¡Sin pretextos!

Yordi Rosado

Fragmento

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¡Sin pretextos!Cambia el pero por el puedoPrimera edición digital: noviembre, 2019D. R. © 2019, Yordi RosadoD. R. © 2019, derechos de edición mundiales en lengua castellana:Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. de C. V.Blvd. Miguel de Cervantes Saavedra núm. 301, 1er piso,colonia Granada, alcaldía Miguel Hidalgo, C. P. 11520,Ciudad de Méxicowww.megustaleer.mxD. R. © Penguin Random House / Eddie Begun, por el diseño de cubiertaD. R. © Ramón Navarro, por el diseño e ilustraciones de interioresD. R. © Óscar Ponce, por la fotografía del autorPenguin Random House Grupo Editorial apoya la protección del copyright.El copyright estimula la creatividad, defiende la diversidad en el ámbito de las ideas y el conocimiento, promueve la libre expresión y favorece una cultura viva. Gracias por comprar una edición autorizadade este libro y por respetar las leyes del Derecho de Autor y copyright. Al hacerlo está respaldando a los autores y permitiendo que PRHGE continúe publicando libros para todos los lectores.Queda prohibido bajo las sanciones establecidas por las leyes escanear, reproducir total o parcialmente esta obra por cualquier medio o procedimiento así como la distribución de ejemplaresmediante alquiler o préstamo público sin previa autorización.Si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra diríjase a CemPro(Centro Mexicano de Protección y Fomento de los Derechos de Autor, https://cempro.com.mx).ISBN: 978-607-318-657-5megustaleermexico@megustaleermex
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A mis hijos, Santiago, Regina y Elías: el proyecto más importante de mi vida.
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ÍNDICEAUTOESTIMA 23¿Soy suficiente? 23Autoestima, ¿cuestión de kínder o maestría? 36 Dice mi mamá que es culpa de mi papá, ¿o al revés? 50Secretos de mí para mí 57¿Tengo alta o baja autoestima? 62¿La vida es bella o una pesadilla en la calle del infierno? 71¿Cómo mejorar tu autoestima? 90SÍ SE PUEDE, LO QUE SEA, SÍ SE PUEDE 117Que te valga la actitud 117Apple, beta, gama 120Actitud positiva 122Como veo, doy 128Hay bodas malas y… ésta 135¿Cómo entrenar a tu dragón?… positivo 140Dime cuánto crees en ti y te diré quién eres 145EQUIVÓCATE FELIZ 155A cinco barrancas del paraíso 155Qué bueno que no vinieron mis papás 158El juego no termina cuando pierdes, termina cuando te das por vencido 166La sombra de Adal 169
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¿CUÁLES SON TUS FORTALEZAS?201Actitud: tu gran fortleza 201¿Qué gemelo es mejor que el otro? 205El otro rollo de Otro rollo 208¿A QUÉ LE TIENES MIEDO? 221¿Es necesario el miedo? 221Divorciarte y volverte a casar… ¡Con la misma mujer! 228Instrucciones para vivir tu PEOR momento 235CON SUEÑOS, CON ILUSIONES 245Tres pasos infalibles para lograr tus sueños 245Ya tengo mi sueño, ahora ¿qué hago? 254Puedes porque puedes 260AGRADECIMIENTOS 266
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NO IMPORTA DE DÓNDE VENGAS,SÓLO IMPORTA A DÓNDE VAS 177No vivas del pasado 177Les pido que pasen a retirarse 180Persistencia 192Tu cerebro es una megacomputadora, pero nadie te dio las instrucciones 194NO HAY NADA MÁS FELIZ PARA UN LIBRO QUE SER LEÍDO 265
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Tenemos que llevara tu papá a un hospital psiquiá-trico”, fue una de las frases que más me han dolidoen la vida.—No entiendo, ¿porqué?, ¿aquí no se tratan las adic-ciones? —les pregunté.—Sí, pero el señorRaúl ya tiene un daño cerebral muyserioyya no lo podemos atenderaquí. Ha estado muyagresivo.Mi papá bebió siempre yfuertísimo; no era bebedorsocial de fines de semana, como mucha gente. Él to-maba en serio. Me daba mucho miedo que muriera enun accidente en una de sus borracheras. De chico notuve problemas, la pasábamos muybien juntos, no sé siera porque él no tomaba tanto todavía o porque yo nome daba cuenta, pero después este problema se hizogrande yél se hizo gigante (no importa que una personamida 1.65 metros ypese 59 kilos, cuando toma diario ytúeres un niño, de verdad, lo ves como un gigante muyamenazador).El asunto es que independientemente de la enfer-medad del alcoholismo yde muchos momentos difícilesque vivimos, lo amé con todo mi corazón, siempre. Eso13COMIENZA A LEER AQUÍ
