Prólogo
En nuestro mundo pospandémico, las redes sociales[1] se han convertido en el principal medio de contacto entre personas. Aplicaciones dirigidas al público gay como Grindr, Wapo o SCRUFF ya gozaban de popularidad entre nosotros, pero su importancia se ha visto agigantada en los últimos años. Actualmente, si quieres conocer a hombres, Grindrburgo (que es el nombre con el que vamos a referirnos a este barrio digital de complicadas calles) es visita obligada. O cualquiera de sus aledaños, ya que lugares como Twitter[2] o TikTok también facilitan ese primer contacto que nos conducirá al sexo (o a la amistad… o el amor).
Sin embargo, y a pesar de lo extendidas que están, las aplicaciones de cruising tienen especial mala fama dentro del colectivo de hombres homosexuales debido a la presencia de troles y la reproducción de discriminaciones y prejuicios. ¿Podemos evitar que estos usuarios arruinen nuestro paseo por Grindrburgo? Sí, claro que es posible. Y ya que estamos, ¿podemos mantener a salvo nuestra autoestima mientras hacemos swipe por vidas aparentemente mucho mejores que las nuestras en Instagram y por cuerpos perfectos en Grindr? Podemos hacer eso y mucho más gracias a lo que se conoce como «alfabetización mediática» y que es el elemento central de este libro que vas a leer.
En Grindrburgo (y otros barrios) repasaremos las nociones básicas para entrar en estas aplicaciones. Una vez dentro, conoceremos los aspectos psicológicos, sociales y comunicativos de los que depende nuestra buena o mala experiencia. Algunos, como la autoestima erótica, ya te resultarán familiares si me has leído anteriormente. Otros, como la comparación social, el efecto Proteus o la economía de la atención, te resultarán novedosos. Estos y otros muchos ayudarán a que disfrutes tus excursiones por Grindrburgo, así que vamos a aprender sobre todos ellos. Por supuesto, también abordaré asuntos como el chemsex, la elaboración de un perfil exitoso y el manejo de nuestras expectativas y sesgos. Con anécdotas propias y vuestras, espero que disfrutéis de este metafórico viaje por la comarca de Grindrburgo y sus barrios.
PRIMERA PARTE
Introducción
La alfabetización mediática
1
Reducir nuestros problemas en Grindrburgo
Lo admito: comenzar un libro sobre «los peligros de» sugiriendo que el problema consiste en que «somos unos analfabetos en» no queda demasiado bonito, así que trataré de adornarlo. O mejor aún, trataré de explicarlo. Como ante cualquier otra innovación tecnológica, los seres humanos también necesitamos un periodo de adaptación a las redes sociales. Imagínate la siguiente escena en Mesopotamia, allá por el 4000 a. C.:
—Hola, Goriel, ¿dónde vas cargando ese saco de trigo sobre tus hombros?
—Ey, Kur, ¿qué tal? Pues mira, voy para casa, que vengo del mercado.
—Oye, ¿y por qué no lo transportas en un carro como este y aprovechas que hemos inventado la rueda?
—¿La rueda? ¡Y una mierda! No me fío de esas moderneces. Prefiero llevar el saco bien sujeto por mis propias manos. Si lo transporto en un carro, igual viene alguien por detrás y me lo roba sin que me dé cuenta.
No tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que algún mesopotámico de la época no viera con buenos ojos los discos esos que daban vueltas. Seguro que prefería cargar las mercancías y utensilios sobre su espalda. Poco a poco se fueron dando cuenta de que la rueda permitía transportar sus productos a más distancia y que eso favorecía el comercio, el aprovisionamiento del hogar y tener más tiempo libre porque con solo un viaje transportaban comida para una muy buena temporada. También fueron aprendiendo acerca de cómo distribuir la carga sobre los carros para evitar roturas o cómo hacer ruedas de materiales más livianos y resistentes. Paralelamente, aparecieron problemas nuevos, como la necesidad de crear pistas sobre las que las ruedas pudieran deslizarse, lo que los obligó a invertir en unos caminos de firme bien apisonado que antes no eran imprescindibles. Pero, por más que fuese necesario aprender sobre ruedas y eso tuviera un coste de tiempo y dinero, claramente siempre les mereció la pena.
