Corre o muere: la larga (y sinuosa) marcha de Stephen King
Escrita cuando Stephen King tenía apenas 18 años, «La larga marcha» fue su primera novela. En un principio, ninguna editorial quiso publicarla y solo vio la luz en 1979, bajo pseudónimo, cuando el autor ya había alcanzado el éxito con «Carrie». A pesar de su juventud, esta obra se considera una de las más destacadas del creador de «It». La historia ha sido llevada al cine por Francis Lawrence, director de las películas de «Los juegos del hambre», saga claramente influida por esta obra de King. Su trama gira en torno a una siniestra competición anual en la que cien jóvenes deben caminar sin detenerse: quien se para, recibe un disparo. La carrera, retransmitida por televisión, muestra tanto la agonía como los lazos que se forjan entre los participantes, que van cayendo uno a uno. Más allá de su premisa estremecedora, el libro ofrece una poderosa reflexión sobre una sociedad distópica dominada por una figura autoritaria —el Comandante—, símbolo de un poder militar y mediático que sigue resultando inquietantemente familiar.

Stephen King (y su equipo de marchistas) a ojos de la ilustradora María Simavilla.
Los inicios de la carrera de Stephen King, uno de los autores más vendidos de las últimas décadas, y prolífico como pocos, no fueron en absoluto fáciles. Un padre que se largó de casa para no tener pagar sus deudas, una madre a la que le gustaba contar truculentas historias, una niñera que le encerró en un armario, cambios de casa continuos -entre ellos una caravana-, o estar al borde de la pobreza, fueron algunas de las circunstancias que caracterizaron su niñez. La suya parece la típica historia de superación americana y en cierto modo lo es, solo que en su caso nunca olvidó sus humildes orígenes y su obra, aunque dedicada en parte al género del horror, siempre tiene un rico trasfondo social. Este es uno de los muchos motivos por los que se ha convertido en uno de los grandes autores estadounidenses.
Ya desde niño King publicó sus primeros cuentos en fanzines de terror con títulos como «Fui un ladrón de cadáveres adolescente», e incluso vendió a sus compañeros de colegio copias de sus cuentos inspirados -o más bien plagiados- en Poe. Publicó un periódico escolar titulado The Village Vomit, donde hizo brutales sátiras contra sus profesores que le metieron en problemas. Nunca dejaba de escribir. Cuando todavía estaba en el instituto comenzó a trabajar en una fábrica textil y después consiguió estudiar en la Universidad de Maine (Estado en el que justamente comienza La larga marcha). Era eso o ir a Vietnam, a la guerra. Corría el año 1969, quizá uno de los años más asombrosos y complejos a nivel cultural y político del siglo XX. Hacía poco habían sido asesinados Martin Luther King y Robert F. Kennedy, podías escuchar en la radio a los Rolling Stones, The Doors, o Janis Joplin, todavía viva, y el hombre había llegado a luna. Una época convulsa políticamente, con luchas entre los panteras grises y la policía, protestas por los derechos civiles, el convulso gobierno de Nixon y, por supuesto, la guerra de Vietnam, siempre presente. Tras graduarse como maestro y no encontrar ninguna plaza, el escritor tuvo que trabajar en una lavandería, limpiando sabanas ensangrentadas de hospital, un trabajo poco agradable y que seguramente le dio unas cuantas ideas. Mientras, King seguía escribiendo para revistas, muchas de ellas para adultos, o también llamadas «revistas de tetas». Poco después logró ser profesor de lengua inglesa, pero su carrera como escritor no terminaba de prosperar. No le llegó el éxito hasta que publicó Carrie en 1974, libro que había escrito en las horas que tenía libre en una caravana donde vivía por aquel entonces, casado y con un hijo.
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Pero antes del inesperado éxito que supuso Carrie, King ya había acabado varias novelas que no encontraron editor, entre ellas La larga marcha, escrita a finales de los sesenta y que tiene como protagonista, al igual que muchas de sus novelas, a un grupo de adolescentes. La larga marcha, publicada en 1979 bajo el pseudónimo Richard Bachman, es una de los libros más atípicos dentro del universo King, por su casi ausencia de trama, su carga política y su fuerte sentido alegórico. Una novela de horror en la que no hay nada sobrenatural, y que ha sido fuente de inspiración para best sellers posteriores como Los juegos del hambre.
El protagonista de la historia es Raymond Garraty, un adolescente de dieciséis años que ha sido seleccionado para formar parte de una competición televisada en la que participan 100 jóvenes elegidos por sorteo. Aunque la participación no es en teoría obligatoria, la presión social y el miedo a que te lleven los llamados Escuadrones -la policía secreta-, hacen que muchos chicos se decidan a competir, aunque esto suponga morir en el intento. La prueba consiste en caminar durante días -sin bajar a menos de 6,4 km de velocidad- hasta que solo uno sobreviva. No hay así meta alguna. La carrera comienza al norte del Estado de Maine, en la frontera con Canadá, pero no se sabe dónde finalizará. El ganador podrá tener luego todo lo que desee durante el resto de la vida. Para vigilar a los jóvenes hay soldados encargados de controlarlos. Si se detienen durante más de treinta segundos o caminan demasiado lentos, reciben hasta tres avisos. Después, son ejecutados en la carretera.
«Antes del inesperado éxito que supuso Carrie, King ya había acabado varias novelas que no encontraron editor, entre ellas La larga marcha, escrita a finales de los sesenta y que tiene como protagonista, al igual que muchas de sus novelas, a un grupo de adolescentes».
