La verdad sobre el caso Nicolas Feuz: el «thriller» suizo está «à la mode»
Cuando se piensa en el «thriller» suizo, el primer nombre que viene a la cabeza es sin duda el de Joël Dicker, quien desde «La verdad sobre el caso Harry Quebert» ha contado cada uno de sus libros por superventas en España. La situación, sin embargo, ha cambiado tras la publicación de «El Filatelista» (Alfaguara, enero de 2025), carta de presentación en nuestro país de Nicolas Feuz, otro fenómeno del género llegado de las mismas latitudes.
Por Antonio Lozano

Nicolas Feuz en una imagen de 2017. Crédito: Getty Images.
Fruto de su larga admiración por Nicolas Feuz, a quien ha llenado de elogios por su capacidad para mantenerlo enganchado al asiento, el propio Joël Dicker fue quien fichó El Filatelista para el sello que dirige: Rosie and Wolfe. En sus páginas seremos testigos de cómo, al acercarse la Navidad, una ola de terror recorre Suiza. Un asesino organiza una macabra búsqueda del tesoro enviando por todo el país unos paquetes que gotean sangre. ¿Su firma? Sellos de piel humana. Los medios de comunicación apodan inmediatamente al artífice del horror «el Filatelista». Sobre Ana Bartomeu, una inspectora de la Policía Judicial de Ginebra, divorciada y con una grave depresión, recaerá la tarea de solucionar el caso junto con un improvisado colega con problemas de alcoholismo.
Cualquiera que lea la novela tendrá claro por qué sedujo tanto al creador de la trilogía protagonizada por Marcus Goldman ya que no cabe duda de que ambos compatriotas muestran una enorme sintonía literaria, resumible en su don para facturar tramas adictivas y de alto voltaje, definidas por un ritmo trepidante, giros inesperados y finales sorprendentes.
Con una trayectoria en la que no han faltado grandes éxitos comerciales y premios de prestigio -incluyendo obtener en dos ocasiones el galardón al Mejor Thriller del Salón del Libro de París-, Feuz se singulariza además por su condición previa como fiscal de Neuchatel, labor que le ha servido un profundo conocimiento de los entresijos de la ley, lo cual dota a su novela de una verosimilitud que la eleva por encima del mero entretenimiento. Por otro lado, su acercamiento brutal a la violencia en algunos pasajes recuerda al modo en que colegas como Pierre Lemaitre o Carmen Mola han apostado por descripciones que han puesto a prueba la fortaleza de los estómagos de sus lectores.
Dado que el escritor juega la carta de la sorpresa y los giros chocantes, es mejor no entrar en muchos más detalles sobre el argumento, pero sí diremos que, tras un prólogo angustioso («En la espalda del hombre, las casillas blancas se alternaban con las rojas: era un tablero sanguinolento»), nos veremos arrastrados a tres situaciones/escenarios diferentes: los abusos escolares sufridos por un niño a mediados de los años 80, una pareja encerrada en una suerte de mazmorra y al albur de un psicópata, y una febril investigación policial para atrapar al remitente de unos paquetes macabros. Poco a poco todo irá trenzándose y se revelarán los diferentes modos en que encajan las piezas de un rompecabezas diabólico y apasionante. El hecho de que la acción en el presente se concentre en unos pocos días, con el agravante de unas fechas navideñas que son sinónimo de frío intenso, dependencias policiales vacías y caos circulatorio, confieren al libro un gran nervio y dinamismo.
Como avanza su título, El Filatelista tiene como trasfondo la filatelia -en algunos pasajes Feuz le da un uso ciertamente estomagante a la afición- y recurre al sistema postal como original medio en el que conseguir que hierva la intriga y la acción. En un sentido más amplio, la novela supone una denuncia de los abusos del poderoso sobre el débil, tanto en el ámbito de la infancia como muy especialmente en las relaciones de pareja, donde la misoginia y el machismo suponen una lacra tan extendida. La corrupción y otras malas praxis de los cuerpos policiales también se colocan bajo la lupa.
Definida asimismo por una atormentada protagonista policía que rezuma carisma y por unos gélidos ambientes suizos que supondrán una novedad para la mayoría de lectores, nos hallamos ante un thriller que aúna tradición y renovación, y que de la mano de su padrino Dicker ya ha alzado el vuelo internacional, con sus derechos vendidos a diversos países. LENGUA conversó con el novelista, aprovechando un viaje promocional a Madrid.
Ver más
LENGUA: ¿Qué te llevó a decantarte por el thriller a la hora de escribir? ¿Desde el principio supiste en qué tradición querías trabajar y qué áreas deseabas explorar?
