Alma Guillermoprieto: «La guerra contra las drogas es un crimen»
En «Esta improbable tierra prometida» (Debate, 2026), la periodista mexicana, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018, reúne decenas de crónicas que trazan un mapa vivo de la América Latina del siglo XXI. En esta entrevista para LENGUA, Guillermoprieto reflexiona sobre la guerra contra las drogas, el deterioro democrático y el papel del periodismo ante sociedades atravesadas por el miedo.
Por Raquel Abad
Alma Guillermoprieto lleva más de medio siglo recorriendo América Latina para contarla, haciendo, como ella dice, «reportería muy física, muy involucrada, y de mucho esfuerzo». Ahora publica Esta improbable tierra prometida (Debate, mayo de 2026), un libro en el que reúne una selección de crónicas escritas para The New York Review of Books, The New Yorker y National Geographic y que funcionan como un mapa del continente en este siglo XXI, en el que la violencia manda, pero en el que también sobrevive la belleza, la cultura y la capacidad de resistencia. A partir de historias concretas -masacres, desapariciones, líderes políticos o comunidades en lucha-, la autora construye un relato complejo con una mirada lúcida. En esta entrevista, Alma Guillermoprieto reflexiona sobre el origen de esa violencia, el fracaso de las democracias, los riesgos de ejercer el periodismo en estos contextos y la necesidad, todavía hoy, de observar y narrar para entender.
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Entender la violencia
LENGUA: El libro arranca con una masacre en Segovia, una localidad minera en Colombia. ¿Por qué eliges una masacre como comienzo de un libro en el que intentas explicar la situación actual en América Latina? ¿Y por qué esa masacre?
Alma Guillermoprieto: Esa masacre, en primer lugar, nunca se publicó porque no la supe escribir. No la supe escribir porque no entendía yo muy bien de qué estaba hablando. De lo que se trataba no era de una violencia arbitraria, de unos seres malévolos contra otros seres inocentes, sino una violencia imbricada entre personas que se conocían, entre personas que se habían victimizado mutuamente y entre una serie de víctimas que no tenían otra alternativa más que soportar. Entonces, me pareció interesante, sin habérmelo propuesto, reflexionar sobre ese primer artículo fallido y pensar qué he aprendido en todo este tiempo.
LENGUA: En la introducción señalas que lo más interesante «es la forma en que el destino de las víctimas y sus asesinos parecía entrelazarse». ¿Cómo se construye la violencia? ¿Crees que actualmente la violencia es estructural en América Latina?
Alma Guillermoprieto: Nunca me lo ha parecido… Es importante entender esto acerca de la violencia, no solo en América Latina, sino en el mundo. La violencia no nace porque los latinoamericanos seamos más violentos que el resto del mundo. La violencia nace en América Latina porque es circunstancial. Antes, en 1973, las tasas de violencia en América Latina son sumamente bajas, tan bajas como pueden serlo en cualquier Estado aburrido de la República Americana. ¿Qué es lo que hace que suba esa violencia? Pues el narcotráfico y la prohibición del narcotráfico, que hace que ese tráfico sea cada vez más rentable. Y la demanda también. Primero en Estados Unidos y luego en todo el mundo, en España… La demanda inmensa de esas mismas drogas. Eso nos ha llevado a nosotros a tener más de millón y medio, mucho más de millón y medio de víctimas de esa violencia, provocada por las mismas víctimas de esa violencia.
«¿Qué es lo que hace que suba esa violencia? Pues el narcotráfico y la prohibición del narcotráfico, que hace que ese tráfico sea cada vez más rentable. Y la demanda también».
LENGUA: En el libro planteas que la violencia en América Latina no es solo un fenómeno aislado, sino una forma de gobierno. ¿Qué responsabilidad tiene la guerra contra las drogas, que citas bastantes veces en el libro?
Alma Guillermoprieto: Es la responsabilidad de la situación de violencia que vivimos. Es la responsabilidad de estados, principalmente Estados Unidos, que han seguido la misma política a lo largo de casi 60 años. Cuando tú sigues la misma política, cerca de 60 años y no mejora nada, sino que empeora, eso ya no se puede llamar política, se puede llamar una falta de política y se puede llamar un crimen.
