Introducción 
éste es, ante todo, un libro de consulta, de respuesta a preguntas y dudas acumuladas a lo largo de años y reflexión sobre el mundo cambiante, sorpresivo, doloroso y fascinante que nos ha tocado en suerte. Se trata de un vocabulario argumentado sobre las bases de problemas y situaciones sociales y no de un diccionario, por una causa: los términos incluidos sitúan a la mujer en el eje de conflictos, expresiones, dramas y realidades globales o regionales que, en conjunto, conforman significados y significantes del universo femenino en la época convulsa en la que vivimos
En ocasiones, una sola palabra deslumbra, cuestiona, confunde o estremece porque su vigencia, el tono con que se emplea y la intención depositada en quien la dice incita al lector a recorrer los vericuetos culturales que se ocultan detrás del lenguaje. Sin embargo, es el conjunto lo que define la naturaleza de la obra sin más pretensión que mostrar cómo y hasta qué honduras la mitad de la población mundial, subyugada y menospreciada durante milenios se ha transformado en décadas hasta cobrar conciencia de su propia valía y, en especial, de la distancia entre el lugar que le corresponde y el que ocupa en el mundo.
Tras siglos de una pasmosa inmovilidad, teñida de conformismo y ensombrecida por el silencio, la rebelión de las mujeres en pos de equidad sería imparable y tan beneficiosa que las reivindicaciones feministas de varias generaciones se han fusionado a los derechos humanos y a las estructuras democráticas en países avanzados que, por desgracia, no representan a las mayorías. En las sociedades más pobres, en desarrollo o dominadas por poderes y preceptos religiosos, los avances de género son lentos, escasos y accidentados. Se aceptan y se asimilan a cuentagotas y están aún tan lejos de la justicia que no se puede decir que la equidad de género sea una de las conquistas globales del siglo XXI.
Si algo puede corroborarse en esta obra es que nada en el planeta camina a los mismos ritmos ni en conformidad con los logros de la humanidad. Menos aún la justicia, cuya balanza oscila de manera tan arbitraria en lo que se refiere a niños y mujeres como ilógico e infrahumano es el reparto de la riqueza. Globales son las exigencias económicas y sus consecuencias nefastas, nunca los privilegios. Globales son los dramas femeninos, la insuficiencia de soluciones, los abusos, los prejuicios o la exclusión de las mujeres de múltiples ámbitos de la vida humana reservados a los hombres. Así que estamos lejos de afirmar que nuestro planeta y nuestro tiempo hayan atinado, por fin, con formas de ser y de vivir dignas de la condición racional y del saber de las generaciones.
Voces, adjetivos, sustantivos, situaciones familiares, sexualidad, efectos del medio, peculiaridades genéricas y circunstanciales: este Vocabulario de la vida femenina ha buscado a la mujer y lo femenino en los senderos del lenguaje, en los placeres, en las costumbres, en la enfermedad, entre expresiones coloquiales en reductos de la miseria, en las presiones padecidas por las agitadas relaciones sociales, amorosas y de trabajo o en la soledad de las viudas, en el dolor de la abandonada, en la mordida del hambre. Si bien el Diccionario de la Real Academia Española fue por necesidad punto de partida en la comprensión de los términos, pronto corroboré que el carácter mismo de la obra confirmaba la certeza de Alfonso Reyes de que “todo lo sabemos entre todos”, a condición de que ese saber resulte oportuno, claro y consecuente con el orden de quien lo piensa y lo requiere.
Sólo siguiendo la huella de la mujer en lo público y lo privado era posible descifrar el carácter de nuestro tiempo. Es cierto que lo femenino no puede sustraerse del todo humano ni es posible hacer apartados genéricos ni lingüísticos como si de dividir la vida se tratara, pero deslindar lo fundamental de lo secundario, al menos en las palabras, ofrece la invaluable ocasión de mirar, asociar, interpretar y aun poner el dedo en la llaga que no cierra, en un padecimiento que no acaba, en una injusticia que no encuentra armonía ni el justo medio en términos razonables.
No es glosario ni enciclopedia, pero el amplio espectro que abarca la mujer contemporánea conforma, por sí mismo, un lenguaje propio. Ésta es la mejor demostración de que nos encontramos inmersos en una verdadera revolución que sabemos dónde y cómo comenzó, pero todos ignoramos el rumbo que va tomando la vorágine respecto de la conducta del hombre, de la mujer y la pareja en sí, así como de la familia o de cualquier forma de asociación antes regida por la discriminación y los prejuicios de género.
El siglo XXI avanza como un inmenso embudo que recoge contradicciones y conquistas sin precedentes y deja salir síntesis imprecisas, y logros desiguales. No hay suficientes datos para vislumbrar una proyección del porvenir optimista en un mundo habitado por mayoría de pobres en límites de miseria que no dejan de tener en la mujer el eje reproductor de sus desgracias.
Siempre útil, la organización de un alfabeto de significados y versiones interpretativas es la clave en la ruta de aclaraciones aquí expuestas. Tras definirlo en cada entrada, se verá que, cuando es pertinente, el término se fortalece por el uso y su interpretación. En todo caso, cada vocablo en este Vocabulario representa una primera versión: lo demás corresponde al ojo y al juicio del lector, al vocabulario personal de cada individuo que piensa su circunstancia, ejerce la crítica y se pregunta el porqué de las cosas.

Abandonada. Dejada a su suerte. Familia desasida, sea por el Estado, por ambos padres o por uno de ellos. Según cada cultura, dejar a la mujer o madre de familia sin cubrir los deberes contraídos: económico, psicológico, solidario, social, político, espiritual y profesional. La abandonada es el eje reproductor de la miseria y virtual abandonadora que deja al garete a su prole. // Abandonar: usanza común e impune en Hispanoamérica y el Caribe, con modalidades: 1) el “pisa y corre”, que vulnera socialmente a los abandonados, 2) el divorcio temprano, acompañado de la irresponsabilidad compartida, 3) la deslealtad, que se potencia con actitudes inamistosas. El abandono se extrema por enfermedad, edad, adulterio, por “echarse a la bartola” o porque el abandonador se marcha sin compromisos, sin dejar pensión alimenticia ni ahorros. Peor si la víctima no puede procurarse seguridad. Para quienes carecen de ingresos propios, el abandono desciende a miseria. Peor si el marido decide “vivir su vida” con una joven que lo convierte en padre/abuelo. A las desamparadas, además, les aguarda el rebote discriminatorio de la menopausia. Entonces se duplica la humillación. Deprimida, sin opciones y marginada, la abandonada desciende en sus niveles de vida. Las culturas atrasadas o cerradas la fustigan. La realidad ilustra los contrapuntos del abandono: mientras que de él puede decirse que es un hombre atractivo, interesante, exitoso, guapo…, la feminidad se vuelve invisible.
Respecto de jefas de familia abandonadas, sólo en México se registran más de doce millones de hogares de “padre ausente”. Este fenómeno, en el siglo XXI, exhibe el desamparo femenino, aunque ella, por ignorancia o dejadez, suele ser cómplice de la desobligación masculina. Resignada a su suerte, envejece la abandonada asolada por el complejo de inferioridad y falta de autoestima en un Estado también desobligado.
Abandono del cuerpo. Descuido, dejadez. Contra la exageración de “mantenerse jóvenes”, destacan las que, por depresión o apatía, dejan de cuidarse a sí mismas y a los demás. Extremos peligrosos, uno y otro provienen de situaciones neuróticas.
Ablación (véase clitoridectomia). Mutilación parcial o total de los genitales femeninos. Ancestral costumbre practicada a niñas como parte de las creencias islámicas y ritos tribales, en algunas regiones de Medio Oriente y gran parte de África. Práctica asimilada, cultivada y transmitida especial pero no exclusivamente por musulmanes tradicionales. La ablación forma parte del estrecho sistema de valores e interpretaciones fijas respecto del matrimonio, la fidelidad femenina, la belleza o el prejuicio de la enfermedad. Sus defensores valoran el corte o sequedad de clítoris como garantía de fidelidad femenina porque, mutilada de sus labios genitales mayores o menores, ellas ya no podrán disfrutar el coito. En el norte de África, donde 95% de las mujeres mutiladas vive con dolores e impedida de satisfacción sexual, aun en casos en que el clítoris se les ha “secado” con detergentes, sal o ácidos, hay clanes que reconocen una estética peculiar en el contoneo de la infibulada al andar. De nada sirve penalizarlas porque, de tan arraigadas, estas vejaciones no se creen agresivas ni abominables, sino convenientes, apegadas a sus cosmogonías y necesarias para cumplir sabe dios cuáles fantasías populares, incluidas las femeninas. Este salvaje corte total o parcial del clítoris y los labios genitales mayores y menores, brutal aun en los casos en que se hace “sin quitar mucho”, ilustra los alcances de la opresión femenina en medios tradicionales. La ablación de las niñas es realizada indistintamente por un barbero, una matrona o las propias mujeres de la familia o del pueblo. La intervención médica o sanitaria es tan inusual en la castración como en el uso de medicamentos para reducir el dolor, evitar hemorragias y combatir infecciones, con frecuencia letales, causadas por una obvia falta de asepsia. Los instrumentos suelen ser desde navajas afiladas hasta las mismas herramientas con que se esteriliza al ganado o se arregla un par de sandalias; es decir, cualquier fierro cortante, navaja o cuchillo sirve para extirpar fundamentalmente el clítoris: “un resto indeseable de la personalidad masculina que ha de ser eliminado del cuerpo femenino”. Creen que, de no extirparlo, se convierte en un “dardo” que con sólo tocarlo puede causar la muerte del marido o, en su defecto, mutar a la larga en pene. Es difícil en nuestros días convencer a los seguidores de estos usos vejatorios sobre los riesgos, sufrimientos e inconveniencias fisiológicas de la mutilación femenina porque, aunque la propia madre haya sido víctima de este rito y padezca las consecuencias de manera vitalicia, quienes lo ejercen y lo exigen están convencidos de que son mayores los beneficios que los problemas que provoca, empezando por el rechazo de su gente.
Esencialmente tribal, la costumbre de extirpar parte o la totalidad de los genitales femeninos tiene su origen en un antiguo rito de iniciación. Se realiza de manera forzada a niñas originarias o vinculadas culturalmente a países africanos como Egipto, Sudán, Senegal, Somalia, Nigeria, Mali, Gambia y otros, 28 en total. Aunque popular entre musulmanes, no se puede atribuir al mandato islámico porque el Corán no sólo no toca el tema de manera directa, sino que minorías no musulmanas como aministas, judías y coptas cristianas también la ejercen. Algo ha servido la indignación mundial ante tal brutalidad que provoca partos de alto riesgo, infecciones constantes, sufrimiento vitalicio, coitos dolorosos y otras patologías físicas, psicológicas y culturales constantemente denunciadas por defensores de los derechos humanos, médicos, víctimas y feministas. Sin embargo y no obstante condenar esta y cualquier mutilación, no se ha podido evitar ni entre inmigrantes avecindados en Europa. Tanto numerosas ONG como la Organización Mundial de la Salud (OMS) intervienen con campañas sanitarias y educativas en pueblos involucrados en esta práctica para prohibirla y sancionarla en nombre de la dignidad de niñas y mujeres.
Ablactación. Supresión de la lactancia, destete. En países desarrollados es común destetar al bebé antes de los seis meses de edad. No así donde el hambre impera. En comunidades indígenas no es extraño observar que niños que hablan, caminan y corren continúan siendo amamantados por sus madres. Las fuertes campañas publicitarias a favor de la lactancia han logrado que más mujeres, incluidas las profesionistas, se sumen a la conveniencia de destetar a los niños pasado el primer año de edad.
Aborción. Aborto, acción y efecto de abortar.
