La dieta del genotipo

Catherine Whitney
Dr. Peter J. D'Adamo

Fragmento

Creditos

Título original: The GenoType Diet

Traducción: Marc Barrobés

1.ª edición: abril, 2013

© 2007 by Epigenetic Archetypes, LLC

© The GenoType Diet y GenoType son Marca Registrada de Epigenetic Archetypes, LLC.

Publicado por acuerdo con Harmony Books, un sello de Crown Publishing Group, una división de Random House, LLC.

© Ediciones B, S. A., 2013

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal: B-31182-2012

ISBN DIGITAL: 978-84-9019-418-8

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

Dedicatoria

 

 

 

 

 

Dedicado a Martha,

que me ha dado fuerzas durante el viaje

Cita

 

 

 

 

 

La anatomía es el destino.

SIGMUND FREUD

Contenido

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Cita

 

Agradecimientos

Prefacio

Prólogo

PRIMERA PARTE

CAPÍTULO UNO

CAPÍTULO DOS

CAPÍTULO TRES

SEGUNDA PARTE

CAPÍTULO CUATRO

CAPÍTULO CINCO

CAPÍTULO SEIS

TERCERA PARTE

CAPÍTULO SIETE

CAPÍTULO OCHO

CAPÍTULO NUEVE

CAPÍTULO DIEZ

CAPÍTULO ONCE

CAPÍTULO DOCE

CAPÍTULO TRECE

CUARTA PARTE

CAPÍTULO CATORCE

CAPÍTULO QUINCE

CAPÍTULO DIECISÉIS

CAPÍTULO DIECISIETE

CAPÍTULO DIECIOCHO

CAPÍTULO DIECINUEVE

CAPÍTULO VEINTE

EPÍLOGO

APÉNDICE

GLOSARIO

RECURSOS

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Agradecimientos

Cualquier obra de esta naturaleza conlleva la participación de numerosas personas, que han contribuido con tiempo, talento, conocimientos, un oído atento o paciencia durante el proceso. Mi viaje desde los grupos sanguíneos a los genotipos ha supuesto una investigación extraordinaria, y me siento en deuda con los muchos investigadores que han colaborado en este proceso.

Ante todo, quiero mostrar mi reconocimiento y agradecimiento a Martha Mosko D’Adamo, quien me ha proporcionado sabios consejos sobre el diseño de esta obra, además de ejercer como confesora y como caja de resonancia durante todo el proyecto. Martha también tomó el mando durante la fase de corrección del libro, lo que me dio la posibilidad de agregar material nuevo hasta casi el último minuto.

Mi más sincero agradecimiento a Catherine Whitney, quien proporcionó espacio intelectual y comprensión durante las primeras fases, cuando este material todavía no había tomado su forma definitiva; a Rachel Kranz, quien ayudó con el diseño de capítulos y programó el flujo de material; a Chris Fortunato y su equipo por su atención al detalle; a Paul y Laura Mittman, del Institute for Human Individuality (IfHI), por su generoso apoyo a mi obra, amistad y buena voluntad; al doctor Tom Greenfield por poner a prueba muchas de mis ideas más incipientes; a Natalie Colicci-Favretto, médico en plantilla de la clínica D’Adamo; a Ani Hawkinson, extraordinaria correctora de pruebas; a todos los amigos de North American Pharmacal, Inc., especialmente Javier Caceres, German Ramirez, Carol Agostino, Keith McBride, Jon Humberstone y Ann Quasarano; a los moderadores y almas serviciales de www.dadamo.com a mis coeditores en The Individualist; a todos los pacientes de la clínica D’Adamo; a Beena Kamlani, Susan Petersen-Kennedy, Denise Silvestro, y todos mis amigos en Penguin Putnam; a Amy Hertz, que fue la primera en ver el potencial de este material; a Steve Rubin, presidente y editor de Doubleday Broadway, por su tremendo apoyo a mi trabajo; a Bill Thomas, redactor jefe de Doubleday Broadway; a Stacy Creamer, mi editor en Broadway Books; a David Drake, Catherine Pollock, Anne Watters y todo el personal de marketing de Broadway Books; a Ben Wolin, Mike Keriakos, Karim Farag, Roseann Henry y el equipo del GenoTipo de Waterfront Media; a mi superagente y amiga Janis Vallely, quien impidió en incontables ocasiones que se revelase todo este proyecto.

