Comentarios del libro Ante las puertas del cielo
«En este libro tan esperado, Don Piper nos presenta a las personas con las que se encontró en las puertas del cielo luego de su accidente casi fatal en 1989 y cómo lo ayudaron a llegar hasta ahí. En él responde preguntas interesantes acerca de cómo será el cielo y, lo que es más importante, hace una pregunta urgente y atemporal: ¿quién estará allí gracias a ti? Este es un libro que habla de transmitir a otros nuestra fe de manera intencional y personal mientras transitamos la vida diaria. ¡Es un completo llamado a poblar el cielo! ¡Algo que necesitamos hacer todo el tiempo!».
—Michael Smith, artista discográfico y compositor ganador de múltiples premios Grammy, American Music Award y Dove Award, con más de 18 millones de álbumes vendidos.
«He estudiado más de mil casos de personas que murieron o estuvieron cercanas a la muerte y regresaron. Muchos hablan de un comité de bienvenida celestial. En su nuevo e inspirador libro, Don nos presenta de manera vívida a aquellos que lo recibieron en las puertas del cielo, responde muchas de nuestras cuestiones relacionales y nos motiva a tener un impacto poderoso en quienes estarán allí para recibirnos un día».
—John Burke, pastor principal de Gateway Church, Austin, Texas, autor del éxito en ventas del New York Times, Imagine Heaven [Imagina el cielo].
«Un llamado fuerte y claro para todo creyente que está esforzándose por vivir con propósito, intencionalidad y convicción de ganar almas. Hoy, aún más que en las generaciones anteriores, hay muchos que buscan una respuesta a esta pregunta tan antigua: “¿Realmente importa mi vida?”. Afortunadamente, gracias al coraje de Don Piper para contar su historia al mundo, la respuesta es muy clara. Ningún otro libro brinda un argumento tan convincente para el evangelismo genuino como Ante las puertas del cielo: ¿quién estará allí gracias a ti? Los lectores recibirán paz y recibirán inspiración para dejar un legado que viva por la eternidad».
—Sergio de la Mora, pastor líder de Cornerstone Church de San Diego, autor de Paradoja y La revolución del corazón.
«Conocí a Don Piper cuando tenía quince años y eso me cambió la vida ¡y todavía faltaban cuatro años para que fuera al cielo! Don ha impactado millones de vidas con el libro 90 Minutos en el cielo y sus textos posteriores. En Ante las puertas del cielo, Don te guía por la aventura de su propia conversión al cristianismo y el desarrollo de su fe durante su visita milagrosa al cielo. Este libro no solo rinde homenaje a aquellos que han influenciado su vida cristiana, sino que también se enfoca en la urgencia de anunciar las buenas noticias de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡Sin duda es un libro que hay que leer!».
—Dr. T. Bradley Edwards, cirujano ortopédico de hombro reconocido mundialmente, Fondren Orthopedic Group, Houston, Texas.
«NO ESPERES. Eso es lo que pensé cuando leí el libro de Don. Perdí a uno de mis mejores amigos en una tragedia a los veintisiete años y cuando tuve que dar un discurso en su honor, no pude hacerlo. Estaba muy conmovido y la idea de hablar acerca de la eternidad en ese momento me aterraba, porque no sabía dónde pasaríamos la eternidad cualesquiera de nosotros. Ese momento me puso de rodillas y encontré la respuesta en Jesucristo. Durante los últimos treinta y tres años de mi vida me esforcé para asegurarme de encontrar a mis amigos en las puertas del cielo. La perspectiva de Don es única y auténtica, un verdadero tesoro. Oro para que este libro te inspire a hacer algo para que nos encontremos contigo y tus seres queridos en las puertas del cielo».
—Mark Fincannon, ganador de un premio Emmy al mejor director de reparto en una película, Atlanta, Georgia. Mark fue el director de reparto de la película 90 Minutos en el cielo.
