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El 15 de abril de 1989, el Liverpool y el Nottingham Forest se disputaban la semifinal de la FA Cup en terreno neutral, el estadio Hillsborough. Minutos antes del inicio del partido, y debido a la aglomeración de hinchas en los accesos, la policía ordenó abrir una de las puertas del fondo oeste, decisión que provocó un exceso de aforo (y que años después se demostró irresponsable): 97 aficionados murieron aplastados contra las vallas de seguridad por una avalancha humana (94 ese mismo día), desgracia que se conocería como la tragedia de Hillsborough. A causa de este incidente, la primera ministra Margaret Thatcher ordenó una investigación para mejorar la seguridad en los estadios y reducir el vandalismo de los «hooligans». El resultado de este análisis fue un documento titulado informe Taylor, el cual vio la luz en enero de 1990 y detallaba medidas como la obligación de que todos los aficionados permaneciesen sentados dentro del recinto, la prohibición del alcohol en los campos, la preferencia por los abonos de temporada, la retirada de vallas alrededor del césped... Para cumplir con estas indicaciones y financiar las obras en sus recintos, los clubes subieron los precios a sus aficionados, lo que provocó un cambio de paradigma en el mundo del fútbol: los estadios dejaban de ser lugares de empoderamiento de las clases trabajadoras para convertirse en un artículo de lujo. Cuando se cumplen 35 años de aquella desgracia, LENGUA publica un extracto de «Invasión de campo» (Ediciones B), un texto en el que el periodista Alejandro Requeijo explica cómo una catástrofe logro devenir en lucrativo negocio.

Sheffield, Inglaterra, 16 de abril de 1989. Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido desde 1979 a 1990, visitó el estadio de Hillsborough el día después de la estampida que provocó la muerte de 97 personas, todas ellas aficionadas del Liverpool (se calcularon 96, pero en 2021 se sumo una víctima más, un hincha que falleció 32 años después a causa de lesiones provocadas en el incidente). Créditos: Getty Images.
La Thatcher y el informe Taylor
Es importante saber por qué pasan las cosas, quién decide que cambien y cuáles son sus verdaderas motivaciones. Sin diagnóstico, no hay terapia posible. Los estadios eran lugares de empoderamiento de las clases trabajadoras y el tiempo les ha arrebatado el fútbol para convertirlo en un artículo de lujo. El partido del domingo, el día de descanso, era el momento de unión en torno al estadio del barrio y el club que les representaba. Si hubiese que marcar un punto de inflexión habría que remontarse a 1990 y a un nombre: lord Taylor of Gosforth. Casi ningún aficionado al fútbol sabe que por este señor inglés los estadios en Europa pasaron a contar con butacas en todo el aforo para ver el partido sentado dejando atrás las tradicionales bancadas o graderíos donde se permanecía de pie. O que sus recomendaciones fueron determinantes para encarecer el fútbol y alejarlo de las clases populares a las que se les culpó de la violencia en los estadios británicos en el marco de la ola ultraconservadora que impulsó Margaret Thatcher. La Dama de Hierro estaba enfrentada a los sectores obreristas de su país, muchos de los cuales expresaban su rechazo al Gobierno también desde las gradas de los estadios. El ejemplo más conocido es el de la afición del Liverpool, una ciudad industrial especialmente castigada por las políticas de Downing Street en la década de los ochenta. No era raro escuchar cánticos en Anfield deseando la muerte a la primera ministra procedentes de la popular grada de The Kop.
El 15 de abril de 1989 se enfrentaban los Reds y el Nottingham Forest en las semifinales de la FA Cup en Hillsborough, el estadio del Sheffield Wednesday. Las dos aficiones se dieron cita en cancha neutral para disputar el encuentro, y una avalancha humana en el acceso les costó la vida a noventa y siete personas, todas del Liverpool. A aquellos sucesos se les conoce como la tragedia de Hillsborough y las víctimas están siempre presentes en la iconografía del club. No hay celebración sin recuerdo a los muertos de aquel día. El ídolo del Liverpool Steven Gerrard perdió a un primo de apenas diez años. La respuesta de las autoridades fue culpar a los aficionados, algo parecido al amago de la policía francesa en la edición de la final de la Champions de 2022, cuando el desastre organizativo en los accesos obligó a retrasar el inicio del partido entre el Real Madrid y el Liverpool.
En 1989 estaban muy presentes otras catástrofes relacionadas con aficiones inglesas que causaron decenas de muertes como la del estadio Heysel de Bruselas o la del incendio en el Valley Parade de Bradford. La maquinaria mediática se cebó con los aficionados. En su libro Una historia popular del fútbol, Mickaël Correia cita ejemplos de algunas informaciones publicadas en los tabloides británicos que ahondaron en esa criminalización. The Sun llegó a difundir que la policía había visto a la gente orinar sobre los cadáveres de Hillsborough. Con todo a favor, el Gobierno de Thatcher encargó a lord Taylor un estudio sobre cómo prevenir el vandalismo en los estadios. El resultado se plasmó en 1990 en el famoso informe: todos sentados, nada de alcohol en los campos, dar preferencia a los abonos de temporada por encima de las entradas sueltas, reducción considerable de aforos, mejorar los accesos para evitar aglomeraciones, retirar las vallas alrededor del césped... Para corresponder con estas indicaciones y financiar las obras en sus recintos, muchos de los clubes subieron los precios a sus aficionados. Las entradas para un partido concreto dejaron de ser rentables frente a los abonos de temporada, pero no todos podían pagarlo. El periodista Diego Barcala condensó en una columna publicada en el diario As los efectos que estas medidas tuvieron para el fútbol presencial: «En apenas un lustro, los abonos de liga en Inglaterra subieron un 1.108 por ciento. Hooligans fuera, y clases populares, también. El fútbol que conocemos hoy empezó entonces».

Liverpool, Inglaterra, 15 de abril de 2009. Miles de aficionados del Liverpool se citan cada año en una suerte de altar ubicado a las puertas de Anfield para rendir tributo a los amigos y familiares que perdieron en la tragedia de Hillsborough. Crédito: Getty Images.
El resto de los países copió el modelo rápidamente, aunque ninguno tuviese los mismos problemas con la violencia. Hoy entrar con una cerveza en el estadio conlleva expulsión inmediata si te pillan. Pero pagando 200 euros por una entrada vip o un palco de temporada a razón de 2.000 euros sí puedes inflarte a ginebra y whisky porque ya se sabe que los únicos que dan problemas son los pobres. Muchos años después, demasiados, una investigación independiente publicó en 2012 un estudio sobre lo que pasó realmente en Hillsborough. Se acreditó que la culpa de la avalancha humana fue la negligente actuación de la policía de Thatcher. El entonces primer ministro británico, David Cameron, pidió perdón desde la Cámara de los Comunes a las familias de los fallecidos que, por fin, encontraron algo de justicia por parte de sus instituciones. Margaret Thatcher dejó el número 10 de Downing Street a los pocos meses de publicarse el informe Taylor y murió en 2013, un año después de las disculpas del Gobierno británico a la gente de Liverpool. En Anfield Road no hubo muchas lágrimas por el fallecimiento de la Dama de Hierro.
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