S.A. Cosby: «Es imposible determinar lo que pesan los restos incinerados de alguien, así que podrías meter las cenizas de dos tipos en una caja y nadie se enteraría»
Roman Carruthers regresa a Jefferson Run convocado por una desgracia que, muy pronto, revela otra más profunda. El accidente de coche que ha dejado a su padre en coma debería haber sido, en apariencia, uno de esos infortunios que obligan a una familia a recomponerse. Pero al volver a casa, Roman -brillante financiero, hijo mayor, hombre acostumbrado a traducir el caos en cifras- encuentra algo más turbio: Dante, su hermano menor, ha contraído deudas con gente peligrosa; Neveah, su hermana, sostiene casi sola el negocio familiar, el Crematorio Carruthers, donde la muerte no es una abstracción sino una rutina. A medida que se disipa la versión oficial del accidente, emerge otra verdad: alguien ha empujado a los Carruthers al borde del abismo. Y Roman, sin margen ya para negociar, descubre que la última moneda de cambio que le queda es su propia vida. Con su mezcla de naturaleza intimidante, racismo endémico, violencia feroz y fervor religioso, el Sur de Estados Unidos cuenta con una larga tradición literaria dedicada a explorar sus demonios. Si alguien tenía alguna duda de que S.A. Cosby se había coronado como el último monarca de su vertiente noir, «El rey de las cenizas» (Salamandra, 2026) zanja cualquier debate. El periodista y escritor Antonio Lozano habla con el autor norteamericano en exclusiva para LENGUA.
Por Antonio Lozano

S.A. Cosby en Barcelona en febrero de 2026. Crédito: Xavier Torres-Bacchetta.
Estados Unidos es una fábrica a pleno rendimiento de autores noir, pero pocos consiguen un arranque tan meteórico como el de S.A. Cosby, quien con cinco novelas en seis años ya tiene los principales premios de la especialidad en el mercado americano adornando las estanterías de su domicilio en Gloucester (Virginia). Tampoco hay festival internacional que no reclame su presencia, como es el caso de BCNegra, donde aprovechó su reciente visita (febrero de 2026) para promocionar su último trabajo, El rey de las cenizas (Salamandra). Nacido en 1973 en el seno de una familia muy humilde -vivió unos años en una caravana- y adscrita a una iglesia evangélica en el pueblo de Newport (Virginia), y marcado por el racismo y la segregación del Sur en el que creció, tuvo que dejar la universidad para cuidar de su madre enferma y encadenar trabajos de mucho desgaste físico (porteador, construcción, seguridad...) hasta que el talento que había demostrado desde niño para escribir fructificó en una carrera literaria (100% autodidacta, algo raro entre sus pares).
Hoy lo apodan «el rey del noir sureño», Barack Obama incluye sus libros en su lista de lecturas veraniegas y las productoras audiovisuales pujan por los derechos de adaptación de los mismos. Netflix se ha agenciado los de El rey de las cenizas, un estudio de los lazos fraternales bajo una tensión extrema, protagonizado por Roman, un mago de las finanzas que ha de regresar al pueblo de su infancia para enfrentarse a los fantasmas del pasado -la desaparición de su madre en extrañas circunstancias- y los demonios del presente -las deudas de su hermano menor con un clan mafioso ponen su vida en peligro-. El amor por la sangre es aquí lo único más bestia que la violencia. Stephen King y Dennis Lehane se han rendido a sus pies.
Cosby recorta una figura imponente allá por donde pasa, en parte debido a su afición a levantar pesas desde bien joven, pero luego es todo afabilidad en la conversación, incluyendo una voz dulce y una simpatía chispeante. Humilde e ilusionado con todo el bombo que le rodea, el autor -al que siempre acompaña una gorra de béisbol- charló con LENGUA en una terraza de su hotel en Barcelona.
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Antonio Lozano: ¿Cómo fue crecer en un estado como Virginia? ¿De qué maneras su geografía, historia, atmósfera y valores le modelaron como persona y escritor?
