron, le ordenaron, descalza siempre como la virgencita de los humildes, descalza como los tamemes y los esclavos, Madre Santa, mírate, desnuda como un poema: no regresas tú, regresan tus pies esclavos; el pueblo amará tus pies porque anduvieron sobre la tierra y en el viento y el agua hasta que me encontraron, Mamacita, tus pies salieron a buscar y encontraron a tu niño perdido, Mamacita, tus plantas no fueron hechas para los bailes frívolos del mundo sino para subir por los calvarios del mundo, tus pies desnudos, sangrantes, en ruta de espinas, Mamacita mueve la cintura, que no puedo más, pero nunca te calces los pies: piensa en tus hijos Eddy Pies Oddy Shoes Niños Perdidos)
y Madres supersecretas todas las gringas de nuestros sueños masturbadores, Lana, Marilyn, y Ava, pero por encima de todas la ubre de la urbe, ubérrima Mae West de la Gran Manzana, buena cuando eres buena pero mejor cuando eres mala, Madre Occidente perdidos en tus lonjas blancas, tus profundidades secretas, tus oropelos fastuosos: cogerte Madrastra del Oeste es vengarse de toda nuestra historia de inseguridades y sumisiones, Nalga Blanca, véngase con su Camote Negro, ándele, tírese un pedo para que me oriente, occidente, accidente, órale güera rejega que se lo ordena su mero papacito prieto
(los labios de sofá satín carmesí, sí, eso sí lo mostrará usted, señora —dejaron de decirle muchacha sólo al final, sólo señora: salga al balcón, señora, baje por la escalera de acrílico blanco sin mirarse los pies, salude sin ver a nadie, señora)
superimpuesta a todas ellas, señores, liberados al fin de la dulzura empalagante de unas, del terror nocturno de otras, de la inaccesible lejanía de éstas, del desprecio familiar e íntimo de aquéllas, aquí está nuestra legitimación limítrofe, nuestro premio permanente, la fuente de todo poder en México, la construcción suprema de la supremacía machista, muchachos,
la mezcla perfecta de Mae West, la Coatlicue y la Virgen de Guadalupe. Un símbolo,
El más grande símbolo humano jamás inventado:
LA MADRE,
el dulce nombre donde la biología adquiere un alma,
donde la naturaleza se vuelve t