Con las RR. SS. nos encontramos en ese mismo punto: son un avance espectacular pero necesitamos aprender mucho sobre cómo desenvolvernos en ellas para evitar que sus perjuicios superen los beneficios. A ese aprendizaje se le ha llamado «alfabetización digital» o «alfabetización mediática» (Potter, 2004), aunque también lo encontrarás con otros nombres como «competencia digital» (Gutiérrez y Tyner, 2012), «multialfabetizaciones», «alfabetización multimedia», «nuevas alfabetizaciones», «alfabetización mediática e informacional» o «educación para la alfabetización mediática» (yo te los enumero por si tú quieres ampliar conocimientos por tu cuenta[3]). La alfabetización digital es un asunto tan importante que la Unesco le está dedicando serios esfuerzos,[4] y numerosos investigadores se están esmerando en conocer cómo mejorar ese conjunto de habilidades. Apreciarás en esta multiplicidad de nombres y enfoques que este es un fenómeno complejo, así como de gran relevancia, por lo que nos conviene mucho estar educados en esta materia. Entrenar nuestras habilidades comunicativas y potenciar nuestra alfabetización mediática nos ayudará a optimizar nuestras experiencias en el mundo online. Así, repito, resumo y recalco:
«A más alfabetización mediática, mejor experiencia online».
Si lo que queremos es que evites y/o soluciones tus problemas en Grindrburgo, debemos pasar por la mejora de esas habilidades a las que hemos denominado «alfabetización digital», ¡no queda otra! No estoy diciendo que la culpa de que te vaya mal en Grindrburgo sea tuya, sino que en las últimas décadas hemos desarrollado una tecnología que necesita preparación previa por nuestra parte para que la experiencia digital sea positiva, ¡y nadie nos ha advertido de ello ni nos ha enseñado a hacerlo! A veces vamos aprendiendo a medida que los problemas aparecen, ojalá alguien hubiera sido tan visionario como para saber qué habría que solucionar incluso antes de que apareciese el problema, ¿verdad? Pero no tenemos el don de la profecía y solo podemos actuar una vez somos conscientes de que hay algo que solucionar. Pues lo mismo podemos decir de las RR. SS. La cuestión es que ser capaz de mostrar «ignorancia crítica» o de comprender el funcionamiento del algoritmo de Instagram, por ejemplo, son habilidades fundamentales para pasear por esta red sin perjuicio de tu autoestima.
Desarrollar el pensamiento crítico
Ya, ya sé que últimamente, cada vez que alguien anuncia en su perfil que es un librepensador, en realidad quiere decir que es un magufo, un conspiranoico o un retrógrado, ¡qué pena me produce ver cómo se han pervertido algunas palabras! Pero aquí nos referimos al pensamiento crítico de verdad, no a ir contracorriente porque necesito sentirme especial o porque estoy zumbado. El pensamiento crítico es una manera de proceder a la hora de recibir y procesar la información. Los textos en internet pueden presentar diversos tipos de falacias cuando no son, simplemente, pura invención. Necesitamos aprender a exigir fuentes rigurosas antes de dar por válida cualquier información, pero también a contrastarla y ampliarla buscándola en otros medios así como comparándola con la información previa que poseemos.
El desarrollo del pensamiento crítico supone aprender a diferenciar entre opinión y criterio, distinguir si lo que se dice es delito de odio o no. El pensamiento crítico también nos ayuda a reconocer las mentiras y las infoxicaciones, así como a aprender a reconocer si un argumento se desarrolla de manera lógica y cuándo alguien se salta multitud de premisas y llega a unas conclusiones erróneas por más que nos las presente como bien fundamentadas. Vamos, que nos hubiese venido muy bien haber aprovechado la asignatura de Filosofía en la secundaria aunque solo fuera para darnos cuenta de las múltiples formas en las que podemos ser engañados en Twitter.
Del mismo modo también es bueno desarrollar una visión crítica de nuestros propios sesgos, intereses y limitaciones. De esta manera podremos responsabilizarnos de nuestras reacciones y actuar en consecuencia. Si soy consciente de que me enciendo de furia cada vez que encuentro las declaraciones de determinado personaje, tal vez aprenda a darme cuenta de que esa reacción furibunda seguro que empaña mis juicios o me aparta del respeto a las opiniones o a la libertad de expresión. Seré capaz de pensar algo así como: «Me toca muchísimo los cojones lo que dice fulanito pero, mientras no caiga en el delito de odio, tiene derecho a expresar lo que piensa. Y yo, como demócrata, tengo la obligación de respetarlo». Es difícil, lo sé, pero es lo que se espera de un humano adulto y responsable. De manera inversa, también puedo darme cuenta de que no se está respetando mi derecho a expresarme libremente y elevar mi queja a donde corresponda sintiéndome respaldado por la ley. Y, sí, sé que acabo de decir una obviedad. Pero una obviedad de la que muchos, lamentablemente, se olvidan a diario en todas las redes. Ser crítico también incluye serlo con nuestras propias creencias y comprender nuestras limitaciones, filias y fobias, pues nos ayuda a ser más empáticos con los demás y a comprender que, tras algunos tuits o las descripciones que alguien incluye en su Grindr, hay mucha historia encerrada y que la persona está proyectando hacia los demás (tú, yo, nosotros) su propia mierda. Ejercitarnos con nosotros mismos nos entrena para detectarlo en los demás.