Gracias también a mis padres, Christl y James D’Adamo, por animarme a pensar diferente; a mi hermano, James D’Adamo, y a mi mejor amigo, Robert Messineo, por haber sido tan buenos consejeros a lo largo de los años.

Finalmente, les mando un ramo de amor puro a Claudia y Emily, quienes aportaron té, pastas y un rayo de sol a todas esas mañanas grises y espesas.

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Prefacio

Por Tom Greenfield, diplomado en naturopatía y osteopatía y maestro del Institute for Human Individuality

La mayor parte de los médicos que llevan tiempo utilizando los grupos sanguíneos como parte del enfoque de sus tratamientos ha aprendido a reconocer las características que se derivan del grupo sanguíneo de un paciente: es posible conjeturar el grupo sanguíneo de alguien incluso sin hacer ningún análisis. Hay algo en el aspecto y el comportamiento individuales que podemos reconocer como perteneciente a una categoría de personas que tienen ciertas similitudes y que responden al entorno de un modo particular. Quienes utilizan el concepto de Dieta del Grupo Sanguíneo del doctor Peter D’Adamo en su práctica médica holística han visto cómo sus pacientes experimentaban grandes mejoras con una simple elección bien informada de la alimentación y el estilo de vida. La simplicidad del enfoque también ha capacitado a la gente para que pueda ayudarse a sí misma, no utilizando una fórmula de dieta-única-apta-para-todos que sólo funciona para unos pocos, sino teniendo en cuenta consejos realistas que cambian según los principios naturopáticos profundos relacionados con las necesidades específicas de cada individuo.

Han pasado once años desde la publicación de Los grupos sanguíneos y la alimentación, y han ocurrido muchas cosas desde aquel entonces: el estudio de la historia de la humanidad ha tomado una nueva dirección con el trabajo del Proyecto Genoma Humano y sus investigaciones sobre el funcionamiento interno de nuestros genes. Esta revolución científica prometía la individualización del tratamiento médico y al mismo tiempo abría la puerta a seguir la pista de nuestros antiguos ancestros a través de nuestro genotipo. Sin embargo, las pruebas genéticas siguen siendo complejas, caras e inalcanzables para el consumidor medio. Aunque la teoría está ahí, pasará mucho tiempo antes de que se utilice en la práctica la información genotípica para prescribir productos farmacéuticos ortodoxos, o de que la genealogía genética se vuelva asequible.

Existe abundante investigación médica sobre cómo diferimos unos de otros, basada en la observación clínica y en métodos de comprobación científica fácilmente accesibles. Con la llegada de los análisis de ADN, gran parte de esta información del pasado ha quedado relegada de golpe: la corrección política y los acontecimientos históricos han hecho que no esté de moda centrarse en las evidentes diferencias entre las personas. El concepto de raza se ha vuelto impopular y ha sido tachado de falto de base científica. Se han desviado recursos con que se medían los signos externos que distinguen a los grupos de personas para dejar paso a nuevas técnicas analíticas que implican pruebas genéticas, una ciencia que sigue en su más tierna infancia. Los datos de las investigaciones sobre variación humana que se reunieron antes de que supiésemos cómo analizar el ADN incluyen diversos grupos sanguíneos, forma del cuerpo y la cabeza, patrones de huellas dactilares, longitud de piernas y muchos otros signos externos. Estas investigaciones siguen teniendo la misma validez actualmente que cuando fueron realizadas por primera vez. Combinados, estos signos externos nos dicen más acerca de nosotros mismos de lo que podemos saber mediante una prueba genética individual, porque algunos genes tienden a mantenerse unidos en grupos o racimos, que tienen múltiples efectos sobre nuestra salud. A todo ello hay que añadirle nuestro entorno, que cambia la manera de funcionar de los genes. Todos tenemos manifestaciones externas visibles de estos genes, algo que la medicina antigua lleva generaciones diciendo de un modo diferente.

