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Roberto Bolaño se cuenta a sí mismo
En «Notas para una autobiografía» (Alfaguara, 2026), Roberto Bolaño reaparece en su propio territorio: la conversación. El volumen reúne entrevistas que permiten seguir la metamorfosis de un escritor que pasa de la intemperie de la poesía a la consolidación de una obra narrativa decisiva en la literatura contemporánea. En sus respuestas asoman el joven radical, el lector insaciable, el autor que piensa el estilo como riesgo y la escritura como disciplina, pero también el hombre que mira con escepticismo el éxito, los premios y cualquier tentación de posteridad. Más que un libro de testimonios, estas páginas componen un autorretrato fragmentario y lúcido donde Bolaño se explica sin intermediarios y se expone sin complacencia. Borges, Pinochet, los premios, la vida doméstica, el exilio… Bajo estas líneas publicamos una selección de citas en las que Bolaño ofrece claves para entender su obra mientras piensa su propia literatura y su lugar en el mundo.
Por Roberto Bolaño

Detalle de la cubierta del libro Notas para una autobiografía. Entrevistas (1975-2003). Crédito: cortesía de Alfaguara.
Sobre su literatura
¿Para qué le ha servido a usted la literatura?
Podría dar una respuesta aparentemente poética: «la literatura me ha servido para no morirme», pero es falso, yo seguiría vivo y probablemente con mejor salud si no hubiera optado por la literatura. A mí la literatura me ha servido básicamente para leer. En el momento en que decido que voy a ser escritor, me pongo a leer. Y gracias a la literatura he podido leer libros maravillosos, increíbles, como encontrar tesoros. Y en mi vida, que ha sido más bien nómade y de una pobreza extrema en ocasiones, el leer ha contrapesado esa pobreza y ha sido mi soberanía y mi elegancia. Podía estar en cualquier situación y si leía a Horacio, por ejemplo, el dandy, el que estaba viviendo por encima de sus posibilidades era yo, siempre. La literatura me ha producido riqueza, es riqueza.
El Mercurio (Chile), 25 de octubre de 2003. Entrevista por María Teresa Cárdenas y Erwin Díaz realizada originalmente el 9 de noviembre de 1999
¿Y de dónde se nutre?, ¿cómo surgen sus relatos?
Casi todos son autobiográficos, salvo aquellos que claramente no lo son, puesto que si lo fueran yo estaría ¡muerto! En gran parte la vida ha nutrido mi literatura, pero tamizo mucho las historias y hago esos constreñimientos que propugnaba L'Oulipo, el taller de literatura potencial, y literaturizo. Esa experiencia pura y dura la inserto en una estructura de hierro siempre, porque, si no lo hiciera, llegaría a escribir más de dos mil páginas y la historia se me iría por los cerros de Úbeda.
Revista de Libros. El Mercurio (Chile), 28 de febrero de 1998. Entrevista por Beatriz Berger.
Vivir muy modestamente. En mi casa no tengo calefacción ni televisor ni aparato de música. Sólo hay un walkman a pilas. Pero si tuviera millones seguiría viviendo exactamente igual, porque la literatura me llena. Yo no vivo modestamente porque la literatura me obligue a hacerlo. Esto suena a poesía del XIX, pero es así: he encontrado un punto perfecto de relación con las musas. Y sé que si me cambiara de casa e instalara una estufa, las musas se harían un poco más de rogar. Ellas vienen a mí porque estoy en el sitio donde quieren que esté. Desde 1993 vivo únicamente de la literatura y me dedico a leer, a pasear, vivo al lado del mar. Es realmente magnífico.
Rocinante (Chile), enero de 1999. Entrevista por Alejandra Costamagna.