Nicolas Feuz: Muchos piensan que es por mi trabajo como fiscal que escribo thrillers, pero lo cierto es que soy fan del género desde que tenía quince años, por lo que no me veía trabajando en otro. «
LENGUA: ¿Qué autores del género te despertaron esta pasión como lector y que en cierta forma has buscado luego emularlos desde tu propia personalidad?
Nicolas Feuz: Respecto a la novela policíaca y a la novela negra, he atravesado por diferentes periodos. Uno estuvo marcado por los autores estadounidenses -mucho antes de escribir-, más adelante llegó el nórdico -creo haberlos leído a prácticamente todos, con Jo Nesbo y Camilla Läckberg a la cabeza-, y desde que ejercito el oficio, hará cosa de unos cinco o seis años, me he volcado muy especialmente en autores franceses -en buna parte porque se trata de amigos y colegas a los que frecuento en festivales y otras citas. Sin embargo, debo decir que el autor que activó este click en mi cabeza fue Jean-Christophe Grangé, muy famoso a raíz de la publicación de Los ríos de color púrpura, una novela que transita por una oscuridad y una violencia que son los senderos que más me llaman.
LENGUA: ¿Diría que sus experiencias como fiscal de Neuchâtel aportan un ángulo poco común a sus libros?
Nicolas Feuz: Está claro que trabajar veintiséis años con la policía judicial, la policía científica, la medicina legal y en el mundo de los tribunales ha hecho que fuera adquiriendo una serie de conocimientos que he podido ir volcando en mis libros. Es verdad que en calidad de fiscal he sufrido cierta presión en relación con este tema, en el sentido de tener la obligación de reflejar con precisión y honestidad lo que me rodea. Por ejemplo, en cuanto a los procedimientos policiales y las herramientas a disposición de los agentes siempre debo proceder con extremo rigor. Ahora bien, cuando escribo una escena más de acción o suspense, gozo de mayor libertad para incurrir en un ángulo cinematográfico, es decir, que puedo relajar la exigencia profesional.
«Muchos piensan que es por mi trabajo como fiscal que escribo thrillers, pero lo cierto es que soy fan del género desde que tenía quince años, por lo que no me veía trabajando en otro».
LENGUA: ¿Crees que la novela negra y el thriller suizo tienen unas características particulares que los singularizan en relación al resto del mundo?
Nicolas Feuz: Cuando empecé a publicar, iba soltando, junto a dos o tres colegas suizos que también exploraban el noir y con los que me había conchabado, que intentábamos crear una ola propia, igual que hubo previamente una de carácter nórdico. Debo reconocer que alucinábamos o que nos vinimos arriba un poco (risas). Debemos tener en cuenta que Suiza es un país muy pequeño y compartimentado (el lado francófono, el germano, el italiano). Además, la Suiza francófona comprende apenas a un par de miles de habitantes... Es difícil decir qué tiene de particular la novela negra suiza. Hay autores suizos que escriben historias ambientadas fuera de Suiza, hay autores extranjeros que sitúan sus historias en Suiza, y autores suizos que nunca abandonan su territorio. ¿Dónde deja esto a la novela negra suiza? No estoy muy seguro de que sea un concepto que exista en la realidad. A los lectores suizos les encantan las novela ambientadas en su país, pero a título personal no he querido encorsetarme intramuros, por lo que en algunos de mis libros he salido de mi terruño.
LENGUA: La Suiza romanda tiene un marcado protagonismo en El Filatelista, abarcando desde la gran ciudad a pequeños municipios, y con el frío y la nieve como perenne trasfondo. ¿De qué manera querías que estos escenarios y condiciones climatológicas dialogaran con los demonios que atenazan a los personajes?
Nicolas Feuz: No cabe duda de que cuando imagino escenarios nuevos, le doy vueltas a cuestiones como el clima -intento variar de un título a otro-, y es cosa sabida que la lluvia, la nieve o la bruma suscitan algo sombrío en la novela negra. Al mismo tiempo, si lo analizo un poco, detecto que mis títulos más perturbadores y violentos, suceden en el sur de Francia durante los meses de verano, de modo que tenemos mucho sol y calor. En cualquier caso, la meteorología en Suiza no es la del sur de Francia ni la del sur de España, en los meses de invierno, por ejemplo, abundan las tormentas de nieve, y esta meteorología adversa a la fuerza impacta sobre la mentalidad y el estado anímico de los personajes.