Peter D’Adamo conduce ahora a los lectores un paso más allá: el concepto de comer según el grupo sanguíneo ha sufrido también su propia revolución. Lo que era poco más que una nota a pie de página en Los grupos sanguíneos y la alimentación sobre antropología de los grupos sanguíneos es ahora un libro hecho y derecho, que nos cuenta aún más sobre nosotros mismos como individuos. Más allá de responder a la pregunta fundamental «¿De dónde venimos?», La dieta del GenoTipo también nos informa sobre qué significa pertenecer a un GenoTipo particular y cómo este conocimiento puede ayudarnos personalmente a gozar de una buena salud. El resultado de la investigación de este tipo de ciencia compleja suele reservarse a los especialistas. Sin embargo, el análisis de Peter se presenta al público en la forma de un sencillo manual de autoconocimiento. La ciencia que se esconde tras el concepto está a disposición de los médicos para que la estudien y la enseñen, pero el libro contiene las bases para que las pueda utilizar cualquiera.

No ha sido un recorrido fácil, sin embargo: la alimentación es un tema emotivo en el mejor de los casos, y decirle a la gente qué puede y qué no puede comer según sus genes significa que cualquier cambio de dieta no es una medida que pueda tomarse a corto plazo. Esto ha causado controversia sobre Los grupos sanguíneos y la alimentación, generada principalmente por aquellos que no han entendido los conceptos subyacentes o que han objetado sobre el principio.

Peter D’Adamo ha perseverado, permitiendo a la gente un conocimiento único de la evolución de su concepto vía Internet y a través de los programas educativos del Institute for Human Individuality. Hemos observado el funcionamiento de una mente analítica que pertenece a ese tipo raro de persona que entiende tanto a la gente como los programas informáticos. Ha sido una nueva búsqueda para descubrir por qué algunos respondemos de modo distinto a los tratamientos o nos comportamos de cierto modo mientras seguimos fieles al concepto original basado en los grupos sanguíneos. El resultado es una fusión de saber antiguo, técnicas antropométricas del siglo pasado y ciencia genética moderna de vanguardia, augurando una nueva era en la medicina naturopática.

En nombre de los millones de personas cuya vida ya ha cambiado para siempre, y de aquellos cuya vida cambiará para mejor tras leer este libro, me gustaría darle las gracias a Peter por aportar este concepto al mundo.

Junio de 2007

Canterbury, Kent,

Reino Unido

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Prólogo

Posibilidades para alterar la vida

Como médico e investigador naturópata, siempre he tenido una profunda fe en nuestra capacidad para controlar nuestro cuerpo y nuestra vida. Todos los días he tratado a pacientes que han descubierto una salud, una vitalidad y una alegría de vivir que nunca habrían creído posibles, simplemente alterando lo que comían, los suplementos que tomaban y el tipo de ejercicio que hacían. Desde que se publicó mi primer libro, Los grupos sanguíneos y la alimentación, hace ya once años, he tenido el privilegio de oír historias muy alentadoras sobre personas cuya vida se había transformado al encontrar la dieta y el plan de ejercicio que mejor se adaptaban a ellas.

