Marina Sanmartín: «Empezar a imaginar una historia me resulta muy fácil; encontrar la primera frase, no tanto»
Hay algo revelador en los escritorios. No solo son lugares de trabajo, sino también refugios, laboratorios y, a veces, trincheras. En ellos se acumulan papeles, tazas, libros subrayados, fotos antiguas, notas escritas a toda prisa. El escritorio de un escritor puede decir tanto como sus libros, y quizás por eso, visitarlo siempre es una forma de entrar en su mundo desde otro ángulo. Con esa intención -y sin ánimo de interrumpir demasiado- nos acercamos a la casa de Marina Sanmartín para conocer sus rutinas y los pequeños hábitos que rodean su proceso creativo y para fotografiar -a través de la mirada de Jeosm- el corazón de su escritura, el lugar donde todo empieza.
Por Jeosm

.webp)
.jpg)
LENGUA: ¿A qué hora sueles ponerte a escribir?
Marina Sanmartín: Soy mucho más productiva por las mañanas, a primera hora, cuando mi cabeza está aún despejada de todo lo que la irá enturbiando a lo largo del día. Si consigo levantarme a una hora relativamente temprana, las ocho o las nueve, aprovecho muchísimo el rato del café, antes de irme a la librería. Pero eso no significa que no escriba en otros momentos de la jornada. Siempre llevo una libreta en el bolso y activas las notas del teléfono. Muchas veces me he arrepentido de no haber anotado una idea al tenerla, inmediatamente, y procuro que me ocurra lo menos posible.
LENGUA: ¿Escribes todos los días?
Marina Sanmartín: Cuando estoy en pleno proceso de escritura de una novela, sí. De una forma u otra, no me alejo del texto demasiado tiempo. Antes y después de terminar una historia me lo tomo con más calma, aunque por mi trabajo como periodista raro es el día que no tenga que abrir el procesador de textos.
LENGUA: ¿Prefieres seguir una rutina o escribir cuando te apetece?
Marina Sanmartín: Me encantaría ser capaz de seguir una rutina pero, ya cerca de los cincuenta, he aceptado que soy incapaz.
¿Dónde sueles escribir? ¿Siempre en el mismo sitio?
Marina Sanmartín: Me remito a mi respuesta anterior. Tengo un escritorio y una mesa donde desayuno y me llevo el portátil, pero también escribo en el sofá, en la cama, aprovechando los trayectos en tren Madrid–Valencia, en casa de mis padres y en la librería. El lugar nunca es el problema.
LENGUA: ¿Qué objetos no faltan nunca en tu escritorio?
Marina Sanmartín: El portátil; un montón de cuadernos, porque llevo un diario además de la libreta de notas para lo que esté escribiendo en el momento; bolígrafos, rotuladores y lápices de colores, porque una de las cosas que más me ayuda a concentrarme son los dibujos geométricos; y una taza de café con leche que, como hacía mi abuela, tardo mil años en terminarme y me bebo, por lo general, cuando ya está fría.
LENGUA: ¿Tienes algún objeto especial que te acompañe cuando escribes?
Marina Sanmartín: Ninguno. No soy fetichista. Es verdad que tengo la costumbre de comprarme un bolígrafo en cada ciudad que visito, pero luego los mezclo, los pierdo… se me olvida dónde los compré.
LENGUA: ¿Escribes a mano, con ordenador o mezclas ambos?
Marina Sanmartín: De las dos maneras, pero la mayoría de las veces directamente en el portátil.
.jpg)
.webp)
LENGUA: ¿Escuchas música mientras escribes? ¿Qué tipo o qué grupos?
Marina Sanmartín: Depende. Cada novela que he escrito tiene su música, la que los personajes escuchan en su historia, pero yo escucho más música mientras pienso la novela, que creo que también es una etapa fundamental del proceso, la concepción de la trama y el universo ficticio antes de llevarlo al papel. Ahí sí que la música me acompaña siempre: pop actual, música clásica y bandas sonoras instrumentales son mis imprescindibles.
LENGUA: ¿Corriges mucho o escribes del tirón?
Marina Sanmartín: Corrijo muchísimo. Durante y después de terminar el texto. Escribir es para mí como enfrentarse al material en bruto de una escultura, y corregir es esculpirlo. No concibo una cosa sin la otra.
LENGUA: ¿Cómo sabes cuando un texto está terminado?
Marina Sanmartín: Por mí, no los acabaría nunca. Terminar un texto es salir de un mundo, pero llega un punto, después de trabajar una versión tras otra y releer y releer, que algo físico marca el final, una sensación corporal, al menos en mi caso, que alerta del fin del trabajo. Tan malo es no corregir como «manosear» demasiado lo escrito, hasta quemarlo.
LENGUA: ¿Te cuesta empezar o sueles arrancar con facilidad?
Marina Sanmartín: Empezar a imaginar una historia me resulta muy fácil. Encontrar la primera frase, a veces no tanto.
LENGUA: ¿Sueles tener libros a mano mientras escribes? ¿Cuáles?
Marina Sanmartín: Consulto con frecuencia en la web el Diccionario de la Real Academia y nunca dejo de leer mientras escribo, aunque los títulos cambian. A veces tienen que ver con la ambientación espacial o temporal de mi texto; otras, leo por trabajo y, en la mayoría de los casos, continúo leyendo por placer.
LENGUA: ¿Te molesta que te interrumpan cuando estás escribiendo?
Marina Sanmartín: Cuando necesito concentrarme al cien por cien en el texto silencio toda posibilidad de interrupción. En este aspecto, vivir sola es una ventaja.
LENGUA: ¿Le enseñas tus textos a alguien antes de publicarlos?
Marina Sanmartín: Siempre. Tengo un par de implacables lectoras cero.
LENGUA: ¿Te inspiras en lo que ves desde tu escritorio o en tu entorno cercano?
Marina Sanmartín: Llevo ya once años viviendo en la casa que veis en las fotos. Es muy pequeña, casi un estudio, y el cielo solo se ve si miro al techo, porque es una buhardilla. Para mí, la ausencia de estímulo exterior es lo ideal, porque lo que intento cuando me siento a escribir es mirar hacia dentro y recuperar todo lo que he visto fuera antes del acto de la escritura: personas que me inspiran y transformo en personajes, situaciones vividas, conversaciones que me estimulan y, al mantenerlas, procuro memorizas... Por lo demás, necesito muy pocas cosas para sentirme cómoda: limpieza, libros, luz, tener a mano los alimentos que me gustan y un poco de orden. Mi casa es mi refugio, mi lugar seguro, y eso es más que suficiente.
.webp)
.webp)
Un ensayo compartido
La nueva inteligencia y el contorno de lo humano

