Gustavo Rodríguez por Juan Cruz Ruiz: el humor es un arma tan letal como la denuncia
Cuando Gustavo Rodríguez se sienta a escribir, lo hace con la certeza de que el humor puede ser tan contundente como una denuncia. En «Mamita», su nueva novela (mayo de 2025), el autor peruano —ganador del Premio Alfaguara 2023— desmonta la idea del «progreso latinoamericano» con la precisión de quien conoce las fisuras del poder y las grietas del afecto. Rodríguez, que ha hecho de la sátira un territorio fértil, construye aquí una historia sobre maternidades incómodas, herencias tóxicas y sobrevivencias silenciadas. El resultado: una narrativa corrosiva y conmovedora, donde cada risa lleva consigo una carga de plomo. En esta entrevista con el también escritor Juan Cruz Ruiz, Rodríguez revela las heridas invisibles que dejan la maternidad, el poder y la memoria.
Por Juan Cruz Ruiz

Gustavo Rodríguez. Crédito: Morfi Alberth Jiménez.
Gustavo Rodríguez (Lima, 1968), premio Alfaguara de Novela por Cien cuyes (2023), es tímido y alegre, y, en la escritura, veloz y profundo, extremadamente rápido, generoso y divertido, como si estuviera jugando y escribiendo a la vez, viajando a su vida y a la vida de otros con una enorme voluntad de ser querido, de querer. Su nuevo libro, Mamita (mayo de 2025), va exactamente de Mamita, su madre, que vive felizmente, a la que él le hace este regalo escrito que ella, cómo no, ha leído en vida, como nosotros, que en algún momento de la lectura creíamos que todo era ficción, a la vez que llorábamos ante la posibilidad de que Mamita, en efecto, ya no estuviera.
Pero está, y es como aquí aparece, en medio de una ficción poderosa que hasta el final es propia de la escritura de este hombre incapaz de dejar que, a la prosa, a su prosa, le sobrevengan el tedio o el lugar común.
Lo entrevistamos en la biblioteca de Alfaguara, rodeado de libros ajenos y ante su propio libro, acaso el que más he subrayado en mi larga trayectoria de subrayador de la literatura, en este caso de la más estimulante literatura que conozco: la buena literatura.
El libro, le dije nada más empezar, es una novela dentro de la novela. Contiene dos partes simétricas que permiten pensar que una es la realidad (la que él va contando, con sus viajes, sus historias personales, su vida en la calle como lisiado que se sirve de un conductor para ir los miércoles a almorzar con Mamita y con su propio hermano) y la que contiene precisamente el nacimiento de Mamita, en una familia que tiene una historia que podría haber sido, más ampliada, una tercera novela.
Así que le pregunté al empezar, pues, por el humor que lo llevó a escribirla, y me dijo Gustavo: «La mayoría de mis novelas son tragicomedias, Juan, y creo que eso tiene que ver con que siempre he usado el humor como herramienta para sobrevivir… Tratándose de la despedida, de un regalo que le hago a mi madre contra el tiempo, el humor no podía dejar de estar atado a la ternura y al agradecimiento».
Juan Cruz Ruiz: Hay ternura, en todos los episodios, los de la novela y los de la novela dentro de la novela. El protagonista está lisiado, pero jamás está solo, viaja y viaja, con un chófer que además se llama Hitler… ¿Hasta qué punto este Hitler, que por cierto tiene el nombre de otro personaje reciente de Juan Tallón, te ayudó a transitar a ti mismo por este libro?
Gustavo Rodríguez: Fue fundamental, me parece. Y si no hubiera pensado en Hitler como personaje yo no habría podido escribir esta novela… Usualmente empiezo mis libros cuando estoy enamorado de un argumento. El de este libro es un argumento que fácilmente yo podría resumir en un cintillo de noticiero… Y esta es la primera vez que me pasa que no tengo un argumento sino una deuda. Una deuda con mi madre. Así que decidí escribir contra el tiempo. Y esa fue la salvación de la novela. Fue fundamental la aparición de Hitler como parte dialogante para tratar de explicar cómo se escribe un libro así.
