El fenómeno editorial de Gil Pratsobrerroca: una niña desaparecida, una familia rota y un «thriller» imparable
El 15 de junio de 2025, una niña de siete años desapareció en Arcavell, un pequeño pueblo del Pirineo, a pocos kilómetros de la frontera con Andorra. Lo que sucede antes y después de ese día (y las mentiras que sostienen a la familia Costa) es el corazón de «El juego del silencio», la primera novela de Gil Pratsobrerroca, un guionista catalán que ha pasado de escribir humor para TV3 a firmar uno de los fenómenos de novela negra más comentados de los últimos meses. Convertido en superventas en Cataluña (la edición en catalán, «El joc del silenci», fue publicada por La Campana en 2025), con traducciones a una decena de idiomas y una adaptación audiovisual en marcha, su debut llega ahora en castellano (Reservoir Books, junio de 2026) para confirmar algo que la crítica ya ha proclamado: hay un nuevo nombre en el «thriller» psicológico que ha aprendido a secuestrar el tiempo de lectura de una generación acostumbrada a vivir en modo Reel. Con «El juego del silencio», Gil Pratsobrerroca debuta en la novela con un «thriller» doméstico y cinematográfico que convierte a una niña en la mayor amenaza del relato y usa la cuenta atrás como arma contra la distracción permanente. En esta entrevista con LENGUA, Pratsobrerroca habla de la vulnerabilidad, la culpa familiar y el silencio como territorio narrativo.
Por Elena Mandacen

Gil Pratsobrerroca. Crédito: Sergi-Pérez Fernández.
Gil Pratsobrerroca (Vic, 1996) pertenece a una generación de narradores que han aprendido a contar historias entre platós, estudios de radio y timelines infinitos. Antes de debutar en la novela, su nombre estaba asociado al humor: escribió y dirigió la serie de ficción El teorema del mico para TV3, firmó guiones para el programa El búnquer de Catalunya Ràdio y actualmente dirige y escribe El creador de influencers, una serie para la plataforma 3Cat. Esa trayectoria audiovisual explica en parte el ritmo y la mirada de El juego del silencio (El joc del silenci en catalán, editado por La Campana en 2025; la edición en castellano de Reservoir Books es de 2026), su primera novela, un thriller psicológico y doméstico que se ha convertido en fenómeno de ventas en Cataluña.
Pratsobrerroca se aproxima a la literatura con la conciencia de quien sabe que compite contra TikTok e Instagram por el tiempo de ocio del lector. De ahí los capítulos cortos, la estructura en cuenta atrás y los ganchos psicológicos que dejan siempre una trama en suspenso mientras otra se abre paso en forma de flashback. El propio autor reivindica la herencia de Joël Dicker a la hora de dosificar la información y reconoce la influencia de Don Winslow, especialmente por esa forma de convertir al lector y al protagonista en un equipo que avanza a la par, sin investigadores todopoderosos que lo saben todo desde el primer capítulo.
Lejos de la figura del debutante seguro de sí mismo, Pratsobrerroca habla de su entrada en la narrativa en términos de recorrido y vértigo. El joc del silenci salió en septiembre en catalán y, tras unas primeras semanas discretas, se viralizó hasta convertirse en uno de los libros del año, con más de diez ediciones, decenas de miles de lectores y un impacto tal que llegó a desbancar en listas a autores como Joël Dicker o Freida McFadden. Él lo atribuye a una mezcla de trabajo de relojero —«pelearse» con lo que no funcionaba, según explica— y al boca a boca que hizo de la novela un caso de estudio en Sant Jordi, donde las colas y la falta de ejemplares confirmaron que el huracán Pratsobrerroca había llegado para quedarse.
En el centro de su escritura está una tensión constante entre lo cotidiano y lo monstruoso, entre la fachada de la familia perfecta y los secretos que la sostienen. El juego del silencio sitúa esa fractura en un territorio reconocible, el Pirineo catalán, y la ancla en debates contemporáneos como la expulsión vecinal por el turismo y la imposibilidad de seguir viviendo en los barrios de siempre. Pero el movimiento decisivo del libro es otro: convertir a la figura más frágil —Valèria, una niña de siete años con un amigo imaginario llamado Peludo— en la amenaza más inquietante del relato, y utilizar el silencio como arma narrativa para que el lector se pregunte hasta qué punto todos somos cómplices de aquello que callamos.