LENGUA: En la crónica de «Los 43» se ve bastante claro cómo funcionan estas estructuras del narco y cómo instituciones del Estado como la policía y el ejército también están implicados, llegas incluso a cuestionar al mismo Gobierno y al presidente López Obrador. ¿Qué crees que tendría que haber hecho el Gobierno en un caso como éste?
Alma Guillermoprieto: Yo creo que el Estado mexicano, en la medida en que se fue enterando de este crimen local, tendría que haber buscado la verdad. Da la impresión de que 12 años después, lo que el Gobierno ha querido hacer es proteger a las Fuerzas Armadas, sobre todo, y a algunas figuras políticas, para que no salga a la luz su papel relevante y terrible en este caso y en tantísimos otros. Lo que pasa con el caso de los 43 desaparecidos es que son 43 muchachos entre más de 100.000, muchos más de 100.000.
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Alma Guillermoprieto. Crédito: Sebastián Carrillo (cortesía de revista Bocas y editorial Debate).
El poder y el desgaste de la democracia
LENGUA: El libro recorre distintos países donde el poder se concentra en figuras muy fuertes como Daniel Ortega, Bukele, Evo Morales, Hugo Chávez, Nicolás Maduro. ¿Qué tienen en común estos liderazgos?
Alma Guillermoprieto: Yo apartaría a Evo Morales, que no fue particularmente violento, digamos, y que, mañosamente o no, fue reelegido espontánea y popularmente, por lo menos las primeras dos veces. Fuera de eso, lo que tienen en común estos personajes es que han sido electos popularmente, que no se han querido despegar de la silla de la presidencia y que han ejercido el poder, cada vez más, a través de la represión y la violencia. Apartaría también a Bukele, que no ha ejercido cada vez más la violencia, sino que entró prometiendo violencia. Y eso hizo. Es el raro gobernante que cumple con lo que promete. El pueblo salvadoreño estaba tan agobiado por el desastre de los maras que dijo: «Sí, permitimos esa violencia con tal de que nuestros hijos puedan crecer sin miedo».
«Los niveles de desigualdad son de los más altos del mundo, porque las élites propician esa desigualdad. Les parece que son sistemas naturales, orgánicos. No lo encuentran tan raro».
LENGUA: Comentas también que la democracia no solo necesita un campo de juego nivelado y elecciones libres, sino, sobre todo igualdad entre sus ciudadanos. ¿Por qué parece tan difícil sostener democracias sólidas en estos contextos?
Alma Guillermoprieto: Porque los niveles de desigualdad son de los más altos del mundo, porque las élites propician esa desigualdad. Les parece que son sistemas naturales, orgánicos. No lo encuentran tan raro. Y porque en gran medida, a partir de la conquista se perpetúa no solo la desigualdad, sino la falta de instituciones sólidas. Las instituciones de la colonia son instituciones ajenas, y las instituciones nacionales no tuvieron un desarrollo orgánico. Todo eso contribuye realmente a la inestabilidad nuestra, a que la violencia se expanda, a la falta de Estado.
Contar desde el borde
LENGUA: En «La verdad o la vida» y «Una voz contra la oscuridad» hablas sobre la dificultad de hacer periodismo en México, sobre los sobornos, las amenazas y los asesinatos a reporteros en los últimos años. ¿Qué implica hacer periodismo en lugares atravesados por la violencia y el miedo?
Alma Guillermoprieto: Implica el riesgo. Implica la indiferencia de la sociedad e implica que la sociedad no quiere enterarse de sus caras más feas. Implica un riesgo espantoso, el riesgo de morir, en México en mayor medida. Pero en toda América Latina y en todos los lugares donde hay violencia, los reporteros, las reporteras, somos víctimas. No hablo de mi caso, sino de los muchos casos en América Latina y en México. Y la sociedad no nos apoya. Esa es una verdad. Pero yo quisiera aclarar que yo soy reportera, no soy política. Mi papel no es dar respuestas, mi papel es suscitar preguntas y dar la información necesaria como para que las lectoras y los lectores salgan de la lectura con preguntas que les ayuden a entender, ojalá, la situación que aparece en estos textos, pero también situaciones parecidas en sus propias realidades. Y no soy vidente tampoco. No me imagino el futuro. Mi comprensión de lo que pasa está limitada a lo que veo. Trato de ver lo más ampliamente que pueda y trato de escribir no solo lo más puntualmente que pueda, lo más sinceramente que pueda, sino con los elementos literarios que permitan que ese texto se pueda leer sin que el horror desborde.

