«La caída del imperio» por Azahara Palomeque: Javier Gallego no tiene edad
«La caída del imperio» (Random House, 2024), la primera novela de Javier Gallego (Crudo), narra 72 horas en la vida de un grupo de jóvenes madrileños que viven en la precariedad y tratan de evadirse de su día a día a través de la amistad, el amor, la fiesta, la droga y la música. La novela retrata el desencanto de una generación que se siente perdida y que lucha por vivir al margen de las normas establecidas: ambientada al calor del Movimiento 15M, esta ópera prima refleja la crisis y la desesperación subyacente en la juventud de aquella época (2011... y sus brasas) y muestra cómo el pasado influye en el presente en un contexto de crisis social y política. Así, con la actualidad colocándonos de nuevo en una situación de hastío e inestabilidad, en LENGUA reproducimos la reseña que le ha dedicado a este debut la escritora, periodista y doctora en Estudios Culturales Azahara Palomeque, un texto presentado durante un acto público celebrado en Córdoba.

Pancarta feminista en la entrada a la estación de metro de Sol, zona cero del campamento del Movimiento 15M, una asamblea ciudadana que nació para protestar contra el impacto social de la crisis financiera, la injusticia de las medidas llevadas a cabo por el Gobierno y por la falta de una democracia verdaderamente participativa. Aquel día, el movimiento decidió acampar en la Puerta del Sol, la plaza más emblemática de Madrid, y permanecer allí hasta las siguientes elecciones municipales para hacer visible su protesta a nivel mundial. Crédito: Getty Images.
«Qué desperdicio de vidas, cómo hemos podido malgastarnos tanto, cómo se nos ha hecho tarde tan pronto, cómo estamos tan lejos de lo que queríamos, nada de lo que nos prometimos ha sido y nada de lo que iba a ser será».
Este es el lamento de uno de los personajes que componen la novela coral La caída del imperio. En principio, el argumento es sencillo: un grupo de jóvenes -no tan jóvenes- en la treintena discurren sobre sus vidas precarias durante una larga fiesta que comienza el viernes 13 de mayo de 2011 y culmina en el famoso 15M, franja temporal cortísima que, sin embargo, se despliega a lo largo de casi 400 páginas en torno al desencanto de toda una generación, la X y, por extensión, las que vinieron después. Amalia, recién despedida del trabajo por «significarse» en sus reclamaciones sindicales a la búsqueda de mejores condiciones laborales; Leo, ninfómana, multiorgásmica que acabará utilizando sus artes sexuales para sobrevivir la cadena de curros precarios en que se encuentra inserta; Juan, el ex de Amalia, licenciado en Historia sin poder desempeñarse en un puesto como profesor y, de fondo, emigrados por la crisis, las protestas en Grecia contra las imposiciones de la Troika, y drogas, muchas drogas.
Bailan los personajes una música amarga de la que sólo parece salvarse la amistad que se profesan. En algún momento, alguien dice: «hay colegas que son casa», y a falta de poder pagar el alquiler, ese lar tejido de afectos se convierte en salvavidas para todos ellos: Caín –que en realidad se llama Abel–, Jaco, Darío… Es difícil escribir una novela coral, y es difícil hacerlo tan bien. Javier Gallego controla unas voces que, por momentos, parecen al borde del precipicio con un lenguaje frenético deudor de la mejor literatura: Foster Wallace, Bolaño, por ejemplo; deudor también del punk-rock y del trazo del cómic –pues gritan, cantan y caen a partir de juegos visuales con la tipografía y onomatopeyas imposibles–; deudor, además, de una poesía que acaba por reflejar la profundidad psicológica de estas gentes en las postrimerías de una juventud de la que no acaban de despegar, sin querer o poder zambullirse en la edad adulta. Eternos adolescentes, se dice; son también rebeldes en cuanto al rechazo de ciertas normas establecidas y la construcción de familias alternativas a la tradicional burguesa: mi gente, mis colegas.
Ver más
Leída hoy, en plena resaca de un 15M que no sólo se articuló como manifestación y acampada masiva, sino también como ciclo político hasta su clausura en nuestros días; como movimiento que, según Santiago Alba Rico, retrasó el anclaje de la ultraderecha en nuestro país –aunque no lo vacunó contra ese mal–, la novela sobrecoge. Yo iba siguiendo el ritmo frenético de sus letras y, a veces, quería llorar; otras, me reía a carcajadas por las ocurrencias de ese grupo que alegoriza la «generación mejor preparada de la historia» y no puede evitar hablar desde múltiples referencias culturales: literarias, cinematográficas, musicales, conocimiento acumulado que no garantiza mejores trabajos –como Leo, sirviendo cafés en un Starbucks mientras termina su tercera carrera–, sólo una educación con la que enfrentar las ruinas. En ocasiones, me detenía a reflexionar si esas frustraciones compartidas entre litronas y rayas, y chupaditas de M, y sexo, no correspondían también a las actuales, porque el libro, articulado en torno a las circunstancias de 2011 se publica ahora y no entonces; se interpreta durante nuestro presente colectivo.
Al final, las acampadas, lo mismo que la fiesta, la última fiesta, nos regalaron un imperio que termina, como el título de la tercera parte, en la «decadencia de Occidente», pero renacen de ahí algunas certezas: los vínculos entre seres afines, la puerta abierta al futuro –por muy incierto que sea–, y la remota algarabía de negarse a crecer, o al menos no sometidos a las reglas marcadas por otros. Como decía la Mala Rodríguez: «yo no tengo edad». Como tampoco la tiene Javier Gallego. Gracias por este novelón.
OTROS CONTENIDOS DE INTERÉS:
Carla Antonelli por Alana S. Portero: la fertilidad incandescente
El cuerpo sometido de las mujeres: la lucha feminista sigue
«Argala» aprieta el botón: a 50 años del asesinato de Carrero Blanco
Mayo del 68 y el fin del consenso
Víctimas de la «futurofobia»: una generación triste con fotos felices