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sí,cuando te dicen que la enfermedad de tu papá llegó alnivel de un hospital psiquiátrico, todos los cables se des-conectan.Dos días antes de ese momento, me habían llamadounos vecinos de él para decirme que pasara a verlo por-que estaba actuando muyraro; nosotros vivíamos en lacolonia Avante, muycerca de la estación del metro Tax-queña yde Calzada de Tlalpan, en la Ciudad de México. Enesa época mi papá vivía solo en la casa, yo estaba graban-do en Televisa San Ángel y les pedí que me lo pasaran por teléfono. Cuando me contestó, me sorprendí muchísimopor lo que me dijo:—Yordito, ¿qué hacen estos bomberos en la casa?, ¿yestas bailarinas?, ¿porqué haytantas personas aquí?, ¿quépasa?, ¿vendiste la casa?—No, papá, cómo crees que voy a vender la casa.Le dije que me pasara a cualquiera de las personasque tenía enfrente, con la esperanza de que alguien mecontestara ymi papá sólo estuviera abrumado o medioconfundido.—Espérame —me dijo—. Señorita, le llama mi hijo…En ese momento sentí mucho miedo, literal, es de laspocas veces que recuerdo que me han temblado las pier-nas; mientras tanto, pordentro rogaba que alguien mecontestara del otro lado, después de unos diez segundos,mi papá me dijo: “Nadie quiere contestar.”Salí corriendo del foro, me subí al coche yme dirigí asu casa. No iba triste, iba enojado, con los dientes apre-tados, agarrando muyfuerte el volante ymanejando tanrápido que no me fijéen nada ni en nadie en el camino.Cuando llegué, la puerta de la casa estaba abierta. Entréyvi a mi papá completamente solo mirando fijamente uncuadro con un paisaje de mar que teníamos en la sala.14• ¡SIN PRETEXTOS! CAMBIA EL PERO POR EL PUEDO
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—Papi, ¿qué haces?—Viendo cómo suben ybajan las olas, ya sabes que meencanta el mar.Sentí que se me cortaba la respiración, volteéa versusmanos, estaba moviéndolas como si tuviera arena en unamano y se la estuviera pasando de una mano a la otra.—¿Qué haces con las manos? —le pregunté.No me contestó y me desesperé tanto que le grité:—¿Qué estás haciendo con las manos?—Jugando con esta cadenita.—¿Cuál?—Ésta.Pero no tenía nada en las manos. Me enojé tanto, quele grité fuertísimo, “¡No hayninguna cadenita, no tienesnada!”, yle separé agresivamente las manos (pobrecito, él no entendía nada).Me sentí impotente, devastado, con rabia, no supe quéotra cosa hacer, quería llorar, pero estaba tan enojado ytan shockeadoque no podía. Tenía esperanzas de que nofuera real, pero lamentablemente sílo fue.Tomé su ropa ylo llevé a una clínica en adicciones lla-mada Claider, mi hermana Heidi me alcanzó ahí ylo inter-namos. Dos días después fue cuando nos dijeron que había estado muyagresivo con las enfermeras ycon los docto-res, que necesitábamos llevarlo a un psiquiátrico. Él estaba muyenojado con los doctores, pero cuando nos veía a mí ya mi hermana era muyamoroso, muytierno, como si fuera un niño chiquito, y nos decía, “ya vámonos, mihijitos”.—¿Cómo lo vamos a llevaral nuevo hospital? —les pre-gunté a los doctores—. No va a querer, es más, no sé sinosotros queremos que vaya.Ellos nos explicaron que su nivel de alcoholismo habíadañado muchas neuronas, que el alcohol había afectado15COMIENZA A LEER AQUÍ •
