
Si algo me gustaba más de pequeña que un mollete con aceite y azúcar era el día 28 de febrero en el cole, eso era, que me pintaran en la cara la bandera. Y si hay algo que me gusta mucho más ahora, que ya no soy pequeña, es preguntar el porqué de todo. Así que me he preguntado: «¿Por qué la arbonaida es blanca y verde?». Sí, has leído bien: «arbonaida». Porque, si creías que nuestra bandera no podía ser más perfecta, te estabas equivocando, cari. ¡Si hasta tiene nombre! Pero vayamos poco a poco y empecemos por sus orígenes.
La historia de nuestra bandera se remonta a principios del siglo XX, en un tiempo en el que Andalucía despertaba y se sentía lista para reivindicar su identidad, su autonomía, sus estatutos… El culpable detrás de este emblema fue el perfecto de Blas Infante, a quien hoy conocemos como el padre de la patria andaluza.
Aunque en este punto se genera un poquillo de confusión, porque, si bien algunos estudios ubican el origen de la bandera en 1918, con motivo de la Asamblea de Ronda, la historia está un poco matizada. Las actas de dicha asamblea no recogen la firma formal de su creación, pero sí que existe la primera mención en la revista Andalucía, en el número del 31 de diciembre de 1919.
Tuvieron que pasar una pechá de años, concretamente hasta 1930, cuando la propuesta de Infante se difundió entre los andaluces y las andaluzas y se convirtió en el símbolo que, con el tiempo, pasaría a representar a toda la comunidad autónoma.
Así que, como verás, no podemos hablar de la bandera sin hablar de Blas Infante. A este notario de Coria del Río, que pagó un alto precio por sus ideas, lo fusilaron los militares falangistas el 11 de agosto de 1936. Su visión fue la de una Andalucía unida y llena de vida, que no se dejara vencer por las adversidades. Además, reivindicó las raíces árabes del pueblo andaluz. ¿Y por qué no podemos dejar de mencionarlo cuando hablamos de la arbonaida? Pues porque él escogió meticulosamente sus colores.
El verde representa, ante todo, la esperanza y la unión. Te lo pongo más fácil. Cuando vas de viaje en coche por Andalucía y miras por la ventana, ¿qué ves? Los olivos, las dehesas, las sierras… Todos visten un verde que parecen transmitirnos calma, tranquilidad, el sentimiento de hogar… Además, Blas Infante se inspiró en el estandarte de la dinastía andalusí de los omeyas, también verde, que marcó la época de mayor esplendor de nuestra tierra. Así, la elección de este color es un homenaje a esa etapa dorada, una llamada a recordar que, en los momentos más difíciles, la esperanza es el motor que nos une. Este sentimiento nostálgico de volver al pasado no nos debe extrañar tampoco, ya que en el himno se dice: «Los andaluces queremos / volver a ser lo que fuimos…».
Por otro lado, el blanco es sinónimo de paz y de diálogo. Se trata del otro color que predomina en nuestros paisajes, nuestros pueblos, nuestras casas… Pero volvamos a la carretera. Imagínate yendo por la Ruta de los Pueblos Blancos. El blanco de los poblados se ve abrazado, envuelto, por el verde del prado, del campo. Es el color de la pureza, de la inocencia, y, en este contexto, simboliza el perdón. El mismo Infante explicó en Andalucía que «blanca es nuestra Andalucía renaciente, pura y diáfana como un niño». Además, en la tradición almohade, el blanco era el emblema del perdón, una virtud esencial para la convivencia y la reconciliación entre los pueblos. De esta manera, cada vez que miramos la arbonaida, vemos reflejados dos ideales fundamentales: la esperanza de un futuro mejor y la paz que nace del diálogo y del perdón.
Es decir, Infante eligió los colores verde y blanco con ese profundo sentido simbólico. Chimpún. Es algo tan sencillo y a la vez tan complejo y significativo que me resulta curioso. Me encanta.
Aunque, si volvemos al himno, este ya se había encargado de hacernos el spoiler sobre su simbolismo, ¿no?: «La bandera blanca y verde / vuelve, tras siglos de guerra, / a decir paz y esperanza, / bajo el sol de nuestra tierra». Nos lo ha dejado a huevo, ¿eh?; y yo aquí, currándome el capítulo.