A mí me pidieron una vez que escribiese un decálogo de cómo se debería escribir un cuento, lo hice en plan de broma, pero el último de los puntos iba bastante en serio, decía que los dos más grandes cuentistas eran Antón Chéjov y Raymond Carver. Para mí Carver es un cuentista gigantesco, mejor aún que Hemingway, la capacidad de crear en cualquier situación una atmósfera que pesa es inigualable. Todos hemos aprendido de ese relato atmosférico que le llaman, que te pesa a ti como lector, que los personajes se mueven apartando cosas, sientes la presión física, como si estuvieras en otro planeta, en otra gravedad.
Mezclaje (Venezuela), 21 de julio de 1999. Entrevista por Eduardo Cobos.
Prostitutas, poetas vagabundos, editores perseguidos por pistoleros, ¿es la novela actual una representación más radical que, digamos, el cine de Almodóvar o Tarantino, o una manera de espantar a los escritores de la novela light?
Me gusta Tarantino. Las prostitutas, los vagabundos, la gente perseguida por pistoleros ya aparecen —y muy bien— en los cuentos de Rulfo, por ejemplo. Y a los escritores de novelas light no hay quien los espante. Son tipos y tipas duros, como marines, todo lo contrario de los escritores buenos, como César Aira, que son escritores frágiles o con una apariencia de fragilidad. Aunque la fragilidad, ya se sabe, siempre es engañosa.
Cambio (Perú), 11 de julio de 1999. Entrevista por Tulio Mora.
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Sobre su relación con otros autores
¿Se identifica tal vez usted con alguno de los escritores chilenos que están en el exilio, como Luis Sepúlveda o Isabel Allende?
No. Para nada. La única forma en que yo podría identificarme con ellos, supongo que sería a nivel estético. Mira, yo salí de Chile por primera vez a los quince años, yo me siento latinoamericano, sí. Y como latinoamericano me identifico con la obra de algunos escritores latinoamericanos en el exilio o no en el exilio. Aquí haría un paréntesis: todo escritor de alguna manera está siempre en el exilio. Los espacios de la escritura conducen casi irremediablemente a un cierto exilio. E incluso yo diría que toda persona, todo ser humano, desde el momento en que comprende que va a morir, que su padre y su madre son mortales y que él también es mortal, está en el exilio. Mi hijo de nueve años no está en el exilio, porque para él tanto su madre como yo somos inmortales. En el momento en que te das cuenta de que los seres que más amas no son inmortales y también en el momento en que te das cuenta de que ese amor también es un poco relativo, empiezas como ser humano a estar en cierta forma exiliado. Yo estoy totalmente en contra de cualquier nacionalidad; para mí, en la nacionalidad solamente anida fascismo en última instancia, e intolerancia.
Ecos (Alemania), diciembre de 1999. Entrevista por Elsa Mogollón.
¿Zurita le parece mesiánico?
Zurita me parece absolutamente mesiánico. En sus referencias a Dios, a la resurrección de Chile; él en su poesía busca la salvación de Chile, que supone va a llegar mediante claves místicas o no racionales. Zurita le da la espalda a la Ilustración e intenta, formalmente, llegar a la raíz primigenia del hombre. Poéticamente, resulta muy seductor, pero yo la verdad es que no creo en esas escatologías.
Borges y Cortázar son sus grandes lecturas. ¿Hay algún escritor chileno que haya sido importante en su formación?
Sobre todo Enrique Lihn. Él es el gran poeta de los últimos años en Chile y uno de los grandes poetas de la lengua española. Lihn hace exactamente la poesía que yo opondría, si llegara el caso, a la de Zurita. Por lo demás, pueden coexistir perfectamente ambas y es bueno que haya líneas diferentes. Lihn es un poeta absolutamente ciudadano.
Qué Pasa (Chile), 18 de julio de 1998. Entrevista por Marcelo Soto.
Veinticinco años después de su muerte, Neruda...
Nunca me gustó Neruda, me producía escozores desde pequeño. Fue un hombre respetable en muchos momentos de su vida, pero como poeta no me gustó nunca y como político tampoco.
El Cultural. La Razón (España), 20 de diciembre de 1998. Entrevista por Nuria Azancot.