Comprender el funcionamiento y los intereses de los medios de comunicación y de las RR. SS.
Los medios de información tienen sus propios intereses económicos y a menudo juegan con nuestra sorpresa o con nuestra indignación para hacernos clicar en sus portales y sumar visitas. Muchos titulares especialmente llamativos que luego no se ven corroborados por el contenido de la noticia sirven como gancho para este mismo fin. En Twitter hay cuentas como #PorQuéTT (@xqTTs) que se dedican a explicar brevemente las razones que han hecho que algún suceso o persona sea trending topic. A menudo nos sirven para no caer en el error de interactuar con usuarios con fines aviesos. En esta red están siendo muy útiles los «Comentarios de la Comunidad», que amplían la información, desmintiendo en no pocos casos lo que afirma el tuit. Te sorprenderá leer en el capítulo correspondiente que se han propuesto medidas similares para otras redes como Grindr o Tinder, aunque allí te explicaré la razón de por qué esto no es una buena idea.[5]
Por otro lado, necesitamos saber que muchos medios de comunicación tienen una fuerte carga partidista. Si somos conscientes de que tal o cual medio es afín a un partido o una corporación empresarial, nos animaremos a comparar su información con las versiones de otros medios y les exigiremos fuentes veraces. Trataremos todo esto en el capítulo correspondiente a «La economía de la atención» para que aprendas a neutralizar sus intentos de ganar dinero y penetración en redes a costa de tus fobias. Un ejemplo brutal es la portada del ABC del 14 de septiembre de 2023 con el titular: «La jugada de Antonio, un cambio de sexo exprés para pedir el indulto tras maltratar a dos exnovias». Para comenzar, y contrariamente a lo que afirman las críticas que ha recibido la ley Trans, los delitos se juzgan según el sexo registral que figura en el momento del delito conforme el artículo 46.3 de la ley Trans.[6] Este periódico critica una ley empleando un caso para el que no se puede aplicar dicha ley. Para colmo, aunque su premisa fuera cierta, el «cambio de sexo» [sic] no hubiese servido de nada porque ¡no hay indulto para una mujer que maltrata a otras! Por último, también obvia que el «cambio de sexo exprés» no existe (debe reafirmarse tras unos meses). Este titular es un ejemplo de cómo los medios no han tenido inconveniente en mentir si con ello lograban un clima adverso contra determinados partidos o políticos. El daño colateral es la cantidad de españoles que han desarrollado una mala opinión sobre una buena ley que ayuda a las personas trans. Imagino que este ejemplo te habrá permitido comprobar que necesitamos mucha información y fuentes fiables para no caer en las trampas que algunos nos tienden en las RR. SS.