Aborto. Malograr o interrumpir el embarazo, sea por causas naturales o de manera inducida. El aborto espontáneo ocurre de manera involuntaria, cuando el útero expulsa el producto por causas orgánicas u hormonales. El inducido se provoca empleando algún recurso diseñado para ese propósito, de preferencia quirúrgico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estimó que, a partir del cambio de siglo, se registran global y anualmente unos 46 millones de embarazos no deseados que terminan en abortos inducidos; de ellos, 20 millones o más se practican en condiciones de riesgo y dejan lesiones de graves consecuencias. Supuestamente y tomando en cuenta que éste es uno de los temas con más margen de error en las estadísticas porque la mayoría de las que abortan no lo hacen en hospitales ni con el requerido rigor sanitario, más de 13% de las muertes relacionadas con el embarazo —quizá 67 mil por año (considerando que no hay control sobre las prácticas clandestinas, que son abrumadoramente mayoritarias)— se pueden atribuir a complicaciones causadas por abortos realizados en condiciones de riesgo. En casi todas las democracias modernas abortar es electivo y legal o está despenalizado cuando se trata de salvar la vida de la mujer; en más de tres quintas partes de los países se permite practicarlo para preservar la salud física y mental de la mujer; y en un aproximado 40% por casos de violación, incesto o deficiencia fetal. Sobre los avances logrados al respecto, la acción de los detractores continúa siendo un freno y un yugo importante no sólo para evitarlo y condenar a quienes buscan concluir su embarazo indeseado, sino para impedir que hombres y mujeres reciban educación sexual y estén enterados de cuestiones relacionadas con la fecundidad y los métodos anticonceptivos. Lejos de disminuir, las cifras de abortos voluntarios en situación de riesgo aumentan de manera peligrosa en sociedades subdesarrolladas, en las que el problema de salud materno-infantil es peor por las condiciones de precariedad y los encandalosos índices de embarazos de adolescentes, en auge en pleno siglo XXI.
En paralelo a las batallas feministas para reinvindicar sus derechos se fortalece una activa, permanente y agresiva campaña antiaborto liderada por grupos religiosos y organizaciones ultraconservadoras. Al margen de creencias y posturas ideológicas, el problema de los embarazos tempranos y no deseados es en extremo grave. Millones de mujeres de cualquier edad y condición social, con hijos previos o sin ellos, casadas o en soltería, abortan con o sin licencia civil o religiosa y por encima de riesgos implícitos. También es una realidad que muchos gobiernos se oponen a legislar al respecto, y concretamente a despenalizar el aborto, para evitar enfrentamientos políticos y presiones eclesiales. Tal irresponsabilidad no ha hecho más que empeorar las cifras de mortalidad femenina y complicar las consecuencias sanitarias provocadas por abortos efectuados en condiciones insalubres, por manos inexpertas y de forma clandestina. No por ignorarlo, repudiarlo o hacer la vista gorda el problema disminuye o se subsana. Cuanto más se involucran y participan las autoridades en la organización de una infraestructura sanitaria, jurídica y educativa, menores son las consecuencias que han hecho de éste —el embarazo indeseado— uno de los dramas femeninos más frecuentados y gravosos en todas las culturas.
En su guía sobre el Aborto sin riesgos, la OMS declara que es la segunda experiencia obstétrica más común en el mundo y la menos vigilada, especialmente donde más se requiere: en comunidades pobres. Allí, donde además de sufrir carencias, maltrato y discriminación, las mujeres deben agregar el yugo de proles numerosas o, en su defecto, el acoso y la persecución relacionados con el lucrativo y arriesgado negocio del aborto clandestino. Abortar se considera seguro cuando se realiza por personal calificado en establecimientos de salud adecuados. Sin embargo, la frecuente ausencia o falta de acceso a tales servicios —seguros y legales— causa la muerte evitable de miles de mujeres vulnerables.
Por el reconocimiento internacional a la OMS, citamos datos publicados en la guía Aborto sin riesgos. Con respecto a los métodos de aspiración endouterina y de aborto con medicamentos, los cuales se ofrecen durante el primer trimestre del embarazo, se puede afirmar que son seguros, eficaces y adecuados para el primer nivel de atención y deben estar disponibles en los centros de atención con mayor capacidad y en muchos establecimientos clínicos del sector privado o público.
MÉTODOS DE ABORTO UTILIZADOS DURANTE
EL PRIMER TRIMESTRE DEL EMBARAZO
En el legrado uterino instrumental (LUI) se vacía el útero raspándolo con curetas (instrumental metálico). Otros términos para el LUI son: dilatación y curetaje y aborto quirúrgico. El legrado uterino instrumental se efectúa usando dilatadores mecánicos para abrir el cuello uterino y curetas de metal para raspar las paredes uterinas. Por lo general, este procedimiento requiere sedación intensa y anestesia general y, debido a un mayor riesgo de complicaciones, debe efectuarse sólo cuando no sea posible practicar la aspiración endouterina o el aborto con medicamentos.
En la aspiración endouterina se extrae el contenido del útero aplicando succión a través de una cánula que se introduce en el orificio cervical hacia la cavidad del útero. Otros términos para la aspiración endouterina son: aborto por succión, curetaje por vacío, curetaje por succión, regulación menstrual (RM) y minisucción. Según la OMS, la aspiración endouterina se suele practicar hasta las 12 o 15 semanas de gestación, según el instrumental disponible y las habilidades y capacitación del prestador de servicios de salud. La aspiración endouterina puede subdividirse en dos tipos:
Aspiración eléctrica endouterina. Utiliza la succión de una bomba eléctrica. Las cánulas empleadas pueden ser de plástico o de metal.
Aspiración manual endouterina (AMEU). Utiliza un aspirador no eléctrico. La mayoría de los instrumentos empleados para efectuarla son aspiradores portátiles. Con los aspiradores de AMEU se utilizan cánulas de plástico, que varían de rígidas a muy flexibles. Ambos procedimientos son seguros y eficaces. En un estudio reciente se confirmó que no existe ninguna diferencia significativa en la tasa de complicaciones entre estos dos métodos.
El aborto con medicamentos se practica hasta las nueve semanas de embarazo y, bajo protocolos de evolución, en embarazos con una edad gestacional de varias semanas más. Consiste en la administración de agentes farmacéuticos para propiciar la expulsión del producto uterino. Para el aborto con medicamentos entre otros términos figuran: aborto médico, píldora abortiva, RU486, aborto farmacológico y aborto farmacéutico. Con mayor frecuencia en este procedimiento el esquema utilizado consiste en el uso de la mifepristona y el misoprostol. En algunos lugares se utilizan el gemeprost, el metotrexate o el misoprostol sin combinar. Tanto la mifepristona como el misoprostol se emplean cada vez más para una variedad de indicaciones en ginecología y obstetricia.
MÉTODOS EMPLEADOS DESPUÉS DEL PRIMER TRIMESTRE
Existen varias alternativas para abortar después de las 12 semanas de gestación. Los dos métodos más frecuentados son la dilatación y la evacuación y el aborto inducido con medicamentos. La OMS señala que ambos son adecuados para interrumpir embarazos con una edad gestacional de más de 12 semanas.
La dilatación y evacuación es un procedimiento de aborto en el cual se dilata el cuello uterino y se vacía o extrae el contenido del útero usando una combinación de succión e instrumentos. El aborto por medio de este procedimiento es un método muy seguro y eficaz cuando es practicado por profesionales de la salud capacitados y con experiencia. La dilatación y evacuación es una técnica apropiada para el segundo trimestre y se utiliza en la mayor parte de las interrupciones de embarazos con una edad gestacional de más de 12 semanas en Estados Unidos.
El aborto inducido con medicamentos después de las primeras 12 semanas de gestación es un proceso en el que se administra uno o más medicamentos para provocar contracciones del útero, similares a las de un aborto espontáneo en las etapas finales del embarazo, que causan la expulsión del producto. El aborto con medicamentos después de 12 semanas también es conocido como aborto inducido con medicamentos. Los regímenes apropiados varían según la edad gestacional y los agentes empleados. Los protocolos para el aborto con medicamentos utilizados en la práctica del aborto durante el primer trimestre no son apropiados para estas gestaciones más avanzadas. Existen varios medicamentos que pueden usarse para inducir el aborto después de 12 semanas. Por lo general, entre éstos figuran uno o más de los siguientes: misoprostol, mifepristona y gemeprost. Los medicamentos utilizados para inducir el aborto después de 12 semanas comúnmente se administran por vía oral o vaginal, aunque es posible administrarlos por otras vías. Por lo general, se requieren múltiples dosis.
En África, donde se concentran las cifras más altas de VIH/sida y además las mujeres están expuestas a la malaria, el aborto clandestino es uno de los reductos más desesperados de estas infortunadas víctimas de la miseria. A pesar de las epidemias existentes en la región, por sobre millones de niños que nacen con sida y de las complicaciones que se acarrean en los embarazos, el aborto no sólo está proscrito, sino que ni siquiera existen alternativas anticonceptivas tan elementales y eficaces como el condón. Latinoamericanas, asiáticas, haitianas y millones de residentes en el brutal universo de la pobreza, además de enfrentar obstáculos sanitarios serios, tampoco tienen apoyos institucionales para regular su fecundidad, por lo que al problema de la violencia social e intrafamiliar tienen que añadir las consecuencias del sexo forzado o no deseado y la violencia ensañada contra las adolescentes, quienes tampoco tienen acceso a contraceptivos de emergencia. De ahí la importante intervención de la ONU y de organizaciones no gubernamentales para reducir los efectos de estos problemas de salud pública que atañen a la situación de la mujer en el mundo. Aborto seguro: guía técnica y de políticas para los sistemas de salud sería por consiguiente una de las orientaciones más valiosas de la ONU para que los sistemas de salud organizados conozcan las alternativas de un aborto considerado seguro, toda vez que el tema del inseguro está ya entre las prioridades de los derechos humanos y de la injusticia social por representar un factor de riesgo de muerte y lesiones maternas importantes en los países en desarrollo.
No sólo es permitir, sino garantizar que todas las mujeres en cualquier parte del mundo accedan a los servicios integrales de salud y educación sexual y reproductiva voluntarios, sin importar clase social, raza, orientación sexual, religión ni lugar de residencia. Así lo establece el Programa de Acción de El Cairo para 2015: un deber moral inaplazable para todos los gobiernos actuales. Tener acceso a los servicios legales relacionados con el aborto seguro es indispensable e inaplazable, democrático y civilizado, para contrarrestar prácticas tan atroces y salvajes como la desesperada introducción de botellas, escobas y objetos punzocortantes al útero para provocar el aborto; sustituir brebajes abortivos o la intervención insalubre de matronas y personas desautorizadas con procedimientos y personal autorizados sería uno de los mayores logros de la globalización en nuestro siglo XXI. La primera condición ética es la dignidad. En el caso de las mujeres, y de las mujeres en situaciones miserables, la dignidad es lo más mancillado por la humillación a la que se las somete en todos los órdenes de la vida: desde la atroz ablación, su función reproductiva y su constante exposición al sexo y al embarazo indeseados hasta la dureza de su sobrevivencia.
Para el dalái lama, la fuente de todos los problemas es, más que el dinero, la superpoblación, por lo que hay que difundir y potenciar el control de la natalidad. “Ya es hora de romper con los tabúes religiosos —dijo— incluidas algunas tendencias budistas.” Y, agregó:
Cada individuo es una posibilidad de prodigios. Y el aborto es un acto violento que rechazamos. Pero si miramos las cosas con cierta distancia, si intentamos hacer un punto de vista general, cosa nada fácil, entonces vemos simplemente que somos demasiado numerosos para este planeta y que mañana esta sobrecarga se agravará. Ya no es una cuestión de moral, ya no es una cuestión de fascinación beata ante la compleja belleza del espíritu humano, es una cuestión de pura supervivencia. En este momento contamos con unos siete mil millones1 de vidas preciosas que están directamente amenazadas por otras vidas preciosas que vienen a millones [...] Así que si queremos defender la vida, en concreto los miles de millones de preciosas vidas que en este momento se apretujan en el planeta, si queremos ofrecerles un poco más de prosperidad, justicia y felicidad, tenemos que prohibirnos crecer en número.
Jean-Claude Carrière, en entrevista con su santidad en La fuerza del budismo, el dalái lama, escribió que todas las mujeres deberíamos lamentarnos de que su voz no haya podido ser oída en la Conferencia de El Cairo, en septiembre de 1994, porque no se le invitó. “En esa cita que el dalái lama consideró ‘muy importante’ volvieron a manifestarse los criterios más fundamentalistas: negativa a ver el mundo tal como es, imposición a la mujer del silencio y la sumisión, apología de la fidelidad y la abstinencia, es decir, de la ausencia de amor.”
Abrazo. Acción de abrazar o abrazarse, ceñir o estrechar a otro entre los brazos en señal de cariño. Rodear con los brazos quizá con el deseo inconsciente de unirse o fundirse en un solo ser, de reducir el espacio que separa a dos que se aman. Envolverse, abrigarse, contenerse como quien condensa un paréntesis y amplía el poder reparador del silencio. Todo se manifiesta al juntar los cuerpos: confianza, ternura, afinidad, simpatía y afirmación comprensiva. Unir dos cuerpos y juntar soledades consagra el instante. Estrecharse es un don que se da recibiendo a la par que dando. Desvirtuar el propósito de este impulso por borrar el vacío entre dos presencias supuestamente entregadas a la apertura del corazón rompe el círculo mágico de la simpatía verdadera. Los desamorados se abrazan poco y se abrazan mal.