¿Cómo percibes el movimiento de escritores latinoamericanos que ha logrado afianzarse en Europa?
Bien. A mí de los escritores latinoamericanos que se han afianzado en Europa me gusta mucho Juan Villoro, el mexicano Juan Villoro me gusta muchísimo; me gusta mucho Rodrigo Rey Rosa; me gusta muchísimo César Aira, yo creo que César Aira es un escritor a descubrir; me gusta este cubano, Pedro Juan Gutiérrez, sí, aunque es raro, habrá que esperar más obras de él, pero hay cosas; yo leí su libro —no, no era un libro, eran tres libros fundidos en uno— de cuentos, muy bukowskiano, pero había algo más. Además Gutiérrez dijo que él no conocía a Bukowski, que no había podido leer a Bukowski, ¡vamos a creerle!
Revista Ateneo (Venezuela), agosto de 1999. Entrevista por Daniuska González.
Entonces, queda descartado que su apuesta sea lo borgeana que parece.
¡Yo a Borges lo adoro! Yo viviría debajo de la mesa de Borges, leyendo cada página de Borges. Borges para mí es, con palabras borgeanas, un autor feliz, ¿sí? Pero lo que me propulsa es una cosa mucho más salvaje que lo de Borges. Lamentablemente, porque yo quisiera ser una persona tremendamente más tranquila. Estaría mucho mejor, seguro, pero no. Mi vida ha sido infinitamente más salvaje que la de Borges...
Me refería a su propuesta literaria.
Mi propuesta literaria está en relación directa con mi vida. Mi propuesta literaria es mi vida. En ese sentido retomo lo que decía sobre la poesía y el riesgo. La propuesta literaria, el poema del poeta, es el poeta mismo. Siempre, ¿sabes? Siempre.
Caras (Chile), 20 de febrero de 1998. Entrevista por Lina Meruane.
La novela es un género de segundo orden en el siglo XX, decía Borges, en el sentido de que su paradigma estaba en el siglo xix. A su juicio, había otros géneros más breves, como el cuento, la historia policial o la poesía, que tendrían más oportunidades. ¿A su juicio, se extiende ese comentario al siglo XXI?
He leído toda la obra de Borges, al menos dos veces, y casi todos los libros que se escribieron sobre él, y hay una cosa que tengo más o menos clara: Borges era un humorista, tal vez el mejor que hemos tenido, sobre todo cuando se juntaba con Bioy, aparte de ser un gran poeta y el más grande cuentista y un gran ensayista. En fin, probablemente el mejor escritor en lengua española desde Quevedo. Decir que la poesía era un género del siglo xx sin duda es una broma. Se mire como se mire. Y decir que el cuento podía sobrevivir a la novela, también es una broma. Borges sabía, mejor que nadie, que novela y cuento son dos hermanos siameses. Uno grande y el otro pequeño, con cerebros distintos y almas separadas, pero unidos y probablemente compartiendo el mismo hígado o el mismo corazón, lo que entraña que a la muerte de uno sigue la muerte del otro.
El Mercurio (Chile), 2 de marzo de 2003. Entrevista por Daniel Swinburn.

Roberto Bolaño. Crédito: Daniel Mordzinski.
Sobre los premios
¿Ganar premios da una cierta seguridad?
No. Yo nunca he creído en la seguridad. Fíjate: ahora tengo una crítica excelente, publico en una de las mejores editoriales de la lengua española. Pero cuando terminé de escribir la novela que recién terminé, pues estaba tan inseguro como en 1980. Creo que es siempre así, ni el escritor que gana el Nobel siente seguridad. No hay nada que te dé seguridad, cada vez es como el mito de Sísifo: hay que subir la puta piedra una y otra vez, ¿sabes? Siempre la jodida meta es más grande, más áspera, está más lejos.
Caras (Chile), 20 de febrero de 1998. Entrevista por Lina Meruane.