Tomar conciencia del impacto que tienen los medios de comunicación en nosotros y en los que nos rodean
Por todo lo anterior, si ignoramos el impacto de los medios sobre nuestras personas, corremos el riesgo de ser arrastrados por esa impresión en lugar de controlarla. Y lo mismo se puede decir de los demás: no es buena idea seguir la corriente a alguien que está totalmente mediatizado por los mensajes en cadena que recibe por WhatsApp. Los medios en la época digital apelan a nuestras emociones más primarias y nos provocan respuestas que no han superado el filtro del razonamiento. Seguramente ya has oído hablar del FOMO, el miedo a perdernos algo por estar ausentes (Fear Of Missing Out, en inglés), un temor atávico con el que juegan los medios de comunicación y las RR. SS. en general magnificando los sucesos. Que yo recuerde, desde 2009 he vivido unos trescientos veinticuatro acontecimientos históricos, y, desde hace cinco o seis años, cada día las noticias tratan de mostrarme el motivo por el que debo estar enfurecido (o acojonado), además de pendiente de sus programas o tuits para no perderme un detalle, no sea que el fin del mundo me pille cagando. Por eso muchas personas, queriendo preservar su salud mental, han optado por no ver los informativos excepto en horas escogidas para mantenerse suficientemente informados sin que los induzcan a la crispación. Acerca de esto también profundizaré en las próximas páginas, aunque te adelanto un dato: si fuese verdad que todo es tan terrible, los informativos no cambiarían de tema con tanta facilidad. Hoy todos los medios tratan el GRAN escándalo, la GRAN noticia de la que todo el mundo habla. Un suceso TAN importante que pasado mañana nos levantaremos con OTRO escándalo y todo el mundo hablará de esa OTRA noticia. Todo es tan volátil que no puede ser cierto. Las polémicas se han convertido en uno más de los shows televisivos y algunos informativos se han convertido en magazines de entretenimiento… y manipulación. Lo ventajoso de todo esto para los personajes públicos es que hoy pueden verse inmersos en una gran trifulca mediática pero pasado mañana nadie se acordará. Con dejar transcurrir cuarenta y ocho horas habrá bastado para que su vida regrese al mismo sitio. En consecuencia, la mejor recomendación que puedo darte es que no estés pendiente de la actualidad más que lo imprescindible y que no te preocupes por ninguna noticia que no dure más de veinticuatro horas en los medios. Al menos, hasta que esos medios recuperen la ética periodística. O sigue solo a medios realmente independientes… y disfruta la gincana de descubrir quiénes están detrás de los editoriales, ingresos por publicidad o intereses del grupo empresarial al que pertenece cada medio cuya independencia quieras comprobar. Menos esfuerzo te costará seguir medios de diversa índole y, tras informarte en varias fuentes, elaborar tus conclusiones. Aunque, la verdad, si resultas ser una persona capaz de informarte en varios medios y no quedarte únicamente con lo que diga un panfleto de cabecera, seguro que eres alguien más difícil de manipular que la mayoría. Megapunto para ti.
Desarrollar la ignorancia crítica
El concepto critical ignoring se refiere al desarrollo de la capacidad para seleccionar de forma inteligente lo que se ignora. Además de las ya mencionadas estrategias para mantener cautiva tu atención, internet está lleno de noticias falsas, montajes, infoxicaciones e imágenes elaboradas con inteligencia artificial y/o retocadas o seleccionadas para transmitir un mensaje no realista. Ser capaces de actuar de una manera crítica para detectar estos contenidos falsos es importantísimo, y aquí no solo me refiero a desacreditar las noticias manipuladas, sino también, por ejemplo, aquellos contenidos fitness que fomentan el deseo de transformar nuestros cuerpos siguiendo cánones imposibles para la mayoría de la población. La mirada crítica es una mirada informada, una mirada capaz de objetar: «Ese porcentaje de grasa corporal es insalubre para un adulto e implica una restricción de la dieta tremendamente perjudicial», para añadir a continuación: «A este influencer de mierda lo voy a bloquear ahora mismo y se lo voy a comentar a mis amigos para que tampoco lo sigan».
Internet está lleno de consejos absurdos y también necesitamos mostrar ignorancia crítica respecto a muchos de ellos. Seguro que recuerdas remedios caseros como los de aquella curandera que decía que para quitarte las verrugas tenías que frotarlas con un diente de ajo cada mañana. Soltabas una peste a alioli que tirabas de espalda, pero la verruga cabrona seguía en el mismo sitio. La diferencia grave es que ahora, en lugar de decirlo la abuela de tu vecina, te lo dice una tiktoker. Y, como sale en una pantalla, le das más credibilidad que a la pobre doña Rosa, de modo que terminas haciendo lo que te aconseja un vídeo viral en lugar de ir al dermatólogo.[7] Pues nada, cariño: en el pecado llevas la penitencia.
La ignorancia crítica se aplica también a los troles y otros elementos perturbadores de las RR. SS. Por eso encontrarás más adelante un capítulo sobre cómo identificarlos. Debemos aprender a ignorarlos en Grindr, así como a los usuarios de Twitter que tienen tres seguidores o un «perfil matrícula» (que es un nombre seguido de un montón de dígitos) y que suele caracterizar a bots y cuentas secundarias que solo pretenden crear malestar. Necesitamos aprender a detenernos, no dejarnos llevar por la rabia y —gracias a ello— no mantener la interacción (que es lo que buscan). Conviene aprender a silenciarlos o bloquearlos. Conviene aprender a ignorarlos. Hablaremos de ello largo y tendido.