«En Ante las puertas del cielo, el nuevo libro de Don Piper, él relata las historias conmovedoras de aquellos que lo estaban esperando cuando llegó a las puertas del cielo, y ofrece al lector el emocionante desafío de hacer todo lo posible durante nuestro tiempo aquí en la tierra para que tanto los que te rodean como los que solo pasan por tu vida conozcan la eternidad asombrosa que pueden disfrutar en la presencia de Dios. Un libro cautivante que nos desafía al evangelismo personal, evitando el enfoque “culposo” y alentándonos en amor a que todos los que conocemos tengan la oportunidad de estar con nosotros en el cielo algún día».
—Jack Wallington, presidente de Christian Supply, Inc., Spartanburg, Carolina del Sur, una de las librerías cristianas más grandes del mundo.
«¡Don Piper lo hizo otra vez! Como un gran artista, creó una obra maestra. En este libro el cielo es su lienzo y sus pinceladas son las historias de esas personas que influenciaron su vida cristiana y, por lo tanto, lo guiaron a las puertas del cielo. Estas historias de seguro tocarán nuestras vidas, al mismo tiempo que resaltarán la importancia de que cada cristiano ayude a otros a ir desde “este lugar” hacia “aquel lugar”. Don nos entrega un pincel y nos invita a comenzar a pintar. ¡El cielo está esperando tu obra maestra!».
—Harold Hendren, pastor principal de New Covenant United Methodist Church, The Villages, Florida.
«Ante las puertas del cielo nos brinda un encuentro íntimo de la visita de noventa minutos que Don Piper hizo al cielo. Por primera vez, Don revela quiénes lo recibieron en las puertas del cielo y nos da un entendimiento claro de por qué lo hicieron. Estos individuos nos desafían, como hermanos, a entender la gran responsabilidad que tenemos como cristianos. Nos lleva a contemplar nuestra propia eternidad y nos confronta preguntándonos a quién recibiremos nosotros cuando entren en la eternidad. Lee este libro; cambiará la forma en que amas y sirves a los demás».
—Diana Wiley, directora ejecutiva y fundadora de True Vineyard Ministries, San Marcos, Texas.
«Es el libro más cautivante y fundamental que leí sobre la muerte. Don Piper es un regalo de Dios para nuestra generación. Él murió y volvió a este mundo con los conocimientos que inspiraron este gran libro. Nunca me había dado cuenta de la importancia que tiene cada vida en el panorama eterno de Dios hasta que leí este libro. Lo que para el mundo es el final, para Dios es apenas el principio. Es un libro que hay que leer. Gracias, Don».
—Stan Cottrell, corredor de ultramaratón, Libro Guinness de los récords.
«Leí 90 Minutos en el cielo al poco tiempo de que falleció mi madre. Ese libro nos trajo consuelo a mi padre y a mí. Un tiempo después, mi papá se unió a ella. Cuando hoy pienso en ellos, me imagino sus rostros felices. Sé DÓNDE están, QUIÉN está con ellos y sé que VOLVERÉ a verlos.
»Le agradezco a Don por Ante las puertas del cielo. Aunque es personal, también es una gran inspiración. Somos salvos para servir y contarles a otros cómo Jesús cambió nuestras vidas. Conocer a Dios es solo una parte de la batalla, la otra parte es hacer.
»No hay garantía del mañana.
»¿Vamos a dejar que nuestros seres queridos pasen la eternidad en el infierno porque no los amamos lo suficiente como para hablarles de Jesús? Gracias, Don Piper, por desafiarnos a contar nuestra historia».
—Paul Robbins, fundador y presidente de Viking Cold Solutions, anciano de First Christian Church of the Beaches, Jacksonville Beach, Florida.
«En este libro tan esperado y ansiado que es la continuación del éxito de ventas 90 minutos en el cielo, el autor Don Piper sumerge a los lectores en su experiencia personal profunda y conmovedora en las puertas del cielo luego de morir en un accidente automovilístico. Al relatar los detalles íntimos, él les da a los lectores la esperanza gloriosa y el anhelo profundo por el cielo, como también la convicción para responder a la pregunta: “¿Quién estará en el cielo gracias a ti?”. Su nueva obra, Ante las puertas del cielo: ¿quién estará allí gracias a ti?, es un libro imperdible que te convencerá de que todo aquel que conoces es puesto en tu camino por Dios con un propósito divino».