Abstinencia sexual. Abstenerse de actividad sexual. Privación parcial o total involuntaria por causa física o patógena y voluntaria por cuestiones religiosas, ánimo de sacrificio o un padecimiento neurótico por varias causas: homosexualidad reprimida, regresiones patógenas, miedo al sexo, angustia de castración, impotencia, insuficiencia de la libido; por motivos morales vinculados a la represión, votos religiosos, amor al sacrificio, etc. // En otra acepción, síndrome de abstinencia es el padecido durante el tratamiento curativo de alguna adicción, principalmente a las drogas.
Abuela, o. En relación con una persona, el padre o la madre de su madre o de su padre. // Estación vital que más transformaciones interpretativas, prácticas, emocionales e intelectuales presenta. Por causas hormonales, la abuela ha concluido su etapa de fecundidad reproductiva. “Envejecimiento” y “abuelo” han dejado de ser sinónimos necesarios. Por prejuicio y asociación con la menopausia y el envejecimiento, la sociedad, velada o abiertamente, trata a las abuelas como ciudadanas de tercera.
Con las maternidades tardías también se ha modificado la edad inaugural de las abuelas e, incluso, la desaparición de esta función. En especial las hijas de los baby boomers que han renunciado a la maternidad ya han modificado la composición de las familias y de la sociedad. Correlativa a la franja femenina, integrada por mayoría de profesionistas y económicamente independientes que elige no reproducirse, existe la de mujeres mayores que no solamente no serán abuelas, sino que por la mejora de la calidad y las perspectivas de vida ya son parte del envejecimiento de la población, con los agravantes sociocultares de este fenómeno.
De abuelas a abuelas, la realidad pluricultural abarca desde las cuidadoras tradicionales que intervienen en la formación afectiva y moral de los nietos hasta el ejemplo más recio de madurez femenina, cuyo tránsito a la vejez no representa un trauma por indefensión, incapacidad, improductividad ni falta de autonomía. Entre ambos extremos, la imaginación literaria ha superado a la realidad tipificando situaciones y personajes que no corresponden a la versatilidad imperante de nuestro tiempo. Vale citar que, así como el pensamiento mágico ha hecho de las hadas la personificación del bien entronizado en la juventud y en la belleza ideal, el ficcionario popular ha creado sus estereotipos de abuela: la buena, la mala, la fea, la envidiosa, la inválida y desdentada, la torpe que no para de cometer errores… La abuela/abuela, en una de sus versiones imaginarias más socorridas, es la gordita de gafas, cabellos blancos recogidos en moño, chal y pantuflas para soportar el reumatismo o los juanetes.
Emblemática de los relatos infantiles, la “abuelita” de Caperucita Roja es una pobre anciana confinada, inútil y enferma. Senil y quejumbrosa, dependiente de los demás, carente de voz propia, de sabiduría y aptitud para sobrevivir y valerse por sí misma. Si acaso, sirve para cocinar y desempeñar mínimos servicios domésticos, aunque ya no tenga una clara razón para sentirse útil para los demás. Es tan buena, quizá llorona e incapaz de enfrentar y resolver problemas que extrema su indefensión ante la presencia del lobo; es decir, puede abatirla y ser devorada por cualquier artimaña furtiva. Una desamparada a expensas del rescate accidental del cazador. Un símbolo del amor en estado de enfermedad y, como las brujas, también relacionada con la sombra de la muerte.
La diversa y múltiple figura de la abuela, por tanto, es un espejo preciso de la desigual composición de las sociedades, interna y externamente. Tal pluralidad expresiva de lo femenino se tiende como arco en tensión entre la sombra senil y doblegada por el trabajo doméstico y abnegado, la enfermedad y el peso del sufrimiento agregado a décadas de maltrato, carencias y abandono, y la ágil mujer citadina que devenga un salario, ejerce libertades y derechos y está en aptitud de disfrutar los beneficios del retiro en estado de salud. No obstante las diferencias de clase, de educación y de niveles de conciencia respecto de su situación en el mundo, entre ambos extremos, equivalentes a los de la riqueza y pobreza, se perfila la naturaleza de una misma cultura afectada por el fenómeno del machismo y su connatural menosprecio a lo femenino. En este universo, “la abuela” convencional es de hecho una suerte de madre sustituta: vientre complementario de los hijos de sus hijos, con sus ventajas y agravantes. Y no se diga respecto de la marginalidad, en la que madre e hija van pariendo a la par, de manera simultánea. Tras el susto, la indignación y la furia desatada y no exenta de golpizas ante la noticia de que alguna adolescente ha sido preñada y abandonada, la abuela asume su ancestral condición de madre y amplía sus atribuciones en una familia cada vez más extensa, más diversa y expuesta a multiplicar la miseria. Ésta es una de las verdades eje del desamparo social de las latinoamericanas y de la pobreza en general.
La economía global, entre otros dramas, ha violentado la presencia vital de las abuelas con el fenómeno migratorio. La dispersión familiar se agrava al ritmo del desempleo y del desamparo femenino por lo que, en medio de una descomposición visible de la sociedad, niños y abuelos sufren la peor parte.
Abuso. Usar excesivamente a otro en beneficio propio, con o sin su consentimiento aparente. Explotar, inducir u obligar a otro a acatar la voluntad del abusador. // Usar o consumir excesivamente un objeto o sustancia, una droga, un alimento, una bebida, etc. Si es de índole sexual, el abuso puede ser psicológico, virtual, físico, con o sin torturas y por encima de la libertad y los derechos implícitos. En los extremos de violación y agresiones, provoca daños irreversibles, incluso la muerte. // Cualquier acto obsceno que atente al pudor de una persona mediante contacto con ella o no; por ejemplo, obligándola a masturbarse y realizar conductas deshonestas. La coerción del abusador, sin distingo de sexo, suele encubrirse con máscaras atrayentes y gestos de seductor. Sea mediante el sigilo perverso o con violencia, amenazas, intimidación, coerción o agresiones directas o indirectas, el abusador doblega y humilla en grados mayores o menores. El abuso merma la autoestima del abusado, su dignidad, su presencia social y su razón de ser. // Extralimitación de atribuciones, también practicada por mujeres. // Prepotencia y certeza de cometer delitos e injusticias como derechos: explotación infantil, esclavitud sexual, maltrato… // Sustento del totalitarismo, del autoritarismo y de fanatismos; nutriente de tiranías, dictaduras y gobiernos populistas, es difícil deslindar el abuso público del privado. Infaltable en teocracias, cofradías, pandillas, bandas y agrupaciones clandestinas como táctica de dominio y sujeción.
Acariciar. Rozar con suavidad, ternura y delicadeza. Tocar con cariño.
Acertar. Dar en el blanco por un golpe de intuición: atributo femenino que suele funcionar para desenmascarar mentiras e infidelidades.
Acoplarse. Procurar la unión sexual. Conexión sexual. Unirse dos personas íntimamente, encariñarse. Entenderse, avenirse, compartir un lenguaje de signos, señas eróticas, tiempos y zonas de placer.
Acorralar. Poner al cónyuge u otra persona contra la pared y no dejarle salida.
Acosar. Perseguir, amenazar, humillar e intimidar a una persona o a un animal sin descanso y mediante actos, sugerencias o palabras amenazantes. Molestar reiteradamente a alguien con insinuaciones, requerimientos sexuales, reprensiones laborales o agresiones que directa o indirectamente acentúan la indefensión y atentan contra la integridad, la seguridad, la libertad, la dignidad, la honestidad, los derechos o el bienestar de la víctima acosada. En todas sus manifestaciones, implica un desequilibrio de poderes: el más fuerte, prepotente, autoritario o dominante se impone sobre el débil, el de carácter más pasivo, el menos agresivo y con menor posibilidad de defensa. El humano es el único animal que deliberada y perversamente acosa a un miembro de su misma especie para molestarlo, vejarlo y reducirlo. De gravedades diferentes, se ejerce de maneras diversas: acoso conyugal, sexual, escolar, económico, racial, étnico, amoroso, político, social, laboral, publicitario, religioso, económico, etc. Aunque acosar es en esencia una actitud masculina, quizá porque de cada diez personas que acosan a otro, cuando menos ocho son hombres, las mujeres no están exentas de cometer este tipo de agresión.
Acoso escolar. Bullying por su nombre en inglés; bulear. Abuso o maltrato físico y psicológico que ejercen niños y jóvenes en contra de condiscípulos vulnerables. Se bulea de manera directa cuando un grupo se apoya entre sí, con técnicas pandilleriles, para agredir a otros no necesariamente más débiles, sino diferentes. // Publicar en las redes sociales o cualquier otro medio fotografías, datos íntimos, confidencias, burlas o comentarios que dañan el prestigio y la dignidad del acosado. Cualquier cosa puede provocar reacciones persecutorias por parte de niños o jóvenes agresivos, envidiosos, racistas, prepotentes y envalentonados en grupo. El fenómeno es antiguo, pero se agravó en frecuencia e intensidad por el uso indiscriminado de la web. Los alumnos respetan menos a los maestros y el principio de autoridad se ha vulnerado por el relajamiento de las costumbres. Penalizado en las democracias, el acoso escolar coincide con la violencia en las calles. Mediante campañas pedagógicas e incremento del número de denuncias, las instituciones están reaccionando con medidas restrictivas y preventivas. El ciclo vincula la violencia intrafamiliar y el estado de descomposición social que incluye a las escuelas. Niños y ancianos son las mayores víctimas del acoso. Unos y otros, por vergüenza, por miedo al verdugo, por alguna incapacidad o por creerlo “un asunto privado” sufren en silencio. Los expertos aseguran que el maltrato/acoso en estos dos grupos vulnerables se ha incrementado en el siglo XXI hasta en 110% en conglomerados urbanos. La mayoría de los afectados convive con el agresor durante varias horas al día. Desde que se multiplicaron las noticias sobre suicidios de niños y adolescentes que eran objeto de ataques, burlas, golpes e intimidación sistemática, se han tomado en serio la investigación y la normativa judicial respectiva. Entre las causas del acoso escolar no hay que descartar el consumo de drogas entre la población juvenil ni la expansión del pandillerismo: emblema de la degradación urbana de nuestro tiempo.
Acoso laboral. Persecución e intimidación en el centro de trabajo. Desde una situación ventajosa, lo ejerce una persona con poder sobre otra. Por modesto que fuera para la mayoría femenina, conseguir o mantener un empleo o contrato significaba sufrir el acoso sexual del jefe. Es difícil separar el acoso sexual del laboral y económico. Gracias a la presión de los movimientos feministas y por los derechos humanos, esta y otras formas de sujeción comienzan a penalizarse.
Acoso sexual. Asediar con intenciones sexuales a una persona mediante actos de intimidación, amenazas, insinuaciones, malos tratos o seducción engañosa, agresiva o violenta. Sin distingo de homosexuales o heterosexuales, hacer peticiones repetidas e incómodas de contenido sexual. Los estudios revelan que la mayoría de los acosadores de niños, jóvenes y mujeres ejerce alguna autoridad sobre las víctimas: parientes, vecinos, jefes, profesores, deportistas, médicos, sacerdotes, entrenadores, actores o figuras públicas. Verbal y de contenido que va de lo obsceno a lo procaz, el acoso callejero se disfraza de piropos e incluso aproximaciones físicas turbadoras y ofensivas. Común en transportes y espacios públicos, donde el acosador se siente protegido por la multitud, las mujeres han comenzado a reaccionar contra esta vejación. // El pederasta acosa a púberes de manera directa y abusiva o indirectamente, desde redes sociales y correos electrónicos. Actual y en boga mediante engaños y procedimientos dolosos, el acoso en pequeña o gran escala se ha involucrado en la desaparición de personas, la esclavitud sexual, robo de púberes y otros delitos graves.
Hasta tiempos recientes, el asedio actuaba en complicidad con el medio. Por desgracia, éste es uno de los mayores problemas del siglo XXI que, por superar los medios para contenerlo, en la mayor parte del mundo los acosadores o agresores actúan con impunidad. // Demostración social del poder masculino, también hay mujeres que asedian al objeto de su deseo. Fomentar la cultura de la denuncia es tan importante como la presión ciudadana para actuar en consecuencia. Causa de alarma en guarderías infantiles, escuelas, hospitales, iglesias, seminarios, centros de trabajo, gimnasios y clubes deportivos, la sociedad está dejando atrás su pasividad ancestral para exigir medidas educativas, correctivas y punitivas.