LENGUA: Sin duda la filatelia dota de una personalidad muy especial a la novela. ¿Qué te atrajo de la misma? ¿Detectaste enseguida su potencial para el género? ¿Descubriste algo a lo largo del proceso de documentación que te sorprendiera sobre la afición?
Nicolas Feuz: El Filatelista parte de una idea que me sugirió a partir de una trabajadora de correos suiza, que me hizo ver el potencial de su ámbito laboral para una novela negra. Al mismo tiempo, hablamos de un marco gigantesco, por lo que tuve que centrarme en un ángulo de entrada específico. A esto se añade que con doce o trece años empecé a coleccionar sellos, los cuales conservo encuadernados en alguna caja medio perdida por casa, de modo que estaba algo familiarizado con el entorno. Sospecho que es una afición que ha quedado circunscrita a las persona mayores -no veo a los jóvenes de hoy tan entregados como yo de niño-, pero eso no quita que ofrezca posibilidades interesantes para su conversión en material criminal.

Alguien acecha en la oscuridad. Crédito: Getty Images.
LENGUA: El mundo de correos contribuye decisivamente a dotar de dinamismo y acción a tu libro, al tiempo que en cierta medida estructura la investigación. ¿Podría decirse que fue el centro neurálgico a partir del cual se fue ramificando toda la historia?
Nicolas Feuz: Yo quería que el mundo de correos fuera el trasfondo de la acción y que en un primer plano la historia girase en torno a asuntos más cercanos a la justicia penal, a los feminicidios, al acoso dentro de la pareja.... La policía de Ginebra, sus peculiaridades y métodos, también la quería en el centro del relato. En definitiva, mi intención fue poner en el túrmix una generosa ración de alimentos.
LENGUA: La acción se concentra en unos pocos días, marcados además por las fechas navideñas. ¿Cómo condiciona este marco temporal y ambiental al desarrollo del libro?
Nicolas Feuz: Normalmente desarrollo escenarios que se concentran en pocos días, me cuesta imaginar investigaciones que se desarrollan a lo largo de semanas o meses. También me gusta explotar el mecanismo de los capítulos cortos. Si unes ambos elementos con eficacia deberías obtener un ritmo idóneo para las necesidades de la novela negra y el thriller.
LENGUA: El abuso, en un sentido muy amplio, perpetrado y padecido por individuos muy diversos, atraviesa toda la novela. Aunque imagino que el entretenimiento es una prioridad en tu obra en general, ¿Qué importancia concedes a la denuncia en la misma?
Nicolas Feuz: Podemos imaginar novelas policíacas que describan investigaciones sin abordar asuntos sociales, no es obligatorio, pero, a mi entender, sí que deben actuar como un relejo de la sociedad, especialmente en un momento tan delicado como el actual. El presente exige un ánimo condenatorio en el corazón de la novela negra. Por ejemplo, el feminicidio o el ciberacoso, son problemas mayúsculos que la ficción debe poner sobre la mesa y sobre los que llamar a la reflexión.
LENGUA: La protagonista, Ana Bartomeu, inspectora de la Policía Judicial de Ginebra, responde a algunos tropes del género -divorciada, solitaria, atormentada, depresiva...-, pero en otros detalles escapa a la norma y supone una creación bien personal. ¿Qué tenías en mente cuando empezaste a configurarla en tu cabeza?
Nicolas Feuz: Con Ana buscaba crear a una policía atípica, no me atrevería a decir que única por cuanto no he leído todos los libros ni visto toda las películas del género, pero sí me parece que el tema de su obesidad y el hecho de ser una persona que de repente decide dejó a toda su familia atrás por una historia de amor le confieren rasgos muy particulares. Como curiosidad, este último elemento lo tomé prestado de alguien de mi círculo íntimo, aunque no procedía del ámbito policial.
LENGUA: A la hora de crear a tu psicópata. ¿Qué clichés sobre este prototipo pusiste especial empeño en evitar?
Nicolas Feuz: Diría que en todos mis libros he evitado caer en el maniqueísmo porque, después de más de dos décadas trabajando como fiscal, me he dado cuenta de que, en última instancia, ni el bien absoluto ni el mal absoluto existen. Incluso aquellas personas que cometen delitos muy graves, y de los cuales he podido ser testigo, tienen detrás alguna explicación. Con esto no quiero decir que podamos justificar sus actos, solo que sí esforzarnos por intentar entenderlos. Estoy convencido de que el Bien y el Mal son dos nociones puramente abstractas, que todos las personas somos grises, nadie es 100% blanca o 100% negra.