—Tonya Frye, directora ejecutiva de Get Together Northwest, Cypress, Texas.
Dedicado a mis amigos queridos que han fallecido
y
a los miembros de la mesa de directores de Don Piper Ministries
William «Sonny» Steed
Eldon Pentecost
David Gentiles
Saben que los veré en las puertas del cielo.
Mi historia
Capítulo 1

MORÍ Y ENTRÉ AL CIELO
No tuve una experiencia cercana a la muerte (ECM).
El 18 de enero de 1989 morí. Literalmente.
Es importante que eso quede claro. Desde que salió 90 minutos en el cielo, en 2004, se han publicado muchos libros. La mayoría de ellos, por lo que sé, cuentan sus experiencias cercanas a la muerte. Eso no les quita mérito a sus relatos, pero sus encuentros celestiales fueron diferentes.
Muchas veces quienes están en sus últimos momentos de vida terrenal corren por un túnel largo con una luz al final. Esa no fue mi experiencia, seguramente porque mi muerte fue instantánea.
Mi pequeño Ford Escort estaba cruzando el puente sobre el lago Livingston, en el este de Texas, era una mañana fría y lluviosa, y yo regresaba a Houston para predicar esa noche en nuestra iglesia. Viajaba aproximadamente a cuarenta y cinco millas (setenta y dos kilómetros aproximadamente) por hora cuando un camión con remolque entró a mi carril a casi sesenta millas (unos noventa y siete kilómetros) por hora. El tráiler me golpeó de frente. El impacto no solo fue terrible, también fue fatal en el acto.
Por un instante vi al vehículo de dieciséis ruedas venir directo hacia mí y al siguiente estaba en el cielo.
Frente a mí había una hermosa entrada abierta que parecía el interior de una ostra esculpida en nácar. Era una de las doce puertas de perla del cielo. ¡Nunca se cierran!
Mientras atravesaba la entrada sentí una paz indescriptible. Al contrario de lo que sucede muchas veces cuando recuperamos la conciencia después de una cirugía (que nos sentimos mareados y desorientados), yo no necesité preguntar dónde me encontraba. Estaba completamente consciente, lo supe desde el momento en que llegué.
Pero hubo algunas sorpresas. La primera fue la multitud de gente que de repente me rodeó. Me gusta llamarlos «mi comité personal de bienvenida». Cada persona era alguien que había tenido un papel importante en mi vida en la tierra. Algunos me habían ayudado a convertirme en cristiano y otros me habían fortalecido para crecer y avanzar en mi fe.
Sus rostros estaban llenos de gozo mientras extendían sus brazos hacia mí. Había conocido a cada uno en la tierra en sus buenos y malos momentos, y los había visto sonreír muchas veces. Sin embargo, esta vez los vi sonreír de tal forma que pensé (más tarde): Nunca vi a ninguno de ellos tan feliz.
Sus saludos fueron celestiales, no eran expresiones humanas. Algunos me abrazaron, algunos gritaban felicitaciones y todos alababan a Dios por traerme a casa.
Mientras se lanzaban hacia mí, supe que me estaban esperando. Lo sentí en cada fibra de mi ser. La mejor definición para explicar lo que sentí es la palabra intuición: sabía todo sin entender cómo había adquirido ese conocimiento.
No tuve contacto con mis preciados recibidores, que había amado y perdido; no un contacto tal como lo conocemos. Nuestro abrazo fue entre almas. Fue como si mi corazón le diera a cada uno un abrazo santo. Había estado lejos de algunos de ellos más de un cuarto de siglo. ¡Imagínate lo que es abrazar a un ser amado que no has visto en veinticinco años! ¡Qué reencuentro hermoso!