Acostarse. Echarse, descansar, tumbarse, dejar el cuerpo tendido y en reposo. Poner el cuerpo en posición horizontal, particularmente en la cama. Recogerse para dormir en la noche, tenderse. En uno de sus aspectos, es el acontecimiento más importante y el más vinculado al ejercicio sexual, a la relajación y al sueño reparador. Influye en la consolidación psicológica de las personas. Rito de iniciación sexual, expectativa y hallazgo; se dice “acostarse” como sinónimo de coito porque el lecho o la cama ha sido, desde la antigüedad, símbolo de regeneración a través del sueño y del amor. // Se asocia a la muerte y al nacimiento. // Extenderse, tenderse o acostarse participa de la doble significación que remite de lo sagrado y al misterio del fin y del principio, de la oscuridad y la luz. Quizá por eso la cama es el objeto fundador de la casa porque en ella se realizan los actos fundamentales de la vida.
Adelgazar. Obsesión femenina distintiva de nuestro tiempo que se manifiesta en edades cada vez más tempranas. // Perder peso. Hacerse o ponerse más esbelto, desengordar, desengrasarse, amojamarse, demacrarse, descriarse, enflacar, desnutrirse; ponerse a dieta, estar a régimen. El peso y la apariencia del cuerpo son preocupaciones prioritarias de las mujeres de clases medias y altas en las sociedades de consumo. Predominantemente femenina, esta obcecada urgencia de ser flaca, parecer modelo y mostrar —más que tener un cuerpo saludablemente natural—, refleja la manipulación de los mensajes propagandísticos, las modas y la publicidad. // Reacción radicalmente opuesta al sobrepeso y la obesidad que destacan entre las patologías de la vida moderna. Cuando el adelgazamiento acusa síntomas neuróticos, puede provocar padecimientos tan graves como la anorexia, la bulimia y la ortorexia.
Admiración. Condición que se imponía a las muchachas para supeditarse al poder masculino desde edades tempranas. // Reconocimiento superlativo por algo o alguien. Ponerse ante otro considerado superior, original o extraordinario. Reconocer en grado sumo singularidad, belleza, talento, armonía de la naturaleza o una obra de creación o algo fuera de lo común. // Se dispensa, profesa, siente o se tributa admiración por algo o alguien. // También se es causa de admiración y sus atributos despiertan, producen, provocan o inspiran admiración. Cuanto más limitada la formación personal, más proclive a desbordarse en actos entusiastas y manifestaciones de admiración por otro: “Cuánto lo admiro a usted” se oye en reuniones sociales, actos académicos o artísticos, etc., sólo porque algunas personas se sienten o se quedan impresionadas con figuras públicas. // Ser o sentirse admirable por lo que ostenta o representa, por lo que se dice de él o ella o por lo que suscita en la imaginación del otro. // Sentir admiración por actrices, modelos, hombres o mujeres “de éxito”, políticos, líderes sociales, escritores, etc., fenómeno típicamente clasemediero, por ser este estrato el que anda en busca de referencias para fortalecer su identidad y así lo hace con referentes de movilidad. Las clases medias se admiran de lo que no entienden, las rebasa o asombra; las personas cultas, en cambio, no se desbordan en actos de admiración, sino que practican el reconocimiento. Las clases altas, autosatisfechas y prepotentes, no admiran ni reconocen, esperan ser admirables y admiradas por su situación económica y social.
Adolescencia. Edad del pavo. Periodo del vertiginoso tránsito de la niñez a la vida adulta. Pubertad y formación de la personalidad. Etapa en la que aparecen los primeros indicios de la maduración sexual. El proceso termina, por lo general, con el desarrollo psíquico y la maduración del carácter y del cuerpo físico. Etapa de la vida en que el cerebro y las funciones sexuales, intelectuales, alimenticias, sociales y emocionales coinciden con una formidable producción hormonal que se refleja en la conducta. // Hacia los once años de edad, las niñas inician su periodo menstrual, crece el vello público, el cuerpo se transforma de niña a mujer, sus intereses se modifican y la vida se encamina hacia la realización de un destino que exige su propio espacio, vestimentas diferentes, expresiones de libertad, primeras experiencias sexuales y el acceso a un lenguaje totalizador en el que los significados requieren congruencia con los significantes. Hora de mantenerse alerta sobre las presiones sociales y tener en cuenta que problemas como la anorexia y la bulimia se concentran en grupos de jóvenes con tendencias depresivas o más sensibles a los influjos del exterior, a las modas y a los efectos del consumismo.
Más lenta, no obstante agitada, la adolescencia masculina suele comenzar hacia los trece años. En ambos casos concluye aproximadamente a los dieciocho. Cambia la voz, el cuerpo se recubre de vello, en algunos aparecen indicios de acné y un claro horror por el propio aspecto físico; la enorme cantidad de energía que requiere el crecimiento masculino los lleva a dormir de más y a padecer letargos, lo que suele provocar disgusto en los padres, quienes a su vez están dejando atrás su juventud. Entre ambas generaciones surgen enfrentamientos con indicios depresivos y hasta violentos. El deporte, la música, la tendencia a refugiarse en sus coetáneos, el aislamiento y rechazo de los adultos y la exploración de la sexualidad son reductos para canalizar la energía y afianzar la identidad en formación. // Quizá la etapa más conflictiva del ser humano y la de mayor rebeldía, porque los padres, a su vez sometidos a sus respectivos cambios generacionales, pierden el control habitual sobre los hijos. Los adolescentes comienzan a estar conscientes de sus transformaciones y de su autonomía gradual, aunque ignoren aún cómo gobernarse, hacia dónde dirigirse y cómo armonizar las reacciones extremas. Unos a otros se recriminan falta de comprensión o de inteligencia para manejar la situación y no es extraño que aparezcan desórdenes alimenticios, cambio radical de los viejos hábitos e irregularidades escolares. La promiscuidad sexual y las relaciones de riesgo repetitivas sin protección pueden indicar problemas emocionales subyacentes, aunque también acusan un estilo de vida al límite. Los que asumen riesgos en algunos aspectos peligrosos tienden a repetirlos en otras facetas de su existencia. Por eso se requiere orientación, porque deslinda la vida equilibrada y madura de otra que va a arrastrar la inmadurez, empeorándola, a la hora de asumir compromisos propios del adulto. Tales consecuencias recaen en la inmadurez emocional de las parejas, en los conflictos manifiestos en el campo laboral, en el ejercicio de la paternidad o en la maternidad y en las relaciones sociales, donde más se repite el patrón padecido o subsanado durante la adolescencia.
En los adolescentes se acentúan los extremos de vitalidad, tendencia a la infelicidad, desconcierto y confusión. La falta de experiencia se acompaña de síntomas de inseguridad, angustia, duelos por la identidad infantil, temores, hallazgos, perplejidad ante el futuro y atrevimientos que pueden condicionar el comportamiento futuro. Son de suma importancia los referentes, el medio familiar y social de los jóvenes, la educación, las creencias y la aceptación de la autoridad en la infancia. Sólo en casos extremos desvían sus vidas al pandillerismo, el consumo de drogas, la agresión y la conducta delictiva. Incurrir en autoritarismos, presiones innecesarias, confrontaciones e impulsos prepotentes es tan grave como la tentación contraria del indiferente que no quiere darse cuenta de que los hijos ya no son ni serán los mismos. Comprensión, paciencia, sentido común, observación e intervención cautelosa, orientación y confianza amorosa es lo que piden los adolescentes, aunque no lo digan de manera directa.
El entorno social, urbano y escolar es tan decisivo como el familiar. De ahí que las adicciones entre adolescentes no siempre sean correlativas a la calidad familiar. Lo propio vale respecto del riesgo de contraer sida y otros padecimientos de transmisión sexual que sitúan a los jóvenes entre la población de más alto riesgo. Las recomendaciones generales valen para todos los países: evitar embarazos tempranos con una educación sexual expedita, completa y oportuna, libre de prejuicios, especialmente religiosos; reconocer las tendencias homosexuales y las necesidades que tradicionalmente se niegan u ocultan en medios tradicionales y aceptar con naturalidad que la vida es un aprendizaje para todos.
Entre las más reprobables agresiones contra los menores de edad destaca la costumbre de desposar a niñas y adolesentes —en general con varones mayores— incluso antes de tener su primera menstruación en países asiáticos como Pakistán, Afganistán, India y numerosas poblaciones de África. A sus naturales conflictos biológicos las niñas/esposas, y ha poco madres tempranas, agregan esta agresión que las arroja al mundo de los adultos, con sus responsabilidades y agravantes.
Por analogía, la etapa adolescente se aplica a la inmadurez de las sociedades en tránsito, cuya efervescencia se manifiesta con disturbios violentos y situaciones jurídicas, políticas y económicas sin resolver. Se dice también de los adultos con reminiscencias inmaduras, por no haber superado estadios psicológicos característicos del adolescente.
Adulterio. Para la Academia, el ayuntamiento carnal ilegítimo de hombre con mujer, siendo uno de los dos o ambos casados. Aplicable al matrimonio homosexual, no obstante excluido en diversas legislaciones. Delito que comete la mujer casada que yace con varón que no sea su marido, y el que yace con ella sabiendo que es casada. Infidelidad. Falta cometida por una persona casada que sostiene relaciones sexuales con otra distinta del cónyuge. // Encornudar, engañar, faltar, poner cuernos. Faltar a la fidelidad conyugal. El(la) adúltero(a) es por definición infiel y puede o no tener el consentimiento velado o abierto de la cornuda(o), el sufrido(a) o cónyuge complaciente o tolerante. // Tan antiguo como la pareja humana, en la historia se registran etapas de mayor disipación que otras, como Francia en el siglo XVIII y en la actualidad, en que la fidelidad es estrictamente circunstancial y un evento consentido o no por las partes involucradas. En la tradición islámica, más rigurosa, se castiga a la adúltera con la lapidación; no así al hombre, para quien no existe correspondencia en tal severidad. Para ejercer el castigo es suficiente la opinión o acusación del cornudo y la comunidad participa en la condena, que consiste en enterrar a la víctima, generalmente hasta los hombros, y arrojarle piedras hasta causarle la muerte. Algo menos bárbaros, otros pueblos discriminan a la adúltera, la aíslan social, religiosa, familiar y económicamente incluso destinándola a la mendicidad y al repudio vitalicio por parte de la comunidad. Aunque parezca increíble, numerosas legislaciones incluyen el adulterio —especialmente femenino— entre la clasificación de delitos. La mujer es penada de modos diversos, desde la consumación el divorcio inmediato por voluntad del marido quien, en la tradición del “repudio”, sólo requiere pronunciar que la rechaza para hacer válido el procedimiento, hasta la agresiva intervención de los parientes que de manera impune arrojan ácido a la cara y al cuerpo de la víctima, como en India, Nepal, Pakistán, etc. En otros países, también con fuerte presencia de poblaciones intolerantes, se la confina a encarcelamiento atroz.
Occidente ha sobrellevado el adulterio como expresión cambiante de la sociedad y la estructura de la pareja. En los puritanos Estados Unidos, aunque parezca contradictorio de su realidad, continúa considerándose entre las causales de divorcio. Como en Inglaterra y gran parte de Europa, los casos de adulterio entre las figuras públicas también son motivo de lucro y grandes escándalos públicos entre los estadunidenses. Sin embargo, el fenómeno tiende a ser cada vez más permisivo porque la pareja tradicional se encuentra en franca extinción. Existen nuevas formas de convivencia en las que los cónyuges aceptan una relación estable con una persona y comparten, cada uno por su lado, relaciones más o menos efímeras y abiertas con otra u otras del mismo o distinto sexo.
Afeminamiento. Amaneramiento de varones que imitan, caricaturizadas, actitudes femeninas, afectaciones o imposturas en la conducta, la apariencia o los tonos de voz. En sociedades abiertas es más visible la presencia de afeminados quienes, quizá por notoriedad o afán de exhibirse, incurren en situaciones ridículas que no desconocen ni les molestan. Es un fenómeno en expansión entre varones que adquieren aspecto, modales, gestos, fingimientos, atavíos, aliños y hasta modulaciones exageradas de mujer, pese a no eliminar arrestos viriles, aunque también bizarros. Por analogía o extensión del término, se les dice metrosexuales por el esmero que invierten en el cultivo y cuidado exagerado de su aspecto, en el amor a sí mismos, su culto al individualismo y la apariencia física. El metrosexual no es necesariamente afeminado y ni siquiera gay, aunque se los confunde. // Amaricados, amariconados, ahembrados, cachorros, afeminados, mariquitas, muñecos, los afeminados están en medio de todo y, a los ojos de los demás, no encuentran sitio en ninguna parte: han renunciado a su masculinidad, pero están lejos de comprender la esencia femenina, emulan movimientos, contoneos, tonos y expresiones femeninas, pero enfatizan la falsedad, la impostura y la ridiculez. Frecuente y cada vez más visible, el afeminado ya ha encontrado acomodo en sociedades cada vez más diversas, plurales y también más indiferentes a lo que hacen o a lo que quieren parecer los demás.