Juan Cruz Ruiz: Hay una alegría de escribir que ayuda a la velocidad de la novela. ¿Cómo entran la memoria y la escritura en este ritmo?
Gustavo Rodríguez: No sé exactamente cómo ocurre, pero me imagino que es porque yo tiendo, quizá por formación profesional como comunicador de publicidad, a que mi cerebro relacione ideas rápidamente, para persuadir a la gente, sobre todo en publicidad. Así que probablemente el ritmo de la prosa de mis novelas tiene que ver con esta continua relación de ideas que se pueden ver rápidamente en los diálogos. Los personajes conversan ligero y rápido… Mamita es heredera de otra novela mía, Treinta kilómetros a la medianoche (Alfaguara, 2022)…
Juan Cruz Ruiz: Es puro ritmo, todo el rato, como si el autor no sólo fuera en ese coche, sino como si lo estuviera conduciendo…
Gustavo Rodríguez: El ritmo en la prosa de mis novelas tiene que ver con esta continua relación de ideas que uno puede ver muy claramente en los diálogos. Los personajes están relacionándose mutuamente, estimulándose para conversar ligero y rápido. En este caso, la novela actual se puede leer por separado, obviamente, pero en Treinta kilómetros a la medianoche también aparece Hitler como personaje y esa novela transcurre dentro de un auto durante las 300 páginas… De alguna manera, yo creo que ese ritmo también está presente acá, heredado en Mamita. De alguna forma esta novela es la continuación de aquella y es una historia dedicada a la niña que no había nacido todavía cuando transcurre esa otra novela que está en el libro.
«Todo escritor propone una historia para que el lector la termine de completar. Y yo tengo la íntima ilusión de que quien va a leer la historia de una familia como la de Mamita conecte con su propia historia familiar».
Juan Cruz Ruiz: La dedicatoria misma, «A ti, Mamita», es como un abrazo a un personaje real que aquí tendría, de todos modos, rasgos de ficción. ¿Qué es ficción en este libro?
Gustavo Rodríguez: En el libro hay la ficción suficiente como para hacer más interesante la historia en general. Pero, en cuanto a los rasgos de los protagonistas, he tratado conscientemente de ser lo más cercano posible a lo que yo percibo en la realidad. Quien conozca a mi madre actualmente la va a poder reconocer, quien conozca a mi hermano [un personaje fundamental en el libro] lo va a poder reconocer también… Y quizá también me podrán reconocer a mí… O sea, la dimensión de las descripciones y las reflexiones creo que se ajustan bastante a lo que yo percibo como real, a la realidad. Los hechos, los acontecimientos, sí están más pegados a la ficción. Yo nunca he tenido la pata rota ni he ido con chófer al costado llevándome de un lado al otro de la ciudad. Y nunca [como aparece en la novela] he tenido un affaire con una escritora argentina ni jamás se suicidó esa escritora. No existe además esa colega. Entonces todo eso es ficción y la novela, pues, está llena de ficción.
Juan Cruz Ruiz: Para quienes hemos leído el libro ahora tu madre es como la madre de todos nosotros.
Gustavo Rodríguez: Eso es lo más bonito que puede decirme un lector… Y es que me lleva a recordar que todo escritor propone una historia para que el lector la termine de completar. Y yo tengo la íntima ilusión de que quien va a leer la historia de una familia como la de Mamita conecte con su propia historia familiar.

Gustavo Rodríguez. Crédito: Morfi Alberth Jiménez.