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considerablemente su función cerebral yque era la únicaopción si queríamos que estuviera mejor. Nos comenta-ron que tendríamos que haceruna intervención, lo quesignifica prácticamente que entre doctores yfamiliaresíbamos a convencerlo de intentarque fuera porsu pro-pio pie.—¿Y si no quiere? —No se preocupen, aquí afuera ya está una ambulan-cia con su equipo y ellos nos van ayudar.Vi a cinco hombres afuera que tenían una camisa defuerza en las manos. Creo que nunca en la vida había ima-ginado un momento así ymucho menos lo pensé para mipapá, para mi hermana y para mí.La intervención fue un fracaso, mi papá se puso muyagresivo, nuestras técnicas de convencimiento ytodoslos argumentos de los doctores le hicieron los mandadosy nos mandó a todos a la fregada.El directorde la clínica dio la orden ylos enfermerosempezaron a tratarde sometera mi papá; nunca lo vi tanagresivo ycon más fuerza que en ese momento. No lo po-dían controlarentre los cinco, mientras él gritaba mano-teaba yles pegaba a todos con los puños cerrados. Heidiyyo no podíamos más con esa situación. Cuando logra-ron sujetarlo, mi papá empezó a llorarya gritaral mismotiempo. Habían pasado más de veinteaños desde la últimavez que lo había visto llorar. Lo sometieron ylo subieron ala camioneta, cerraron la puerta. Él nos veía directo a losojos ynos suplicaba que lo ayudáramos. Cuando me subí ami coche para seguirlo, me solté a llorarcomo nunca, nopude más. Sin duda, es uno de los momentos más tristesque he pasado en mi vida.Cuando llegamos a la Clínica Psiquiátrica San Rafael,le hicieron pruebas ymuchísimas preguntas, desde cómo16• ¡SIN PRETEXTOS! CAMBIA EL PERO POR EL PUEDO
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se llamaba, hasta quiénes éramos nosotros. Lo peordetodo es que muchas cuestiones no las pudo contestar.He visto a gente que pierde todo su dinero yvive enbancarrota, a personas que sufren porla muerte de unfamiliarypasan porun duelo fuertísimo, a gente que pier-de sus pertenencias yvive en la calle, a personas que lesquitan la ropa ylos desnudan para hacerlos sentirvulnera-bles, pero cuando una persona pierde la razón, cuando al-guien no sabe cómo se llama o quiénes son sus hijos, lo haperdido todo. Verel cuerpo de una persona moviéndose,pero saberque ella no está ahí, es algo muyduro. Nuncahabía visto algo de ese nivel. La tristeza que sentimos mihermana yyo ese día es algo que no puedo explicarporescrito.Recuerdo que me dolía en el alma vera mi papá en unentorno de pacientes con problemas psiquiátricos muyavanzados, me preocupaba que perdiera la conscienciade porvida, que se perdiera un día cualquiera en la calle;me daba pavorque al seryo una persona pública, una re-vista de chismes se enterara ysacara la foto de mi papáen la portada con una frase tipo: “El papá de Yordi Rosadoestá en el manicomio poralcohólico”, acompañada de lapeorfoto que pudieran encontrarde él. Ese pánico no eraEn ese momento de mi vida tenía varios problemas personales y las cosas en el trabajo estaban bastante complicadas. Sé que hay problemas mucho más fuertes que éste y que cada uno tiene sus propios miedos y diferentesinfiernospero,enesemomento,esos eran los míos.17COMIENZA A LEER AQUÍ •
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tanto pormí, yo estoydizque acostumbrado a esto (digo“dizque” porque no es real, siempre te duele todo lo quedicen de ti), pero mi papá se hubiera sentido muytristede verse tan expuesto públicamente, él no era del medioartístico y no tenía por qué pagar ese precio.Sin embargo, de alguna manera salimos adelante contoda esta situación. Me acuerdo que cuando me propu-sieron lo del hospital psiquiátrico, yo dije: “Me muero simi papá llega a un manicomio”, y¿sabes qué? Sólo hayunproblema con el que te mueres… yes cuando te mueres.Ningún otro. La mayoría de los problemas tienen soluciónymejoría, ysi alguna situación no tiene arreglo, existe unamanera de aprendera vivircon ella, de sobrellevarla ydesacarprovecho del problema.Sí, parece imposible, perose puede obtenerun beneficio hasta de las peores cosas.Está comprobado que:•95 porciento de las cosas de las que te preocupasjamás pasarán.•No puedes regresaral pasado para volvera empezar,pero sí puedes empezar ahora y cambiar el futuro.•Cuando crees verdaderamente en algo, tu menteencuentra la manera de lograrlo.•Tus logros no te definen, te define lo que superas. •Lo peordel miedo es que te derrota sin lucharysinintentarlo siquiera, haciéndose cada vez más gran-de. No obstante, cuando lo enfrentas te das cuentade que era mucho más pequeño de lo que creíasyforja tu seguridad para enfrentarcualquiercosaque venga. •Todas las personas exitosas que hoyadmiramosempezaron con un objetivo firme, creyendo enellas más que en nadie más. 18• ¡SIN PRETEXTOS! CAMBIA EL PERO POR EL PUEDO
