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Laura Fernández
10 minutos
Ha pasado el último año escribiendo. Consiguió una beca, pidió una excedencia en la Universidad del País Vasco donde da clase, y terminó una novela —su segunda novela— y una colección de cuentos, de seis cuentos —siempre son seis—, en la que el yo es un espejismo listo para mutar, o deseoso de hacerlo, porque no puede sostenerse por más tiempo. ¿Su título? «Era todo el mismo hueco». Dice que tiende a escribir una primera línea, o un primer párrafo, o una primera página el 1 de enero, todos los años. Debutó en 2004 con una antología de cuentos: «Y poco después ahora». Tenía 26 años y trabaja como editora. Trabajo que, cuenta, le abrió el mundo a otro tipo de literaturas. «Me ocupaba de una colección de literatura del mundo, que quería decir, de todo el mundo menos el mundo occidental», aclara. Allí descubrió a Jamaica Kincaid, a la que adora, y de la que, dice, no sabe si su narrativa tiene algo, pero desearía que así fuera. A «Y poco después ahora» le siguieron «Carne» (2007), «Un montón de gatos» (2010) y «Un corazón demasiado grande» (2017), el primero en llegar a Random House, y galardonado con los premios Euskadi de Literatura y Euskadi de Plata. Su primera novela era, en realidad, una «non fiction novel», una en la que biografiaba su relación con su padre —recorriendo todos los tiempos— a partir del final. Hasta ahora era lo último que había publicado (2023). Su título es «Material de construcción». A menudo sus relatos surgen de retazos de conversación, o de experiencias en primera persona, o de cosas que ha oído contar. Pero siempre provienen de la realidad. «Bueno, a veces también de la literatura», admite. Aunque en la literatura, más que historias o personajes, encuentra «estructuras, texturas, tipos de sintaxis, cierta espesura del texto», dice. No sale a buscar ideas, espera que, de alguna forma, como le ocurre a Lydia Davis, se le instalen dentro. «Para mí, escribir es una forma de vida», dice. Lleva un tiempo obsesionada, confiesa, con el tema de la verdad, y ahora está empezando a obsesionarse con el de la mentira. Y cuando se obsesiona, sí busca. «Oh, sí, ahora estoy buscando cosas de mentirosos», dice. A veces queda con médicos, y abogados, con jardineros, gente real que le da un color real a sus historias. Que le permite entender las cosas desde dentro, y que puebla el texto de lugares nunca comunes, porque la realidad de la ficción no entiende de lugares comunes, sino de aquello que no está donde debería. Como los protagonistas de estos cuentos. Que querrían estar donde no están. Pero será mejor que empecemos por el principio. [...]
Amy Odell
5 minutos
Antes de convertirse en el rostro imperturbable del poder en la moda, Anna Wintour fue una adolescente fascinada por una estética que terminaría marcando su destino. En la biografía «Anna» (Debate, 2026), construida a partir de centenares de entrevistas con amigos, colegas y antiguos empleados, Amy Odell traza el retrato de una mujer que hizo de la ambición una disciplina y del control, un arte. Desde sus primeros pasos en el periodismo de moda, favorecida por un entorno familiar influyente pero sostenida por una voluntad feroz, Wintour ascendió hasta conquistar la cima de «Vogue» en Estados Unidos, epicentro de un universo tan brillante como despiadado. El extracto del libro que publicamos bajo estas líneas se adentra además en el momento en que la ficción terminó de consagrar su leyenda: la irrupción de Miranda Priestly en «El diablo viste de Prada», un espejo deformado que convirtió a Anna Wintour en personaje eterno de la cultura contemporánea. [...]
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