Pilar Quintana: «A veces, los cuerpos de las mujeres funcionan como casas sin puertas donde los otros, los hombres, se sienten dueños y entran sin permiso»
En «Noche negra» (Alfaguara, agosto de 2025), Pilar Quintana lleva su prosa cortante a un territorio donde la intimidad se convierte en un paisaje tan inquietante como la selva que tantas veces ha narrado. Su nueva novela, diseccionada aquí en conversación con el periodista Juan Cruz Ruiz, explora la violencia callada que anida en los afectos y la forma en que lo doméstico puede ser tan feroz como lo salvaje: la protagonista del libro, Rosa, decide dejar su vida cómoda en la ciudad para irse con Gene, su pareja de origen irlandés, a construir con sus propias manos una casa en la selva a orillas del mar; cuando él tiene que irse unos días, ella queda sola en aquel paraje que aún le resulta indescifrable... Con esta premisa, Quintana, con la inteligencia de quien percibe un temblor antes de la erupción, coloca a sus personajes en un filo moral donde cada gesto se vuelve irreversible. En esta charla, la escritora desvela el origen de ese pulso narrativo: su obsesión con las fisuras de la vida cotidiana.
Por Juan Cruz Ruiz


Pilar Quintana en Madrid en septiembre de 2025. Fotografía: Diego Lafuente.
Esta mujer que parece frágil como una muchacha escribe libros en los que se avanza la historia universal del miedo. Igual que La perra, acaso su libro más importante, aquí, en Noche negra, Pilar Quintana (Bogotá, 1972), lleva al lector a un viaje peligroso que al principio parece una escala de amor. Sin embargo, la selva no abraza a su protagonista, que se enamora de pronto de quien parece que en las afueras del mundo le va a procurar la lejanía y lo mejor de la soledad. Él la abandona demasiado temprano, y Rosa, aquella muchacha que triunfaba en la ciudad, cuando la guerrilla hacía parte de la dureza de la vida colombiana, afronta la tremenda evidencia de que allí los hombres y los animales están jugando las mismas cartas del miedo y de la muerte. Leí este libro como si tuviera en la garganta el miedo de Rosa, y también como si estuviera, otra vez, ante una heredera de lo mejor que se ha publicado sobre la soledad en la historia del siglo XX: aquella Cien años de soledad de su paisano Gabriel García Márquez. Lean Noche negra. En esta entrevista hallé yo mismo la razón para releerla mil veces de soledad.
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Juan Cruz Ruiz: ¿Es lícito sentir miedo al tiempo que uno lee?
Pilar Quintana: Uf, ¿sentiste miedo?
Juan Cruz Ruiz: Sí.
Pilar Quintana: Ay, me alegra. Me alegra porque yo escribí esta novela entre las dudas sintiendo: ¿será que funciona o sirve para algo? Porque es una novela que cuenta cuatro días en la vida del personaje donde no está pasando mucho más que ella lavando los platos, limpiando… Y entonces me preguntaba si estaría logrando generar esa atmósfera que yo quiero, como de miedo hacia afuera pero también, y sobre todo, hacia adentro.
Juan Cruz Ruiz: ¿Ese miedo fue también escrito? Es decir, ¿tú también sentiste el miedo que yo sentí?
Pilar Quintana: Claro. Para poderlo producir tenés que un poco sentirlo. Pero, ¿sabes qué pasó? Que esta novela es una novela de ficción, pero bebe de una experiencia real. Yo viví nueve años en un lugar como aquel donde vive Rosa, en el Pacífico Colombiano, en un acantilado selvático frente al mar. Y a mi exmarido, que en ese entonces era mi marido, tuvieron que hacerle una cirugía. Fui a acompañarlo, pero luego me tuve que devolver porque no podíamos dejar la casa sola. Teníamos una gata, una perra y unas gallinas y yo me quedé tres meses sola en esa casa mientras él se recuperaba. No es lo mismo estar solo en la ciudad, donde tenés a los vecinos alrededor, a tu familia, a tus amigos… Allá yo tenía unos vecinos separados por grandes columnas de selva o de mar y sentí la amenaza. Yo me llevaba muy bien con la comunidad en el pueblo, pero había un par de personas que eran como dirigentes, a los que yo no les caía en gracia. Porque yo venía de afuera, con ideas nuevas que de repente no les gustaban, y ellos, una vez que mi marido se fue, empezaron a mostrarse amenazantes conmigo. Hubo otro vecino, casado con una pareja, que eran nuestros amigos, y él me acosó sexualmente… Fue una experiencia tremenda.
Juan Cruz Ruiz: Tuviste miedo.
Pilar Quintana: Yo en ese momento nunca sentí que tuviera miedo, pero fíjate cómo habré pasado miedo que tuve que hacer una novela para conjurarlo.
Juan Cruz Ruiz: ¿Puede ocurrir que ese miedo sea también un miedo civil a lo que ocurre? Como si el mundo estuviera ahora acechando y esto que tú estabas escribiendo no era tan solo sobre la selva sino sobre la vida.
