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Del turismo al narco: las mafias internacionales que operan bajo el sol español
España ha sido durante décadas el gran decorado del deseo turístico: sol, playa, aeropuertos llenos y un litoral que promete anonimato entre multitudes. Pero bajo esa postal luminosa, «Paraíso» (Plaza & Janés, 2026), libro de Víctor Méndez Sanguos, levanta el telón de una realidad mucho más oscura: la conversión del país en enclave estratégico del crimen organizado internacional. El director de «Narcodiario», uno de los periodistas que mejor conoce las entrañas del narco global, reconstruye cómo los grandes cárteles y mafias -del Clan del Golfo a la 'Ndrangheta, de la Mocro Mafia al Tren de Aragua- han encontrado en España rutas, refugios y oportunidades. A partir de más de quince años de investigación, operaciones policiales, confidencias y entrevistas con capos, víctimas, fiscales, jueces y agentes, Méndez Sanguos firma una crónica urgente sobre el reverso del paraíso. LENGUA publica el prólogo de la obra.

Un agente de los Mossos d'Esquadra interviene en una plantación ilegal de marihuana en una vivienda de Martorell, cerca de Barcelona, el 6 de octubre de 2020. España se consolida como centro de producción de cannabis para bandas criminales europeas. Crédito: Getty Images.
En octubre de 2025, el Tribunal Supremo, la instancia judicial penal más elevada de España, absolvió de blanqueo de capitales procedentes del narcotráfico a Jonas Sture Falk, conocido en el submundo criminal como el «Pablo Escobar sueco». Falk, que ha pisado diversas cárceles en la península ibérica y en el país nórdico, supo de la buena nueva en su actual residencia, la prisión de Estocolmo. Las fuerzas de seguridad de toda Europa y la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos le consideran uno de los máximos responsables del tráfico internacional de cocaína en el siglo XXI. Aún hoy, no ha sido condenado por ello.
En 2007, cuando estaba en la cresta de la ola, decidió trasladar su residencia a Sitges. Allí adquirió una lujosa mansión sobre el mar. Lo hizo a través de un entramado empresarial encaminado a despistar al fisco. Sin ninguna actividad legal conocida, todo su dinero, que no era poco, procedía del negocio ilegal más lucrativo del mundo. Eso es lo que piensa la policía y lo que consideraron acreditado los tres magistrados de la Audiencia Provincial de Barcelona, que pusieron sobre la mesa la inversión en el chalet y la compra de la discoteca Pachá, también en Barcelona, otra excentricidad al alcance de muy pocos, como actos flagrantes de lavado de activos. Pero Jonas Falk no solo decidió instalarse en España por su espectacular clima.
Los capos de la droga más famosos de la historia, los que salen en la serie Narcos de Netflix, constataron ya en el siglo pasado que el mejor lugar para establecerse a largo plazo, para criar a sus hijos y que tuviesen un buen futuro, era España. Llegaron desde Sudamérica, y se quedaron. Cuarenta años más tarde, los nietos de aquellos señores de la cocaína viven tranquilos en el país.
Con el paso del tiempo y el crecimiento económico de un lugar que ahora presume de ser la Florida, la California y el Hawái de Europa al mismo tiempo, el crimen organizado de todo el mundo puso sus ojos en él. Era un sitio excelente para vivir, pero sobre todo era (y es) el mejor sitio para gastarse el dinero. El gran centro vacacional y de ocio del continente ofrece todas las facilidades para dar salida al efectivo que no puede pasar por el banco, y eso es lo que les sobra a los narcotraficantes.
Los capos de la droga más famosos de la historia, los que salen en la serie Narcos de Netflix, constataron ya en el siglo pasado que el mejor lugar para establecerse a largo plazo, para criar a sus hijos y que tuviesen un buen futuro, era España.
Los sudamericanos, pioneros a la hora de establecerse en Madrid, contaron con la ventaja de la afinidad idiomática para afincarse en España, pero la lengua pronto dejó de ser una barrera para nadie. Con el cambio de siglo, la entrada en funcionamiento del euro y el avance de lo que después se llamaría «burbuja inmobiliaria», el dinero negro comenzó a correr como la pólvora en un país que, en paralelo, se había convertido en la gran puerta de entrada de la droga en Europa. La cocaína, que entonces se pagaba a 35.000 euros el kilo en los mercados clandestinos, era sin duda la gallina de los huevos de oro para la delincuencia organizada a nivel mundial. Y ya desde los años ochenta, intrépidos «lancheros» gallegos se habían convertido en los mejores aliados de los colombianos para introducir cargamentos que, de una tacada, aportaban beneficios de más de 100 millones de euros.
