SÍGUENOS EN

@Ebooks
@megustaleerarg
@megustaleerarg

Para todas las mujeres y los hombres que dedican su vida a intentar detener el sufrimiento de los miles de animales abandonados, maltratados, ignorados, de nuestro país.

© Lucio Bochi

© Clara de Estrada
Introducción
Crecí en una familia de campo, una familia tradicional para la cual los animales habían sido creados al servicio del hombre. Los perros cuidaban la casa, trabajaban con la hacienda o satisfacían los juegos de los niños y se adaptaban a quien les tocara en suerte. Sin embargo, cada noche, mis amigos los animales adquirían otra entidad.
Una y otra vez la dulce voz de mi madre daba vida a las páginas de El libro de la selva, a los cuentos de los hermanos Grimm, de Andersen o de Quiroga y nos deleitaba con las canciones de María Elena Walsh en las que las tortugas iban a la peluquería, los gatos usaban galera y las vacas estudiaban en la escuela. Pero en el mundo real, las vacas iban a parar al matadero, los monos pasaban sus vidas en jaulas con el único objetivo de entretener a la gente y a los perros de la calle se los llevaba la perrera y nunca más volvíamos a saber de ellos.
Durante los largos veranos en el campo familiar, al sur de la provincia de Buenos Aires, sobre la playa, rescatábamos pingüinos, delfines y lobos marinos que llegaban a la costa impregnados de alquitrán o enfermos en su camino hacia la Patagonia.
A lo largo del tiempo crié avestruces, zorrinos, liebres, palomas, gatos, perros y ovejas, cualquiera que se encontrara en dificultad.
Más tarde, quise ser veterinaria; pero durante mucho tiempo la vida me llevó hacia otros horizontes y durante veinte años trabajé como periodista de arquitectura, arte y decoración. Contaba las bellezas ocultas de mi país y viajaba incansablemente.
Llegó un día en el que una dolorosa ruptura de amor me hizo tomar otros rumbos y me retiré al campo en soledad, a lamer mis heridas, como tantas veces lo había visto hacer en el reino animal.
En mis recorridos por la provincia de Buenos Aires, veía animales desesperados, desgarrando bolsas de basura, madres hambrientas a la caza de alimento para sus cachorros, cuzcos extraviados, enfer