Mientras miraba cada rostro, conocía muy bien a todos. Todos me llamaban por mi nombre y algo se aclaró de inmediato: mi presencia no era un accidente, al menos no para ellos. Ellos sabían que yo llegaría. En la tierra todos hemos tenido algún tipo de accidente, pero en el cielo no existen los accidentes.
Cuando llegué, no pensé en hacer preguntas para averiguar cómo lo supieron, y las respuestas tampoco importaban. Sentía su presencia como algo natural. De hecho, todo lo que vi y sentí parecía estar en perfecto orden. Me maravillé de la perfección que había en todo, las personas, el panorama, las fragancias y los sonidos.
En todo momento tuve esa sensación de paz y de conocimiento intuitivo.
Ninguno tenía que recordarme lo que había hecho por mí o cómo había influenciado mi vida. Nuestras «conversaciones» se basaban en la alegría de verme y mi emoción de estar con ellos otra vez. En mi mente no había ningún pensamiento relacionado con mi muerte, mi familia o nada de lo que había dejado atrás. Simplemente Dios había borrado todo acerca de mi vida terrenal.
Más tarde, me di cuenta de que estaba más enfocado que nunca en mi vida, y sin ningún esfuerzo. Nada me distraía. Estaba allí, en un momento que parecía no tener fin.
¿Qué tan lejos estaba mi comité de bienvenida? No lo sé. La distancia parecía no tener lugar en el cielo. Los vi, me alegré por su presencia y me sentí extasiado al estar allí, era un sentimiento repentino, intenso y absorbente.
Una vez dentro del territorio celestial, no supe si la bienvenida había durado cuatro segundos o veinte minutos, según las medidas terrenales. Luego, al regresar a la tierra, me dijeron que los paramédicos me habían declarado muerto en el puente a las 11:45 a.m. Un pastor llamado Dick Onarecker hizo una oración y cantó un himno junto a los restos de mi auto noventa minutos después, a la 1:15 p.m. Cuando hablo de noventa minutos es estimado, ya que alguien tuvo que haber informado del accidente y llamado a la ambulancia. Eso significa que mi tiempo en el cielo debe haber sido de casi dos horas.
Pero eso no importa, en el cielo el tiempo no existe. Todo simplemente es.
Luego de los saludos desbordantes de alegría, mi comité de bienvenida me escoltó con entusiasmo hacia una de las doce puertas del cielo. Estaba listo para dar mi primer paso. Observé hacia adentro de las puertas perladas, fascinado con lo que veía frente a mí.
Ese fue el final de mi experiencia celestial.
Mi coautor, la primera vez que le conté mi historia se mostró algo escéptico de creer que literalmente había muerto, comenzó a creerme cuando le señalé dos hechos significativos. En primer lugar, por la gravedad de las heridas que sufrí, además de que pude haberme desangrado hasta morir. Mi muslo izquierdo había explotado en el choque, cuatro pulgadas y media (unos trece centímetros) de mi fémur salieron expulsadas de mi pierna en el impacto y volaron por sobre la barandilla del puente hacia el lago que estaba debajo. Mi brazo izquierdo había sido casi arrancado y colgaba por detrás de mí. Tenía muchas otras heridas abiertas en el rostro, en la pierna derecha y en el torso.
En segundo lugar, los especialistas médicos dijeron que una persona puede sobrevivir sin oxígeno hasta cuatro minutos. Luego de seis minutos, se convertiría en lo que llamaríamos un «vegetal humano».
Cuatro paramédicos ya me habían declarado muerto, pero según la ley del estado de Texas no podían mover mi cuerpo hasta que un médico forense o un juez de paz lo declarara oficialmente y completara la investigación.
No voy a entrar en detalles, que ya aparecen en 90 minutos en el cielo, pero entendí por qué no se me permitió atravesar esa puerta.
El pastor Dick Onarecker, a quien no conocía, entró en la escena del accidente e insistió en orar por mí. El oficial de policía se negó porque sintió que el pastor s