Ante este escenario, al que se unía el flujo del hachís procedente de Marruecos y la producción en masa de marihuana en el propio territorio, también con grandes beneficios, los criminales más importantes del mundo lo tuvieron claro. Tenían que estar aquí.

Agentes de la Policía Nacional y de Aduanas, junto a paquetes de cocaína hallados en un contenedor procedente de Ecuador, en el puerto de Algeciras, el 6 de noviembre de 2024. Crédito: Getty Images.
Pero no solo el clima, la calidad de vida o la facilidad para gastarse el dinero y para ganarlo de forma ilícita a través del narcotráfico influyeron para que España se haya convertido en el Paraíso del crimen organizado, un dudoso honor que ostenta desde hace años. Los colombianos, los británicos, los rusos, los italianos, los balcánicos, los nórdicos, los franceses, los brasileños o los marroquíes, por citar algunas de las nacionalidades de los criminales más importantes que se han arraigado en la península ibérica, han establecido valiosas alianzas con la delincuencia autóctona. Ya no solo con los gallegos que introducían la cocaína, sino también con los clanes de la droga de Andalucía, con delincuentes de todo el arco mediterráneo, de Madrid, de Barcelona y de ambos archipiélagos, por señalar los escenarios clave.
En España, casi por tradición, los que ganan dinero de forma legal, y sobre todo los que ganan mucho dinero, no quieren pagar impuestos. Cristiano Ronaldo o Messi, condenados por delitos contra la Hacienda Pública, son la punta de un iceberg en el que se suben últimamente youtubers e influencers y, en general, todos aquellos que cambian su residencia a Andorra, por poner un ejemplo, para ahorrarse los tributos.
Pero no solo el clima, la calidad de vida o la facilidad para gastarse el dinero y para ganarlo de forma ilícita a través del narcotráfico influyeron para que España se haya convertido en el Paraíso del crimen organizado, un dudoso honor que ostenta desde hace años.
Sin embargo, el Clan del Golfo, los Kinahan, el Cártel de los Balcanes o la Mocro Mafia —hablaremos de todos ellos con detalle— quieren justo lo contrario. Su objetivo es pagar impuestos, y cuantos más, mejor. No con el ánimo de contribuir al Estado y mejorar los servicios públicos, sino para introducir en los flujos financieros legales los cientos de millones de euros que cada año obtienen del tráfico de drogas. Y para ello, nuestro país es una mina de oportunidades. La Agencia Tributaria ha mejorado sus sistemas de prevención con el paso de los años, pero estos sindicatos del crimen disponen de asesores capaces de generar auténticas marañas empresariales con personas interpuestas que confunden al inspector más avezado.
Excelente para vivir, excelente para traficar, excelente para gastarse su dinero y excelente para blanquear. Pero ahí no se acaban las ventajas de España para los grandes delincuentes. De hecho, resta por citar la más importante.
En España, la Policía Nacional, la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera trabajan mucho y bien. Aunque en los últimos años se han detectado manzanas podridas en todos los cuerpos, algunas incluso con una relevancia inesperada, lo cierto es que, de todos los grupos criminales descritos hasta ahora, son numerosos los delincuentes que acaban siendo cazados. Pero ¿qué sucede después?
Generalmente, y pese al gran esfuerzo investigador, los que pagan el pato son los que componen la parte baja de las redes delictivas, con contadas excepciones. El marco legal que rige el país, que procede de una Ley de Enjuiciamiento Criminal del siglo XIX, se une a una galopante carencia de medios en la Administración de Justicia que beneficia de forma clara a los que pueden pagar a los mejores abogados. Y esos son, sin duda, los grandes capos que operan en España.
Jonas Falk, el Pablo Escobar sueco, puso sus ojos en España por las mismas razones que han convertido al país en el Paraíso para el crimen organizado internacional. Jonas Falk y muchos otros. Empezamos.
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