S.A. Cosby: Me hizo alguien muy orgulloso de sus ancestros. No es fácil ser una persona de color en Virginia. Tengo 52 años por lo que recuerdo la importancia que tenía la celebración del papel de la Confederación durante la guerra civil. Vengo de una familia de escasos recursos, mi padre era pescador y mi madre tenía una discapacidad física, pero disfruté de una infancia bien feliz, muy a lo Tom Sawyer: mucha bicicleta, bañarme en riachuelos, trepar por árboles... Además, crecí rodeado de gente sobrada de fuerza mental y determinación, gente que luchaba por seguir adelante, y aunque escriba sobre individuos malvados, intento imbuirlos de esos mismos valores.
Antonio Lozano: Proceder del Sur también suponía heredar toda esa rica tradición literaria que ha analizado temas como la raza, la clase, la religión...
S.A. Cosby: Sí, la llevaba incorporada en mi ADN, formaban parte de mi historia. Mi familia era muy lectora por lo que pronto estuve familiarizándome con la obra de clásicos sureños como William Faulkner o Flannery O'Connor, aunque un efecto igual de profundo vino de la mano de Raymond Chandler, Dashiell Hammett o Jim Thompson. Es divertido porque, cuando empecé a escribir, no pensé en el género negro porque no creí que a nadie pudieran interesarle los crímenes cometidos en comunidades pequeñas, aquellos de los que yo había sido testigo. Siempre digo que en el lugar del que vengo, el tema nunca es quién lo hizo (whodunnit) porque todo el mundo está al corriente. Mi perspectiva cambió tras leer Winter's Bone de Daniel Woodrell; de golpe reconozco a esos personajes, yo crecí con gente así, lo que me abre la puerta a reflejarlos también en mis libros, y para mi sorpresa, los lectores responden muy favorablemente. El rey de las cenizas está muy influenciado por el gótico sureño. El tema del hermano que vuelve a casa y se reencuentra con los hermanos que decidieron quedarse, despertando los fantasmas del pasado familiar y generando un conflicto muy dramático es puro territorio Faulkner, uno de mis dioses. Santuario o Mientras agonizo son de esos libros que me cambiaron para siempre. Aunque la novela también lanza un claro guiño a la serie televisiva Breaking Bad que mejor no revelaremos.
«Vengo de una familia de escasos recursos. Mi padre era pescador y mi madre tenía una discapacidad física, pero disfruté de una infancia bien feliz, muy a lo Tom Sawyer: mucha bicicleta, bañarme en riachuelos, trepar por árboles...».
Antonio Lozano: Le he oído decir que el Sur de Estados Unidos es una panoplia de culturas, historias y gentes, pero que, lamentablemente, lo primero en lo que piensa la mayoría es en la segregación.
S.A. Cosby: Nadie parece hablar de su comunidad indígena ni de su comunidad asiática. En el Sur tiene su origen una música tan increíble como el blues y el blue grass. Al mismo tiempo, no se puede negar que la segregación es una parte clave de su personalidad, ahí hallamos la semilla del pecado original americano, ahí arranca un problema que luego se extenderá por todo el país. El Sur se encuentra en estos momentos luchando por su identidad. Lo dejé escrito en uno de mis libros: «en ningún lugar hay tanta confusión acerca del pasado y tanto temor al futuro». Todo esto no significa que no sea un lugar en el que encontrar una enorme alegría, personalmente lo adoro y es por eso que vuelvo una y otra vez a él en mis libros. Parafraseando a James Bladwin: «porque amo al Sur, me reservo el derecho a criticarlo».
Antonio Lozano: ¿Qué efectos cree que unos orígenes tan humildes tuvieron sobre su modo de afrontar la escritura y el contenido de sus libros?
S.A. Cosby: En primer lugar, me llevaron a trabajar duro. Lo doy todo en cada libro, no me contento con una versión que haga decir a la gente «ah, sí, está bien». Punto dos, una vez se ha publicado el libro, trato a mis lectores con el mismo respeto. Si has pagado 25 dólares por él y le has dedicado muchas horas, yo voy a corresponderte entregándote también mi tiempo. Te debo una presentación y una firma porque me has permitido llevar una vida con la que jamás soñé. Todo esto, resumible en dar el 100% de tus posibilidades, imagino que viene de mis raíces en la clase trabajadora. No pienso en mi escritura en términos de una ofrenda al mundo, al que le entrego las tablas de la ley en el Monte Sinaí, sino de una tarea que disfruto y que ofrezco sin esperar nada a cambio.