Acaba de obtener el Premio Herralde. ¿Tiene miedo a que el aparato comercial le devore?
No, ya me gustaría que me devorara. Soy un escritor minoritario, y me encantaría una variación a lo de siempre.
¿Para qué sirven los premios?
Para ganar dinero, mucho o poco, y para publicar un libro.
¿Cómo conserva la serenidad ante tanta entrevista y acto social?
¿Quién le ha dicho que la conservo? Estoy en un estado nervioso sin remedio.
El Cultural. La Razón (España), 20 de diciembre de 1998. Entrevista por Nuria Azancot.
Sobre su esfera personal
¿Qué es lo más temerario que has hecho después de los cuarenta años?
Criar a mi hijo Lautaro, sin la menor duda.
¿Te consideras una persona con talento para las relaciones interpersonales?
Muy poco. Pero eso es lo mejor de la amistad, que exige pocas cosas, aunque todas elementales, necesarias.
¿Cuáles son los requisitos para ser amigo de Roberto Bolaño?
Ninguno. Un poco de generosidad, un poco de inteligencia, pero no mucha, sólo un poco. Algo de valor, no mucho, sólo un poco. Creo que tengo suficientes amigos.
¿Hay amigos que lamentas haber perdido?
He perdido a muchos amigos y a todos lamento haberlos perdido. La culpa siempre ha sido mía.
Paula. La Tercera (Chile), enero de 2001. Entrevista por Carolina Díaz.
Descríbame un día normal
Es facilísimo. Me levanto a las siete de la mañana con un frío de perros. Yo vivo en una casa y mi mujer en otra, como a diez metros de la mía, en otro edificio, pero en la misma calle.
¿Viven separados?
Vivimos cada uno en nuestra casa y estamos mucho mejor así. Llevamos diecisiete años juntos, y lo recomiendo vivamente, porque mi mujer es básicamente mi amiga. Entonces hay un respeto por las libertades del otro absoluto. Bueno, me levanto a las siete de la mañana, mi casa es una especie de covacha espartana. Lo primero que hago es encender el ordenador, luego me dirijo a la cocina, pongo un agua a calentar, luego voy al baño. Después voy a la cocina y me hago una infusión de manzanilla, vuelvo al ordenador y me pongo a trabajar, en el acto, inmediatamente. Son como las siete y diez y de ahí trabajo hasta las diez de la mañana, diez y media a lo más, que es voy al correo, veo mi apartado, veo si hay cartas, compro el periódico, vuelvo a casa e intento trabajar un poco más. A las once y diez u once y veinte vuelvo a salir y me voy a buscar a mi hijo al colegio que sale a las doce. Siempre soy el primero en llegar, hay una plaza al lado del colegio y aprovecho para leer el periódico, algún libro. Mi hijo sale a las doce y volvemos a casa, esta vez a la casa de mi mujer. Le hago la comida al niño, me hago la comida a mí mismo y estamos hasta las tres de la tarde. Entonces lo vuelvo a dejar al colegio, al turno de tarde, y generalmente espero a mi mujer en la misma plaza del colegio. Mi mujer sale a las tres de trabajar y nos volvemos juntos a casa. Todo esto teniendo en cuenta que vivo en un pueblo pequeño, Blanes, a una hora y cuarto de Barcelona. Es un pueblo costero, un balneario, pequeñito. Bueno, con mi mujer nos volvemos caminando, conversando, a veces nos metemos en un bar a comer un bocadillo o a tomar algo. Ella se va a su casa, yo me voy a la mía. Si estoy en pleno trabajo de escritura duermo una siesta y cuando me despierto sigo escribiendo. Mi hijo sale a las cinco de clases, lo va a buscar mi mujer, y a eso de las seis voy a casa de mi mujer, estamos juntos, hacemos la cena, luego tal vez salimos, pero generalmente alquilamos un vídeo. Nos cuesta mucho ir al cine, sólo vemos películas infantiles en el cine, pero películas de adultos pocas veces, porque con quién dejamos al niño. Volvemos a casa después de alquilar un vídeo y dar una vuelta por Blanes. Hacemos la cena, vemos el vídeo, el niño se duerme y el resto es pornografía. Mira, yo creo que un escritor con dos horas intensas, diarias, tiene de sobra.
