La extraordinaria historia de las jóvenes judía...
Las Brujas de la Noche (o la historia secreta de las mujeres que aterrorizaron al ejército nazi)
En las páginas de «Las mujeres que empuñaron la espada. Un recorrido por las guerreras de la historia, de la Antigüedad a la Segunda Guerra Mundial» (Roca Editorial, octubre de 2025), el historiador francés Ernest Bendriss reconstruye una genealogía de heroínas que, desde las trincheras olvidadas de la historia, desafiaron la violencia y el poder con una valentía que incomoda tanto como inspira. Su libro no es solo un catálogo de guerreras, sino un relato coral donde la épica se mezcla con la duda, la sangre y el mito. Bendriss bucea en archivos, memorias y leyendas para devolverles la voz a quienes la historia oficial silenció: desde Juana de Arco hasta las guerreras medievales, pasando por las amazonas de Dahomey o los «ángeles» de Stalin. Bajo estas líneas publicamos uno de los capítulos más electrizantes del libro: «Las Brujas de la Noche o el azote de los nazis», un retrato colectivo de aquellas jóvenes pilotos rusas que, a bordo de sus precarios biplanos de madera, convirtieron la oscuridad en arma y el miedo en música de motores. Bendriss escribe con una prosa que vibra entre la crónica y el poema, haciendo de cada vuelo una metáfora de resistencia y de cada nombre, una chispa que ilumina la noche de la historia.
Por Ernest Bendriss

Desde la izquierda: Polina Osipenko, Valentina Grizodubova y Marina Raskova. Las tres pilotos de la URSS cubrieron 5.908 km en 1938 sobrevolando las interminables estepas rusas en el avión bimotor ANT-37 (bautizado Rodina, Madre Patria en castellano) en 26 horas y 29 minutos, cubriendo la distancia entre Moscú y Komsomolsk del Amur. Crédito: Getty Images.
El 588.º Regimiento de Bombarderos Nocturnos (NBAP, o Nochnoy Bombardirovochnyi Aviatsonnyi Polk) fue el más famoso y laureado de la Fuerza Aérea Soviética. Liderado por la comandante Yevdokía Bershánskaia, llegó a efectuar numerosos vuelos en misión de combate descargando toneladas de bombas sobre las unidades de la Wehrmacht. Los alemanes nombraron a estas pilotos las Brujas de la Noche (Die Nachthexen), término mediante el cual expresaban su temor por sus reiterados ataques.
Fue el único de los tres regimientos de aviadoras exclusivamente formado por mujeres hasta el final de la guerra. En enero de 1943, se le rebautizó como 46.º Regimiento Aéreo de Bombarderos Nocturnos de la Guardia Taman, hecho que constituyó un motivo de considerable orgullo para nuestras guerreras del cielo y contribuyó a forjar su asombrosa epopeya. Su objetivo era hostigar incesantemente de noche las unidades alemanas más próximas al frente. El regimiento estaba dotado de aviones Polikarpov U-2, un biplano obsoleto fabricado en 1928 que se utilizaba para los entrenamientos de los pilotos, además de reconocimiento, de ambulancia, de transporte…, y para la fumigación de campos agrícolas.
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A raíz de la invasión de los alemanes fue rápidamente reconvertido en un bombardero de dudosa eficacia. Aunque lento, podía alcanzar una velocidad de ciento cincuenta kilómetros por hora. Estaba hecho casi integralmente de madera y constaba de dos cabinas abiertas con todo lo que supone de incomodidades, pues tanto el piloto como el copiloto estaban expuestos a la intemperie, enfrentándose a las temperaturas gélidas del riguroso invierno ruso. A bordo, no había radio ni instrumentos adaptados para el vuelo nocturno. Los ocupantes del aparato se comunicaban entre sí mediante un tubo de goma. Respecto al armamento, podía llevar cien kilos de bombas bajo las alas, además de una ametralladora en la parte trasera.
Pero ¿cómo diablos consiguieron hacer enloquecer a los alemanes con un avión tan vetusto? La respuesta es sencilla: sacando el máximo provecho de su biplano y echando mano de una atrevida táctica de combate. Veamos. Como hemos señalado, sus aviones eran de madera y los radares enemigos no lograban detectarlos, porque además estaban equipados con silenciadores. Sin duda, era una ventaja considerable para nuestras «brujas». Aprovechando la noche, volaban lentamente en formación de dos o tres a muy baja altura, hasta acercarse a su objetivo en las primeras líneas del frente. Volvían entonces a ascender para poder efectuar el bombardeo en condiciones óptimas y planeaban en picado hacia su blanco, después de haber apagado el motor. Tras lanzar las bombas, volvían a encender los motores y desaparecían sin dejar rastro.
Otra estrategia arriesgada era que una de las pilotos atrajese los focos y los disparos de la Flak (artillería antiaérea y antitanque utilizadas por los alemanes), mientras que sus compañeras efectuaban un vuelo con el motor apagado bombardeando depósitos de combustible y municiones, puentes, estaciones de ferrocarril, trenes, etc. Luego se marchaban lo antes posible y llegaban otras compañeras. Despistados, los alemanes solamente oían el silbido de las bombas justo antes de estallar, y maldecían a esas brujas que los ridiculizaban noche tras noche. Porque este era incontestablemente uno de los propósitos de dichos ataques: impedir el descanso del enemigo y todo lo que podía conllevar esa falta de sueño.

Las brujas de la noche, el escuadrón de mujeres piloto que combatió por la URSS en la II Guerra Mundial. La mayoría de las voluntarias del 588º Regimiento de Bombardeos Nocturnos eran estudiantes que querían combatir por su país, pero a las que solo daban la oportunidad de participar en puestos de apoyo. Crédito: Getty Images.
Además, por mucho que los cazas alemanes se empeñasen en perseguirlas nunca las alcanzaban. Con sus aviones, que volaban a más de quinientos kilómetros por hora, era del todo imposible lograr efectuar desde una posición adecuada disparos sobre estos «mosquitos», que se desplazaban a unos cien kilómetros a ras de los árboles. He aquí la inaudita ventaja de los Polikarpov U-2 sobre los potentes cazas alemanes, que supieron aprovechar con maestría las pilotos rusas. Parecía como una de estas fábulas de La Fontaine donde el pequeño se come al grande. Con un promedio de diez misiones por noche (aunque muchas de ellas alcanzarían las quince o dieciocho misiones), fueron una auténtica pesadilla para los alemanes.
Sin embargo, lamentablemente sufrieron bajas; cuando su avión, hecho de madera, lo recordamos una vez más, era alcanzado gravemente por los disparos de la Flak, solía prender en llamas. De hecho, algunas brujas prefirieron arder en su aparato como una antorcha humana antes de caer en manos de los alemanes, en un asombroso alarde de heroísmo que merece ser recordado con sumo respeto.
Veintitrés Brujas de la Noche recibieron la medalla de Héroe de la Unión Soviética; de hecho, fue el regimiento más condecorado de las fuerzas aéreas soviéticas de la Segunda Guerra Mundial. Entre estas heroínas, cabe citar a Evdokia Davidovna Bershanskaya, María V. Smirnova, Polina Gelman, Natalia Feodorovna Meklin, Nadezhda Popova, Evdokia Pasko y Anna Timofeyeva-Yegorova.
Hubo en total treinta y una brujas que fallecieron en combate en una epopeya indeleble que permanecerá grabada en letras de oro en el corazón de cada ruso.
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