Aun así, debo confesar que tenía un talón de Aquiles que imagino que muchos de vosotros compartíais. Siempre había dado por supuesto que la parte genética de nuestra historia ya estaba escrita. Creía que los genes que heredamos de nuestros padres son las cartas que se nos reparten. Sabía que tenemos mucha libertad de acción respecto a cómo jugar estas cartas, y me dediqué a escribir numerosos libros que ayudasen a la gente a jugarlas lo mejor posible. Pero estaba bastante seguro de que las cartas que recibimos en el momento de la concepción eran las que teníamos para toda la vida.

Imaginad mi placer, pues, cuando empecé a descubrir que tenemos un poder enorme para mejorar nuestra vida, incluso en lo referente a los genes. Ciertamente, no podemos hacer nada respecto a los cromosomas que recibimos de nuestros padres; no podemos añadir nuevos genes a la mezcla ni eliminar los viejos. Pero los genes que recibimos en la concepción sólo son el principio de la historia. Ya en el útero y a lo largo de la infancia, la juventud y la vida adulta, tenemos la capacidad para aumentar el volumen de algunos genes y silenciar otros, con lo que mejoraremos enormemente nuestra capacidad para estar sanos y felices. Podemos comprender la trayectoria de nuestra vida y nuestra salud —qué problemas físicos es probable que se nos planteen, a qué trastornos somos más propensos— y responder a ella eficazmente. Y lo mejor de todo es que no necesitamos pruebas de laboratorio, medicamentos, cirugía ni intervención médica alguna para lograr esta milagrosa proeza. Sólo hace falta comprender cuáles son la dieta y el plan de ejercicio adecuados para nuestro GenoTipo concreto: la forma única en que interactúan nuestros genes y nuestras células.

Aunque en la práctica científica tradicional la palabra genotipo se utiliza únicamente para describir la variedad de genes de una persona, he optado por utilizar el término de un modo original, porque creo que estamos un poco vendidos con esta definición tan limitada y lineal. La definición estándar se refiere únicamente a los cromosomas, pero mi utilización particular de la palabra genotipo incluye la relación con el entorno, la influencia de la historia familiar desde tiempos muy recientes, y los efectos de la historia fetal o prenatal.

Un arquetipo es un modelo idealizado de persona o concepto. Los arquetipos son eternos y los hay en todas partes. Por ejemplo, si tuviéramos que pensar en el arquetipo del «compañero del héroe», tal vez nos vendrían a la cabeza el amigo de Robin Hood, Little John, o el copiloto de Han Solo, Chewbacca. Los dos personajes han surgido en un momento concreto de la historia, pero ambos encajan en el arquetipo eterno.

De modo que, en nuestro pequeño universo, palabras y concepto se unen para formar algo nuevo y totalmente distinto: un Arquetipo Genético: un GenoTipo.

He desarrollado el concepto del GenoTipo y he identificado seis GenoTipos distintos mediante análisis estadísticos de cómo se agrupan genes, trastornos y rasgos físicos. He basado mi trabajo en las asociaciones ya conocidas entre rasgos como, por ejemplo, forma de las huellas dactilares y trastornos concretos, longitud de pierna y riesgo de cáncer de próstata, incisivos en pala y dieta ancestral. Los análisis estadísticos de asociaciones previamente conocidas produjeron seis categorías distintas y duraderas que yo he denominado los seis GenoTipos. El lector que desee saber más sobre las bases científicas subyacentes a la dieta del GenoTipo puede visitar la página www.genotypediet.com.

Tus genes y tú: una sociedad dinámica

Este libro se basa en una noción sencilla, aunque fundamental y sorprendente: Tenemos el poder de alterar el comportamiento de nuestros genes. Parte de este poder pertenece a nuestras madres, durante los nueve meses en que nos llevan dentro antes del nacimiento. Pero una gran parte de este poder se vuelve nuestro en cuanto salimos al exterior.