Total, que lo que más me gusta de todo esto es saber que su propuesta no fue solo estética, sino que le tuvo que dar vueltas al coco y traducirlo en una declaración de intenciones, un llamado a la unión y a la resiliencia. Y, aunque el proyecto de autonomía andaluz fracasó en la Asamblea Regional Andaluza de 1933 y posteriormente la guerra civil española truncó muchas de esas iniciativas, la semilla sembrada por Infante en el corazón de muchos andaluces nunca murió. Pero tuvimos que esperar hasta la Transición para que su visión resurgiera con fuerza; así, en 1977, nuestra arbonaida volvió a ser el símbolo elegido por quienes clamaban por la declaración de autonomía de Andalucía.
Como bandera se eligió la blanca y verde, con tres franjas horizontales de igual medida, siendo blanca la franja central y verdes las de los extremos. Por escudo se adoptó el de Cádiz, con el Hércules ante las columnas, sujetando los dos leones. Sobre las figuras, la inscripción latina «Dominator Hercules Fundator». Y a los pies de Hércules, la leyenda, «Betica-Andalus». Orlando al escudo se decidió que figurase el lema del Centro Andaluz, que no era otro que el de «Andalucía para sí, para España y la Humanidad».
Una vez aclarado el tema de los colorinchis y la bandera, vamos con el nombre. ¿Por qué «arbonaida»? Parece, así de primeras, un nombre escogido al azar y que no podemos relacionar con nada familiar, ¿no? ➞ pues nos equivocamos, amore
Resulta que este nombre tiene unas raíces bastante profundas y un tanto poéticas. Viene del árabe andalusí albulaida, diminutivo de balad, que se traduce como «mi tierra» o «mi país». Ahora sí que se puede entender por qué no nos sonaba ni una mijita.
Esta conexión con el árabe no es casual ni aleatoria. Durante la época de al-Ándalus, nuestra región fue un crisol de culturas y tradiciones. De hecho, la primera mezquita que se fundó en al-Ándalus fue la de Algeciras, y se la conocía como «las arbonaidas» en referencia a la diversidad de banderas y símbolos que identificaban a los diferentes pueblos que habitaban la península ibérica. Es un claro recordatorio de que, desde tiempos inmemoriales, Andalucía ha sido un lugar donde se funden y conviven múltiples culturas, y a través del nombre de nuestra bandera lo seguimos celebrando.
Que viva Andalucía libre. Nada más que decir, señoría.
2
Judeline:
la voz del nuevo
sur
Judeline, Lara Fernández, es una cantante que viene de las dunas de Los Caños de Meca, en Cádiz. A los siete años, tras haber perdido a su perra, escribió su primera canción; lo demás ya es historia. Si no la conoces, te recomiendo encarecidamente que escuches su música. Es una Andalucía refrescada, un nuevo sonido, una nueva voz…, muy única. Su nombre se debe a Jude, que es el que hubiese llevado de haber nacido varón, que a su vez viene de «Hey Jude», la canción preferida de su padre, y line, por ese deseo de convertirse en artista de primera línea. ➞ un frikifán de The Beatles
Te prometo que te hipnotizará. Pero, por si algunas palabras que aparecen en sus canciones se te escapan, aquí tienes este pequeño y maravilloso glosario de Judeline que he diseñado solo y exclusivamente para ti.
• Bodhiria: Se trata de un no lugar, una especie de limbo o purgatorio, en el que la protagonista (Angel-A, alter ego de la artista) está atrapada. Bodhi es un término budista que habla del despertar espiritual o iluminación, y describe el estado en el que uno alcanza una profunda sabiduría y conocimiento que pone fin al ciclo de sufrimiento y renacimiento. Te lo resumo en una frase: Angel-A se encapricha de un muchacho que pertenece a una religión distinta a la suya, y se enamora, pero resulta que él se acaba enamorando de otra; ella al principio está un poco confundida, luego se enfada, luego se pone melancólica y luego tiene una crisis de fe en la que se cuestiona si Dios es bueno o simplemente poderoso. ¡Ea! Me ha quedado una mijita larga la frase, pero te juro que define a la perfección todo el disco, que es también su álbum debut; ¿qué más quieres?