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•Está comprobado científi-camente que los problemasde salud, familia, abandono,abuso, dinero, pareja, enfer-medad, trabajo ymuchísimosetcéteras, sólo influyen 10 porciento del total del proble-ma para logrartu felicidad. Las crisis son la mejoroportunidad para crecer, porque la vida te las poneen frente para que hagas lo que jamás te hubierasatrevido a hacersola o solo, pero es lo que necesi-tas para conseguir algo mejor.•El éxito no se basa en hacercosas fantásticas, sinoen tomarcada caída como un aprendizaje yseguir-lo intentando hasta lograr tu propósito.En este libro vas a encontrarun gran número de herra-mientas, estrategias, consejos yestudios avalados porlos más grandes pensadores, empresarios, conferen-cistas motivacionales, emprendedores, filósofos, tera-peutas ylíderes espirituales, así como lo que he podidoaprenderen vivo ya veces muyen directo, en este casimedio siglo de vida, lleno de altas ybajas, pero siempreyendo hacia delante.Toda esta información tiene el objetivo de mejorarpermanentemente la autoestima, de enfrentarlos pro-blemas yutilizarlos como escalones para seguirsubien-do; reconocerycreeren nuestras virtudes para estarTuslogrosno te definen, te define lo quesuperas.Así que, ¡sin pretextos! tú puedes cAmbiAr el quiero por el puedo.19COMIENZA A LEER AQUÍ •
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en el lugarque de verdad debemos estar; ubicaryacep-tarnuestros defectos para que nos sirvan de trampolínyno de lastre; alcanzaresos objetivos que tenemos enla cabeza, pero no en las manos, yen especial para dar-nos cuenta de que podemos serextremadamente felicescon lo que tenemos ycon lo que somos, porque —te ten-go una noticia— lo que eres es mucho más que suficientepara ser… todo lo que quieres ser. Porcierto, mi papá estuvo cinco meses en el psiquiátrico.Después de cinco recaídas ymucho dolor, un día se des-pertó, nos la mentó a todos yjamás volvió a tomarunagota de alcohol, así, sin terapias extras, ni cuidadores, nimedicamentos. En ese momento de su vida sólo necesitó creer en él. Vivió onceaños más, durante los cuales me reconec-té con él. Entendí la enfermedad, nos pedimos disculpas;con mi hermana volvimos a seruna familia que perdimospormás de veinteaños. Nos reímos más que nunca, comi-mos tacos como si no hubiera mañana, volvimos a meter-nos al mar, nos abrazamos como jamás lo hicimos antes,En conclusión, el propósito de este libro es que vayas por más, que te empoderes, que ubiques todos los atributos con los que cuentas y no has usado en muchos aspectos de tu vida, que conozcas y experimentes los alcances que en realidad tienes, en fin, que seas tan grande como puedes serlo.20• ¡SIN PRETEXTOS! CAMBIA EL PERO POR EL PUEDO
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platiqué de cosas ytemas que nunca habíamos tocado yse volvió mi ejemplo más grande.Y, sabes qué, jamás se le olvidaron los nombres de mihermana yel mío, nunca se perdió en la calle, ningunarevista de chismes se enteró, no perdió la conciencia yno murió en ningún accidente. El 14 de noviembre del2016 lo encontró la muerte, feliz en su cama, con su caféal lado yunos dulces del Mercado de Portales que le en-cantaban.Finalmente, 95 porciento de mis preocupaciones ja-más sucedieron.21COMIENZA A LEER AQUÍ •