S.A. Cosby. Crédito: Xavier Torres-Bacchetta.
Antonio Lozano: Ha comentado que se siente algo culpabe de su éxito, como si no lo mereciera.
S.A Cosby: Sí, recuerdo leer esta entervista a Bruce Springsteen, mi artista favorito, en la que decía que «no puedes hablar de los sueños de la gente pobre luciendo una camisa de quinientos dólares». Yo no tengo ninguna camisa de quinientos dólares, pero mi vida es muy diferente a la que llevaba hace diez años, cuando era encargado de una ferretería. Por aquel entonces, me deslomaba trabajando por un sueldo bajo, debía afrontar un alquiler solo, cuidar de mi madre, y había días en que tenía que decidir si llenarle el depósito al coche o comprarme algo para el almuerzo. Hoy podría entrar en cualquier concesionario y comprarme el modelo que se me antojara, pero no dejo que cosas así se me suban a la cabeza. No me las tomo en serio, solo me tomo en serio la escritura. Haber sido pobre te deja unas marcas que nunca te abandonan. Valoras las cosas, no gastas de más, eres consciente de todos aquellos a los que les falta lo que tú tienes. Todo esto sin duda se ha filtrado en mis libros. Padezco del síndrome del impostor, no creo merecer toda esta atención, y menos haber ganado premios que mis grandes ídolos, como Elmore Leonard, jamás consiguieron. Eso sí, sé que soy un buen escritor, que conozco las herramientas para contar una historia.
Antonio Lozano: ¿Qué huella dejó en usted pertenecer a una iglesia evangélica?
S.A. Cosby: Tengo a un ángel tatuado en el brazo, de modo que algún efecto tuvo [risas estentóreas]. Mi madre era muy religiosa y yo he tenido una relación muy compleja con la Iglesia, no con la religión, porque la Iglesia es una construcción artificial de origen humano que ha estado marcada por la corrupción. La religión, como la filosofía, puede ser una guía espiritual que te ofrezca ayuda. La espiritualidad no debe estar en el interior de un edificio, sino dentro de ti y acompañarte a todas partes. Ojo, guardo buenos recuerdos de ir a la iglesia de niño y encontrarme con amigos, sentir el calor de la comunidad, pero también fui testigo de actos de hipocresía, avaricia y manipulación. Pero dado que la religión es uno de los pilares de la ficción gótica sureña junto a la raza, la clase y el sexo, no he podido evitar explotarla en mis obras.
Antonio Lozano: La fe sin duda juega un papel relevante en ellas: muchos de sus personajes están desesperados por creer o agarrarse a algo de cara a seguir tirando.
S.A. Cosby: La espiritualidad está muy integrada en mi trabajo. Algunos piensan que soy antirreligioso, y no es cierto, soy anti Iglesia, pero estoy a favor de cualquier religión que te ofrezca paz y consuelo, ya sea el cristianismo, el islam, el budismo, el judaísmo... ¡por mí como si crees en Spiderman!
«Haber sido pobre te deja unas marcas que nunca te abandonan. Valoras las cosas, no gastas de más, eres consciente de todos aquellos a los que les falta lo que tú tienes. Todo esto sin duda se ha filtrado en mis libros».
Antonio Lozano: Practicó la lucha libre en el instituto y desde muy joven ha levantado pesas. ¿Qué le ha aportado el ejercicio físico, en la vida en general, pero sobre todo en la escritura?
S.A. Cosby: Me ayuda mucho con el trabajo, cuando me siento atascado, hago una pausa y me pongo a levantar pesas o a golpear el saco de arena, o simplemente salgo a darme un paseo. La actividad y el movimiento me dejan la mente en blanco, un proceso que luego me ayuda a reenfocar las historias que tengo entre manos, les otorgan nuevas perspectivas.
Antonio Lozano: Su primer libro fue rechazado por sesenta y tres editoriales, imagino que eso siempre lo lleva consigo.