Aprender estrategias para neutralizar (o amortiguar) el impacto de los medios
¿Por qué se emplean determinados titulares? ¿Por qué determinadas fotos? ¿Cómo nos afectan? ¿Es neutro el lenguaje que emplean? ¿Usan verbos en condicional?[8] ¿Estrategia del miedo? Hay multitud de preguntas que podemos hacernos para, en la búsqueda de las respuestas, hallar modos de evitar las infoxicaciones. En España se ha hecho (tristemente) famoso el impacto que tienen las noticias sobre la okupación de viviendas…, noticias patrocinadas por empresas de seguridad y alarmas domiciliarias. Noticias que se ven desmentidas por los datos facilitados por los juzgados o la policía (número de denuncias y juicios al respecto). Eso sí, no basta con conocer la verdad, también necesitamos gestionar las emociones (el miedo en este caso concreto) que las noticias nos producen. Una vez inoculado el temor, la alarma antirrobo ya está vendida, porque muchas personas razonarán: «Vale, no es cierto que haya una ola de casas ocupadas pero, por si acaso, yo me pongo la alarma y me quedo más tranquilo, ya que podrían ocuparme el pisito que tengo en la playa». Nos conviene desarrollar inmunidad a este tipo de contenidos aunque solo sea para que no nos saquen el dinero. Pero también para que no nos roben la salud mental. Muchos hombres gais, por ejemplo, tienen gravísimos problemas con sus relaciones sexuales, ya que algunos medios continuamente nos bombardean con noticias terribles sobre el aumento de casos de las infecciones de trasmisión sexual (ITS). Lo que no hacen estos medios es precisar que más que un aumento de casos lo que se está produciendo es un aumento de detecciones porque cada vez nos hacemos más pruebas, ya que cada vez estamos más concienciados y, gracias a que nos hacemos más pruebas, cada vez hay más chicos tratados que dejan de transmitirlas. Sin embargo, por culpa de estos medios y alguna que otra campaña digamos desafortunada (por utilizar un eufemismo), multitud de hombres viven sus relaciones sexuales con angustia y ansiedad. Os he hablado de la nosofobia docenas de veces tanto en mis libros como en mis vídeos, y todos habéis pasado por alguna fase así o conocéis a alguien en esa situación. No hace falta que os diga cuán perjudicial puede ser una mala información. También contra esto necesitamos inmunizarnos y por eso es tan importante haberse formado al respecto. Vosotros podéis saber mucho más que los periodistas que han escrito ese artículo o que los supuestos activistas que han desarrollado esa campaña, lo digo muy en serio.
Disfrutar el contenido de los medios
Pero tampoco nos volvamos paranoicos, también podemos aprender a disfrutar los medios y las RR. SS. análogamente a como aprendemos a disfrutar de una novela o de una serie de ficción (o manuales e informes científicos). Manteniendo una visión crítica, podemos aprender a analizar el contenido de los medios y de las RR. SS. en beneficio propio, descartando lo perjudicial y quedándonos con los aspectos más inspiradores e informativos que encontraremos en ellos. Hay muy buenas series, muy buenos streamers y divulgadores, excelentes cómicos, geniales músicos y noticieros imparciales en todas las RR. SS. y plataformas. Es muy importante buscar sus contenidos y priorizarlos ante los demás. Y también hay hombres maravillosos en Grindr o en SCRUFF; si aprendemos a desenvolvernos en Grindrburgo, podremos encontrar personas estupendas con las que compartir buenos momentos.
Aprender a generar contenidos éticos
Podemos producir materiales para las RR. SS. que sean honestos, podemos mejorar nuestras interacciones, así como mantener buenos modales online. Comprometernos con la ética no solo mejora nuestra experiencia, sino que se convierte en una semilla para los demás. Además, es una buena herramienta para neutralizar los contenidos dañinos sin darles relevancia, algo así como: «En lugar de discutir con homófobos, entregándoles mi atención y dándoles relevancia en el algoritmo, voy a crear contenidos que no los citen pero que expliquen que la homosexualidad es una más de las posibles orientaciones sexuales presentes de modo natural en el ser humano y otras especies». O como: «Sin discutir con el terferío, voy a subir contenidos explicando que la autodeterminación de género es el remedio a prácticas inhumanas como “El test de la vida diaria” u otros procesos tutelados y larguísimos a los que antes sometían a las personas transexuales». Podemos ofrecer discursos que neutralicen a los tóxicos sin necesidad de darles relevancia interactuando con ellos.