La Tercera (Chile), 3 de abril de 2010. Entrevista por René Gajardo Godoy realizada originalmente en noviembre de 1998.
Sobre la crítica de su obra
Conozco muchos críticos de solapa.
Yo he ejercido la crítica literaria y se podría decir mucho sobre eso.
Hay una tendencia a restarle importancia al género dentro de los medios de comunicación.
Tal vez. Creo que es muy importante. La crítica la veo como creación literaria también. No sólo como el puente que une al escritor con el lector. El crítico literario, si no se asume como lector, también está tirando todo por la borda. Lo interesante del crítico literario, y allí es donde pido creación de la crítica literaria —creación en todos los niveles, además—, que se asuma como lector, y como lector endémico, capaz de argumentar una lectura, de proponer diversas lecturas; vaya, como algo totalmente distinto de lo que suele ser la crítica, que es como una exégesis o una diatriba. Para mí un crítico notable, aunque estoy generalmente en desacuerdo, siempre me hace rabiar, pero me gusta leerlo, es Harold Bloom, o Steiner o, en fin, los franceses, como Roland Barthes, que tienen una larguísima tradición de críticos y de ensayistas muy creativos, que son muy buenos, que iluminan no sólo una obra, sino toda una época literaria. A veces cometiendo errores trágicos, pero también errores cometemos los narradores, los escritores.
Turia (España), junio de 2005. Entrevista por Eliseo Álvarez realizada originalmente en el año 2000.
¿En el futuro, aspira a ser reconocido como narrador o como poeta?
No espero nada de la poesía y nada de la prosa. Borges lo dijo con una claridad meridiana: «todos vamos derecho hacia el olvido». Cervantes y Shakespeare desaparecerán en el olvido. La memoria del ser humano desaparecerá en el olvido a menos que Nietzsche tuviera razón y que de aquí a cuatro mil millones de billones de años, todo se vuelva a repetir.
El Mercurio, 14 de abril de 2000.
Se ha calificado a sí mismo de «perdedor de todas las revoluciones», tuvo su época de adicción a los concursos como forma de supervivencia, pero ¿diría que todos esos malos tragos han quedado compensados al decantarse positivamente su autoultimátum de vivir de lo que escribe o morir de hambre?
El autoultimátum fue, en gran medida, un juego. Igual que uno se pone desafíos del tipo no voy a fumar más, no voy a beber más, seré bueno, iré a misa todos los domingos... Un día decidí que iba a vivir sólo de mi literatura, por muy pobremente que fuera. Es que yo, menos de asesino y chulo de putas, he trabajado de casi todo.
Pero llega su día y abomina del éxito.
No creo lo más mínimo en el reconocimiento. Creo en la lluvia cuando llueve y en mi cuenta corriente cuando hay dinero. El mejor escritor del siglo XX, y en esto no tengo ninguna duda, fue Franz Kafka, alguien a quien no se reconoció jamás en vida. Partiendo de esto, ¿qué coño significa el reconocimiento? Nada de nada.
Qué Leer (España), enero de 2001. Entrevista por Antonio Lozano.
Sobre «Los detectives salvajes»
Se ha comentado que Los detectives salvajes podría leerse como un conjunto de cuentos autónomos. De hecho, de ahí ha vuelto a surgir un nuevo relato independiente: Amuleto. Y que la tuya sería, por tanto, «la novela que Borges hubiera aceptado escribir». ¿Qué dices a eso?
