Camilleri antes de Montalbano: el hijo que escribía cartas a la madre ausente
Roma, 1949. En una habitación fría y alquilada, un joven siciliano de veintipocos años años afila su lápiz con paciencia. Se llama Andrea Camilleri y todavía ignora que un día creará a un comisario llamado Montalbano que le reportará fama mundial. Por ahora escribe cartas. Cartas a su madre, sobre todo: confesiones de un hijo perdido entre el humo de los tranvías y los ensayos teatrales, donde la pobreza es rutina y la esperanza, un oficio. En el libro «Os escribiré» (Salamandra, octubre de 2025), esas misivas —inéditas hasta hoy— componen el retrato minucioso de una educación sentimental y artística. Lo que emerge no es el Camilleri de las tramas policiacas, sino un muchacho que aprende a mirar el mundo con la ternura del hogar ausente. Habla de amores breves, de la desconfianza hacia los maestros, del hechizo de Roma y del peso de Sicilia. En cada línea se escucha el ritmo de una voz que busca su tono, que tantea la vida con la misma mezcla de ironía y melancolía que después haría suya la literatura italiana. Un archivo íntimo convertido en acto de revelación. Bajo estas líneas, LENGUA publica cuatro de las cartas que conforman este relato íntimo, en primera persona, de la juventud de Andrea Camilleri.
Por Andrea Camilleri

Andrea Camilleri posa en su casa de Roma en octubre de 2017. Crédito: Getty Images.
Roma, 2 de septiembre de 1952
Queridísima mamá: Dos líneas apresuradas para decirte que me encuentro bien. Le he echado una mano a Costa con el Agamenón (aunque sin hacer de ayudante) y he estado muy ocupado. De salud estoy bien. Telefoneé a Domenico Camilleri (no lo pillé hasta anteayer, porque estaba de vacaciones) y no había recibido la carta de papá ni tiene ni idea de cómo ayudarme, porque no conoce a nadie del mundillo. En realidad, me lo esperaba. Les escribí a Gaetani y a otra persona de la que te contaré por carta. No tengo noticias vuestras, ¿habéis estado en Palermo? [...] ¿Papá le ha escrito a Carmelo Camilleri? Me gustaría saberlo antes de ir a verlo, para no cogerlo desprevenido como a Minico (quizá papá le mandó la carta al ministerio mientras estaba de vacaciones). Pasado mañana te escribiré con más calma.
Abrazos
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Roma, 7 de septiembre de 1952
Queridísima mamá:
Hace pocos minutos que he hablado con papá por teléfono. Ha sido una sorpresa muy grata, pero como de costumbre me ha dado rabia no oír tu voz. ¿Cómo es posible que no tengas fuerzas para ponerte al aparato? Me daría una alegría inmensa. Esta mañana mismo le escribiré a Carmelo Celauro una larga carta para explicarle lo que quiero de él. Le hablaré del Piccolo de Palermo (conozco a Accursio di Leo, Costa me dio su nombre para que trabajáramos juntos, pero luego me dijo que prefería mantenerlo a su disposición) y de algún documental [...]. Con Minico, como ya te conté, sólo hablé por teléfono, le dije que me gustaría hablarle de varias cosas que podrían ser de su interés (por ejemplo: algún documental sobre las actividades de la marina mercante con guión suyo), pero quiso que se lo contara todo por teléfono. Y, así, después de que me dijera que no había nada que hacer y sin que me invitara a su casa, me vi obligado a interrumpir la comunicación. Me dijo que le escribiría a papá para contarle. [...] Le escribí a Franca justo después de la carta en la que te decía que no me contáis la verdad. Me ha contestado con una larga carta para aclararme el equívoco. No vale la pena que me extienda, porque también te escribirá a ti. Si Gaetani no me contesta esta semana, intentaré verlo otra vez. [...] Ayer cumplí veintisiete años, esperemos que entre en una fase de más suerte. Por otro lado, y esto es algo que no he querido deciros antes, hace quince días que trabajo con asiduidad y brío en mi primera novela, titulada Una suerte ambigua. Me siento con fuerzas para llevarla a buen puerto, tengo el concepto, toda la trama y los personajes y el desarrollo bien delineados en la cabeza. Ya he escrito los tres primeros capítulos. Hasta ahora nunca lo había intentado y estoy contento de haber empezado, aunque salga mal de la primera a la última página. Eso significa que a la segunda se me dará mejor. ¿Te acuerdas de lo mucho que tardé en escribir el primer poema decente? He interrumpido la carta un momento porque me han llamado por teléfono, era Guido Licari. Sus padres están en Sicilia. Hoy iré a su casa. Lo dejo aquí porque ha llegado Chianetta, a quien le doy estas líneas. Abrazos con un cariño infinito para ti y para todos los de casa.
Roma, 1 de octubre de 1952
Queridísima mamá:
Estoy muy preocupado por la falta absoluta de noticias vuestras. Además, el domingo no hubo ninguna llamada. No estoy pasando unos días muy alegres, en parte porque, en contra de lo previsto, no he recibido todavía ninguna respuesta de Palermo, ni siquiera de Carmelo, y los días pasan igual sin vislumbrar una conclusión. No sé qué pensar. Os mandé recuerdos con Fiorentino, que estuvo un día conmigo, y os pedía que me mandarais algo para el mes que viene. Pero tampoco he tenido confirmación de eso. Tratad de escribirme y de no tenerme preocupado. Dadme también alguna noticia indirecta sobre el asunto de Palermo, me sorprende no saber nada todavía. Sobre la radio: un buen modelo es la Marelli 121 (radiogramola de cinco válvulas), que cuesta 124.832. Pero con las siguientes condiciones: entrega en Milán, no incluye embalaje, el ige, los aranceles ni la suscripción radiofónica. Gastos y seguro de transporte a cargo del cliente y pago por adelantado. ¿Se puede saber por qué diablos quiere recibirla en mi casa? En Agrigento seguro que ahorraría, porque en cualquier lugar y por cualquier sistema el trasporte correrá de su cuenta.