De ahora en adelante…
Todos estos puntos irán apareciendo a lo largo de los próximos capítulos. A veces de una manera más informal, a menudo entremezclados con otros contenidos, tratando de ser ameno pero siempre intentando ofrecerte la posibilidad de mejorar tu competencia digital y que disfrutes muchísimo de Grindr, Instagram y todas tus RR. SS.
La autoestima es el valor que nos concedemos, de manera implícita, a nosotros mismos y todo lo que tiene que ver con nuestra vida: nuestro cuerpo y apariencia, nuestras opiniones, nuestros modos de comportarnos, etcétera. Las fuentes prioritarias de la autoestima suelen ser los demás y uno mismo. Los demás nos trasladan continuamente mensajes de lo que somos a través de las declaraciones que realizan sobre nuestras personas, actitudes, talentos y demás, pero también lo hacen sin pretenderlo cada vez que nos comparamos con ellos. Por nuestra parte, nosotros también podemos ser los valedores de nuestras características personales y llegamos a darnos un valor positivo a través de la maduración personal o de un proceso terapéutico que nos ayude en esa maduración. Como sabéis, todos los que hemos crecido en un contexto homofóbico hemos interiorizado esa homofobia y, con ella, un mensaje devaluador de quiénes somos. A nadie le sorprende saber que, como cualquier otra minoría discriminada, los hombres homosexuales tenemos en conjunto una autoestima baja. Y aquí nos encontramos el primer gran problema de Grindrburgo porque, como ya verás, las RR. SS. exigen tener mucha autoestima, tanto para defendernos de troles como para que la comparación que realizamos permanentemente en estos entornos no nos acabe perjudicando. De eso va todo este libro.
SEGUNDA PARTE
Grindrburgo
2
Una aproximación al territorio
Quince años antes de la publicación de este libro, los más modernos en las reuniones de amigos hablaban de algo llamado Facebook: «Es como un álbum de fotos en internet y te sirve para conectar con los amigos porque puedes chatear con ellos en tu muro». A muchos aquello les sonaba a extraterrestre. Cinco años después solo unos pocos se mantenían ajenos al caralibro reafirmando su postura con declaraciones al estilo de: «Ni tengo Facebook ni lo tendré. Si yo quiero hablar con mis amigos, los llamo o quedo con ellos en persona». Una década más tarde la pandemia de la COVID-19 convirtió las RR. SS. en el salvavidas que nos rescató del total aislamiento al que los sucesivos confinamientos nos sometieron, y hasta nuestra abuela aprendió a usar la videoconferencia del WhatsApp. Hoy la yaya aprende recetas de repostería siguiendo a Carmen, una youtuber de Chiclana; nos deja comentarios en Instagram y nos mensajea los TikToks que le han parecido graciosos. Hace diez años aún había vida fuera de las RR. SS. Hoy las vidas de todos nosotros están inmersas en lo digital. Y esta es la realidad a partir de la cual vamos a estructurar este libro: a estas alturas, si queremos relacionarnos con otros maricones, necesitamos saber desenvolvernos en las RR. SS.
Si quieres ligar, necesitas darte un paseo por Grindrburgo o alguno de sus barrios aledaños. Hasta hace unos años era posible conocer a hombres en espacios de socialización gay: un bar, la sauna, en el cruising o en las asociaciones. Durante la pandemia las RR. SS. fueron la única alternativa para charlar o masturbarnos con otros hombres. Tras dos años en los que casi la única manera de conectar con otros gais fue a través de los entornos digitales, estos se han terminado convirtiendo en la principal vía de conexión entre nosotros: se ha producido una auténtica digitalización de nuestras relaciones sociales. La comodidad de contactar con otro hombre desde el sillón de casa para tener sexo fácil ya había posicionado muy bien esta alternativa, pero los confinamientos le dieron el empujón final para hacerse con la mayor parte del pastel de nuestros entornos de encuentro.
Cierto que en los últimos años estoy comprobando con satisfacción que los lugares tradicionales de socialización se están revitalizando y regresamos al ligue presencial en bares y discotecas. Pero mi observación se limita, claro está, a aquellas grandes ciudades donde el colectivo gay es tan amplio que los negocios pueden subsistir económicamente. Sin embargo, en ciudades y pueblos más pequeños, la escasez de estos locales determina que la única alternativa para socializar sea visitar Grindrburgo. Incluso e