Afrodisíaco. Alimento, aceite, aroma, roce, droga o estímulo de cualquier orden que despierta y aviva el deseo sexual. Encontrar el afrodisíaco perfecto ha sido obsesión permanente de la humanidad. Pese a su dudosa eficacia, los comerciantes de Oriente y Occidente no han dejado de enriquecerse con la venta de productos promisorios como tónicos, cremas, cuernos en polvo como el del codiciado rinoceronte, huesos, sangre de buey, opio, raíces como el ginseng, hongos, penes de varios animales, etc. // Se aplica a las cosas que excitan el apetito sexual al través de los sentidos: peyote, morfina, mandrágora, salvia, LSD, ámbar, canela, belladona, hachís, jengibre, mariguana, vainilla, nuez moscada, huevos de tortuga... // Secreto ingrediente íntimo que aviva la sensualidad, atrae a Eros y augura un venturoso encuentro sexual, de preferencia precedido por escarceos, aunque no necesariamente. // Complemento auxiliar del erotismo y la sensualidad de preferencia externo y sin excluir la pornografía. // Potencia el deseo, aviva la fantasía y con suerte hasta mejora y desinhibe la energía sexual. Así la oxitocina, como el alcohol, cuyos efectos socio-cognitivos disminuyen inhibidores sexuales como el miedo, el estrés y la ansiedad. Se atribuyen propiedades excitantes al influjo de sahumerios, alguna droga, la sugestión, olores, infusiones de yerbas, productos animales y químicos a los que pueden añadirse películas alusivas, publicaciones, masajes, etc. Olor, vista, gusto, tacto y oído completan su acción. Cada cultura tiene en su herbolaria y medicina natural una sorprendente lista que abarca desde el despertar los sentidos, la energía sexual y culto a deidades hasta la fecundidad asegurada: chocolate, almizcle, infusión de damiana para problemas de erección, mariscos, algunos aceites aromáticos, etc. Nada, sin embargo, como “el milagro del milenio”: el viagra o “píldora azul”, que encabeza los fármacos de mayor venta en Occidente. Garantiza una erección firme y sostenida durante algunas horas. Los beneficiarios aseguran que ha modificado su vida sexual de manera radical. Hay una fórmula equivalente para mujeres, pero ni su consumo ni su popularidad compiten con el viagra.
Agachada. Subyugada, derrotada, humillada. La que está agachada vive, padece y sufre la adversidad con la cabeza baja. Actitud pasiva y carácter tan doblegado, que lentamente desaparece de ella cualquier vestigio de amor propio. Se dice de la mujer apocada, que se esconde, se hace menos, se inclina hacia abajo encogiéndose, plegada al dominio de otro o vencida por la adversidad.
Agresión. Acto contrario al derecho de otro. Ataque, golpe, insulto, humillación y daño causado a una persona, a animales o cosas. // La agresividad es el impulso de hacer daño, destruir, humillar, achicar al agredido. En el machismo: afán de destrucción hacia el sexo contrario, por lo que el psicoanálisis vincula la agresividad al instinto o a la pulsión sexual. Desde la perspectiva antropológica, la agresividad forma parte del instinto de supervivencia, aunque la extrema agresividad contra los de su propia especie sólo ocurre en el hombre. Los agravios presiden la violencia familiar. Se la asocia a relaciones sado-masoquistas y estados de supeditación de los más débiles. El agresor ataca, se lanza contra los demás para herir, causar daño, zaherir, insultar y golpear de palabra y obra, por lo que es explicable que el psicoanálisis admita que la conducta del sádico o de quien odia surge de un complejo juego entre los dos grandes tipos de pulsiones postulados por Freud: el sexual y el de autoconservación o pervivencia. Abierto el camino a la violencia, toda transgresión está permitida. Ante el cúmulo de crímenes cometidos por violencia de género, las agredidas pueden salvarse y huir a la brevedad: denunciar, hacer maletas, acudir a un psicoanalista y situar al agresor en el espacio penal que le corresponde.
Alcahuete, a. Intermediario. Mediador(a) en relaciones amorosas o sexuales irregulares o encubridora de ellas. Mejor conocido como “metiche” en la cultura latinoamericana, interviene en lo que no le compete, de preferencia en arreglar amores. En sus orígenes el término definía casi con exclusividad al mediador de relaciones amorosas, al encubridor de vínculos sexuales ilícitos o irregulares. La Celestina encarnó el oficio y desde las letras universalizó el término hasta fusionarse al quehacer cotidiano. Hoy consideramos alcahuetes a quienes transmiten chismes y asuntos o negocios reprobables de alguien. También alcahuetean los que intervienen en situaciones o asuntos ajenos y en particular en la vida de los demás, de preferencia mujeres. Porque alcahuetear es “chismorrear”, el alcahuete es un eterno maquinador de patrañas. // Cómplice que aguarda recompensa por sus “tapujos” o sus maledicencias. Hábil recolector de intimidades ajenas, las va comunicando a discreción, según sus intereses; incluso interviene haciendo cuentos o emitiendo mensajes aquí y allá para conseguir lo previsto, lo cual no suele ser transparente ni legal. Ofrezco la versión de Emilio García Gómez del poema La alcahueta, del poeta arábigo andaluz Abu Chafar Ahmad Ben Said, muerto en 1163, para mejor ilustrar la función y el significado del término:
Alcahueta que hace gala de su oprobio, más encubridora que la noche para el caminante.
Entra en toda casa, y nadie sabe hasta qué punto penetra en ella.
Cortés, acogedora del que encuentra; sus pasos no molestan al vecino.
Su manto no se dobla nunca, más inquieto que bandera de combate.
Aprendió, desde que conoció su utilidad, la diferencia que hay entre crimen y astucia.
Ignora dónde está la mezquita, pero conoce bien las tabernas.
Sonrie siempre, es muy piadosa, sabe muchos chismes y cuentos.
Posee la ciencia de las matemáticas y la industria de hacer horóscopos y hechizos.
No puede pagarse zapatos de su bolsa, pero es rica en medio de la miseria.
Capaz seria, por lo suave de sus palabras, de unir el agua con el fuego.
Alcoba. Dormitorio. Aposento destinado para dormir y para la intimidad conyugal. En las casas modernas, habitación interior con puerta de acceso u ventana. Se dice que la intimidad se reserva a los “problemas de alcoba”. Habitación inprescindible entre clases medias y altas. El mundo de la miseria carece de alcobas en casas o espacios hacinados. La prole, los padres, la familia extensa y a veces hasta los animales, cuando más separados por cortinillas, comparten el área destinada a dormir, lo que provoca altos niveles de promiscuidad.
Alegría. Sensación de contento, satisfacción, bienestar, felicidad, agrado, júbilo, gozo. Sentimiento que produce un suceso favorable o placentero, una buena noticia, la obtención de un logro o algo deseado y cumplido. Cualidad o estado natural de quien se siente bien, contento, satisfecho o completo en la vida, con tendencia a reír, con la conciencia de tener lo que necesita o ha anhelado durante un tiempo. Estar donde se quiere, se puede o debe y conseguir lo accesible. Por extensión, satisfacción sexual, placer sexual. Experiencia pasajera de regocijo o fiesta que deja una sensación de contento. Se está alegre por uno mismo o por los demás.
Aliviar. Sanar, convalecer, curar, liberar especialmente el cuerpo. Librarse o librar a alguien de una carga real o simbólica. Quitarse un peso de encima. // En pueblos hispanoamericanos se dice que la mujer se va a aliviar o se alivia, que no se ha aliviado o ya se va a aliviar cuando se trata de parir o de dar a luz. “¡Ya se alivió!”, no sin razón: la preñez y el parto donde falta de todo, especialmente médicos, clínicas y medicamentos, son padecimientos dolorosos, con escasa o nula atención clínica. Así que dar a luz produce un gran alivio físico. // Hacer algo menos pesado, aligerar, disminuir la carga o peso de algo, soliviar, entrar en estado de salud, hacer disminuir un dolor o un padecimiento, curar, desahogar, apaciguar, moderar, atenuar, mejorar, reconfortar, alentar, suavizar, paliar, consolar, tranquilizar, calmar o descansar.
Alumbramiento. Acto de dar a luz, parir. Suceso del nacimiento, la creación en sí. Feminidad en plenitud: acción de alumbrar, dar vida, iluminar. Hermosa palabra, aunque poco usada, a pesar de significar el advenimiento de una nueva vida y la luz maternal.
Ama de casa. La expresión proviene de mama, mamar, mamá, madre que amamanta, cría o alimenta. Por extensión, ama de cría, nodriza o mujer que cría una criatura ajena. Madre de familia, jefa, gobernanta de su hogar. Durante siglos así se ha designado a la madre, la matrona, la abuela y la esposa. Mujer, casada o no, que se encarga de las labores domésticas y los asuntos familiares y no tiene un trabajo remunerado, especialmente fuera del hogar. Por prejuicio: contrapunto de mujer profesional, mujer que trabaja o económicamente activa, casada o no. En términos peyorativos y con seguridad a consecuencia de las luchas por la reivindicación femenina que revolucionaron los criterios generacionales sobre la función social de la mujer, a partir de los años sesenta, se la vincula a la mujer dependiente económicamente, sumisa, marginada de la actividad profesional o laboral y muy frecuentemente de baja escolaridad y pocas prendas intelectuales, porque sólo se ocupa de las labores domésticas y del cuidado de la familia. Como función histórica femenina, y por asociarla a situaciones vejatorias y marginadas, las nuevas generaciones repudian la expresión cuando en formularios o solicitudes aparece, en el renglón de ocupación, un recuadro que indica “ama de casa”. La frase conlleva prejuicios, signos de desprecio, inferioridad de la mujer y evidencias seculares de marginación y supeditación suficientes para justificar un violento rechazo a ser identificadas como mujeres ajenas a la actividad productiva —que no reproductiva—, sin más intereses que su domesticidad voluntaria o impuesta.
Cumplida y completa ama de casa es la musulmana, hinduista, africana, indígena, judía o cristiana ortodoxa que no consigue vencer el cerco del poder masculino, que se atiene a lo que le dan, que pide para cubrir sus necesidades básicas, estira el gasto, echa agua al caldo para que alcance, barre la casa, ordena el armario, lleva y trae a los hijos, los guarda en su enfermedad... Es la sufrida que se reserva la cabeza y la cola del pescado, la humillada, la maltratada y secreta o abiertamente menospreciada; se lleva la peor parte, carece de satisfacciones personales, de voz y voto y debe anteponer las prioridades del esposo y de los hijos a las propias.
Romper el cerco cultural y afianzar la presencia social de las mujeres dignificando el quehacer doméstico, en especial en hogares de padre ausente, no se contrapone al resto de actividades socioeconómicas. En equidad quizá sea una forma de ponderar, en medios civilizados, la noble tarea de procrear, cuidar de otros, ser útiles y prodigar actitudes amorosas, fraternales y solidarias allí donde el medio hace cada vez más feroz y etiquetada la lucha por la vida y, con ella, la supervivencia de la vida en familia, no obstante sus transformaciones formales.
Amamantar (véase lactancia). Criar, dar pecho. Lactar al niño desde su nacimiento y durante unos meses refuerza su sistema inmunológico. Es el mejor regalo y seguro de vida que una madre puede dar a su hijo. En el calostro de los primeros días están concentradas las defensas naturales contra la enfermedad que acompañarán al niño de por vida. Los que han sido alimentados con leche materna son más sanos, fuertes y vivaces que el resto de los demás.
Amancebamiento. En culturas tradicionales, cerradas o religiosas: trato ilícito y habitual de hombre y mujer. // Aún se considera amancebamiento, en numeros países, a la convivencia de dos personas —una de ellas casada, o ambas— que implica el concepto de adulterio. Unión libre. Concubinato. La rápida aceptación social de las uniones homosexuales está poniendo en entredicho el desdén implícito en términos que, como éste, tienden a desaparecer.