La periodista mexicana Alma Guillermoprieto tras recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018 durante la ceremonia de entrega celebrada en el Teatro Campoamor de Oviedo el 19 de octubre de 2018. Crédito: Getty Images.
La vida que resiste: memoria, futuro y esperanza
LENGUA: En el libro también hay espacio para la belleza: la comida, los rituales, las relaciones… ¿Por qué era importante incluir esa mirada?
Alma Guillermoprieto: Porque eso somos mayoritariamente, porque no solo somos sobrevivientes de la violencia, somos una cultura. Somos una cultura riquísima en muchos aspectos. Somos una cultura riquísima en el arte que producimos; en una especie de arte, que es la cocina, de la cual hablo; en el cine, pero también en las sociedades que formamos a pesar de todo, donde, por ejemplo, los lazos familiares son mucho más intensos que en Europa. Europa se va volviendo una sociedad de personas solas. En América Latina la solidaridad intrafamiliar, el papel que juegan las abuelas y los abuelos, el papel que juegan los hermanos también en criar casi comunitariamente a sus hijos… es una fuente de riqueza. Entonces esa es la vida que tratan de vivir la mayoría en esta tierra prometida que no acaba de realizarse.
«Estamos en peligro porque realmente los medios sociales potencian la rabia, la radicalización, la polarización y la demagogia, no solo en América Latina, sino en todo el mundo».
LENGUA: Después de tantos años contando América Latina, ¿eres optimista con respecto al futuro?
Alma Guillermoprieto: Ya creo que casi no me toca ser optimista o pesimista respecto a América Latina, sino al futuro del mundo y de la sociedad humana. Creo que estamos en peligro. Estamos en peligro en América Latina, porque nuestra gran riqueza natural está desapareciendo a una velocidad muy grande, lo mismo que en el resto del mundo. Estamos en peligro en América Latina porque la inteligencia artificial es una gran repartidora de mentiras. Y yo, que me dedico a tratar de descifrar un cacho de la realidad, sufro con este asalto de la inteligencia artificial. Estamos en peligro porque realmente los medios sociales potencian la rabia, la radicalización, la polarización y la demagogia, no solo en América Latina, sino en todo el mundo. Entonces, ¿soy optimista o pesimista? Lo único que me permite ser un poquito optimista es que he aprendido a lo largo de los años que no se puede predecir el futuro ni en los próximos cinco minutos. Entonces, en la medida en que no sabemos lo que va a pasar de aquí a mañana, podemos pensar que el futuro va a ser mejor. Ojalá.
Una buena crónica
LENGUA: Tras leer tu libro, llama la atención lo bien trabajadas que están las historias, la atención que prestas a los detalles, cómo pequeñas historias individuales nos permiten entender una realidad muy compleja, ¿qué elementos tiene que tener para ti una buena crónica?
Alma Guillermoprieto: Pues yo creo que la huella que tiene cada una de estas crónicas es la huella del tiempo que le he dedicado a escribir cada una. Me lleva semanas enteras escribir la mayoría. El caso del texto de Venezuela, que tiene dos meses o tres meses, es excepcional, porque la editorial realmente se portó como si fuera un periódico y metió un texto de última hora a última hora. Pero yo creo que el tiempo es un factor elemental… El tiempo, los recursos literarios… La perspectiva que da también el mismo tiempo para no ser radical sino equitativa, para no tratar por igual a monstruos deformes, como puede ser un populista centroamericano, sino a darle el espacio que se merece para entender un poco su contexto también… Esos son los elementos que yo creo que hacen que una crónica dure, como espero que duren estas crónicas.
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