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Quépregunta tan fuerte!, ¿no? Es de ésas que nadamás de leerlas duelen, pero si te dolió la pregunta,espero que estés sentado o sentada para escucharla respuesta. La mayoría de las personas contesta: “No,creo que no soy suficiente.”Algunos piensan que no son suficientes en algún as-pecto de su vida, otros en varios, muchos sienten que notienen ni una gotita de valory, porsupuesto, haygente quese siente bien en muchos aspectos de su vida (no esque sean una especie en extinción, cual vaquita marina,pero lamentablemente NO son la mayoría).Hace unos años me presentaron a un empresario muy joven en una reunión en Guadalajara, lo llamaré Rodrigopara guardarsu identidad. Era un cuate con mucha presen-cia,bastante galán, estaba en forma (se veía que hacíamucho ejercicio) yhablaba de negocios. Parecía que te-nía mucho dinero, ya sabes, esas cosas se notan: muybienvestido, muybuena ropa, el reloj pesadísimo que casi casile dislocaba la muñeca, sin contarel respeto con el que to-dos le hablaban en la reunión. En fin, dicen que el dinero yel amor no se pueden ocultar, y éste era el caso. ¿soy suficiente?AUTOESTIMA1
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Cuando lo conocí me pareció buena gente, aunque unpoco presumido yególatra, pero platicamos un rato bas-tante a gusto. Apenas se fue de donde estábamos, cuan-do todo mundo empezó a hablarmal de él. Decían queera grosero, arrogante, muyprepotente, que trataba muymal a los demás, me di cuenta de que sus “amigos” noeran precisamente sus mayores fans.Yo lo dejé de vermucho tiempo, pero unos mesesdespués, Rodrigo tuvo un accidente fuertísimo. Estabaen un yate con su familia, chocaron con un muelle yelyate no se hundió de inmediato, pero sí se incendió. Alcapitán no le pasónada porque cayó al agua ynadó, perolas dos hijas yla esposa de Rodrigo quedaron inconscien-tes dentro de la embarcación, muycerca de la zona don-de estaba el fuego.Cuando él recuperó la conciencia se dio cuenta de loque había pasado. Corrió adonde estaban sus hijas, paraello tuvo que pasarporla zona del fuego, estaba tandesesperado que no se puso nada encima. Al llegaral lu-gardonde ellas se encontraban, las tapó con unas toa-llas mojadas ylogró sacarlas al muelle. Inevitablemente,empezó a quemarse, no obstante, regresó porsu esposay, aunque pesaba mucho, pudo aventarla fuera del barco.Lo malo es que las cosas se complicaron, porque comoya tenía las piernas quemadas, se cayó dentro del yateyuna lona, u otra cosa que estaba moviéndose porelviento, se le pegóa la piel mientras se incendiaba. Mi-nutos después llegó la ayuda ypudieron sacarlo lo másrápido posible.El accidente tuvo varias consecuencias: sus hijas ysuesposa tuvieron quemaduras no tan graves, gracias a lavelocidad con la que Rodrigo las ayudó, pero a él lo res-cataron con 90 porciento del cuerpo quemado. La cara,24• ¡SIN PRETEXTOS! CAMBIA EL PERO POR EL PUEDO
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el pelo, el pecho, la espalda, los brazos, las piernas, lasmanos, todo se quemó, menos los genitales; creo que porla posición en la que permaneció en el piso, fue lo únicoque se pudo protegercon las manos. En cambio, la cara yel cuerpo quedaron prácticamente irreconocibles.Unos años después asistí a un evento organizado poruna fundación de gente quemada (no recuerdo muybien,creo que en esa ocasión fue la Fundación Michou yMau),fui a jugarun partido de futbol entre conductores de te-levisión ypersonas accidentadas, para apoyara la causa.Después de un rato se me acercó uno de los jugadorescon una máscara de licra colorcarne que utilizan paraproteger su piel y sus injertos.—Hola, Yordi, ¿cómo estás? Soy Rodrigo.Yo no sabía del accidente yno tenía idea de lo que ha-bía pasado hasta ese momento. Al principio, no sabía dequé Rodrigo me hablaba. Me recordó quién era, me plati-có sobre su accidente yme preguntó si me molestaba quese quitara la máscara porque ya no aguantaba el calor. Ledije que no, que porsupuesto no me molestaba. Cuandose la quitó, no pude creerlo quemado que estaba, teníadeformada toda la cara, no tenía orejas, nariz, cejas, teníalos ojos muyhundidos ylas capas de la piel se veían sobre-puestas, como si estuvieran en carne viva.Fue algo verdaderamente muyfuerte, sería una men-tira que no diga que me impresionó muchísimo. He tenidomuchas oportunidades de colaborarcon asociaciones deniños quemados, pero creo que nunca había visto a un so-breviviente tan afectado.No podía creerque era el mismo Rodrigo que ha-bía conocido en aquella reunión. Platicamos un rato, losentí muytriste. Le pregunté con quién había venidoa la Ciudad de México yme dijo que solo; le comenté25AUTOESTIMA •