«Yo quería que el mundo de correos fuera el trasfondo de la acción y que en un primer plano la historia girase en torno a asuntos más cercanos a la justicia penal, a los feminicidios, al acoso dentro de la pareja (...). En definitiva, mi intención fue poner en el túrmix una generosa ración de alimentos».
LENGUA: La novela se abre con una escena particularmente cruda. ¿Cuál es tu postura acerca del uso de la violencia en la ficción? ¿Sigues alguna suerte de código ético que te marque la pauta?
Nicolas Feuz: Describir una escena de tortura o cuando está a punto de producirse un crimen siempre es más complejo que hablar de unos hechos luctuosos ya consumados. Es decir, asistir a la muerte "en directo" de un individuo nos perturba de un modo mucho más acusado que si la muerte ya está en el pasado. He escuchado testimonios de bomberos que no han conseguido rescatar a gente de las llamas y las han visto morir frente a sus ojos, y la dureza de esa experiencia trasciende a las palabras. Es por esto por lo que me pongo más límites a la hora de escribir un crimen en marcha que en uno ya ejecutado, igual que voy con mucha prudencia si la víctima se trata de un niño. Para ilustrar este código personal, mencionaré que tengo un libro publicado que versa sobre la pedofilia y en el que rechacé la posibilidad de incluir escenas activas de violación.
LENGUA: El Filatelista tiene un giro narrativo muy chocante que, por descontado, no revelaremos. ¿Qué reglas dirías que ha de obedecer un giro narrativo para ser a un tiempo efectivo y honesto?
Nicolas Feuz: Es complejo responder a esta cuestión. Es verdad que soy un adicto a estos giros finales, por eso cuando escribo el tratamiento de una novela con frecuencia lo primero en lo que pienso es en el vuelco narrativo. Me pregunto de qué giro aún no he tirado en mis anteriores libros y cómo voy a conseguir pillar al lector. Para que esto funcione creo que hace falta que el autor, a lo largo de todo el libro, vaya lanzando sutiles pistas al lector que le permitan identificar cosas. El error consistiría pues en salir con un giro que no tenga marca, rastro o explicación alguna en las páginas precedentes. Lo he visto con frecuencia en la literatura y el cine, y la sensación es siempre de descuido, de improvisación, de falta de planificación, de haber colado algo con calzador.
LENGUA: El Filatelista invita a imaginarse una trepidante adaptación cinematográfica y televisiva, pero no olvida que es una novela, es decir, que debe explotar sus recursos, y no ser un guión camuflado. ¿Crees que el exceso de oferta de thrillers y noirs en las plataformas puede acabar matando a estos géneros?
Nicolas Feuz: Es cierto que la novela policiaca y el thriller funcionan muy bien a nivel visual, es un estilo que gusta, que nos enfrenta a una serie de ideas o fantasías que nos fascinan, descollando quizá el tema de la ciencia forense y la psicología del asesino en serie (algo malsano, ¡pero ahí está!). Además tenemos toda la parte de espejo social y de denuncia que comentábamos. En paralelo, surgen nuevos escenarios, como la Inteligencia Artificial, que penetran en las ficciones y las renuevan. No creo que el interés del público decrezca ni que los géneros se agoten. Son fuerzas narrativas que siempre van a estar ahí. Dicho esto, hoy la competencia es tan feroz que conseguir un sitio y conservarlo durante treinta años se me antoja un desafío mayúsculo.
LENGUA: ¿Qué ha supuesto para tu trayectoria profesional ser un fichaje del sello de Joël Dicker?
Nicolas Feuz: Está claro que Dicker me ha beneficiado con su aura y potencia dentro del mundo de la novela policíaca. Su figura le ha abierto varias posibilidades de traducción a El Filatelista, así como la puerta de muchas librerías francesas, porque siempre es complicado que a un autor de la Suiza romanda lo lean en Francia, pese a compartir la misma lengua. La atención de la prensa también ha sido mayor que con mis títulos anteriores.
OTROS CONTENIDOS DE INTERÉS:
Carmen Mola y los límites de la novela negra
Anatomía del «thriller» contemporáneo
De Agatha Christie a «La paciente silenciosa»: una mirada al maquiavélico arte del «plot twist»
Regreso al lado más «noir» de Los Ángeles: Jordan Harper, entre el mejor Ellroy y «Chinatown»
Nicola Lagioia: «"La ciudad de los vivos" podría llamarse "La ferocidad"... y viceversa»
«Anna O», de Matthew Blake: la bella (¿y asesina?) durmiente