Pilar Quintana: Yo creo que sí. Yo creo que esta novela pone en escena unos miedos atávicos que son comunes a todos así vivamos en las ciudades. Cuando salió la novela, en agosto, tuve varias citas con editoras y editores de Estados Unidos y de Londres que culturalmente están alejados de nosotros en Colombia, o de una mujer como Rosa, la protagonista del libro. Todas las editoras me decían: «Estás poniendo en escena mis miedos». Son unos miedos atávicos de nosotras las mujeres que sabemos que vivimos en un estado permanente de alerta frente a los ataques de los hombres, especialmente de los abusadores que viven en nuestras propias casas y que no son extraños, son nuestros padres, nuestros maridos, nuestros hermanos, nuestros tíos… Rosa tiene ese mismo miedo, pero también yo siento ese miedo a la naturaleza que está allá afuera. Lo tenemos aun cuando vivimos en las ciudades. Y lo tenemos todos porque nosotros, como animales, somos animales débiles que necesitamos herramientas para poder defendernos del entorno. Ese miedo, aunque no lo sintamos en la ciudad tan explícitamente, lo tenemos de siempre y está en nuestra condición animal. Surge incluso en lo más doméstico y delicado de la vida, que es la relación con el médico… En un momento determinado, Rosa se siente acosada por el propio médico. La consecuencia es la soledad.
«Creo que para escribir algo tienes que irte a ese lugar y a esa situación. Si vos como escritor no logras sentirlo, no puedes construirlo, no has logrado nada».
Juan Cruz Ruiz: Es un libro sobre la soledad.
Pilar Quintana: Sí, sobre la soledad y sobre el desamparo. Lo que ocurre en la niñez y en la adolescencia de esta chica le regresa cuando ya ella es adulta y encuentra un mundo hostil… Era una mujer poderosa, su poder es económico, pero se va a una vida de riesgo, en medio de la naturaleza. Desafía las normas sociales, lo que se espera que ella haga como mujer. Pero sufre una gran derrota cuando su marido se va y de repente empieza a sentirse vulnerable a las amenazas de la selva y está sola y sus vecinos se le presentan como amenazas horribles. Ella empieza a examinar su vida y a descubrir cómo fue abandonada desde chiquita. Y se mide con la selva. Es un encuentro brutal. El miedo está ahí, acechándola todo el rato.
Juan Cruz Ruiz: Mientras lo escribes tú estás con ella. ¿En qué momento de todos los que describes esa vida tú sentiste exactamente lo mismo que Rosa?
Pilar Quintana: Yo creo que para escribir algo tienes que irte a ese lugar y a esa situación. Si vos como escritor no logras sentirlo, no puedes construirlo, no has logrado nada. Pienso que nuestra profesión no es muy distinta de la del actor o de la actriz que tiene que sentir en su cuerpo el dolor para construirlo y ponerlo ahí para que vos lo sintás a través de ella y lo veas. Le creas ese dolor entonces. Concibo la literatura como un viaje… Yo quiero, cuando leo, irme a ese lugar en el que sucede la vida de la que escribo. Para mí es una buena novela si el autor consigue llevarme al lugar donde transcurre su historia. Yo quiero hacer eso por el lector. La literatura es la única actividad que nos permite salir de este planeta e irnos a otro mundo sorprendente en el que las puertas se nos abren.
Juan Cruz Ruiz: Como si esto te pasara también a ti… ¿Te pasó? ¿Viviste en una casa sin puertas?
Pilar Quintana: Mirá, he reflexionado mucho sobre esa casa sin puertas en la que en la ficción vive Rosa… Yo concebí una casa sin puertas porque me servía más para crear ese ambiente terrorífico, pero es que yo viví durante un tiempo en una casa que no tenía puertas... Mientras las hacíamos había unos plásticos como los de la casa de Rosa. A veces los cuerpos de las mujeres funcionan como casas sin puertas donde los otros, los hombres, se sienten dueños como si dijeran: «Esta una casa a la que no hay que respetar porque no tiene puertas y yo puedo entrar cuando quiera, no tengo que pedir permiso para entrar no tengo que tocar, y decir ¿puedo pasar?», sino que nuestros cuerpos, en el metro, en el bus, en la calle, en la casa, son usados para ser violentados…

Pilar Quintana en Madrid en septiembre de 2025. Fotografía: Diego Lafuente.
Juan Cruz Ruiz: Me sorprende que Rosa desde el principio sintiera amor por el irlandés que, además, deja a la chica con la que iba y de la cual ni se despidió. Y se va con Rosa.
Pilar Quintana: Todas nos prendamos de hijueputas alguna vez, ¿no? y Rosa tiene esa debilidad. Ahí lo dice: le gusta el chico malo y paga un precio.
Juan Cruz Ruiz: Pero luego resulta que aquí todos son malos o están a punto de ser malos. Da la impresión de que el libro habla por ti, de que tú estás en el libro, a pesar de que no tienes que ver con él porque, por así decirlo, te fue contado.