Amante. Un hombre o una mujer amado(a). Amasia. Que ama o tiene afición por algo o alguien. Alguien con quien se tiene relaciones no matrimoniales, pero sí amorosas o vinculadas por el deseo, la simpatía o el acuerdo mutuo. Mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio o “irregulares”, coinciden varios diccionarios. Lo “irregular” es un fenómeno cada vez más regular y tolerado en la sociedad e incluso entre parejas abiertas, tanto heterosexuales como homosexuales. En el subdesarrollo, la amasia, amante o concubina aún es “la otra”: quien cede a pie firme por amor, apego, costumbre, interés, comodidad, deseo o pasión, a la fuerza misteriosa de Eros. Es común creer que entre amantes y adúlteros, quizá por el signo trasgresor del vínculo, es más intensa la atracción de los cuerpos y bella la experiencia de unir voluntariamente dos almas que se identifican al menos durante un periodo de comunión; pasado el fuego, sin embargo, se impone la realidad. Los amantes viven una forma alternativa y entusiasta de relación. Condenados por el conservadurismo y la religión, crean sus propias normas. Saben que cada uno debe ser tratado y respetado bajo códigos civiles y no religiosos. El amasiato expone a una o ambas partes a acusaciones calumniosas, discriminatorias o difamatorias, en especial cuando complicado con adulterio. Resistir rechazo y agresiones que suelen suscitar estas uniones “ilícitas” exige paciencia y voluntad porque, con más o menos consecuencias, casi ninguna sociedad acepta el amasiato entre adúlteros. Según Francesco Alberoni, el enamoramiento rara vez dura más de tres años. Después puede construirse una amistad amorosa o alternar periodos de enamoramiento, pasividad e incluso de indiferencia o disgusto. Nadie resistiría ese estado de exaltación permanente ni el estallido que enturbia los sentidos.
Cohabitar en amor libre. Amantes de la tercera edad gozan de comedimientos y libertades que hacen que los demás hagan la vista gorda por tratarse de “dos soledades que se juntan”. A la contracultura de los años sesenta debemos varias conquistas: relaciones sexuales libres, sin riesgo de embarazos no deseados gracias a la píldora y a numerosos métodos de contracepción y planeación familiar ya comunes. Después, proliferación de experiencias amatorias sin ataduras convencionales, incluidas las homosexuales, reivindicadas gracias al efecto new age en las alternativas de convivencia, como las interraciales, interculturales o entre credos distintos. El coito “virtual” se agrega a la posibilidad de enriquecer el deseo, el goce y el placer de amantes a distancia que se estimulan mediante la comunicación por internet.
Los monoteísmos condenan prácticas amorosas “podridas”, “pervertidas”, “pecaminosas”, “perversas”, “contraproducentes”, “contrarias a la moral” y generalmente escandalosas. En la cultura ateniense, estar flechado por Cupido era el estado perfecto del ser humano, a pesar de los tormentos implícitos en el enamoramiento. Por el carácter de la pasión, los amantes son proclives a padecer ataques de celos, inseguridad, miedo al porvenir e incertidumbre. De ahí la abundancia de “crímenes pasionales” y delitos derivados del atractivo carnal. // Amantes de la música, de la belleza, de la literatura, de la ecología y de cuanta afición se discurra. // Acentuar la preferencia que se cultiva por una actividad que hace más grata e intensa la vida. Ser amante de algo llena de sentido, fortalece la identidad y nos distingue de los demás.
Ambisexualidad. Neologismo empleado para definir la aptitud psíquica del niño que le permite dirigir su erotismo indistintamente hacia el género masculino o femenino o hacia ambos al mismo tiempo. Por extensión, la aptitud de amar a individuos de cualesquiera de ambos sexos.
Amedrentar. Infundir miedo, asustar, intimidar. Quitar a alguien el valor o la oportunidad de hablar o actuar. Reducir la confianza y la autoestima del otro: con frecuencia las madres amedrentan a sus hijos mediante procedimientos autoritarios. Esposos que amedrentan a sus cónyuges hasta inmovilizarlas, paralizarlas de miedo.
Amenazar. Intención anunciada, con palabras o gestos, de golpear, zaherir, matar o causar algún daño o coacción a alguien. Poner a alguien en peligro. Cuando media el acoso sexual, el jefe amenaza con despedir a la empleada si no accede a sus requerimientos. La Iglesia amenaza con excomulgar a quienes pecan gravemente o atentan contra los intereses instituidos, contra la doctrina y el credo. Los sujetos dominantes, agresivos, plegados al paternalismo amenazan a las cónyuges con abandonarlas, retirarles el gasto, quitarles a los hijos e incluso matarlas si no se comportan exactamente como lo exigen. Una pareja amenaza con dejar a la otra si no cumple o rectifica ciertas condiciones. Ya no es infrecuente que hijos amenacen a sus padres y hasta los golpeen y maltraten en casos de drogadicción, conductas disfuncionales o por haberlos mimado en extremo. Los trabajadores, en la actual economía de consumo, viven bajo la amenaza de despido y ellos, a su vez, amenazan con huelgas y marchas a modo de protesta, lo que repercute en la calidad general de la vida y crea, de manera global, un estado de incertidumbre. // Amagar, apercibir, intimidar, avisar, bravear, bravuconear, esgrimir, gallear, enfadarse, chantajear, enseñar las garras.
Amenorrea. Ausencia del flujo menstrual. Normal antes de la pubertad, a partir de la menopausia, durante el embarazo o incluso durante la lactancia. Las demás amenorreas son consideradas patológicas. La amenorrea puede tener diversas causas y grados, desde un desorden hormonal hasta una emoción violenta, un conflicto psíquico, un choque afectivo e incluso un cambio radical en el modo de vida, sin contar otras, como algún padecimiento como la diabetes, la tuberculosis o afecciones en las glándulas endocrinas, etc. También puede deberse a insuficiencia ovárica, útero atrófico, vulva infantil, muslos separados en su parte proximal, desarrollo mamario defectuoso, etcétera.
Amiga, o. Persona unida a otra por lazos de simpatía amorosa, por solidaridad, compañerismo, afinidad y entendimiento recíproco. No implica el establecimiento de dependencia, sino simpatía mutua y correspondida. La palabra proviene de “amar”. Del amigo se espera que comparta la imagen que tenemos de nosotros mismos o al menos que no se aleje demasiado de ella. Según Francesco Alberoni: “los dos amigos deben tener imágenes recíprocas similares, no idénticas, porque entonces no habría nada que descubrir, pero tampoco disonantes en exceso”. Amigos son quienes intercambian afecto, confianza, confidencias y ejercen el derecho a pedirse cuentas sin poner en riesgo la solidez de la relación. Algo más que camaradería y menos que parentesco, se fundamenta en una hermandad simbólica. Privilegio que se cultiva con naturalidad en la infancia y en la medida en que intervienen la complejidad y las durezas de la vida se va haciendo más difícil de cultivar y de conservar; también se antoja más transitoria y expuesta a vicisitudes principalmente geográficas por la movilidad física y cambios de estado, trabajo y domicilio. Suele regularse mediante principios de lealtad a toda prueba. Dado el estado de descomposición social y desconfianza reinantes, las amigas(os) suelen ser más duraderas que los esposos o los amantes. Entre mujeres adquiere niveles de culto, distinto al practicado entre varones, quizá porque la mujer es más proclive a la confidencia, a dar y recibir apoyos afectivos, a intercambiar servicios mayores y menores, tales como el cuidado de los hijos, en la enfermedad y durante las penas y sufrimientos. Animadas al calor del gineceo, las mujeres también intercambian entre ellas consejos y labores, intereses comunes, fantasías, muchas fantasías de tipo sexual durante la juventud y la madurez y hasta temas relacionados con la belleza, los cosméticos, el ejercicio, las joyas, los objetos domésticos y cuanta ocurrencia surge al calor de la simpatía. Perder una amiga es motivo de duelo. Su presencia se vuelve necesidad básica. Dotada naturalmente para la amistad, también ocurre que “la mejor amiga sea un amigo”, aunque nunca es igual la relación entre un hombre y una mujer, por más inofensiva que parezca en términos sexuales. Por su sentido práctico, sin embargo, el amigo aporta a la mujer el otro punto de vista sobre la vida y sus vicisitudes que complementa y enriquece los propios. Menos sentimental, se dice que el varón puede examinar con frialdad un problema, a pesar de que no existen fundamentos que avalen este supuesto. Tener un amigo(a) es un privilegio que debe cultivarse como el más apreciado de los tesoros.
Amo. Actitud o perversión practicada por quien se siente dueño o propietario del otro. Caer en la relación del amo y del esclavo es una de las patologías que la mujer —y también el hombre— debe evitar o subsanar a cualquier costo. El amo es el que dispone a capricho de la voluntad y la vida del otro, como ocurriera respecto de los esclavos. El esclavo es el subyugado.
Amor. Sentimiento, el más noble y profundo de todos, que profesa una persona por otra en primera instancia. // Pasión que atrae un sexo hacia el otro. Afecto por los demás, con generosa solidaridad, con espíritu de bondad. Emoción que hace desear la compañía del amado, desearle lo mejor, compartir su superación y alegrarse por su bien y sus logros. Tema universal, con frecuencia locura cuando entremezclado de pasión y siempre refugio, alto atributo de una humanidad cada vez más enferma y desamorada, cada vez menos sensible a valorar esta sensación abstracta que, sin embargo, es indispensable para una vida sana. Querer y amar pueden ser sinónimos, a pesar de que sus contenidos no implican lo mismo. Cuando en su versión del enamoramiento, el querer se manifiesta con el deseo del amado, con la alegría que produce su bien, con el dolor compartido y una revolución interior, teñida de pasión, que mueve la voluntad hacia la realización de hazañas o el impulso que inclina hacia las acciones extraordinarias. Amar es querer en concreto: amar a la pareja, amar al hermano, a los hijos, a los amigos; amar la vida, la lectura, el arte. // Tanto el cariño como el apego son términos similares, aunque se emplean para expresar una emoción de manifestaciones diversas. Amamos a la patria, pero sentimos cariño por la mascota. Queremos a nuestros amigos, amamos a nuestros hijos. Nos enamoramos de uno que destaca por sobre los demás: el objeto amoroso. Nada sustituye a la palabra amor: ennoblece a quien la dice y alegra a quien la recibe. Su ausencia deja un hueco tan inmenso y desolador, que hay quien llega a morir de tristeza por haber perdido un gran amor. El amor a la música, al dinero, al arte, a las letras o a los objetos materiales implica afición, un sentimiento mayor a la simpatía, a veces codicia o afán pero en caso alguno podría homologarse la sensación con la que se profesa, de manera específica, por el uno, por el que colma las delicias o las jugarretas de Eros.
Sin amor no se comprende el enamoramiento. Estrecha vínculos más estables, duraderos, confiables, amistosos. Enseña a tolerar y sobrellevar las debilidades del ser amado, a vivir con alegría, en conformidad con lo que se es y se tiene. Cuando se ama no se actúa por encima del amado ni se vale de él para obtener resultados o cosas. El amado influye y ejerce un poder sobre el otro, pero éste, lejos de ser patológico, conlleva reconocimiento y autenticidad y, en especial, el enriquecimiento del ser. Significa protección y esperanza, alivio, comprensión, solidaridad y confianza.
“Hacer el amor” es mostrase enamorado, cortejar, realizar el coito y no necesariamente estar en un estado amoroso. Querer y querer bien. Adoración, afecto, idilio, ilusión, apego, mirarse en el otro, apasionarse, hacer la corte, desvivirse, suspirar por el otro.
Amor a distancia o de lejos: amar a alguien inaccesible, lejano, lo que acarrea la consecuencia de no poder amar a alguien accesible. Según Camilo José Cela, suele tomar la forma de una exaltación ideal o imaginaria hacia el hombre y la mujer célebres: intelectuales, artistas, políticos, toreros, deportistas, actores, músicos, cantantes y toda la posible gama de gentes conocidas por su actuación pública. Puede implicar una idealización exagerada del objeto amado, que nada tiene que ver con la realidad. Se dice que la mujer, más que el hombre, tiende a caer en este tipo de confusa exaltación amorosa.
Amor caballeresco: relacionado con los usos de la caballería e inspirador de la “caballerosidad” que alcanza a las sociedades modernas. Concepción del amor exaltada por la literatura trovadoresca de los siglos XII y XIII, en boca de trovadores y poetas de Languedoc. Culto que el poeta profesa a su dama, figura idealizada de la mujer inaccesible y que, impregnada de misticismo, se opone a la concepción hedonista del amor encaminada a conseguir satisfacción sexual. Parodiada magistralmente por Cervantes, Aldonza Lorenzo es la dama figurada o soñada por don Quijote, en cuyo nombre lleva a cabo todas las hazañas realizadas o por realizar. La literatura caballeresca está sembrada de sugerencias al respecto, no sólo por su homosexualidad soterrada, sino por los juegos del “amor tras la cortina” y abundancia de signos fetichistas —el pañuelo de la dama—, que sugieren que al amador caballero le bastaba observar la desnudez de su dama para eyacular y alcanzar el máximo goce posible.