Mientras su primera novela viaja a nuevos idiomas y se prepara su adaptación audiovisual —para la que, según reconoce, llegaron a interesarse hasta catorce productoras—, Pratsobrerroca escribe desde un lugar peculiar: el del guionista de comedia que ha encontrado en el thriller psicológico una forma de interrogar el amor, el deseo y la culpa en tiempos de hiperconexión.
LENGUA: El juego del silencio fue uno de los libros más vendidos durante Sant Jordi 2026 y ya se habla de él como de todo un fenómeno literario. ¿Cómo se enfrenta usted a este éxito y a todo lo que se está diciendo en torno a su novela?
Gil Pratsobrerroca: El libro salió en septiembre en catalán y después en castellano. Es mi primera novela, por lo que todavía me siento súper novato en todo, y la sensación es la de una trayectoria que ha ido subiendo peldaño a peldaño sin que yo supiera muy bien hasta dónde podía llegar. Sobre Sant Jordi, fueron días bastante surrealistas, todo el mundo hablando de la novela, de la traducción a diez idiomas, de una adaptación audiovisual ya más o menos pactada… Yo lo vivo poco a poco, como ir descubriéndolo sobre la marcha, con el síndrome del impostor al lado, intentando no salir demasiado de mí mismo y, sobre todo, disfrutando al máximo tanto como pueda.
LENGUA: ¿Cómo nació El juego del silencio? ¿En qué momento supo que una desaparición infantil podía sostener una novela entera?
Gil Pratsobrerroca: En realidad no es la primera novela que escribo, ya que tengo otra anterior que presenté en su momento pero me dijeron que no, porque era una cosa súper caótica que se perdía por todos lados. Cuando empecé la segunda, El juego del silencio, recuperé algunas tramas o ideas de aquella primera y las reciclé. Una de ellas era la desaparición de una niña, porque me interesaba que el lector estuviera enganchado al máximo, y creo que la desaparición de un ser tan vulnerable como una niña es de lo que más te toca el alma, ya que te obliga a preguntarte qué ha podido ocurrir para llegar a algo tan extremo. Ahí había un impacto emocional que quería que funcionara, y yo ya había leído cosas sobre este tema y quería explorarlo a fondo.
LENGUA: En la novela hay, por un lado, el misterio de la desaparición y, por otro, todo el universo de mentiras, tensiones familiares y silencios. ¿Qué le interesaba más, el engranaje del thriller o la fractura sentimental de esa familia?
Gil Pratsobrerroca: Yo vengo del mundo del guion y toda la parte de tensión, de crear suspense, de dejar tramas colgando en plan «pam, ¿qué pasará?» me salió más fácil. Los ganchos psicológicos, la construcción de cliffhangers, los tengo bastante interiorizados. Lo que me costó más fue dibujar bien la mentalidad de los personajes: qué sienten cuando su hija desaparece, qué pasa por dentro cuando escondes secretos a tu pareja, que al final es el gran tema de la novela. También había mucho síndrome del impostor antes de publicar el libro, esa voz que te dice, «¿qué haces publicando un libro?», «¿vas de escritor ahora?». Para combatirlo lo que hice fue dejárselo leer a muchos amigos y ese feedback me permitió trabajar con ensayo y error, sabiendo lo que funciona y lo que no. Fue un proceso largo de pelearme con todo lo que no funcionaba hasta ir puliéndolo.
«Cuando leo thrillers donde el asesino tiene clarísimo su objetivo desde el minuto uno, a veces siento que me saca un poco de la historia. Me interesa más que un personaje en el que has confiado pueda encarnar de repente el mal, ese giro te genera mucha más intriga que tener un villano clarísimo desde el inicio».
LENGUA: Si nos centramos en los vértices principales —el matrimonio y la niña—, ¿cómo los construyó? ¿se inspiró en personas concretas, en referentes cinematográficos?
Gil Pratsobrerroca: Es una novela súper cinematográfica, y detrás hay muchas horas de ver películas de terror y de suspense que hacen exactamente esa cosa de mantenerte al borde del sofá. Una de las leyes que me autoimpuse fue que tenía que ser un thriller doméstico, es decir, que pudiera pasar en cualquier sitio, en cualquier casa, para que el lector empatizara al máximo. Eso me parecía clave. Luego está toda la parte del turismo, de la gentrificación, que también quería que se sintiera cercana. Creo que uno de los puntos fuertes del libro es precisamente ese: que puedes empatizar porque reconoces los conflictos. Y después está la cultura audiovisual brutal que tenemos, estamos todo el día viendo series o películas, así que incluso escribiendo puedes usar recursos de cámara y el lector entiende qué estás haciendo. He intentado que esa simbiosis entre cine y literatura esté muy presente en el libro.