Pilar Quintana: Sí, es una ficción completa. Lo que pasa es que sí bebe mucho de mi experiencia en la selva y en otras circunstancias, en otro momento. Yo nací en 1972, Rosa nació en 1941, la novela transcurre en Colombia y es muy claro que sucede en 1980, por ciertas claves que se dan de la situación política, de los guerrilleros que están siendo presos en ese momento. No es entonces una novela sobre mí, no puede serlo, pero sí que bebe de mi experiencia de soledad en la selva y de mi en lucha contra los elementos. Yo no tuve un padre que me abandonara, no comparto las mismas circunstancias de vida de Rosa, mi familia no estaba estructurada de esa manera, pero sí bebe de esa sensación que tenemos todas las mujeres de ser un poco un animal atento a la amenaza que no se sabe de dónde va a venir…
«En esta novela voy a la violencia que está dentro de nosotros como esa violencia latinoamericana que está allá afuera (...). Es una violencia que tiene que ver con nuestra propia animalidad, con lo que somos en el medio natural, y por medio natural entiendo también la ciudad es nuestro medio natural».
Juan Cruz Ruiz: Como lector yo me sentí con ganas de ayudar a Rosa, para que no naufragara… ¿Con qué emociones escribiste tú misma estos episodios tan duros que hay en Noche negra?
Pilar Quintana: Con las emociones propias que van con el miedo… En el libro se prolonga una búsqueda profunda que yo estoy haciendo desde que escribí La Perra y algunos cuentos que nacieron al mismo tiempo o antes de La Perra. Es como si yo estuviera buscando la esencia de nuestra animalidad. Los escritores latinoamericanos hemos hablado y escrito sobre la violencia, de la violencia política, de la violencia de la guerra. Y me interesaba hablar sobre la violencia más pequeña, la que pasa adentro de las casas. Y he escrito sobre ella. Pero ahora, en esta novela especialmente, voy a la violencia que está dentro de nosotros como esa violencia latinoamericana que está allá afuera. Yo diría que esa emoción podríamos llamarla de pronto rabia. Pero me gustaría llamarla violencia. Es una violencia que tiene que ver con nuestra propia animalidad, con lo que somos en el medio natural, y por medio natural entiendo también la ciudad es nuestro medio natural.

Pilar Quintana en Madrid en septiembre de 2025. Fotografía: Diego Lafuente.
Juan Cruz Ruiz: No me gustaría que esta consideración pareciera un modo artificial de elogiar la novela, pero a veces sentí como que Gabriel García Márquez está en algún momento asomándose ahí a las metáforas colombianas de tus libros…
Pilar Quintana: Bueno, es inevitable ser heredera de una tradición literaria y yo sí creo que ahí está Gabriel García Márquez, como está la tradición de novela selvática latinoamericana, entre las cuales yo incluyo Cien años de soledad. Esta es una novela sobre irse y establecerse en otro lugar y atravesar la selva… Creo que esta novela recoge esa tradición tan latinoamericana.
Juan Cruz Ruiz: La tradición de la soledad…
Pilar Quintana: Puede ser la misma soledad, tenés razón. De pronto se reproduce allí la misma soledad… ¡Podría llamarse ya no Cien años de soledad sino Cuatro días de soledad, pero en realidad es una vida de soledad! Es una novela que se pregunta por la naturaleza de la soledad. El ruido de la selva se hizo intolerable. Era también el desamor del hombre que la abandona, pero el ruido de la selva es inesperado. Siempre ha pensado uno que la selva tiene algo de apacible y sin embargo allí los hombres y las cosas y los animales, y los animales malos, porque hay animales duros… todo ello la va persiguiendo como si la mandara a vivir a otro mundo y ella no se decide, no sé si se decidiría por ir al mundo del que vino antes, pero cuál sería su porvenir después de la selva.
«Es una novela que se pregunta por la naturaleza de la soledad. El ruido de la selva se hizo intolerable. Era también el desamor del hombre que la abandona, pero el ruido de la selva es inesperado».
Juan Cruz Ruiz: En Los Nuestros, el gran libro que Luis Harss escribió en 1966 sobre el boom, el gran periodista y escritor argentino-chileno le pregunta a Gabriel García Márquez sobre la situación colombiana. Gabo le responde con una metáfora: «Es muy difícil dormir en Macondo». En tu libro resulta muy difícil vivir en la Colombia de aquel momento… ¿Es ahora también tu libro una metáfora de este tiempo?
Pilar Quintana: Las FARC era la guerrilla más antigua creada en esos años 60 en la República Independiente de Marquetalia, que eran esos años en los que no se podía dormir en Macondo. Yo creo que persiste la metáfora. Se desarticuló gran parte de esa guerra, pero estamos viendo ahora que continúa, que hay unas disidencias que están y siguen en la lucha… Yo creo que persiste dolorosamente de otra manera esa dificultad de dormir en Macondo. Tenemos por primera vez un gobierno de izquierda en Colombia, y ha sido un gobierno tremendamente fallido. Tengo mucho miedo de la vuelta y el ascenso de una ultraderecha y no de una derecha moderada… La derecha también tuvo gobiernos fallidos. El mar siempre parece oscuro.
Los abismos (Premio Alfaguara de novela 2021)