Juan Cruz Ruiz: Hay un momento tremendo en el libro, cuando tu hermano te llama y dice «ya fue…», la dramática noticia que nos han dado o hemos dado acerca del final de nuestras madres…
Gustavo Rodríguez: Sí, es un momento dramático, no sé si ese «ya fue…» también se dice en España… No hay remedio, sólo hay que resignarse… En esta novela ese diálogo es ficción, mi madre vive, felizmente. Hay muchas cosas reales, mi hermano es real, mi madre es real, mi abuelo es real… Creo que yo escribí esta novela, y quizá mi novela anterior, para prepararme el momento ya fue… que a todos nos va a tocar. Me preguntabas por la ficción… Otra cosa que no es ficción en la novela es la verdadera historia de mi abuelo, que fue un prohombre, es verdad, en la época del caucho amazónico. Es una parte documentada y sí, es real. El hecho de que exista una moneda peruana en el palacio que él mandó construir al lado del río Amazonas también es real. Todo eso es real…
Juan Cruz Ruiz: ¿Y tu hermano?
Gustavo Rodríguez: Es real, completamente.
Juan Cruz Ruiz: ¿Qué te ha dicho él?
Gustavo Rodríguez: Aún no ha tenido tiempo de leerla. En realidad, la novela está escrita contra el tiempo para que mi madre la pudiera leer. Para que lea el libro, esta ficción que también tiene tantas realidades. Yo quise que la realidad copiara a la ficción, así que cuando acabé el manuscrito lo mandé a imprimir en letra grande y se lo llevé encuadernado a mi mamá como un regalo, con una tarjeta sofisticadísima en la que un niño le entrega un libro a su madre. Y la leyó dos o tres veces…
Juan Cruz Ruiz: ¿Qué te dijo tu madre?
Gustavo Rodríguez: Mi madre idolatra a su padre, porque no lo conoció. Es, además, una figura gigantesca dentro de la vida familiar. Creo que el mayor interés de mi madre por la novela se basa en eso, en su padre, en el interés por tratar de recuperar a ese padre que siempre le fue esquivo.
Juan Cruz Ruiz: ¿Lloró leyendo?
Gustavo Rodríguez: No lo sé, no me dijo, pero tu interés me lleva a que se lo pregunte… Lo que fue más difícil de contar fueron aquellas cosas que revelaba en el libro y que para ella no serían nada gratas… El hecho de que mi abuela fuera el fruto de un adulterio, la hija del ama de llaves de mi abuelo, un hombre tan poderoso, tenía que haberle revuelto la vida. Creo que lo más difícil de este proceso de escribir la novela fue tratar de ser amable con mi madre mientras yo mismo revelaba cosas que no son nada gratas. Que ella fuera el fruto de un adulterio, que mi abuela fuera la hija del ama de llaves de mi abuelo, aquel hombre tan poderoso… Contar todo eso y hacerlo con respeto es lo más complicado de todo el libro.
«Creo que lo más difícil de este proceso de escribir la novela fue tratar de ser amable con mi madre mientras yo mismo revelaba cosas que no son nada gratas. Que ella fuera el fruto de un adulterio, que mi abuela fuera la hija del ama de llaves de mi abuelo, aquel hombre tan poderoso…».
Juan Cruz Ruiz: El escritor está metido en el libro todo el tiempo, en la novela y en la novela que hay dentro de la novela, le hace guiños al editor, se burla de él o lo acucia, y por otro lado la novela propiamente dicha está llena de escritores; y, claro, en la novela tú mismo eres escritor, como en la vida…
Gustavo Rodríguez: Sí, ahí están Vargas Llosa, Stevenson, Borges, Pizarnik, Cortázar…
Juan Cruz Ruiz: Borges es uno de los más abundantes. Es una obra rabiosamente literaria, veloz y profunda. Aparte de aquellos que quedan señalados, ¿a quiénes en particular les debes el ritmo?
Gustavo Rodríguez: ¡Uy, qué difícil pregunta! A algunos de los escritores que me ayudaron a formarme como escritor cuando era adolescente… Yo creo que a todos les rindo homenaje sin darme cuenta, ¿no? Te diría especialmente tres: Julio Ramón Ribeiro, Alfredo Brice Echenique y Osvaldo Reinoso. Yo creo que la conjunción de esos tres escritores peruanos maravillosos es, digamos, el principal afluente de lo que yo después he empezado a escribir.

Gustavo Rodríguez. Crédito: Morfi Alberth Jiménez.
