En 1992 la Unión Europea se propuso el proyecto de implantar una moneda única, el euro, que diez años después era ya una realidad y es hoy compartida por los 19 estados que constituyen la Eurozona. Mientras que durante los primeros años fue celebrado y considerado un éxito rotundo, a raíz de la crisis de 2008 cobraron fuerza las voces en contra. Además de ofrecer de un m
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En 1992 la Unión Europea se propuso el proyecto de implantar una moneda única, el euro, que diez años después era ya una realidad y es hoy compartida por los 19 estados que constituyen la Eurozona. Mientras que durante los primeros años fue celebrado y considerado un éxito rotundo, a raíz de la crisis de 2008 cobraron fuerza las voces en contra. Además de ofrecer de un modo claro las claves de ese cuestionamiento, este libro plantea las siguientes preguntas: ¿hay algún modo de llevar el euro a su término sin provocar el caos en la zona, y posiblemente en el mundo?
Europa ha experimentado casi una década de estancamiento, que en el caso de algunos países ha llegado a ser depresión... ¿Cómo es posible que en Estados Unidos, país donde se originó la crisis debido a la mala gestión del sector financiero, la recuperación esté siendo mucho más veloz? Stiglitz sostiene que el problema de fondo es, sencillamente, el euro.
Elproyecto que se diseñó para unir Europa y contribuir a su prosperidad está haciendo precisamente todo lo contrario, y como Stiglitz explica con la claridad que le caracteriza, mientras que los beneficios de continuar con el euro (ambiguos y básicamente de orden psicológico y político) son limitados, los costes, incluidos el continuo estancamiento económico y la depresión, son inmensos.
Reseñas:
«Stiglitz es una rara combinación de economista virtuoso, polemista ingenioso e intelectual público.»
Robert Kuttner, New Statesman
«Un visionario de proporciones casi keynesianas.»
Michael Hirsh, Newsweek
«Stiglitz es una especie rara, un economista hereje que se ha atrevido a cuestionar el autocomplaciente establishment que en otros tiempos le daba de comer.»
Ian Fraser, Sunday Tribune
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