S.A. Cosby: Alimentó mi motivación y también mi resentimiento. Leía libros muy flojos y me enrabiaba una barbaridad, pero también me concedía una gran determinación, en plan, «si este ha conseguido que le publicaran esta basura, yo voy a conseguirlo». Ahora, desde mi actual posición, sé que el éxito es algo caprichoso, que viene y va, y que mi racha actual es insostenible a largo plazo, solo unos pocos escritores americanos -Stephen King, John Grisham o Nora Roberts, por ejemplo- han conseguido estar en lo más alto durante décadas. Pero el día que esto ocurra, sólo pido ganas e ilusión para seguir escribiendo.
Antonio Lozano: Es de la opinión de que no hay género más capacitado para abordar la condición humana que la novela negra, a la que ha calificado como «el Evangelio de los desposeídos». ¿Es esta omnipotencia lo que le atrajo de la misma desde el principio?
S.A. Cosby: Leo de todo, desde novela realista a terror, fantasía, lo que me echen, pero como escritor, encuentro que la novela negra me permite decir las cosas que quiero decir de la forma más universal posible. Todo el mundo no puede entender lo que siente el profesor de una universidad de élite estadounidense que protagoniza una novela de Philip Roth, pero todo el mundo entiende el dolor, el miedo o la desesperación. A muchos nos resultaría difícil meternos en la piel del pescador de El viejo y el mar de Ernest Hemingway, pero todos podríamos hacerlo en la del tipo que no tiene suficiente dinero o ve imposible cumplir sus sueños. La novela de crímenes toca asuntos muy existenciales, al tiempo que habla de cuestiones sociales bien cercanas, se trata sin duda de la nueva novela social. Es en su seno donde se discuten temas como la raza, la clase social, la política, los derechos de las mujeres, homofobia... Cojamos el domestic noir, en su mejor formulación, en manos por ejemplo de una escritora tan talentosa como Megan Abbott. Es ahí donde las mujeres hablan sobre las ideas que tienen acerca de sí mismas, sobre cómo luchan contra el patriarcado y la misoginia. Siempre les recuerdo a los hombres que la obtención del derecho al divorcio por parte de las mujeres redujo significativamente la muerte por envenenamiento de los maridos.

S.A. Cosby. Crédito: Xavier Torres-Bacchetta.
Antonio Lozano: Su pareja es dueña de una funeraria en la que ha usted mismo ha trabajado durante algunas temporadas, mientras que la familia protagonista de El rey de las cenizas regenta un crematorio. Es inevitable establecer conexiones...
S.A. Cosby: Al saber cómo iba a funcionar el libro, que en él habría una serie de cadáveres de los que sería necesario deshacerse sin dejar rastro, primero pensé en ambientarlo en un depósito de chatarra, luego en una granja de cerdos, hasta que un día llevé un cuerpo a un crematorio -mi pareja no dispone de uno, es solo una funeraria- y me puse a hablar con el encargado, que me contó que esa noche habían intentado entrar y que pensaba comprarse un arma. Medio en broma le pregunté si alguna vez unos criminales le habían pedido poder usar sus servicios y para mi sorpresa me respondió que un par de veces. «Yo nunca lo haría, ¿pero sabes una cosa? -me comentó-. Es imposible determinar lo que pesan los restos incinerados de alguien, así que podrías meter las cenizas de dos tipos en una caja y nadie se enteraría». Aquello le dio la dirección definitiva al libro. También me interesó la metáfora del fuego como elemento de purificación, pero también de transformación y destrucción.
Antonio Lozano: El retorno al hogar y a los fantasmas del pasado, un proceso que te obliga a enfrentarte a tu identidad profunda, está en el centro de la novela.
S.A. Cosby: Yo vivo muy cerca del lugar en el que crecí, pero siempre me ha fascinado la historia de aquellos amigos de la infancia que un día se fueron para no regresar más. Hablando con algunos de ellos, me dijeron que lo que los impelió a marcharse fue ser la versión auténtica de sí mismos, no la que otros les habían construido en su lugar de origen. Es muy interesante pensar que uno vuelve a sus raíces, pero tanto ellas como tú habéis cambiado, al tiempo que hay elementos de tu pasado ahí, de tu relato familiar, que se mantienen incólumes. Me interesaba jugar con esta tensión.
Antonio Lozano: En El rey de las cenizas la familia es condena y refugio, como dicta el manual, pero decide centrarse en las relaciones fraternales, dejando las filiales en un segundo plano. ¿Qué le atrajo más de la relación entre hermanos?
