Una vuelta por la historia, curiosidades y mara...
Una breve historia del «pop art» (o por qué Warhol se cargó el mercado del arte)
En el libro «Una historia del arte MUY RÁPIDA» (Ediciones B, junio de 2025), la historiadora y divulgadora cultural Carla Serrano (@la.inercia en redes sociales, donde la siguen cientos de miles de personas) explica por qué los movimientos artísticos no son solo un montón de cuadros en un museo, sino una ventana abierta a las emociones, las luchas y las revoluciones de cada época. En el capítulo que LENGUA reproduce a continuación, la autora se centra en la figura de Andy Warhol, uno de los artistas más célebres del siglo XX, un revolucionario que convirtió el arte en espectáculo y negocio y difuminó los límites entre creación y comercio. Porque, sin duda, Andy Warhol fue uno de los primeros en explotar la estrecha relación entre arte y publicidad: se apropió de imágenes de la cultura de consumo y las presentó como arte, pero también recurrió a tácticas de marketing para inflar su propia fama y cotización en el mercado. Además, convirtió el arte en un producto más para especular, atrayendo a coleccionistas privados que trataban sus obras como si fueran acciones, lo que terminó por alimentar una burbuja de demanda y precios.
Por Carla Serrano

Andy Warhol en su estudio de Nueva York, The Factory, en abril de 1983. De fondo, un cuadro de la serie Endangered Species. Crédito: Getty Images.
La primera vez que vimos en la historia del arte la palabra «pop» en una obra fue en Just What Is It That Makes Today’s Homes So Different So Appealling? (en español, algo así como «Pero ¿qué es lo que hace a los hogares de hoy en día tan diferentes, tan atractivos?»). Chica, que te quedaste a gusto con el título.
Esta obra fue realizada por el artista inglés Richard Hamilton, miembro del Grupo Independiente, una asociación de artistas, críticos, pintores, escultores y académicos británicos que se juntaron en 1952 en el Institute of Contemporary Art de Londres para pegarse una chapita buena sobre la cultura de masas estadounidense.
La obra, elaborada en 1956, es un collage increíble conformado con una gran parte de recortes de revistas estadounidenses que muestra una realidad capitalista, con un hombre cachas que sostiene una piruleta en la que se ve la palabra «pop» en su envoltorio. La obra se expuso en la Whitechapel Art Gallery, en una exposición que se llamó This Is Tomorrow. Constituyó uno de los primeros iconos del movimiento pop art al hablar de transformaciones sociales y masificación cultural. En ese año, el pop art no había llegado todavía, el término empezó a usarse en torno a 1958 gracias al crítico de arte Lawrence Alloway, pero no se popularizó hasta años después. El caso es que en esta época pegaba fuerte el expresionismo abstracto y nadie tenía tiempo para esta banalización críptica inglesa, estaban todos anonadados con otros asuntos.
Una cosa que te voy a decir es que el pop art no es un invento estadounidense. Sus orígenes son británicos, pero se atribuyeron erróneamente a Jasper Johns y Robert Rauschenberg, dos artistas estadounidenses que comenzaron a transicionar desde la pintura abstracta hacia el arte figurativo con obras como Flag (Jasper Johns) que hace una representación pictórica de una bandera de Estados Unidos jugando con el concepto de representación de la imagen. Así, el cuadro se convierte en sí mismo en el objeto de bandera, no solo la representación de esta. Por su parte, Rauschenberg introdujo elementos de la vida cotidiana en sus obras, como periódicos, objetos encontrados en la calle y materiales de consumo masivo. Sus obras anticipaban los temas del pop art, al igual que las de Johns, al mezclar lo elevado con lo cotidiano.
Pero el pop art como movimiento no empezaría a tomar forma hasta principios de los años sesenta. En el Reino Unido se celebró la exposición Young Contemporaries (1961), en la que se dieron a conocer artistas tan guais como David Hockney o Derek Boshier (ambos siguen vivos a fecha de hoy y nacieron en 1937) y para mí son dos grandes infravalorados del movimiento.
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En Estados Unidos pasó un poco más de lo mismo, y el pop art fue ganando notoriedad, sobre todo en Nueva York (irónicamente, la casa de los expresionistas abstractos). El movimiento tomó su forma más reconocible a través de figuras como Andy Warhol, Roy Lichtenstein, Claes Oldenburg, Tom Wesselmann y James Rosenquist.
Andy Warhol es el más famoso. Es el que a todos nos viene a la mente cuando pensamos en pop art. Yo lo llamo «el efecto Dalí». Son artistas que, gracias a su ambición y conocimiento de la publi y el marketing, supieron vender no solo su obra, sino su figura y personalidad como objetos artísticos en sí mismos. Warhol destacó por su uso de la producción en masa, replicando imágenes icónicas de la cultura popular, como latas de sopa Campbell, botellas de Coca-Cola y retratos de celebridades como Marilyn Monroe. Su enfoque en la repetición y la creación de arte mediante la «producción en serie» desafió las ideas tradicionales de la autoría artística. La famosa frase de Warhol «En el futuro, todo el mundo será famoso durante quince minutos» resume perfectamente su visión del arte como un fenómeno masivo, accesible y efímero. El caso es que llevaba parte de razón; si llega a vivir la era TikTok lo tendríamos hasta en la sopa, y nunca mejor dicho.