Amor doble: incapacidad de sostener relaciones amorosas con una sola persona libre y disponible. Tal deficiencia conduce a amar a dos a la vez y de tal modo que no se pueda separar de ninguna. La vacilación y la duda proporcionan el necesario y buscado pretexto para no necesitar la satisfacción de prostitutas u otras parejas.
Amor en la sombra: necesidad neurótica de enamorarse de personas desconocidas e inaccesibles: el pasajero de un avión, un compañero transitorio de viaje, el cónyuge de quien, ocasionalmente, nos ha invitado a cenar, una celebridad casada, etc. Tiene connotaciones de amor prohibido o amor a distancia, toda vez que sugiere la atracción de alguien que no nos ofrece ningún destino amoroso.
Amor fácil o amor comprado: el que ofrecen prostitutas o prostitutos a cambio de paga.
Amor imaginario: síntoma de la adolescencia o de adultos que emocionalmente permanecen en ese estado. Amor ficticio, artificialmente encendido principalmente a causa de una patología reciente. El que crea en su imaginación el propio sujeto y llega a presentarse bajo las características del amor verdadero para concluir, por necesidad, en el desencanto, la desilusión o la frustración. Típica situación que ocurre tras un fracaso amoroso, cuando se cree que “un clavo saca a otro” y de modo inmediato el hombre o la mujer, con tal de no estar solo ni padecer el vacío de una ausencia (en caso de muerte) o el dolor de una relación rota, inmediatamente vuelve a enamorarse en forma tan potente y arraigada, que sólo después viene el sujeto en cuestión a darse cuenta de lo diferente que es el amor real del imaginario. Hay quienes, arrebatados, se dejan llevar por esta confusión y deciden matrimonios prontos, al vapor. Incluso juran que tenían que haber experimentado la anterior desgracia para encontrar al amor verdadero. Se sabe que algunos problemas de frigidez y de impotencia tienen sus raíces en esta forma de amor.
Amor libre: lo que por siglos ha sido el sueño del hombre por mantener relaciones sexuales y amorosas libres de ataduras y compromisos civiles o religiosos. Una de las pujanzas de los baby boomers convertida en realidad en el siglo XXI. Los anticipos de esta forma de unión fueron privilegio de minorías excéntricas —bohemios, artistas e intelectuales— durante los años veinte y fundamentalmente en el permisivo París del siglo XX. Sin embargo el hippismo y la contracultura de los años sesenta lo practicarían como uno de los mayores signos de liberación generacional. Se probaba en comunas y entre consumo de drogas. Se popularizó gracias al entonces reciente hallazgo de la píldora anticonceptiva. Amor no sólo libre, sino colectivo y con embarazos o sin ellos, no era extraño ni infrecuente que las antes puntillosas, pudorosas y prejuiciosas clasemedieras estadounidenses rompieran con los convencionalismos y principalmente con la arraigada discriminación racial. El amor libre incrementó masivamente el número de mulatos y el mestizaje en todas sus combinaciones. // La homosexualidad sin condenas fortalece la expansión del amor libre. El relajamiento de las costumbres repercute en la crisis del matrimonio convencional y su correlativo incremento de divorcios. Lo que fuera aberrante y perverso para conservadores y representantes religiosos, ya forma parte de la capacidad electiva de las personas, de sus derechos y responsabilidades. No será difícil suponer que, en el futuro inmediato, represente una solución a la angustia y a las presiones distintivas de la rutina en el mundo industrializado.
Amor platónico: en atención a las ideas de Platón, el tipo idealizado del amor casto, perfecto por inspirador, intemporal y ajeno a cualquier contacto físico, aunque no fuere más que imaginado. Refiere al amor contemplativo, al puro éxtasis y a lo que queda a mitad del camino entre la sabiduría y la ignorancia.
Amor propio: estado de conciencia sobre el amor o la estimación que se tiene de sí mismo. Cuando falta, produce depresión, autodesprecio y tristeza profunda; cuando sobra, conduce a la soberbia, a la prepotencia y, en suma, a la mayor estupidez que consiste en suponer que podemos ser extraordinarios y estar por encima de los demás.
Anciana, o. Vieja(o), de edad avanzada o en la tercera edad. Lo ancestral, lo antiguo. Para sociedades tradicionalistas haber envejecido sugiere un vínculo con fuerzas supratemporales de conservación. Resistir a la prueba del tiempo es prueba de solidez, autenticidad, salud y verdad; “pena del que no llega a viejo”. Algunos reconocen sabiduría en la vejez, como si los años dieran un saber especial que influye en el psiquismo como elemento estabilizador y presencia del más allá. Apreciados también como “fuente del río de la vida”, las sociedades primitivas creían que la gerontocracia era la mejor manera de gobernar por varias razones: además de la sabiduría y experiencia implícitas en los viejos, se suponía, sin fundamentos confiables, que la senectud los preservaba de caer en apasionamientos distintos de la juventud: afán de poder, codicia, engaño, etc., como si pasión, bajeza y desvaríos fueran cuestión de edad. De manera paradójica, en contrapunto lo viejo y lo anciano sugieren la infancia o un retorno más que simbólico a ella o a la edad primera de la humanidad y de la persona: época de dependencia y necesidades equivalentes a las de los bebés.
En sociedades modernas la vejez se mide a partir de los sesenta años, cuando es posible adquirir la credencial de “la tercera edad”: identificación destinada a obtener precios preferenciales en algunos establecimientos comerciales, clínicos u hospitalarios y descuentos en farmacias, museos, salas de concierto, cines o teatros. // Hombre o mujer que ha alcanzado la ancianidad, la senectud, la vejez. Edad temida por todo ser humano, especialmente en modelos consumistas que extreman un culto patológico a lo juvenil. Existe respecto de ella una doble actitud: buscar remedios para aplazar el proceso y elevar las condiciones generales de bienestar y de calidad de vida con el auxilio de fármacos, ejercicios, la observancia de una dieta mediterránea y los avances de la medicina; y, de manera simultánea, repudiar esa condición por asociarla a la decadencia, a la proximidad de la muerte, al fin y a la tristeza de vivir. // Estado de debilidad física e indefensión social y económica por la carga de prejuicios y rechazos que se depositan en las personas de larga vida. // Abuelo(a) que en algunos casos aguarda la muerte sumido en la pena, en la depresión, en el duelo por los seres perdidos, en medio de una gran desolación y en estado de incertidumbre.
Los demógrafos anticiparon que desde 2015 serían visibles las consecuencias del envejecimiento de la población; es decir, que habría —como hay— en el mundo mayoría de viejos o mayores de sesenta años de edad, cuyo sustento dependerá a más y peor de una pirámide invertida de jóvenes. En la población económicamente activa se depositará la pesada y creciente carga de viejos improductivos. Superpoblado, el siglo XXI ya es de viejos que consumen servicios a un alto coste estatal. Antes de la mitad del siglo XXI serán excesivos los gastos asistenciales e incosteable la dependencia social, tributaria y económica del envejecimiento de la población. Las responsabilidades para los que están en edad de producir y acumular riqueza serán insufribles o incosteables. Este fenómeno se debe a los avances médicos y científicos que prolongan la calidad y las expectativas de vida de las generaciones. Se prevé que para contrarrestar tan terrible problema demográfico se modificarán los términos y condiciones del retiro laboral para que las personas mayores puedan devengar un salario. También y sin tardanza tendrán que diseñarse actividades pertinentes porque cada día mayor número de viejos se encuentra en magnífico estado de salud, fuertes físicamente y aun dispuestos a mantener relaciones sexuales regulares; algunos, incluso, están en aptitud de mantenerse ocupados en centros de trabajo. Tal prolongación de una buena calidad de vida hasta edades avanzadas obliga a la nueva ingeniería social a replantearse las edades del retiro; por ejemplo, extender las edades del trabajo activo y cumplido y otras actividades de la sociedad en las que podrían participar personas mayores para ser autónomas e independientes económicamente, en vez de convertirse en carga económica o familiar. Gracias a las técnicas reproductivas mujeres mayores, además, tienen hijos a edades cada vez más avanzadas, lo que modifica también el concepto de la vejez y de la senectud de manera radical.
Andrógeno. Engendrar. Cada una de las sustancias de virilización elaboradas por los testículos, los ovarios o las glándulas suprarrenales.
Andrógina. Lesbiana.
Andrógino. Hermafrodita, bisexual. Las acepciones que ofrecen los diccionarios son incompletas y parciales: el que presenta los signos del seudohermafroditismo masculino, por lo común un criptorquídico con caracteres femeninos. Organismos que reúnen en un mismo individuo los dos sexos. Afeminado, amachada (véase bisexualidad).
Andropausia. Conjunto de signos fisiológicos y psíquicos que se producen en el hombre y que corresponden a la menopausia o climaterio de la mujer. Proceso que padece todo varón, en mayor o menor medida, a consecuencia de la reducción de sus niveles de testosterona. Suele presentarse entre los cuarenta y tantos y los cincuenta y tantos años de edad con un fallo hormonal que produce la insuficiencia funcional del testículo. Sus síntomas no son tan agresivos como en el caso femenino, pero es la etapa masculina en que se observan mayores desajustes en su conducta personal y en su relación de pareja. Los indicios aparecen paulatinamente y van desde intempestivos cambios de carácter hasta extremos de depresión, pérdida de memoria, bochornos, reducción de la masa muscular, aumento de la grasa corporal y falta de deseo sexual con erecciones menos firmes, entre otros. Puede decirse que pocos o muy pocos hombres se libran de sufrir cambios ostensibles en la erección y en la frecuencia e intensidad de la vida sexual. Podrían, en cambio, ser más leves para algunos privilegiados la irritabilidad emocional y los trastornos nerviosos, tal y como ocurre respecto de la menopausia femenina. // Etapa en que, atacados por la inseguridad viril o sexual, algunos hombres con antecedentes de inestabilidad emocional incurren en la tentación de “rejuvenecerse” por todos los medios. Unos comienzan a practicar deportes que nunca habían practicado, aunque con tal obsesión que no pocos acaban sufriendo infartos; otros sienten que “se les va la vida de las manos” o que han perdido el tiempo trabajando, cumpliendo deberes familiares o siendo fieles a la pareja. Así que emprenden una etapa de juerga o persecución de mujeres con frecuencia mucho más jóvenes que ellos. Los menos caen en depresiones agudas, se convierten en adictos del trabajo, de los viajes o de la hiperactividad. Como respecto de la menopausia, la conducta y las reacciones masculinas dependen del equilibrio interno y la madurez de cada individuo.
Recomendaciones imprescindibles: evitar la automedicación. Realizarse un examen de próstata y una valoración de los niveles de testosterona. Consultar al urólogo, al andrólogo o al endocrinólogo sobre la necesidad de un tratamiento de reemplazo hormonal (inyectable u oral) para mejorar la calidad de vida.
Anillo. Aro mítico y mitificado para simbolizar algo que se ciñe, se cierra y parece indestructible: anillo nupcial, anillo pastoral, anillo del Pescador. // Uno de los símbolos más poderosos y perdurables de la historia, el de la sortija sirve para marcar un lazo, para atar. Alianza o voto tanto de una comunidad como de un destino asociado. Para los chinos era el ciclo indefinido, sin solución de continuidad: un círculo cerrado, en oposición a la espiral que implica movimiento. Así el anillo de compromiso, el aro o argolla de matrimonio. Ostentar el anillo en el “dedo del corazón” equivale a decirle a los demás que se ha comprometido con alguien. En lo primero en que se fijan las jóvenes casaderas es en el dedo del hombre que habla con ellas, que las corteja o las procura: la sortija nupcial es el cerco que las distancia, una advertencia de peligro y en casos más avanzados, algo que debe quitarse deliberadamente para no hacer sentir e ilusoriamente tampoco padecer la fuerza culpable del adulterio. Símbolo de estatus social, el anillo y sus sustitutos sucesivos, en especial cuando adornados con piedras preciosas, muestra a los demás los cambios de fortuna de quienes lo portan, de simples argollas de plata a churumbelas sembradas de brillantes, el anillo no es adorno privativo de la vanidad femenina. Como en el siglo XVIII y durante varias épocas de bonanza en la historia, el hombre gusta exhibir sortijas elaboradas con metales y piedras preciosas como prenda estética y signo de riqueza. Desde la mitología remota —recordemos El anillo de los nibelungos— también se le asocia a usos mágicos y sobrenaturales.
