Susana Martín Gijón: «Las vivencias son fundamentales. Necesito verlo todo, patear los lugares, olerlos, vivirlos»
Hay algo revelador en los escritorios. No solo son lugares de trabajo, sino también refugios, laboratorios y, a veces, trincheras. En ellos se acumulan papeles, tazas, libros subrayados, fotos antiguas, notas escritas a toda prisa. El escritorio de un escritor puede decir tanto como sus libros, y quizás por eso, visitarlo siempre es una forma de entrar en su mundo desde otro ángulo. Con esa intención —y sin ánimo de interrumpir demasiado— nos acercamos a la casa de Susana Martín Gijón para conocer sus rutinas y los pequeños hábitos que rodean su proceso creativo y para fotografiar —a través de la mirada de Jeosm— el corazón de su escritura, el lugar donde todo empieza.
Por Jeosm

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LENGUA: ¿A qué hora sueles ponerte a escribir?
Susana Martín Gijón: En cuanto desayuno, sin remolonear ni un minuto. Para mí es el momento en el que las ideas fluyen con mayor claridad.
LENGUA: ¿Escribes todos los días?
Susana Martín Gijón: Siempre que estoy en casa. Cuando viajo por promoción intento centrarme en lo que tengo delante. No soy mujer de hacer varias cosas a la vez (por otra parte, creo que lo del cerebro femenino multitarea es un cuento que nos han vendido, las cosas se hacen mejor si se hacen de una en una).
LENGUA: ¿Prefieres seguir una rutina o escribir cuando te apetece?
Susana Martín Gijón: Necesito una rutina, con un horario laboral más o menos estable. De otro modo sería inviable escribir tramas de cuatrocientas páginas (o hacerlo con un mínimo de coherencia).
LENGUA: ¿Dónde sueles escribir? ¿Siempre en el mismo sitio?
Susana Martín Gijón: Siempre en mi estudio, con mi ordenador de mesa, mi silla, mi taza, mi gato y todos esos pequeños fetiches que me conectan con el mundo al otro lado del teclado.
LENGUA: ¿Qué objetos no faltan nunca en tu escritorio?
Susana Martín Gijón: Varias libretas con apuntes caóticos -pero que de alguna milagrosa forma me funcionan-, tazas llenas de bolígrafos, libros de consulta, agua sin medida.
LENGUA: ¿Tienes algún objeto especial que te acompañe cuando escribes?
Susana Martín Gijón: La primera libreta en la que empecé a tramar la historia y a apuntar dudas. Esa permanece hasta que acabo la novela, aunque encima ya haya siete más.
LENGUA: ¿Escribes a mano, con ordenador o mezclas ambos?
Susana Martín Gijón: Ambos. El ordenador es mi herramienta principal, aunque el papel siempre me ayuda a aclarar ideas.

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LENGUA: ¿Escuchas música mientras escribes? ¿Qué tipo o qué grupos?
Susana Martín Gijón: Soy incapaz. Ni siquiera instrumental, necesito silencio. Eso sí, una vez que me sumerjo ya pueden sonar mil sirenas que no salgo de mi mundo de ficción.
LENGUA: ¿Corriges mucho o escribes del tirón?
Susana Martín Gijón: Corrijo muchísimo. Pero cuando la inspiración me atrapa, no me detengo. Ya habrá tiempo para volver al texto las veces que haga falta.
LENGUA: ¿Cómo sabes cuando un texto está terminado?
Susana Martín Gijón: ¡Cuando se acaba el plazo para entregarlo! No, en serio, nunca parece del todo terminado, siempre hay algo que se podría ajustar, pero en algún momento hay que dejarlo ir.
LENGUA: ¿Te cuesta empezar o sueles arrancar con facilidad?
Susana Martín Gijón: Depende del día y del proyecto. Hay ocasiones en que la historia me golpea como si ya estuviera escrita en alguna parte de mí y necesitara salir, y eso no hay quien lo frene. Otras veces cuesta más. Pero incluso en esos días, sé que basta con empezar a teclear para que el engranaje se ponga en marcha.
LENGUA: ¿Sueles tener libros a mano mientras escribes? ¿Cuáles?
Susana Martín Gijón: En el caso de novelas históricas, como La Babilonia, 1580 o La Capitana, acumulo mucha documentación. Por ejemplo, tengo varias biografías de san Juan de la Cruz o de Ana de Jesús. También las novelas ejemplares de Cervantes, para no olvidar nunca el tono del siglo XVI.
LENGUA: ¿Te molesta que te interrumpan cuando estás escribiendo?
Susana Martín Gijón: Podría morder.
LENGUA: ¿Le enseñas tus textos a alguien antes de publicarlos?
Susana Martín Gijón: Tengo mucha suerte de poder contar con el equipo magnífico de edición que hay en Alfaguara, que los leen con mimo y me aportan siempre, pero antes pasa por mi agente y, antes incluso, por alguien de mi círculo más próximo. Mi hermano David nunca falla.
LENGUA: ¿Te inspiras en lo que ves desde tu escritorio o en tu entorno cercano?
Susana Martín Gijón: Aunque hay ejemplos de autores que han escrito textos maravillosos sin salir de casa, para mí las vivencias propias son fundamentales. Necesito verlo todo, patear los lugares, olerlos, vivirlos. Como cuando me acogieron en un santuario de animales durante la escritura de Especie, me metí a navegar en una réplica de galeón del siglo XVI con La Babilonia, 1580, o en el convento que gobernó Ana de Jesús con La Capitana. No sé qué será lo próximo.
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