No obstante, Warhol no solo hizo latas y vídeos comiéndose una hamburguesa. El artista también tuvo una época oscura a mediados de la década de 1960, particularmente en torno a sus series «Death and Disaster». Warhol se alejó de la celebración de la cultura de consumo y las celebridades, y se adentró en temas más sombríos como la muerte, la violencia y la alienación.
Te voy a decir la verdad. No me gusta Andy Warhol, pero si me tengo que quedar con algo de él, sería con la serie «Electric Chair». Las pinturas se basan en una foto de archivo de una silla eléctrica real, y representa muy bien la espectacularización de la muerte en los medios y el sensacionalismo.
Claes Oldenburg, por su parte, fue un artista que se centró en crear esculturas gigantes de objetos cotidianos. Bastante molón, si me lo permitís. Sus representaciones de hamburguesas, lápices o ropa reflejaban la banalidad del consumo y el deseo. Oldenburg utilizaba materiales blandos y flexibles para desafiar las convenciones de las esculturas tradicionales.
Otra tendencia muy común en el pop art es el uso del cómic como idea gráfica. Roy Lichtenstein es conocido precisamente por esta técnica. Empleó el punto Ben-Day (puntos pequeños que se usan en la impresión en cómic) para crear grandes obras que combinaban la cultura popular con el lenguaje del arte tradicional. Whaam! (1963) es un ejemplo perfecto de lo mencionado. Es una reacción del artista al expresionismo abstracto, intentando desinflar esa pomposidad cultural del movimiento de pintura chorreante. Además, habla de la guerra, de su glorificación y de la visión equivocada que se vende de los conflictos en las historias gráficas y en los cómics.

Nueva York, 1985. Andy Warhol con algunos de los retratos inspirados en la reina Isabel II del Reino Unido. Crédito: Getty Images.
¿Cómo se cargó Warhol el mercado del arte?
En realidad, el punto de vista del pop art británico y el del pop art estadounidense, me atrevo a decir, son un pelín diferentes. El británico refleja una fascinación por el consumismo, la publicidad y los medios, pero también tiene una cierta actitud irónica y crítica hacia la sociedad. El pop art en Estados Unidos se convirtió en una celebración del exceso, del consumo y de las figuras públicas como Elvis Presley o Marilyn Monroe. Aplaudían la repetición, la creación en masa… Warhol, de hecho, intentó, en la medida de lo posible, expurgar el valor artístico, cambió la manera de consumir el arte, y no tengo claro que fuera del todo positivo, es más, creo que no lo fue.
Warhol comprendió antes que nadie que el arte y la publicidad son dos caras de la misma moneda. Tomó imágenes de la cultura de consumo y las convirtió en arte, pero también aplicó técnicas de marketing para aumentar su propia demanda y valor en el mercado. Además, popularizó el arte entre coleccionistas privados, y sus obras eran una especie de acción en bolsa, lo que aumentó la demanda y los precios. Hoy, artistas como Jeff Koons o Damien Hirst siguen ese modelo y crean burbujas loquísimas que desvirtúan el verdadero valor del arte. Y el auge de plataformas como los NFT es una cosa muy parecida al concepto de Warhol. Un modelo de reproducción en masa y especulación.
¡Gracias, Andy!
Bonus track: ¿Sabías que la gran diva y activista del pop art era monja? Conoce a Corita Kent en unas líneas y gana el próximo quesito en el Trivial
Olvidémonos de Andy y centremos nuestro esfuerzo en alguien mucho más interesante: Corita Kent.
Corita Kent fue una artista y activista estadounidense chulísima que combinó el pop art con el compromiso social. Su nombre no es tan conocido como el de todos los señores de los que hemos hablado, pero es una figura superinteresante para comprender el diálogo entre arte, fe y justicia social.
En 1936, con solo dieciocho años, tomó los votos y adoptó el nombre de hermana Mary Corita. Estudió arte en la Universidad del Sur de California, donde se especializó en pintura y grabado. Su enfoque en la serigrafía la llevó a explorar un lenguaje visual innovador y muy sugestivo a nivel artístico.
Su obra destaca por el uso de colores y tipografías llamativas con un resultado muy similar a los anuncios publicitarios. Utiliza eslóganes, fragmentos de texto, figuras políticas de la época, y crea un diálogo entre lo espiritual y lo cotidiano. ¿Su mensaje? El amor, la esperanza, la justicia social. Lo cierto es que poco a poco se volvió más activista, con reflexiones sobre la pobreza, críticas a la guerra de Vietnam y denuncias contra la desigualdad.
A medida que su arte se hizo más y más político, a la Iglesia empezó a dejar de gustarle. La actitud desafiante no les molaba (ni les mola), así que en 1968 Corita abandona la vida religiosa, pero continúa su carrera como artista y diseñadora.
Uno de sus diseños más icónicos es el logotipo de Love para la gasolinera U. S. Postal Service, así como su mural Rainbow Swash (1971) en Boston, un símbolo de paz y diversidad.
Si te interesa el diseño, deberías buscar su obra, porque te va a encantar.
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