Abrazos

El escritor italiano Andrea Camilleri en frente de la casa donde creció en la localidad siciliana de Contrada Inficherna. Crédito: Getty Images.
Roma, 12 de diciembre de 1952
Queridísima mamá:
Ya no sabía qué pensar de tu prolongadísimo silencio y precisamente esta mañana he salido de casa con la intención de mandarte un telegrama para pedir noticias. ¿Sabes que he pasado doce días sin recibir nada de nada de vosotros? Ya le dije a papá por teléfono que os había escrito y que evidentemente se trataba de un extravío; entonces, ¿por qué me pagáis con la ley de la selva, ojo por ojo y diente por diente, si yo era inocente? Vamos a dejarlo, no se trata de que me ponga a enumerarte todas las ideas negras que se me han pasado por la cabeza estos días.
En lo que respecta a las lecturas aquellas de poesía y música, las dificultades aumentan de forma preocupante. En fin, Costa quiere que me encargue del trabajo de selección y de ordenación durante como mínimo un mes, ya que dice, y por una vez su razonamiento da en el clavo, que mi trabajo debe hacerse y retribuirse cuando antes, porque sus dificultades organizativas no tienen que recaer sobre mí, que he trabajado bastante. Así pues, calculo que terminaré como muy tarde el martes que viene (día 16). Naturalmente, trataré de salir cuanto antes, pongamos que el 17 por la tarde, para llegar a Palermo por la mañana y tratar de despachar las reuniones palermitanas en un solo día y así poder salir esa misma tarde o al día siguiente por la mañana hacia Porto. He preparado con el administrador de Costa el presupuesto de los gastos de esos espectáculos y todo estaba listo, pero resulta que las dificultades imprevistas han venido precisamente de los actores principales de la compañía, ya que, como actúan dos veces el sábado por la tarde y dos el domingo por la tarde, han dejado claro que el domingo por la mañana tienen intención de dormir y descansar. Costa está absolutamente decidido a hacerlos, así que estamos buscando soluciones, trasladando alguna función de tarde o, a malas, pidiendo la participación de la academia para algunos actores. Costa me ha dicho que D’Amico estaría encantado de hacer algo así y a mí también me interesaría en cierto sentido tener puntos de contacto laborales con D’Amico. Pero no te niego que esas dificultades me han desmoralizado un poco, porque se ha puesto en duda algo que ya era seguro y con lo que contaba, puesto que una paga de unas treinta mil mensuales, que me habría dado Costa, me habría permitido seguir viviendo en Roma y superar la falta del talón de Alfredo. No entiendo por qué os ha intranquilizado contarme la cuestión de Alfredo, era algo que sabía y, por otro lado, él ha hecho todo lo que ha podido y tengo que estarle pero que muy agradecido. Me ha llegado una carta de Andreotti en respuesta al envío de mi currículum vitae que os transcribo aparte, no es muy pródigo en esperanzas, pero yo insisto en que el camino es ese y simplemente hay que insistir. No es sólo una impresión, sino un hecho comprobado y, en efecto, en estos días, por una cuestión surgida en el ambiente del Piccolo Teatro, he podido confirmarlo. Ya os lo contaré de viva voz, recordádmelo. [...] A Bonfiglio se lo expondré todo en persona y le hablaré también de esta carta de Andreotti. Me olvidaba: los cuartos necesarios para el viaje os los pediré dentro de unos días telegráficamente, porque primero quiero ver cuánto me da Costa como remuneración, así podré organizarme y saber cuánto tengo que pediros. Para ahorrar tiempo, mandádmelo por giro telegráfico. Ayer me llamó Imbrò para decirme que a su sobrino, que es ayudante de dirección cinematográfica y al que le ha hablado de mí, le gustaría conocerme. Seguro que no podré hacer nada con eso, porque está en las mismas condiciones que yo, pero me gusta que haya demostrado interés. Me ha dicho también que la señora Giacchetti ha estado enferma y que en cuanto se encuentre mejor quiere verme. El domingo pasado fui a almorzar a casa de los Licari, como siempre cariñosísimos, y tienen muchas ganas de que vengas a Roma y seas su invitada. En este momento acaba de llamarme Laura Cuffaro, te manda recuerdos. El domingo que viene iré a almorzar en casa de Lia Giudice, que me está ofreciendo una ayuda muy valiosa en la búsqueda de poemas. De salud estoy bastante bien, aunque estaré mejor en cuanto vuelva a encontrarme entre vosotros. Los mejores deseos y muchos recuerdos de la madre de Costa, a la que le he hablado largo y tendido de ti. Tengo unas ganas enormes de volver a verte, de dormir mucho, de no estar pensando todo el rato, de comer y de ponerme quince inyecciones reconstituyentes. Creo que la primera semana la pasaré encerrado en casa, feliz de la vida.
Hasta pronto, pues. Os mando abrazos con un cariño inmenso.
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