Teatro II

Molière

Fragmento

cap-1

Jorge Dandín o El marido confundido

Comedia

Traducción de Mauro Armiño

 

JORGE DANDÍN O EL MARIDO CONFUNDIDO

El final de la llamada guerra de Devolución entre Francia y España por la dote no pagada a la corona francesa de la reina María Teresa de Austria, con el Franco Condado como campo de batalla, impidió la celebración de las fiestas de Carnaval en París: tras las victorias del príncipe de Condé, Luis XIV había abandonado París para asistir a los últimos hechos de la victoria. Tras la firma de la paz en Aix-la-Chapelle, el 2 de mayo de 1668, a su regreso el rey decide compensar esa falta de «alegría» con la organización de unos festejos que debían deslumbrar a la corte: Le Grand Divertissement Royal de Versailles, cuyo contenido refleja un Livret —el programa que se entregaba a los espectadores, sería descrito por diversas crónicas: desde una «Relación» oficial, ilustrada con fabulosos e imaginativos grabados y debida a André Félibien (1619-1695), arquitecto, cronista de las artes e historiador titulado del monarca, hasta distintas crónicas de periodistas que, como Robinet, describían de manera pormenorizada la vida de la corte. El Grand Divertissement quedó fijado mucho tiempo en la memoria de los espectadores y de la fama: «Todo el mundo ha oído hablar de las maravillas de esa fiesta, de los palacios convertidos en jardines, y de los jardines convertidos en palacios; de lo súbito con que se han creado, si hay que decirlo así, estas cosas, y que hará creíbles en el futuro los encantamientos», escribirá La Fontaine.

Ese Gran divertimento escenificado el 18 de julio de 1668 abrió los jardines de Versalles no solo a la aristocracia, sino también a los curiosos, hasta un total de tres mil espectadores según el embajador de Florencia; el rey victorioso quiso dar «la comedia después de una colación, y la cena después de la comedia, que fue seguida de un baile y de fuegos artificiales», según Félibien. El músico Lully creó para el espectáculo las partituras y organizó los ballets, mientras Molière escribía la letra de una escena pastoril al que iba engarzada su comedia Georges Dandin, ou Le Mari confondu (Jorge Dandín o El marido confundido). Del marco, que resultó fantasioso, hiperbólico, deslumbrante, se había hecho cargo el arquitecto de origen italiano e ingeniero de máquinas del rey Carlo Vigarini (1637-1713). En los jardines de Versalles, delante del palacio, el italiano dispuso cinco buffets para los que creó, entre las frondas, palacios de mazapán y pirámides de confituras, entre surtidores de agua, espejos y veinticinco arañas de cristal, mientras las flores rebosaban de casi ciento cincuenta jarrones de porcelana y de plata adornando todo el espacio. De fondo, la espléndida fachada del palacio de Versalles profusamente iluminada.

Para el espectáculo en sí, Vigarini había levantado un teatro entre empalizadas de follaje, con un escenario de doce metros de ancho y dieciocho de fondo iluminado por trescientas velas, al que se añadía el uso de alamedas laterales y terrazas, todo ello arbolado y vegetalizado por Vigarini. Tras una primera colación, y una vez aposentados los espectadores, dio principio el espectáculo, que abrían los primeros bailarines y cantantes del centenar de ellos que figuraron en la obra. En el mejor de los casos, era de pies a cabeza una improvisación, pues solo habían tenido dos meses y medio para preparar la compleja estructura, escribir tanto las partituras de Lully como la letra y la comedia de Molière, ensayarlas, etc.

Tras la obertura de bailables y cantos, los entreactos de cada uno de los tres actos iba amenizado por recitados y bailables que remataban ampliamente el final; el festejo continuaba con los bailes y los fuegos artificiales.

Molière, como requerían los cánones del teatro cortesano y la breve farsa pastoril de amores desilusionados, utilizó el verso para este apartado, pero la prosa —¿por falta de tiempo?— para una trama que avanza el Libreto: «El tema es un campesino que se ha casado con la hija de un gentilhombre, y que a lo largo de toda la comedia resulta castigado por su ambición; como debéis verla, me guardaré, por amor a vosotros, a detallarla; y no quiero quitarle la gracia de la novedad y a vosotros el placer de la sorpresa». Cuando escribe el libreto, Molière no parece tener decidido todavía el derrotero de la intriga. También la premura le hizo volver sobre una farsa de la etapa de provincias, anterior a su instalación en París en 1658, La Jalousie du Barbouillé (Los celos del Embadurnado), cuyo protagonista, barbouillé, es decir, embadurnado el rostro de harina, procedía de la farsa del teatro romano. Ese breve canevas escenificaba un relato del Decamerón de Boccaccio (séptima jornada, novela cuarta), en el que la esposa de Tofano finge tirarse a un pozo lance que el italiano recoge de los cuentos populares cuando su marido, borracho sempiterno, no la deja entrar en casa para que todo el mundo vea sus licenciosas costumbres y sus andanzas nocherniegas. Jorge Dandín amplía el esbozo del Embadurnado, convertirá el cuadro único de esta pieza en tres actos, y le dará unas intenciones satíricas que aprovechan el tono farsesco para censurar aspectos de las relaciones de clase de la sociedad francesa; otra de las novelitas boccaccianas de esa jornada (la octava) ya narraba las desavenencias de un matrimonio de distinto rango.

En efecto, detrás del marido hay una situación de desigualdad de estirpe: Dandín es un campesino enriquecido que se ha enquistado mediante matrimonio en la familia Sotenville, de cierto abolengo, mucho menor del que presumen, pero admitido socialmente. La compra que Dandín hace de un título de nobleza mediante el casamiento a la fuerza con Angélica no le sirve de nada, o, mejor, es la fuente de su angustia: el carácter de Dandín, enfrentado a Angélica y a sus suegros que en todo momento le muestran la importancia de su nobleza, se desmorona; su tentativa para poner en evidencia a su mujer queda desbaratada por la astucia de Angélica, que invierte por dos veces la situación, y el burlador queda burlado y castigado, y ha de aceptar la situación con el rabo entre las piernas. Lección amarga, que Dandín enuncia nada más aparecer en el escenario: «[...] ya que soy tan rico, habría hecho mucho mejor casándome con alguien de la buena y franca vida campesina antes que tomar una mujer que se considera por encima de mí, se ofende por llevar mi apellido y piensa que, con toda mi hacienda, no he pagado bastante el honor de ser su marido».

En ese ambiente farsesco, Molière no tiene la menor piedad del personaje escarnecido, a la vez que se burla de las pretensiones nobiliarias de su familia política. Los papeles moralmente se han cambiado: el hombre preocupado por el honor de su casa termina mereciendo la burla, mientras la astuta engañadora es elevada a la categoría de protagonista sin recibir la menor reprensión por su impudor. De ahí que la risa provocada por Jorge Dandín haya sido vista como amarga, en un autor que ca

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