LENGUA: Hablemos de la estructura: esa decisión de ir hacia delante y hacia atrás en el tiempo, de construir una especie de cuenta atrás, a nivel técnico, ¿no es una locura?
Gil Pratsobrerroca: La novela tiene mucha herencia de Joël Dicker, ya que hay autores como él que te enseñan a jugar con el tiempo y la información, y a mí me interesaba seguir un poco ese camino. También hay un contexto muy concreto, ya que estamos en plena invasión de TikTok e Instagram, y cuando escribes sabes que compites con eso. Compites por el tiempo de ocio del lector, si no te rompes la cabeza para sacarlo del móvil y llevarlo al libro, lo pierdes. Si no haces capítulos pequeños, si no dejas tramas con interrogantes, si no piensas muy bien cómo mantener su atención, estás muerto. Para mí es muy interesante el momento actual de la literatura porque la veo generando anticuerpos, mecanismos de defensa. En este libro la cuenta atrás y los ganchos psicológicos forman parte de esos anticuerpos. Y es una señal positiva, ya que la literatura no va a desaparecer nunca, se va a ir adaptando. Un libro de hace treinta años no es igual que uno de hace cien, y los de ahora son distintos de los de entonces. La literatura es algo vivo.
LENGUA: Si hubiera contado esta historia con una narrativa lineal, sin flashbacks, ¿qué cree que habría cambiado?
Gil Pratsobrerroca: El flashback te permite dejar la trama presente en el aire, pensar, «mira, ¿qué pasará?». Pero si quieres saberlo tienes que pagar un peaje, que es el pasado. Ese peaje también genera nuevas preguntas y la trama se va interrumpiendo continuamente, pero cada interrupción te coloca un nuevo elemento que te invita a seguir. Al final es un recurso muy deliberado, la sensación es que avanzas en dos direcciones a la vez, hacia lo que pasó y hacia lo que está pasando.
LENGUA: En la novela negra solemos esperar a la última página para saber quién es «el malo». Hay autores que ahora revelan al culpable desde el principio para cambiar el foco. ¿Dónde se sitúa usted?
Gil Pratsobrerroca: En El juego del silencio tiro más por otro lado, ya que me interesa que los buenos sean los malos y los malos sean los buenos. No digo que esté mal saber desde el principio quién es el culpable, pero sí creo que le quita parte del misterio. Cuando leo thrillers donde el asesino tiene clarísimo su objetivo desde el minuto uno, a veces siento que me saca un poco de la historia. Me interesa más que un personaje en el que has confiado pueda encarnar de repente el mal, ese giro te genera mucha más intriga que tener un villano clarísimo desde el inicio. No descarto probar la otra fórmula en futuras novelas, pero en esta necesitaba esos claroscuros, esa ambigüedad moral.

Gil Pratsobrerroca posando durante el photocall de los Premis Drac 2026, en L'Auditori, el 30 de marzo de 2026, en Barcelona. Crédito: Getty Images.
LENGUA: El traslado de la familia desde el barrio de Gràcia a un entorno rural está muy ligado a la expulsión vecinal por el turismo y el precio de la vivienda. ¿Quería que ese conflicto social fuera solo telón de fondo o un motor real de la trama?
Gil Pratsobrerroca: El libro no es una proclama política contra el turismo, pero sí hay una crítica clara. Estamos viviendo un momento de cambio porque el turismo se nos ha desbordado y se está haciendo imposible vivir en las grandes ciudades, y creo que ese va a ser uno de los grandes debates de los próximos años: qué hacemos con nuestras ciudades, con eso de vivir en «el mejor sitio del mundo». Los protagonistas, Carla y Jan, son una pareja que, de entrada, está muy en contra del turismo y la gentrificación, parecen muy centrados, incluso un poco perfectos hasta el punto de dar rabia. Pero después ves que esa verborrea es también una excusa para marcharse y seguir ocultando sus grandes errores, sus secretos familiares y su pasado.
LENGUA: Valèria, la niña, está en el centro del relato, pero la vemos sobre todo a través de la mirada de los adultos. ¿Le interesaba mostrar cómo los niños quedan atrapados en los conflictos de los mayores?
