INTRODUCCIÓN
EN LA FRONTERA,
EN LA FRONTERA, EN LA FRONTERA
Aquí todo es diferente,
todo, todo es diferente.
JUAN GABRIEL
Mi cura principal y más querida, desde que me acuerdo, ha sido inventar historias. Lo disfruto más que comer, leer, ver cine, juegos de mesa, escuchar música o disfrutar la vida sencilla con mi morra. Y esto es mucho mucho decir porque me encantan, verdaderamente me encantan, esas actividades.
Yo era el típico chamaquillo que hablaba con su típico amigo imaginario, intercambiábamos anécdotas inventadas, bien locas y dramáticas. Más grandecito, yo le entraba duro al dibujo, puras rayitas y bolitas de personajes que realizaban actos heroicos y sufrían muertes terribles. Todo eso hubo que alimentarlo y la Yoya, mi amá, lo hizo con deleite comprándome libros que yo devoraba como termita del papel. Lo más natural era que yo quisiera copiar esas historias que leía. Así se plantó la semilla, así comencé el viaje. Lo mío es inventar historias. “Inventor-de-historias” es una buena descripción para mí. Y como cualquier artesano, a lo largo del tiempo he ido perfeccionando mi oficio (creo) y este libro (Instrucciones para bla, bla, bla) fue mi primer gran paso. Por primera vez construía no solo un volumen de cuentos, sino mi propia versión de un concept album, en donde cada historia estaba definida por un mismo tema global: las fronteras.
Antes de escribir los cuentos que aparecen en este libro, nunca había trabajado el tema FRONTERA de una forma consciente. Es más, hubo un momento en que ni siquiera lo hubiera llamado TEMA. Simplemente era lo que conocía. Como niño tijuanense, viviendo a finales de los sesenta, gozaba, sufría, respiraba y cagaba frontera, no había otro mundo para mí. Pero era indefinible, simplemente mi vida. Lo que me benefició fue que hacia los años noventa, las fronteras se volvieron un tema global. De pronto estaban de moda y en la conversación de todos, desde académicos hasta publicistas. Empezó a intelectualizarse, a crearse una explicación en el imaginario colectivo. Y yo ya estaba instalado con mis rollos en el centro de ese tema. Era como un continente que siempre había existido, pero que necesitaba que alguien lo descubriera para incluirlo en la discusión. Y pues sí, me descubrieron muchos alguienes a la vez; pero no solo académicos y publicistas (afortunadamente), sino un montón de lectores como tú (benditos sean por siempre). Nótese que digo montón y no chingos-y-chingos; tampoco soy JK Rollings. Suficientes lectores (digamos) como para cotorrear a gusto en las presentaciones de libro y recibir abrazos a granel. Bonito es lo bonito, no cabe duda.
Aunque Instrucciones para (bla bla bla) tuvo una primera edición en 2002, su versión definitiva apareció a mediados de 2011, cuando fue publicada por Tusquets. La primera, de Joaquín Mortiz, es elemental, apenas un brote. La segunda es más robusta y con hartas diferencias, comenzando por la dedicatoria.
Pocos meses antes de su publicación, pasé por Los Mochis, Sinaloa, para presentar una novela. Un profe muy querido, Álvaro Rendón, a quien afectuosamente llamábamos el Feroz, fue mi anfitrión y compañero en el evento. Pocas semanas después me enteré de que Álvaro había sufrido una muerte innecesaria y violenta, producto del desmadre generalizado de una “guerra contra el narcotráfico” que había declarado un presidentito cuyo nombre quisiera olvidar. Como estaba por publicarse la nueva versión de Instrucciones para cruzar (bla, bla, bla), me nació dedicársela al buen Feroz, no solo por la tristeza que me causó la noticia de la tragedia, sino porque su ausencia era una vergonzosa mancha, siniestra, de los tiempos que se vivían y de la frontera misma que yo retrataba en el libro.
