Cerezos, glicinas, cipreses hinoki, pinos de Ezo, un cedro sugi de más de siete mil años (el Jomonsugi)... Los árboles y plantas de Japón son emblemas de belleza que nunca dejan de cautivarnos. El padre de Aya Koda les regalaba árboles a ella y a sus hermanos cuando eran pequeños y les enseñó a plantarlos, a estar atentos a las plagas, a distinguir las variedades a partir de cada hoja y
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Cerezos, glicinas, cipreses hinoki, pinos de Ezo, un cedro sugi de más de siete mil años (el Jomonsugi)... Los árboles y plantas de Japón son emblemas de belleza que nunca dejan de cautivarnos. El padre de Aya Koda les regalaba árboles a ella y a sus hermanos cuando eran pequeños y les enseñó a plantarlos, a estar atentos a las plagas, a distinguir las variedades a partir de cada hoja y a dar las gracias con reverencias al jardinero. Ahí nació una relación de amor que cultivó a lo largo de su vida y que la llevó a ser consciente del imprescindible valor de los árboles y de la obligación que tenemos de cuidarlos. Durante sus viajes por Japón para contemplar lo singular e imperecedero que se esconde en cada árbol, Aya Koda también asistió a desprendimientos de tierra y al trabajo de los taladores y se adentró en bosques cubiertos de ceniza. El fruto de sus andanzas son estas deslumbrantes memorias que iluminan el paisaje, la historia y la cultura japoneses, y que nos hablan de la belleza, la pérdida, la fugacidad y los ciclos de la naturaleza y la vida. Un clásico moderno que ha traspasado generaciones y que nos recuerda que los árboles son un espejo en el que reconocemos quiénes somos y qué legado queremos dejar en este mundo
La crítica dijo:
«Aya Koda observa con asombro reverencial los árboles y su contemplación nos proporciona alimento espiritual y medicina para el alma. Quien se interne en este hermoso bosque de palabras llenará sus pulmones con el oxígeno de la más pura literatura que exhalan sus hojas».
Santiago Beruete
«Fascinante en su calma curiosa, gozosa por su ritmo lento y plácido, leer a Aya Koda es como perderse en una floresta desconocida: allí nos acoge el abrazo del silencio, el murmullo de las bestias, la vida vibrante, vigorosa y discreta de todos los árboles. El tiempo de los bosques es distinto al del reloj biológico, pero la vida de los árboles es como la nuestra. Es hora de dejarlo todo y entregarnos a su escucha».
Juan Evaristo Valls Boix
«Una mirada que no se limita a observar: encuentra en los árboles la profundidad de la vida y la muerte».
Mayumi Mori, All Reviews
«Un libro maravilloso que se adelantó a su tiempo y que hoy es atemporal».
Tristan Gooley
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