Gil Pratsobrerroca: Valèria es el personaje del ángel: rubia, con ojos grandes, frágil, pura. Me parecía interesante que el personaje más frágil de todos fuera el que diera más miedo, la amenaza más grande del libro. Ese giro tenía algo muy potente, ya que ella sufre directamente los problemas de sus padres. No era una intención programada desde el principio, pero al final refleja muy bien a esos niños que tienen que soportar los errores de los adultos cuando ellos no han hecho nada. La historia, en el fondo, también va de eso.
LENGUA: El amigo imaginario de Valèria, Peludo, introduce inquietud desde el primer momento. ¿Quería jugar con el límite entre imaginación infantil, manipulación y peligro real?
Gil Pratsobrerroca: Tener una niña como personaje te permite jugar con muchos recursos. El amigo imaginario no estaba en el esquema inicial, pero mientras escribía me fue convenciendo la idea de introducirlo. Y además se llama Peludo, que es un adjetivo que puede ser muy entrañable o muy terrorífico. Ahí quería explorar justo eso: hasta qué punto es imaginación infantil, hasta qué punto hay manipulación o peligro real. Peludo va cambiando de función en la historia y ese cambio, creo, es lo que inquieta.
«Estamos en plena invasión de TikTok e Instagram, y cuando escribes sabes que compites con eso. Compites por el tiempo de ocio del lector, si no te rompes la cabeza para sacarlo del móvil y llevarlo al libro, lo pierdes».
LENGUA: La novela surgió a partir de un guion. ¿Qué cambió cuando esa historia pasó del lenguaje audiovisual al literario?
Gil Pratsobrerroca: Hasta hace poco había catorce productoras interesadas en hacer la serie y ahora ya hemos escogido una, o sea que la parte audiovisual sigue muy viva. Es cierto que es un libro súper cinematográfico, eso se nota mucho. Pero también es verdad que, como guionista, yo hacía sobre todo humor, he dirigido dos series de humor para TV3 y he trabajado en radio. El humor es muy rítmico: cada cuatro frases tiene que haber un chascarrillo, si no, el guion no funciona. En la novela queda algo de eso en el personaje de Ilona, que es la parte cómica. Es un libro tan oscuro que necesitaba a alguien así, pero una novela te pide muchas más cosas: el perfil psicológico de cada personaje, el espíritu de la gente, de las montañas… Es muy distinto a un guion, he tenido que aprender otro tipo de ritmo.
LENGUA: Uno de los aspectos más potentes del libro es cómo desmonta la idea de familia feliz. Debajo de la superficie hay culpa, secretos y silencios. ¿Qué quería explorar ahí?
Gil Pratsobrerroca: Jan y Carla son una pareja que, por miedo a poner ciertos conflictos sobre la mesa y tener que confrontarlos, acaban generando un problema mucho mayor. Y creo que eso nos ha pasado un poco a todos: cuando conoces a alguien no enseñas todas tus cartas, tiendes a esconder tus inseguridades y tus defectos. El libro plantea qué pasa si esa inseguridad se alarga catorce años, si tienes una hija de siete y todavía no le has explicado qué ocurre realmente en la familia. Es llevar al extremo algo que reconocemos: el miedo a decir la verdad cuando ya llevas demasiado tiempo callándola.
LENGUA: ¿Cuáles son sus grandes referentes literarios en El juego del silencio?
Gil Pratsobrerroca: Como comenté antes, es un libro muy de Joël Dicker, que me ha ayudado mucho a entender cómo dosificar la información y a jugar con las estructuras temporales. También hay mucho de Don Winslow, sobre todo de su trilogía de El poder del perro, son libros que me gustan porque vas con el investigador, el lector y el protagonista son un equipo y avanzan juntos. A veces lees novela negra y el investigador es el verdadero amo, lo sabe todo, y tú te sientes inferior. A mí me gusta ir más a fuego lento, superando las cosas poco a poco, con la sensación de que podrías estar ahí.
OTROS CONTENIDOS DE INTERÉS:
Freida McFadden y la química del miedo: dentro del laboratorio de «La asistenta»
De Agatha Christie a «La paciente silenciosa»: una mirada al maquiavélico arte del «plot twist»
Anatomía del «thriller» contemporáneo
Stephen King, el hombre que amaba a las mujeres terroríficas
Novela negra, misterio y thriller
El brillo de las luciérnagas (Serie...