S.A. Cosby: Tengo un hermano mayor, muy diferente que yo y al que he tenido que cuidar más que él a mí, con lo que he podido experimentar el vínculo tan especial, único, entre personas que estuvieron dentro del mismo útero. Nadie te conoce más que aquel con el que has crecido, es alguien al que le puedes llamar de todo y al que no puedes engañar porque te cala a la primera.
Antonio Lozano: Trabaja mucho el concepto de secreto, aquí muy apegado al trauma.
S.A. Cosby: Ya sabes lo que dicen: «Un secreto entre dos personas solo puede mantenerse si una está muerta». Los secretos corroen el alma y son uno de los mejores motores narrativos, igual que el modo en que lidiamos con el trauma y qué ocurre si permitimos que dicte el tipo de persona que somos.
«A muchos nos resultaría difícil meternos en la piel del pescador de El viejo y el mar de Ernest Hemingway, pero todos podríamos hacerlo en la del tipo que no tiene suficiente dinero o ve imposible cumplir sus sueños. La novela de crímenes toca asuntos muy existenciales al tiempo que habla de cuestiones sociales bien cercanas».
Antonio Lozano: Podríamos definir a Roman, el protagonista, como un solucionador de problemas -hay un momento en que lo compara con un cuervo-, pero al mismo tiempo tiene esta necesidad de entregarse a rituales sadomasoquistas en los que cede por completo su voluntad a otra persona.
S.A. Cosby: Mi editor tuvo muchas dudas sobre si incluir lo del sadomasoquismo, no lo acababa de ver.... Dicho esto, yo quería mostrar a un hombre que fuera a un tiempo viril y que acarreara un complejo de culpa en su vida personal que le hiciera sentir la necesidad de la sumisión. Buscaba cuestionar presuntos signos de debilidad masculina, en este caso ligados a ciertas preferencias sexuales, porque me molesta que en mi país perduren ideas muy fálicas y muy de macho sobre lo que presuntamente ha de ser un hombre. Mi deseo era mostrar otra suerte de fortalezas a través de Roman. Cambiando de tercio, otro aspecto que intentaba explorar con el personaje es algo que me quedó grabado desde que vi en El Padrino el gran dilema que afronta Michael Corleone: ¿y si descubres que eres realmente brillante en algo que también resulta que es despreciable? Pero no me tires más de la lengua...
Antonio Lozano: No huye de la violencia extrema, la refleja en pocas escenas, pero son realmente crudas y gráficas.
S.A. Cosby: No quiero que resulte gratuita, pero solo puede ser brutal porque así es en la vida real. Fui portero de un bar durante un año y presencié muchas peleas, y te puedo asegurar que todas duran muy poco, por mucho que los ánimos estén muy caldeados previamente. Por eso detesto cuando un escritor dedica tres páginas a describir una: demuestra falta de rigor. Mi deseo es que la violencia en mis libros sea rápida, realista y dolorosa. Hablamos de algo que, por mucho que rechace y me repugne, nos rodea a todos y forma parte del tejido humano. Y en términos narrativos, la violencia también es un destacado rasgo de carácter que habla del ambiente del que procede un personaje, los traumas que ha enfrentado y que quizá no haya superado, su incapacidad para enfrentarse a los problemas tirando mano de otros recursos...
Antonio Lozano: Stephen King, al que sé que admira mucho, se ha deshecho en elogios a El rey de las cenizas.
S.A. Cosby: Un sueño. Irónicamente, aunque disfrute mucho de sus novelas de terror, el libro que más me ha influenciado de él es Mientras escribo, esa combinación de memorias y manual de escritura. Entre las múltiples lecciones que me dejó, siempre recuerdo la de que uno debe leer mucho para aprender las herramientas del oficio. Una de las imágenes más vívidas de mi infancia es ver a mi abuelo llevando su caja de herramientas a todos lados, pesaba mucho y yo le preguntaba por qué no se limitaba a coger las imprescindibles, a lo que me contestaba: «ahí está el tema, querido, que uno nunca sabe cuáles va a necesitar y debe tenerlas todas en la cabeza y a mano».