En esa segunda edición incluí textos nuevos (Corriendo…, Plumita…, El suave ritmo…), saqué uno por innecesario y le cambié el título a otro (nomás porque sí). Nunca estoy conforme con mi trabajo, así que corregí las historias como si se tratara de un libro nuevo. El resultado es un trabajo más pulido y completo (creo), la versión definitiva, o sea esta que tienes en tus manos.
Escribí La fila como resultado de una amable invitación que me hizo Juan Villoro para colaborar en La Jornada Semanal. Tanto El largo camino a la ciudadanía y Muerte y esperanza en la frontera norte fueron escritos durante mi paso como columnista de un desaparecido diario de San Diego. El hombre muerto pide disculpas es el resultado de un sueño que tuve (la violencia no respeta ni los límites del inconsciente, carajo). Mínima historia es uno de mis pocos “narcocuentos”; quise reducir las acciones de los personajes a su mínima expresión, por eso es telegráfico y por eso el lenguaje se va disolviendo conforme avanza la historia. Corriendo hacia el fuego es un loco ejercicio de repetición hermosilla y sonora. Plumita consentida, plumita de mi vida es uno de esos textos favoritos que me gusta leer en voz alta. El suave ritmo que hay en sus pestañas es quizás el más verídico de todos los cuentos incluidos. Yo soy ese papá y las pestañas son las de mi hija Alejandra.
La inclusión más notable fue Misa fronteriza, que aparecía como posdata. Bonus track entonces, ahora parte oficial del libro. Era un texto que escribí para ser leído en voz alta y que he llevado personalmente a distintos lugares, como buen evangelista norteño que soy.
Revisitar la Misa, después de muchos años, me hizo preguntar si todavía era un texto vigente. Una de sus características es que no hay versión igual entre las muchas que he leído en público; tampoco la contenida en este volumen se parece a las anteriores. Aproveché para actualizar su discurso, aunque en el fondo sigue siendo el mismo. Las fronteras geográficas todo lo que hacen es cicatrizar al planeta, son uno de esos inventos humanos que solo sirven para restarnos humanidad.
La violencia que nos arrebató al Feroz en 2011, hoy en día continúa su presencia atroz, una mancha permanente sobre México. Mi libro (este libro que también es tuyo) es una mentada de madre, un aullido loco en respuesta a todo lo que nos duele y nos desgarra. Lo irónico es que también haya humor en sus historias. Y cómo no: somos mexicanos y así hemos sido siempre: sabemos vivir y transformar en risas los acontecimientos cotidianos, por más trágicos; sabemos instalarnos con comodidad en la frontera que divide a la lágrima de la carcajada. En la frontera, en la frontera, en la frontera.
Xalapa de Enríquez, abril de 2025
LHC y Álvaro Rendón durante la presentación de Tijuana: crimen y olvido en el Museo Regional del Valle del Fuerte, Los Mochis, Sinaloa, marzo de 2011.
A la memoria del maestro
Álvaro Rendón Moreno, feroz amigo,
lector y crítico, abatido el 25 de abril de
2011, víctima de una inútil guerra que
ensangrentó a México (2006-2012).
Que las palabras pasen como
aeroplanos por encima de
las fronteras y las aduanas
y aterricen en todos los campos.
VICENTE HUIDOBRO
Quiero recordarle al gringo,
yo no crucé la frontera,
la frontera me cruzó.
ENRIQUE VALENCIA,
LOS TIGRES DEL NORTE
RECOMENDACIONES
Piensa en esto: de preferencia no lo hagas. La verdad es que no vale la pena el ajetreo. Te lo dice quien confiesa haber cruzado la frontera unas catorce mil setecientas ochenta y ocho veces durante su vida, por trabajo, por ansiedad o por fastidio.
Atravesar una línea divisoria requiere de un esfuerzo intelectual, un conocimiento de q