Tanto si te has dado cuenta como si no, te has pasado toda la vida alterando tu actividad genética. Cuando te tomaste el primer sorbo de vino o cerveza, subiste el volumen de la capacidad genética de tu cuerpo para reducir la toxicidad del alcohol. Cuando logras ese fabuloso bronceado en verano, activas los genes que controlan la producción de melanina. (La melanina es el pigmento que te protege del sol, oscureciéndote la piel.) Cuando sufres una infección, aunque sea ligera como un resfriado o una gripe, aumentas la actividad entre los genes de tu médula espinal, que son los que producen los glóbulos blancos necesarios para mejorar. Tus genes no son una serie fija de instrucciones preprogramadas. Son una parte dinámica y activa de tu vida, que reacciona cada día a tu entorno, tu historia y tu dieta.

La asamblea ciudadana genética

Muchos estamos acostumbrados a pensar en nuestros genes como dictadores, tiranos celulares que insisten en hacer las cosas siempre de un mismo modo. Esta creencia se ha sostenido durante varias décadas mediante noticias que anunciaban a bombo y platillo descubrimientos acerca del papel de los genes para determinar la salud, la función inmune y la vulnerabilidad ante condiciones particulares. Hemos leído acerca del gen del cáncer de mama, de la depresión hereditaria y de nuevas pruebas de enfermedades «genéticas» como la corea de Huntington o la enfermedad de Tay-Sachs. Algunas informaciones recientes han sugerido incluso que los genes son responsables de rasgos de la personalidad, como la timidez o la sensibilidad. Uno puede sacar fácilmente la impresión de que los genes son el destino, esos tiranos implacables que no admiten apelación.

En realidad, tus genes, tu cuerpo y tu entorno funcionan conjuntamente, no tanto como una dictadura sino más bien como una animada asamblea ciudadana. En el escenario están los funcionarios cuyo trabajo es anunciar los problemas que hay que resolver. Están los tipos ruidosos, cáusticos y amantes de llamar la atención, que corren siempre al micrófono para pronunciar largos discursos insistiendo en que se haga a su manera. Y está la multitud de ciudadanos silenciosos y fieles que se sientan entre el público, observando y esperando.

Sabes que la asamblea ciudadana funciona bien cuando te sientes sano y vital. Tu cuerpo está en su peso óptimo, te sientes repleto de energía y ahuyentas los resfriados, gripes e infecciones más graves que ocasionalmente te asedian.

Pero ¿qué pasa con esos otros momentos en que tienes sobrepeso, estás hinchado, falto de energía, con la piel mustia y los cabellos lacios? ¿Qué me dices de aquel invierno en que parecías pillar un resfriado tras otro? ¿Y de la advertencia de tu médico de que puedes ser candidato a una enfermedad del corazón, diabetes o cualquier otra enfermedad devastadora?

En ese caso tienes que agitar un poco la asamblea. Tal vez tengas que impedir que tus genes inflamatorios corran al micrófono, al mismo tiempo que animas a tus genes más calmados y antiinflamatorios a que tengan voz y voto. Tal vez quieras activar los genes curativos que producen más glóbulos blancos para combatir las infecciones. O tal vez tengas que acallar los genes «ahorrativos» que insisten en acumular todas las calorías que ingieres. Estos genes creen que te están protegiendo de la hambruna del año siguiente, y les gustaría tomar la palabra para decírtelo, pero tú sabes que te están haciendo engordar y preparándote para una diabetes, por lo que realmente debes pararles los pies.

Cada uno de nosotros tiene un enorme repertorio de posibles respuestas codificadas en su herencia genética. Nuestro objetivo es dar la palabra a algunas partes de esta herencia mientras pedimos a otras que se queden sentadas en silencio en el fondo de la sala. Este libro te explicará cómo.