Juan Cruz Ruiz: Sorprende muchísimo tu velocidad en la prosa. ¿Eres así en la vida?
Gustavo Rodríguez: Quizá lo que también contribuye a ese ritmo en la prosa tiene que ver con el hecho de que en todas mis novelas siempre hay un traslado, aquí los personajes siempre se están trasladando…
Juan Cruz Ruiz: Hay ficción, claro, mucha ficción como tú has dicho. ¿Qué te da la ficción para tus libros? Porque todos los que he leído parecen realidad y también son, especialmente, ficción…
Gustavo Rodríguez: Aquí son ficción, sobre todo, los traslados por Lima y fuera de ella. Y Hitler es un personaje totalmente inventado…
Juan Cruz Ruiz: Hitler le dice al protagonista que el libro se lee muy rápido, como te lo está diciendo ahora tu propio entrevistador…
Gustavo Rodríguez: Es lo que los lectores me dicen cada rato, y es algo, ese ritmo, que yo he interiorizado. Los lectores dicen que en seguida se absorben mis novelas… Lo cierto es que, además, en las novelas se cuelan muchas cosas que pienso yo mismo, y es que la novela es literatura, y la libertad es libertad de invención, ¿no te parece?
«Cuando ya me convertí en escritor y empecé a estudiar otras literaturas me fijé mucho en las estructuras de las grandes obras. Y ahí no puedo dejar de mencionar a Mario Vargas Llosa como uno de los grandes arquitectos de la literatura».
Juan Cruz Ruiz: En cuanto a la literatura: dices, señalando El amor en los tiempos del cólera, que nadie escribe mejor que García Márquez. Pero aparece alguien que dice que Mario no es tan potente como Gabo…
Gustavo Rodríguez: Debo acotar que esa es una apreciación de un personaje feminista contestatario que aparece en el libro. Para nada es mi intención dejar malparado a Vargas Llosa en la novela. Lo que hago, únicamente, es contar que hay algo en la corriente actual de la literatura latinoamericana que suele poner en entredicho a nuestras grandes figuras latinoamericanas.
Juan Cruz Ruiz: ¿Y tú que piensas de la literatura de Mario?
Gustavo Rodríguez: Me parece deslumbrante. Yo no soy un escritor de su estirpe. Soy más un escritor de los afectos que de las grandes épicas. Y por eso mencionaba a Ribeiro y a Bryce como autores que me deslumbraron de joven… Sin embargo, cuando ya me convertí en escritor y empecé a estudiar otras literaturas me fijé mucho en las estructuras de las grandes obras. Y ahí no puedo dejar de mencionar a Mario Vargas Llosa como uno de los grandes arquitectos de la literatura. A eso aúno la admiración que siento por su ética del trabajo. Entonces no puedo dejar de mencionar a Vargas Llosa como parte de los escritores que también me han inspirado. La escritura, por cierto, aparece en el libro muchas veces.
Juan Cruz Ruiz: Citas a Borges: «Leer siempre nos dará más satisfacciones que escribir»…
Gustavo Rodríguez: Yo creo que todo escritor nace del lector que es. No se puede escribir sin ser lector, aunque parezca una perogrullada… Los niños que juegan al fútbol en la calle tienen en la cabeza que son Messi o Lamine Yamal… Están emulando a quienes admiran. Yo no era muy bueno en el fútbol, pero sí tenía cierto apego a la escritura. Cuando era adolescente trataba de emular a Ribeiro, a Cortázar, a Rulfo, a quienes fuera conociendo… Así que es innegable que uno va escribiendo y, soterradamente, le rinde homenaje a los escritores que ha admirado.
Juan Cruz Ruiz: ¿Qué les vas a decir a tu madre y a tu hermano cuando vuelvas a Lima y sepan que no has parado de hablar sobre ellos como protagonistas de una novela que parece de ficción y que quizá es la vida entera?
Gustavo Rodríguez: Les diré que misión cumplida, porque no es un libro sobre mí, es un libro sobre la gente que más amo, en realidad.

