Supo que quería ser escritor a los siete años. Pero no tenía ni la más remota idea de cómo llegar hasta allí. Veía la escritura como una especie de cima no reservada para quienes como él habían nacido en un barrio complicado. El barrio en cuestión era el Bronx. Richard Price (Nueva York, 76 años), el tipo que hay detrás de «The Wire» —la primera serie en considerarse literatura, y literatura «dickensiana»—, y de «The Deuce» —la menos vista pero igual de impactante y digresiva, fabulosa, sobre el origen del porno en el Times Square de los 70—, el escritor que dio vida a «The Night Of» —otro clásico entre los clásicos de las series, en este caso, minimalistas, y negrísimas— y adaptó «El visitante» de Stephen King —con tan buen tino que propulsó la novela, una de las últimas grandes de King, si no la mejor de entre las últimas—, tiene un archivo mental incomparable. «Es lo que pasa cuando cualquiera de mis amigos escritores piensan en una serie como "The Wire" o "The Deuce". Se dicen: "Llama a Price, que lo sabe todo, porque lo vivió". Y así es. Todo lo que se cuenta en esas series es complejo y parece real porque lo es», confiesa. Además de firmar un puñado de buenísimos guiones —siempre muy bien acompañado: David Simon, Georges Pelecanos, Dennis Lehane, Ed Burns y un pequeño ilustre etcétera—, es autor de nueve novelas, entre las que figuran «The Wanderers» (1974) y «Clockers» (1992), ambas sentaron las bases de su fama —la de un autor de cierto post-realismo sucio—, especialmente la última, que llevó al cine Spike Lee en 1995. Entre una y otra, escribió, Price, el guion de «El color del dinero» (1986), por el que fue nominado al Óscar. Casado con la también escritora Lorraine Adams, Price reside desde hace casi 20 años en el Harlem, donde se ambienta su última novela, «Lázaro resucitado» (Random House, enero de 2026), un cruce de historias —tan clásico de su obra— con un epicentro claro: el derrumbe de un edificio de apartamentos. «El derrumbe sucedió. Yo estaba en la calle cuando pasó. Me fui para allá directamente para intentar captarlo todo. No sabía entonces que iba a ser el punto de partida de una de mis novelas, pero sabía que sería importante», recuerda. Así funciona la cosa con Price. No es un periodista, es un escritor que observa el mundo a su alrededor, y luego, lo reconstruye. Para contar la verdad. O parte de ella. Siempre prestando especial atención a aquello que se dice. Porque Price es un experto en diálogos. Se le considera uno de los mejores escritores de diálogos que ha existido jamás en la historia de la literatura norteamericana. «Lo único que puedo decir al respecto es que me salen solos. Podría no dejar de escribir diálogos nunca», dice. Pero también dice muchas más cosas. Sigan leyendo.