• Canijo: Forma cariñosa de llamar a tu rollete, tu novio o novia, (no me meteré en la nomenclatura emocional que tengáis acordada) tu lío… Una persona a la que le tienes cariño y con la que haces cosas de novios. Probablemente este apodo se deba a que el muchacho en cuestión está delgado, pero parece claro que no se refiere a él de ese modo solo por su apariencia física; no se le llama canijo a cualquiera…
• Comadre. Una comadre es una confidente. El término proviene del latín commāter, que en español significa «con la madre». Originalmente, se utilizaba para definir la relación entre la madre de un niño y su madrina, ya que ambas comparten el compromiso de velar por el bienestar del pequeño, en especial desde el punto de vista espiritual. Pero con los años lo hemos incorporado a nuestra jerga coloquial para referirnos a una amiga cercana. Por ello, en su canción «4 angelitos» Judeline dice: «Siempre fuiste un embustero, mi comadre lo decía». El verso refleja, con tan solo ocho palabras, esa complicidad y esa confianza que existe entre ella y su comadre, que la protege, la advierte de un posible peligro y, aun así, no la juzga. Este lazo o red de apoyo es divino. Muchas veces, las amigas y las personas que nos rodean tienen, desde fuera, una percepción más clara y objetiva de lo que nos ocurre. Más allá de eso, también se puede ver como una autocrítica: no ha escuchado las advertencias de su comadre, pero valora su lealtad.
• Darija o dariya: En árabe significa «dialecto». A su vez, esta palabra se ha asociado tradicionalmente al conjunto de dialectos que se hablan en el norte de África, concretamente, en la zona del Magreb, por lo que da nombre a la variedad lingüística hablada en Marruecos. Judeline la utiliza en su canción «INRI», cuando dice: «El niño que me quiere es de afuera, habla darija». Te refresco la memoria: Judeline se crio en Los Caños de Meca, y ha contado alguna vez que desde su habitación es posible ver un faro que orienta a los barcos que cruzan el estrecho de Gibraltar y, también, Tánger. Entonces, podemos deducir que esta historia de amor puede ser fruto de su imaginación al estar siempre fantaseando con todo aquello que podía ver desde esa ventana. También es muy común encontrar a marroquís por nuestra zona, al igual que a nosotros nos es muy fácil visitar su país. Por lo que tampoco resultaría nada raro que este muchachito que habla dariya existiera de verdad y la hubiera inspirado a escribir esta canción. ¿Quién sabe?
• Embustero/embuste: Ser un embustero es ser un mentiroso, una persona que suelta embustes, una palabra que me parece superdivertida. Te sonará, ya que aparece en el mismo verso que he citado antes: «Siempre fuiste un embustero, mi comadre lo decía». Esta palabra ha viajado al otro lado del charco, por lo que es muy común escucharla en Latinoamérica. Probablemente se deba a que, cuando Colón desembarcó en aquel continente y empezó con sus dichosas imposiciones, su barco estaba llenito de andaluces y canarios. Esa es la razón por la cual allí también se sesea, se cecea, se aspiran las eses, etcétera. Es decir, llegó nuestra fonética y también algo de nuestro léxico, y todo ello acabó mezclado con la cultura de aquel Nuevo Mundo (que tampoco era tan nuevo).
• Hechuras: Es una palabra «muy de aquí», ¿no? Proviene del castellano antiguo fechura, y esta del latín factūra, de facĕre («hacer»). Aunque esta definición no nos dice demzasiado… En su canción «Canijo», Judeline dice: «Sé que piensa en mis hechuras cuando cruza Gibraltar» para referirse a su físico, su forma de ser…, su porte.
• Heli: Significa «amor» y proviene del caló (una variedad del romaní hablada por los gitanos de España, Francia y Portugal, por lo que los caloísmos, palabras derivadas del caló, son muy numerosos en nuestra lengua). En este diccionario se permiten las opiniones personales, y yo opino que la sensibilidad artística de Judeline utiliza esos términos no sol