Anorexia. Negativa a tomar alimentos sin causas orgánicas. Enfermedad provocada por trastornos alimenticios. Uno de los males engendrados por la publicidad y la excesiva difusión a favor de un cuerpo adelgazado y sin rasgos de sexualidad alguna, un andrógino de rostro triste y mente atormentada. La anorexia es un producto patológico de la modernidad, típico síntoma de las sociedades autosatisfechas y consideradas avanzadas. Este padecimiento relacionado con los desórdenes alimenticios consiste en una alteración grave de la percepción de la propia imagen corporal a partir de un miedo neurótico a la obesidad. Las principales características de la anorexia nerviosa o nervosa son: rechazo a mantener un peso corporal mínimo o correspondiente a los estándares saludables. Pavor tanto a ganar peso como a percibir cambios físicos. Repudio a la comida. Necesidad de inducir el vómito para evitar, supuestamente, que las calorías se transformen en azúcares y grasa en el organismo. Las afectadas por este trastorno, además, sufren amenorrea o falta de regla, aunque hayan pasado la menarquia (primera menstruación). Este síntoma suele ser el principal llamado de advertencia y uno de los indicadores que señalan la urgencia de acudir tanto a recibir atención psiquiátrica como clínica, una vez realizado el diagnóstico pertinente. Toda vez que sus víctimas son jóvenes en mayoría, corresponde a los padres mantener una observación vigilante ya que, silenciosa y engañosa como es en sus orígenes, suele tratarse cuando ya se encuentra en fases avanzadas y de alto riesgo.
La anorexia ataca a las mujeres en mayoría (aunque en tiempos recientes también a hombres jóvenes y a niños); de ellas, en especial a las jóvenes. Es en lo fundamental una enfermedad mental, que consiste en una pérdida voluntaria de peso por un deseo patológico de adelgazar y un intenso temor a la obesidad. Todo comienza con una obsesión por la delgadez, por la búsqueda de una figura imprecisa, similar a la de los efebos y asociada a los modelos de cuerpos reales o imaginarios que corresponden a un ideal estético desprovisto de grasa, flexible y despojado de curvas y ondulaciones naturales. Una candidata a sufrir anorexia reduce la alimentación, especialmente lo que contiene más calorías, aunque acaba con una dieta muy restringida a unos cuantos bocados. La ansiedad la lleva a practicar un ejercicio físico excesivo y de manera simultánea a consumir productos para disminuir o eliminar el apetito, así como purgas y medicamentos laxantes o diuréticos que producen efectos a veces irreversibles en el hígado y el riñón. La persona anoréxica induce el vómito cada vez que ingiere cualquier alimento y, en consecuencia, se produce una desnutrición progresiva con trastornos físicos y mentales que, en numerosos casos, son causa de muerte.
Incluida en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud como “Trastornos Mentales y del Comportamiento”, y en la clasificación de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, la estadística indica que a principios del siglo XXI la anorexia nervosa afectaba a uno de cada 200 jóvenes de edades comprendidas entre los 12 y los 24 años de edad, aunque 90% de los casos más graves correspondía al grupo femenino entre los 14 y los 18 años. En el 10% restante se encontraban varones adolescentes, niños, niñas y mujeres maduras. Una amplia campaña internacional para evitar este mal insiste en que cualquier persona puede ser víctima.
En la anorexia nerviosa se distinguen dos subtipos: el restrictivo y el compulsivo purgativo. El primero describe cuadros clínicos en los que la pérdida de peso se logra mediante dieta o ejercicio físico intenso. El segundo identifica al individuo que recurre regularmente a atracones, purgas y vómito incluso después de ingerir pequeñas cantidades de comida. Los pacientes con anorexia nerviosa restrictiva no recurren a atracones ni a purgas, aunque también vomitan y, en común, comparten el resto de los síntomas clasificados, con fines de diagnóstico, por la Asociación Americana de Psiquiatría: 1) ausencia de un origen orgánico definido; 2) rechazo a mantener el peso corporal por encima del mínimo normal para la edad y talla; 3) miedo intenso al aumento de peso o a ser obeso, incluso en los casos de personas con peso inferior al normal; 4) distorsión en la apreciación del peso, de la forma y de la propia talla; 5) en las mujeres, ausencia de al menos tres ciclos menstruales consecutivos en el plazo previsto (amenorrea primaria o secundaria); 6) negación del mal, del comportamiento anoréxico propio o ajeno y de otros síntomas frecuentes como estreñimiento, dolor abdominal, preocupación por el frío, obsesión no sólo por los movimientos de la báscula, sino sobre las formas de preparar los alimentos, discordancia entre la imagen y la idea, abundancia de trampas, actitudes engañosas y mentiras para encubrir el estado, hiperactividad, preocupación excesiva por los estudios e incapacidad de disfrute.
Suele ser la familia y no el paciente quien advierte el avance del mal y es frecuente tener que forzar al anoréxico(a) para recibir el diagnóstico y la atención médica adecuada. Aunque se desconoce la causa, existen varios factores coincidentes en los enfermos, desde una combinación de elementos biológicos y genéticos hasta conflictos psíquicos, sociales y familiares. Narcisistas en mayoría, sus expectativas son tan altas como fuerte es su capacidad de disciplina, de ahí la obsesión por “triunfar”, ser reconocido y, cuando menos en las cuestiones de peso, lograr sus propósitos, por ilusorios y enfermizos que sean. La malnutrición, como es natural, produce el efecto contrario al esperado ya que los cambios emocionales son inevitables y cada vez más frecuentes, lo que perpetúa el ciclo que abarca la sensación de rechazo y fracaso, la voluntad de vencer en lo que se ha propuesto y el sucesivo desengaño que empeora la confusión.
Vulnerable como es la adolescencia a los problemas familiares, escolares y sociales, los anoréxicos concentran sus conflictos en el tema alimenticio. Hay que agregar, además, el agresivo efecto que, por rebote, están provocando las campañas contra la obesidad y el sobrepeso. Campañas que tras la pantalla que pregona que un gordo está enfermo y es poco atractivo ocultan un lucrativo negocio relacionado con los adelgazantes y demás productos para conseguir la deseable y hasta codiciada esbeltez multipublicitada por los medios y por el culto al ejercicio. La mayoría de los niños y púberes ha sido advertida en exceso sobre el cuidado de la figura y aun por propia voluntad ya se somete a régimen para adoptar supuestas medidas de control. Lo interesante de este padecimiento es que es prácticamente inexistente en sociedades pobres, donde escasea el alimento y la lucha por sobrevivir no incluye, como es de suponer, obsesión ninguna relacionada con la figura ni con las cirugías estéticas, los gimnasios ni nada que se le parezca. Entre otras, ésta es una de las grandes diferencias que separan la realidad del Norte y del Sur, pues mientras que en el universo de la miseria el drama se centra en la precariedad, entre los ricos el signo de la abundancia se traduce en un mayor impulso de muerte.
Antes que los parientes en casa, suelen ser los pediatras los primeros en advertir síntomas preocupantes en los pacientes, especialmente en los casos en que a las niñas les desaparece la regla. Otros enfermos acuden indistintamente a especialistas para tratar el problema abdominal, desórdenes orgánicos, estreñimiento, problema del peso, consumo de píldoras, etc., por lo que se corre el riesgo de no tener una visión de conjunto confiable. Incluso es posible confundir los síntomas de la anorexia con otros padecimientos como el hipo o hipertiroidismo, diabetes mellitus, tumores cerebrales, estados de malabsorción, obstrucciones gastroesofágicas y enfermedad de Addison. Un buen diagnóstico, con un examen físico y psíquico completo, así como la realización de análisis pertinentes, es tan decisivo como la participación familiar en el manejo del tratamiento y en la que será una larga y penosa convalecencia.
A pesar de que en los últimos años ha habido avances notables para disminuir el número de muertes causadas por la anorexia, el tratamiento para curar este síndrome sigue siendo complicado, dadas las implicaciones sociales, familiares e individuales que entraña. No siempre el paciente ni su familia, en combinación, están dispuestos a someterse a una mezcla de psicoterapia, terapia de comportamiento y de medicamentos, hiperalimentación y hasta de cambio necesario de hábitos. Corregir la malnutrición y las disfunciones psíquicas es casi una hazaña: de ahí la dificultad de la cura. Se dice que el fracaso en la solución de estos problemas a corto, mediano y largo plazos está relacionado con el fallo terapéutico, por lo que es común recomendar el aislamiento familiar y, cuando en verdad se desea una solución, seguir las indicaciones de una clínica o de un experto en la materia para que, de manera profesional, controle y dirija las condiciones del tratamiento.
Anorgasmia. Falta o ausencia de orgasmo por razones múltiples y durante periodos generalmente transitorios. En ambos sexos puede deberse a algunas enfermedades, a fatiga, agotamiento laboral o sexual, y trastornos del sistema nervioso central, periférico o vegetativo, capaces de alterar la formación o transmisión de los estímulos o impulsos productores de la descarga bioenergética. Otras causas, múltiples y relacionadas con sentimientos de castración, inhibiciones, represiones, complejos, etc., son de índole psíquica y están ampliamente clasificadas por las diversas escuelas de psicoanálisis. Ni la impotencia ni la frigidez caben en la definición de anorgasmia, aunque correspondan a otras patologías sexuales o fisiológicas.
Anovaria. Ausencia o aplasia de los ovarios.
Anovulación. Suspensión o cesación de la ovulación.
Anovulomenorrea. Menstruación sin ovulación.
Anticonceptivo (véase métodos anticonceptivos). Academia: dícese del medio, práctica o agente que impide a la mujer quedar embarazada.
Antifeminismo. Misoginia, desprecio a la mujer, discriminación de género. Repudio, exclusión, intolerancia o segregación de lo femenino con que la muchedumbre masculina suele encubrir su temor, principalmente inconsciente, a que su situación de privilegio se vea amenazada por la mujer. // Actitud, conducta, creencia, prejuicio, costumbre o pensamiento que repudia la dignidad, la inteligencia y en especial la creatividad femenina, los movimientos feministas, la equidad legal, moral, social, económica, laboral, etc., a excusa de defender “los verdaderos valores” de la mujer. El antifeminismo determina lo que la mujer debe ser y hacer y cómo comportarse y reaccionar de acuerdo con prejuicios arraigados en cada cultura y convertidos en usos y costumbres. // Como vertiente social, religiosa o política y en general cultural, suele manifestarse tras la máscara de la preocupación “verdadera” por la situación de la mujer, por su deber de resguardar el ámbito familiar y doméstico. // Una de las expresiones más frecuentes, amañadas, cargadas de significación negativa y constantes del machismo que pretende, a toda costa, mantener la supremacía masculina en todos los ámbitos, tras el antifeminismo se oculta una historia de siglos y aun milenios relacionada con la injusticia, el abuso y la infamia cometida por una mitad del mundo sobre la otra mitad a la que considera inferior, por lo cual debe ser sometida y humillada por la superioridad masculina. Entender, definir y examinar el antifeminismo requiere el análisis de la historia antigua e inmediata o, en términos más precisos, el examen de la civilización, de las creencias y costumbres, de las fantasías y de los prejuicios. El antifeminismo —primera conducta global registrada en la historia— en realidad entraña un sentimiento exacerbado de envidia a la fecundidad femenina, a su capacidad creadora, al poder fertilizador y natural de la mujer (véase feminismo).
Aparato genital femenino.2 Compleja estructura reproductora y sexual de las mujeres. Está compuesto por diversos órganos internos y externos; estos últimos son de fácil visualización —vulva y vagina—. El resto del aparato reproductor femenino se halla dentro de la cavidad pelviana y está formado por el útero, las trompas y los ovarios. Los órganos externos o genitales tienen dos funciones: permitir la entrada del esperma en el cuerpo y proteger los órganos genitales internos de los agentes infecciosos. Debido a que tiene un orificio que lo comunica con el exterior, los microorganismos que provocan enfermedades (patógenos) pueden entrar y causar infecciones ginecológicas. Estos patógenos se transmiten, en general, durante el acto sexual.
El conjunto de órganos externos se denomina vulva. De forma ovoidea, asemeja una hendidura cuando la mujer junta los muslos y se entreabre al separarlos. Su compleja estructura consta de labios mayores, labios menores, clítoris, himen, vestíbulo y anexos. El vestíbulo es la zona que se presenta al separar las ninfas o labios menores. Tiene una cara posterior o profunda, dos caras laterales y dos comisuras. La vulva se halla limitada hacia adelante por la pared anterior del abdomen; hacia atrás por el perineo; y lateralmente por la cara interna de los muslos.
Los labios mayores son dos pliegues cutáneos longitudinales, redondeados y salientes, que limitan ambos lados del área genital y la mantienen cerrada. Están formados por tejido adiposo recubierto de piel la cual, según la raza de cada mujer, puede ser más clara o más oscura. Situados bajo el monte de Venus, constituyen el plano superficial y más