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que tenía una grabación después del partido, pero quesi quería ira comera mi casamás tarde, me gustaríamucho, y aceptó.En esa época yo vivía en una casita muychiquita porla colonia San Jerónimo e iba a comeren la casa con minovia Rebeca (después mi esposa). Le llamé portelé-fono, le comenté que iba a invitara un amigo, le ex-pliqué brevemente lo de su accidente yque su cara eramuyimpresionante, que estuviera preparada al abrirlapuerta, no quería que la tomara porsorpresa, porque loúltimo que queríamos era hacerlo sentirincómodo, asílo hizo y todo funcionó muy bien.Cuando llegué, ya eran grandes amigos, pedimos unapizza (porque en el refri no había mucho que comer) ynos platicó todo lo que había pasado. Luego del accidentelo llevaron a una clínica especializada en Estados Unidosylo sometieron a tratamientos muy, muydolorosos. Noscontó que su esposa todo el tiempo lo acompañó, peroque cuando ella lo curaba o lo bañaba, él se ponía muyagresivo yle gritaba cosas horribles, inclusive groserías,le faltó al respeto muyfuerte. Pormás medicinas ytrata-mientos, Rodrigo no podía controlarel dolor, había esta-do muyirritable portodo yagresivo con todos, pero aúnasí su esposa había aguantado en cada momento.Ese día me enteré de que su riqueza no había sido porherencia, sino que el dinero que tenía lo había ganadocon su trabajo. Llevaba más de quince operaciones ynosécuántos injertos de piel, muchas de estas intervencio-nes no se las había cubierto el seguro ydespués de variosaños de no trabajaryde estos gastos tan fuertes habíaperdido casi toda su fortuna.Nunca se me va a olvidarla frase que nos confió: “An-tes del accidente tenía todo controlado, pero hoyno me26• ¡SIN PRETEXTOS! CAMBIA EL PERO POR EL PUEDO
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siento suficiente en nada.” Se sentía muymal porque yacasi no tenía dinero; físicamente estaba muylastimado,inclusive no podía caminarbien ni movercon facilidad susbrazos o tomarlas cosas (había perdido casi todos los de-dos). Muchos de sus amigos lo habían dejado, unos porinteresados yotros porque su físico llamaba mucho laatención y no querían relacionarse con él.Nos confesó que se sentía muyinseguro porque su es-posa era una mujerguapísima yle daba miedo que tarde otemprano lo dejara: “¿Quién quiere estarcon una personacon una cara como la mía? Parezco un monstruo.” Estabamuydeprimido, esa noche nos contó muchas razones porlas que se sentía muy inseguro. Sabíamos que era una situación verdaderamente di-fícil la que le había tocado vivir, que estaba pasando porun duelo gigantesco, yno era fácil encontrarlas palabraspara animarlo o consolarlo. Porsupuesto, le dijimos loque seguramente estás pensando, que era un héroe, que había salvado a su familia ylo más importante: estabavivo. Aún platicando de todo esto, no logramos subirlemucho el ánimo, Rodrigo se sentía muytriste ycon suvalía en el piso.Antes del accidente él había basado su seguridad en eldinero, en el control hacia los demás, en los negocios, enel poder, en el físico, en serun hombre atractivo yhastaen su forma de vestir. Yese día que comimos juntos ya notenía nada de eso.Luego de ese encuentro seguimos en contacto, un díaque fui a trabajara Chihuahua coincidimos. Fuimos a ce-nar y le pregunté:—¿Cómo estás?Me encantó su respuesta.—Mejorque nunca. Con mi esposa muybien, más ena-27AUTOESTIMA •
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morados que antes. Mis hijas están muybien en la escuelayson niñas muyseguras. Estoytrabajando en nuevos pro-yectos ytodo va jalando perfecto, pero lo más importan-te es que me siento muy bien conmigo.“La vida me enseñó que había puesto mi segu

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