La larga marcha es una distopía que describe una posible sociedad norteamericana controlada por una siniestra y brutal figura: el Comandante, quien aparece en distintos momentos de la novela. Un estado policial que utiliza este concurso anual para entretener a las masas y, en cierto modo, para sostener el propio régimen. La competición televisada es vista por millones de espectadores que apuestan dinero por ver quién ganará. Muchos asisten a la carrera en directo, esperando ver algunas de las muchas ejecuciones de niños, abuelos, cualquiera. Se trata así de una sociedad enfermiza fascinada por la violencia en la que los hijos no son cuidados por los padres. Este es un tema recurrente en la novela, la desprotección de los adolescentes, y cómo de algún modo son obligados a participar en la marcha. Ideas todas ellas que remiten al momento histórico en el que la novela fue escrita, a finales de los años sesenta, cuando el propio gobierno norteamericanos mandaba a jóvenes soldados a morir a Vietnam, una fatal carrera de la que muy pocos regresarían. El padre Estado se convierte aquí en un asesino.
El protagonista es un antihéroe inseguro, buen chico, que ni siquiera tiene claro qué hace allí, y cuyo padre fue justamente asesinado por los Escuadrones por criticar al gobierno. Otros tienen motivaciones más claras: dinero, la gloria, porque están fascinados por la muerte, o simplemente por el premio final. Algunos, como Abraham, participaron para divertir a la gente de su pueblo.
Caminan así día y noche recorriendo cientos de kilómetros con un cinturón cargado de provisiones. Pronto comienzan a interactuar entre ellos y a formar pequeños grupos donde bromean, hablan de sexo, de chicas, de sus sueños, y de sus vidas pasadas. Este es el centro de la novela, las pequeñas conversaciones que tiene entre ellos y que muestran una sociedad en movimiento que se arrastra hacia su propia aniquilación, una metáfora sobre la propia humanidad que sirve tanto para los años sesenta como para ahora. Poco a poco van cayendo uno tras otro. Algunos se vuelven locos, otros tienen calambres, ataques al corazón, y otros simplemente no aguantan más. Unos pocos van mostrando su verdadero rostro, como Barkovitch, quien vive del odio y que repite otra vez que bailará sobre las tumbas de los demás. Pero a medida que avanzan algo va cambiando en ellos y surge un fuerte espíritu de rebeldía contra los soldados y contra el Comandante. Varios morirán justamente tratando de luchar contra el ejército, caso de Olson, la muerte más truculenta de la novela.
Tráiler en español de La larga marcha (Francis Lawrence, 2025). Crédito: Diamond Films España
Hay rencillas, peleas, chistes verdes e incluso momentos de solidaridad en los que unos salvan a otros de morir, como cuando Garraty pierde el control al ver a su madre y su novia, y McVries le agarra para no ser disparado. Salirse de la calzada supone la muerte. Pero en el fondo todos saben que están solos. Después de haber recorrido cientos de kilómetros tienen la sensación de haber caminado desde siempre y que la carrera no tiene fin. De algun modo, como asegura uno de los corredores, hay algo trascendente en la marcha, y su verdadero sentido solo lo pueden descubrir los corredores justo antes de morir.
La larga marcha es así una brutal novela sobre el paso de la adolescencia a la madurez que resulta especialmente estremecedora. Pero el horror en este libro también reside en la descripción de la propia sociedad, una sociedad de espectadores que se dejan gobernar por una figura autoritaria que utiliza a la policía para amedrentar a los ciudadanos. Una situación que no es muy difícil relacionar con el Estados Unidos actual. De hecho, la adaptación cinematográfica llevada a cabo por Francis Lawrence (director justamente de los filmes de Los juegos del hambre), refleja este punto, en cómo la novela de King permite reflexionar sobre lo que podría llegar a suceder en la actualidad, cuando las ciudades americanas son tomadas por cientos de militares.
«La larga marcha es una brutal novela sobre el paso de la adolescencia a la madurez que resulta especialmente estremecedora. Pero el horror en este libro también reside en la descripción de la propia sociedad, una sociedad de espectadores que se dejan gobernar por una figura autoritaria».
El filme La larga marcha es en general una adaptación fiel a la novela salvo por algunos pequeños cambios, como el final, que no desvelaré, o que los jóvenes deben caminar a tres millas de velocidad por hora en vez de a cuatro, para de este modo resultar más verosímil. También se plantea un mundo distópico surgido después de una larga guerra y donde la competición sirve para mantener la moral del país. La película, excelente y muy dura, no se corta a la hora de exhibir el calvario físico de los jóvenes y, sobre todo (esto fue exigencia del propio Stephen King), de mostrar la brutalidad de la ejecuciones. No quería que nada quedara fuera de campo. Pero al igual que la novela, el filme presta atención a las complejas relaciones que se establecen entre los chicos, y para ello cuenta con memorables interpretaciones, especialmente la del actor que hace de Ray Garraty (Cooper Hoffman).
Una odisea hacia la muerte en la que los paisajes poseen un gran protagonismo (este es otro de los cambios, ya que se pasa de los bosques de Maine a las carreteras desiertas del centro de Estados Unidos). Estos están llenos de detalles: un cuervo crucificado, una vaca muerta, extraños ancianos que muestran la decadencia del mundo que recorren.
Estamos por tanto ante una de la mejores adaptaciones de una obra de King (hasta el momento se han realizado más de cien). Un filme impactante, emotivo y visceral que logra, como la novela, que el espectador se convierta en un corredor más y viva la agonía de los participantes.