Como probablemente ya habrás adivinado, tu mejor estrategia es la dieta y el ejercicio. Comer y hacer ejercicio de manera adecuada hará que hablen los genes apropiados e instará amablemente a callar a los inapropiados. Pero dado que tu herencia genética es singular (un conjunto único de personajes que se presentarán a tu asamblea ciudadana), necesitas los planes de dieta y ejercicio que sean adecuados para ti. Las estrategias que le funcionan a tu pareja, a tus amigos o incluso a tus padres pueden resultar perjudiciales para ti, del mismo modo que las opciones de dieta que te adelgazan y aumentan tu salud podrían añadir kilos y dejar sin vitalidad a tus seres queridos. Las modas de talla única muy raramente favorecen a todo el mundo, y lo mismo vale para las dietas de talla única. Para lograr el funcionamiento óptimo de tu asamblea ciudadana, debes comer lo adecuado para tu GenoTipo.

Medicina genética y reparación celular

Así, ¿quién está en esa asamblea ciudadana genética y cómo se toman las decisiones? Responderé más ampliamente a esta pregunta en la Primera parte de este libro, pero de momento permíteme que te dé una respuesta breve.

Un elemento presente en la asamblea ciudadana, obviamente, son los genes con los que naciste. Éstos determinan múltiples factores, como tu respuesta a las amenazas del entorno, el que tengas tendencia a alergias y ataques de asma, o que seas propenso a acumular calorías en forma de grasa o a quemarlas rápidamente. Son los ciudadanos del pueblo, pero no son los únicos en la asamblea.

Otra presencia clave es tu entorno. Casi podrías pensar en el entorno como en uno de los funcionarios del pueblo: el que fija la agenda. Según qué tipo de amenaza ofrezca tu entorno, tus genes-ciudadano responderán de formas muy diferentes.

Para poner un ejemplo muy simple, un entorno soleado añade un nuevo punto al orden del día para la asamblea: ¡protegernos de las quemaduras! Si has nacido con la piel pálida, percibirás el sol reluciente y abrasador como una amenaza inmediata. Si tus genes no hacen nada, el sol puede causarte fácilmente quemaduras de segundo grado.

Por suerte, tienes una opción genética: pedirle a las células de tu piel que produzcan algo de melanina extra, que le dará a tu piel un hermoso bronceado protector. De modo que cuando el entorno anuncia esta nueva amenaza, también marca la agenda; y tus genes responden como corresponde. Los genes productores de melanina se acercan al micrófono y toman la palabra. Y seguirán hablando mientras la amenaza, el sol, esté presente. Cuando el sol pasa a un ángulo menos peligroso, el entorno anuncia un nuevo orden del día: obtener más vitamina D de la luz del sol. Dado que este objetivo se cumple más fácilmente con la piel pálida, tus genes de melanina se callan. Tus genes de «piel pálida» vuelven al micrófono y tu piel recupera su color anterior.

Por supuesto, algunos no tenemos tantos genes productores de melanina. Somos los que raramente se broncean y siempre se queman. No importa lo alto que hablen nuestros genes productores de melanina, nunca se los podrá oír muy bien. Otros tenemos la piel oscura por naturaleza: nuestros genes productores de melanina siempre hablan más fuerte. De modo que nuestra asamblea ciudadana no puede hacer cualquier cosa que desee. Pero a menudo goza de bastante flexibilidad. Para protegernos de las amenazas del entorno, nuestros genes pueden elegir con frecuencia entre hacerse oír o quedarse callados.

Otro elemento presente en la asamblea es tu dieta. Piensa en ella como en otro funcionario que sube al estrado y fomenta diferentes respuestas de los genes del público. Tampoco en este caso tenemos un poder ilimitado para elegir una respuesta: tenemos que funcionar con los personajes con los que hemos nacido. Pero lo que diga esta dieta desde el estrado puede tener un gran efecto sobre cuáles son los genes que toman la palabra y cuáles los que se callan.

Por ejemplo, hay quienes nacemos con una genética «ahorrativa», con genes cuya función es agarrarse a cualquier caloría sobrante y almacenarla en forma de grasa. Queremos que estos genes ahorrativos hablen a v

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