«¿Te imaginas que entra tu marido por la puerta?»: de cuando Julio Iglesias «se enredó» con Mick y Bianca Jagger
La historia de Manolo Díaz (Oviedo, 1941) es la de la música en español de los últimos sesenta años. Compositor, cantautor, productor y alto ejecutivo de diversas discográficas, Díaz descubrió a grandes artistas y grupos, desde Los Bravos hasta Carlos Vives o Juanes. Y, por supuesto, puso en órbita a Julio Iglesias, con quien comparte una intensa amistad. «Ayer tuve un sueño» (Debate), un libro a medio camino entre las memorias y la crónica del nacimiento, el auge y los vaivenes de la millonaria industria musical, es también una detallada explicación de cómo se crean las estrellas. Su autora, la periodista Belén Carreño, narra en sus páginas el despertar del pop en una España en blanco y negro, de la movida, de los años dorados de la televisión musical y del florecimiento y reinado de los ritmos latinos en Estados Unidos. En este extracto que LENGUA publica a continuación, Manolo y Belén recuerdan la divertida (al menos vista desde la distancia) situación que vivieron Díaz e Iglesias con Mick y Bianca Jagger.
Por Belén Carreño

Retrato del cantante Julio Iglesias en Los Ángeles en 1983. Crédito: Getty Images.
El increíble éxito comercial de Julio Iglesias en Europa fue el resultado tangible que catapultó la fama de Manolo Díaz dentro de CBS. Una rampa de lanzamiento. Su desempeño superó las expectativas de la empresa en un corto periodo de tiempo, lo que le hizo brillar como un ejecutivo superventas. Su mano izquierda lo ayudó a salir airoso de las delicadas relaciones internas en la compañía, y con un trato cercano y exquisito se ganó a los artistas y los directivos por igual.
Julio se convirtió en su amistad más duradera de las que forjó durante ese periodo. Casi medio siglo después se siguen llamando prácticamente a diario, una relación reforzada por el hecho de que ambos terminaron viviendo en Miami. Con ochenta años, ya no hablan de cenas y de chicas. El tema principal ahora son los achaques.
«Me pusieron a mi lado a una persona increíble», dice Julio Iglesias, feliz de hablar de sus inicios con Díaz, en el que siempre vio a un compañero —misma edad, mismos idiomas— que le hacía muy fácil un trabajo exigente.
Ambos estaban recién divorciados y salían prácticamente todas las noches que el cantante pasaba en París y en las giras por el resto de Europa. Pero también trabajaban muy duro. El cantante era extremadamente ambicioso y estaba muy pendiente de su carrera y sus resultados. A Manolo le gustaba «hacer bien todo lo que se hace», lo que en ocasiones derivaba en un punto de obsesión por el trabajo. Si Julio llamaba, Manolo siempre estaba ahí con la respuesta preparada y de buen humor. «Él me ayudó muchísimo, éramos dos putos por el mundo», dice Iglesias recordando su famoso marketing de guerrilla. «Cenamos por toda Europa, teníamos una historia muy bonita. Yo sigo llamando a Manolo casi a diario».
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Los dos tienen clara su anécdota favorita de esta longeva amistad y sucede precisamente en esos años de cenas y fiestas en la capital francesa.
Obligado por las exigencias de la promoción, Julio se alojaba largas temporadas en el Intercontinental de París. Un sábado llegó al hotel bastante tarde con una petición complicada para Manolo: reservar un restaurante para ir a cenar con Bianca Jagger, la todavía esposa de Mick Jagger, que le quería proponer participar en un concierto benéfico por la causa sandinista.
Julio no tenía ninguna intención de cantar para los sandinistas, pero la idea de cenar con la modelo y esposa de uno de los cantantes más importantes de la música rock sí le seducía. Encontrar un restaurante ese sábado por la noche en París era casi imposible, porque se celebraba una feria internacional del automóvil. Ni siquiera Sergio, el conserje del Intercontinental, que siempre tenía buenas ideas, era capaz de dar con una mesa libre.
Díaz recordó entonces un restaurante brasileño algo cutre, Chez Guy, en el que sí quedaba sitio y para allá se fue en un taxi con José María Castellví, fotógrafo de cabecera de Julio y del ¡Hola! Al poco llegaron juntos Julio y Bianca, y los cuatro iniciaron lo que se anticipaba como una divertida velada en un lugar poco frecuentado.
Julio era muy desvergonzado en aquella época y se arrimaba a Bianca todo lo que podía. El cantante recuerda con precisión el momento que definió la noche: «Entre las bromas que le estaba haciendo a Bianca una fue: "¿Te imaginas que ahora entra tu marido por la puerta?"».

Mick Jagger, cantante de los Rolling Stones, y su esposa Bianca durante un partido de críquet entre Inglaterra y Australia en el Oval, 1972. Crédito: Getty Images.
Y así sucedió. La puerta se abrió y apareció el cantante de los Rolling Stones con Bill Wyman, el bajista. Ambos pasaron delante de su mesa, aparentemente sin ver al cuarteto, que se quedó helado. «Julio se puso hasta pálido», añade Manolo entre risas.
El resto de la cena trascurrió en un ambiente tenso, con Iglesias ocupado en marcar distancias con la nicaragüense y sofocando sus bromas, dada la proximidad del marido de Jagger. Los dos miembros de los Rolling terminaron su cena muy rápido y volvieron a pasar por delante de ellos. Esta vez, Mick Jagger se paró.
«Él se acercó a la mesa y le dijo a Bianca: "Fuck you, you better go back to the favelas you come from". Cogió la puerta y se fue», cuenta Julio Iglesias recordando aquel sorprendente momento.
Los dos siempre sospecharon que de alguna forma alguien le había dado el chivatazo a Mick Jagger de dónde estaba su esposa, todo esto en medio de su proceso de divorcio. Porque ¿a quién se le ocurre comer brasileño en París?
Hoy, Bianca Pérez dice que este recuerdo tal y como lo cuentan Iglesias y Díaz no sucedió así, pero declina entrar en más detalles.
Casi medio siglo después, a Iglesias le gusta rememorar aquel episodio comparando su fama con la de los Rolling Stones. En una escena de la película Running Out of Luck, de 1987, Mick Jagger entra en un ultramarinos en Brasil pidiendo permiso para llamar por teléfono. Los dueños se lo niegan y, cuando él intenta explicarles que es un cantante famoso, ellos le dicen que solo conocen a Julio Iglesias. Al español le fascina esta secuencia.
Posteriormente, Manolo cenó en varias ocasiones con Mick Jagger. En 1985, el británico viajó a Madrid para promocionar su primer disco en solitario, She's the Boss. Como había sucedido en París, Jagger aterrizó muy tarde y Díaz tuvo que pedir al restaurante La Dorada que permanecieran abiertos para que pudieran cenar. Los acompañó el director de Internacional de CBS en España, Adrian Vogel.
En la cena, Jagger se mostró muy decepcionado porque, al visitar una tienda de discos en Brasil —durante sus giras tenía la costumbre de disfrazarse para hacerlo—, vio que solo tenían discos de un cantante español: Julio Iglesias, así que Manolo le ahorró la anécdota de París. Lo más importante era tenerlo contento y vender muchos discos.
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