Eso es de una gran generosidad por parte de Ignacio Echevarría, que fue quien hizo el comentario. Para mí Borges es el más grande escritor en lengua española del siglo XX, sin la menor duda. El escritor total. Es un gran poeta, un gran prosista, un gran ensayista, es perfecto. Borges es una barbaridad. Borges es Borges. Pero quiero puntualizar que Los detectives salvajes no es un conjunto de historias: es una novela, y una novela con una estructura dificilísima y una unidad tremenda. Que de ahí salga una historia no tiene nada que ver. Una novela, como dice Stendhal, es un espejo a lo largo del camino, unas historias que pasan a lo largo de ese paseo por el sendero. En busca del tiempo perdido no es más que una sucesión de pequeñas historias. Sin embargo, En busca del tiempo perdido es una novela de una estructura de hierro. Todo cambio, en el momento que tú pones un punto y aparte en una novela, de una u otra manera te enfrenta a una nueva historia. Es como el flujo y el reflujo del mar. Cada vez que hay un punto y aparte la historia tiene que coger un nuevo aliento. Tienen que aparecer otros personajes u otra nueva situación. Al menos un bar distinto. Eso ya hace que una historia sea una concatenación de pequeñas historias. Pero es que todo en la vida física es una concatenación. El cuerpo no es más que una acumulación de pequeñas historias, moléculas, átomos que al juntarse están creando eso. Ahora, una cosa es un cuento y otra cosa es una novela. En una novela puede caber absolutamente todo, sí. Pero una novela es una novela. Tiene unas reglas: en una novela, una historia que esté totalmente aparte, como en un cuerpo, o se convierte en un cáncer que tienes dentro, o se convierte en algo que sale, como un hijo, pero en mi novela no sale nada, todo está absolutamente pegado. Hay enlaces, hay incluso autopistas que te llevan lejísimos, pero luego siempre hay un camino de vuelta. Para mí una de las mejores novelas en lengua española es 62/Modelo para armar, de Cortázar. 62 es una novela en la que puedes entrar por cualquier parte, de la que puedes salir por cualquier parte y, sin embargo, la novela está totalmente pegada. Es una novela tal vez elástica, no hay hierros ahí, hay materiales maleables, dúctiles. No por eso se rompe el cuerpo de la novela.
Cuadernos Hispanoamericanos (España), octubre de 2000. Entrevista por Dunia Gras Miravet.
Sobre Augusto Pinochet
¿De qué manera el golpe militar en Chile ha modificado la poesía joven de ella?
El cambio es brutal, desilusiona a los jóvenes poetas de una tradición hasta la fecha existente, por lo tanto, de una poesía que se instaura en esa tradición. Mis compañeros, por no tener los instrumentos de generaciones anteriores —universidades, libros, mesas redondas, que funcionaban de una manera más o menos libre, reflejando tendencias y posiciones de la literatura en cualquier parte del mundo—, crean su propia tradición, que es la de la clandestinidad, sus propias actividades culturales, que se desarrollan en lo subterráneo y que son políticas y revolucionarias. El cambio es de un cien por ciento y los resultados están por verse.
El Día (México), 30 de marzo de 1975. Entrevista por Macario Matus.
A alguien como usted, que vivió los acontecimientos de 1973, ¿qué le dice el nombre de Pinochet?
Pinochet es un personaje nefasto, gris, y al mismo tiempo una carga y una vergüenza para todos los chilenos. Pero le pondría dos medallas si con eso evitara una sola muerte. Ninguna vida puede ser arrebatada.
¿Qué era entonces Roberto Bolaño?
Pues era un joven pobre, irreflexivo, lleno de ideales y con miedo, pero no con el suficiente como para quedarme paralizado frente a todo aquello. Lo viví como una aventura. De hecho, los que mueren en las manifestaciones siempre son jóvenes pobres irreflexivos y llenos de ideales. Las revoluciones y las contrarrevoluciones son para los jóvenes. Las sufren y las disfrutan los jóvenes. Y mi generación estaba muy politizada.
Diari de Girona (España), 4 de noviembre de 1998. Entrevista por Salvador Cargol.

