Un crucero, un brote y una advertencia: David Quammen ante el hantavirus
En 2012, cuando el mundo aún no imaginaba la sacudida global de 2020, David Quammen ya había seguido las huellas de una amenaza invisible: un virus capaz de saltar de los animales al ser humano y desencadenar una pandemia. No fue profecía, insiste él, sino escucha: la atención paciente a los científicos que trabajan en selvas, laboratorios y territorios donde la investigación se parece a una expedición. Autor de «Contagio: la evolución de las pandemias» o «Sin aliento», Quammen ha convertido la ciencia en relato y la enfermedad en una forma de mirar nuestra fragilidad compartida. Ahora, A propósito del brote de hantavirus en el MV Hondius, el editor Miguel Aguilar entrevista a Quammen para LENGUA con el objetivo de entender cómo un viaje que comenzó como una aventura en las latitudes más extremas del mundo, a bordo de un crucero de lujo, terminó convirtiéndose en una crisis sanitaria internacional.
Por Miguel Aguilar
Miguel Aguilar: En Contagio (Debate) analizó en profundidad las enfermedades zoonóticas, es decir, aquellas en las que un virus pasa de una especie animal a los seres humanos. ¿Es el hantavirus una de ellas?
David Quamenn: Sí, los hantavirus (hay más de uno) pertenecen a esa categoría de virus conocida como «zoonóticos», lo que significa que son básicamente virus que infectan a animales no humanos y que, en ocasiones, se transmiten a los seres humanos.
Miguel Aguilar: ¿Cuál diría que es el origen más probable del brote?
David Quamenn: Este crucero partió de Argentina con destino a la Antártida, según lo que he leído. Uno de los hantavirus se conoce como virus de los Andes, que se da entre los roedores en Argentina. Al menos dos de las víctimas eran holandeses, según tengo entendido, que habían pasado unos días de turismo en la ciudad de Ushuaia, Argentina, antes de embarcar en el MV Hondius. Existe una gran posibilidad de que las primeras víctimas se infectaran en Argentina antes de embarcar. Pero no hay pruebas de ello por el momento.
Miguel Aguilar: Unos 30 pasajeros desembarcaron en Santa Elena. ¿Qué peligro entraña eso? ¿Existe alguna justificación razonable para ello?
David Quamenn: Creo que todos los pasajeros del Hondius deberían permanecer en cuarentena durante un tiempo y someterse a pruebas para ver si también están infectados. No se les debería haber permitido simplemente abandonar el barco en Santa Elena y dispersarse hacia sus hogares. Podrían ser portadores del virus Andes.
Miguel Aguilar: Un crucero parece un entorno ideal para la propagación de infecciones virales. ¿Deberían existir normas especiales?
David Quamenn: Sí, un crucero es un entorno vulnerable, tan cerrado y tan abarrotado, para la transmisión de virus o bacterias de una persona a otra. Esto ya se ha demostrado en el pasado. Debería haber normas especiales, y creo que las hay, al menos para los cruceros matriculados en algunos países o que hacen escala en ellos. Me sorprende que se permitiera a los pasajeros desembarcar libremente en Santa Elena.
Miguel Aguilar: ¿Por qué los roedores son agentes tan habituales en estas enfermedades?
David Quamenn: Los virus zoonóticos —es decir, los virus animales que en ocasiones infectan a los seres humanos— deben tener un «huésped reservorio» en el que los virus permanezcan durante largos periodos de tiempo, de forma inadvertida, hasta que se transmiten a los seres humanos y provocan brotes. Muchos virus que infectan de forma natural a los roedores, y muchos que infectan de forma natural a los murciélagos, han demostrado ser capaces también de infectar a los seres humanos. No sabemos exactamente por qué. Los roedores y los murciélagos no tienen la culpa. Necesitamos roedores y murciélagos silvestres en sus ecosistemas naturales. Pero cuando los roedores pequeños (ratones, ratas) se introducen en entornos humanos —como casas, graneros, cobertizos e incluso barcos— y llevan consigo sus virus, traen consigo el riesgo de que los humanos se infecten con esos virus. ¿Cómo ocurre esto? En el caso de los hantavirus, parece que ocurre a través de las excreciones, especialmente la orina, que puede depositarse en el polvo de casas y cobertizos antiguos, y cuando se barre el polvo y los virus se elevan al aire, tienen la posibilidad de infectar a los humanos por vía respiratoria.
Creo que esa es la fuente más probable de estas infecciones: virus de roedores que se elevaron al aire junto con el polvo y fueron inhalados por los humanos. No necesariamente en el crucero, sino posiblemente en un edificio en Argentina antes de que los pasajeros subieran a bordo.
Pero esto es una especulación. Aún no tenemos pruebas. Es de suponer que los científicos y los responsables de salud pública están trabajando en ello.
Y su trabajo sobre ese problema es precisamente el tipo de trabajo que la actual administración estadounidense ha obstaculizado al recortar la financiación y la integridad científica en los NIH y los CDC.
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