Parir con humor

Carles Capdevila

Fragmento

Prólogo del autor a esta edición revisada y ampliada

Prólogo del autor a esta edición revisada y ampliada

Este es un libro que quiero mucho. Con él empezó todo, es el origen de una faceta de periodista y de padre interesado en la educación que me ha dado, y me da, alegrías enormes.

Lo escribí hace diecisiete años, cuando hacía solo cuatro que tenía hijos.

Desbordado por las dos primeras criaturas –la parejita–, descolocado por el entorno, desubicado entre amigos sin hijos, tuve que recurrir a mi oficio de guionista para encontrar la manera de reírme de mis obsesiones. Como terapia. O me río o reviento. Lo escribí para mí. Ganó el premio Pere Quart y se acabaron vendiendo 30.000 ejemplares, hecho que confirma que hay muchos padres primerizos que se sienten igual de desbordados, descolocados y desubicados que yo en aquel momento.

Ahora hace veintiún años que soy padre, y tengo el doble de hijos que cuando escribí estas páginas. También tengo la suerte de haber escrito mucho sobre educación, de haber dado conferencias en centenares de AMPAS y de haber llevado la paternidad de buen humor a la radio, a la tele y a YouTube.

O sea, que no soy el mismo que escribió este libro, pero me reconozco en él. Y recordar aquel yo me hace sonreír.

Me ha gustado revisarlo, actualizarlo y añadirle un epílogo con algunas cosas que he aprendido en estos años, pero he querido mantener el espíritu original, el alma de aquel Carles. Sobre todo una candidez y una ternura que ahora no utilizaría pero que eran genuinas y retratan el estado emocional de un recién llegado al mundo más contradictorio de todos, el de la paternidad. Ahora soy el padre veterano que con los últimos ya no esterilizaba el chupete –como mucho lo frotaba contra la manga si se había caído delante de algún testigo– ni ponía el termómetro en la bañerita: metía al niño directamente.

Lo he titulado Parir con humor porque el parto es el centro de la historia, el núcleo. Y porque es un homenaje a las madres que nos han parido. Es la historia de un embarazo, un parto y lo que viene después, vivido por una pareja heterosexual. Es una experiencia a imagen y semejanza de la mía; tomé apuntes de quien tenía más a mano, que era yo. Celebro que hoy en día haya muchos modelos de familia; soy de los que piensa que una familia es un grupo de personas que han decidido vivir juntas y quererse, tanto si los hijos son adoptados, de dos madres, de dos padres, de una madre, de familias reconstituidas, o de tantas otras opciones. Quiero creer que en muchas cosas de las que explica el libro se sentirán igual de identificadas. Porque nada nos une más ni nos hace tan iguales como intentar educar a las criaturas. Ojalá este modesto ejercicio literario os ayude a hacerlo de buen humor.

Carles Capdevila

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BIENVENIDOS

BIENVENIDOS

En el mundo hay 7000 millones de personas, pero cada criatura que nace es la más importante del mundo. Y la más bonita. Menuda casualidad.

Parir con humor es una historia con tres protagonistas (ella, él y el Bebé) que reproduce paso a paso esta aventura tan única y, al mismo tiempo, tan universal. El argumento es muy simple: ella y él lo meditan, ella y él lo hacen, ella y él esperan, ella y él desesperan, ella tiene el Bebé (mientras él mira) y el Bebé cambia por completo las vidas de ella y de él.

Además de los tres personajes principales, en el libro aparecen un montón de actores secundarios incorporados por exigencias del guión. Artistas veteranos, como los padres y los suegros, invitados a bordar el papel de abuelos. Extras de lujo, como el ginecólogo o el pediatra. Y figurantes, como los vecinos, el farmacéutico, los otros papás y mamás o los amigos-sin-hijos-ni-ganas, que completan la compañía artística liderada por el Bebé.

Ella y él necesitan paciencia, suerte, salud, dinero, amor, dedicación y mucho sentido común para sobrevivir a la llegada del Bebé. Pero también sentido del humor. Es la mejor terapia para disfrutar de la gran comedia del embarazo, el parto y la vida familiar.

Antes de poder gestar este libro de humor, tuve que tener el humor de gestar dos hijos. En eso su madre fue de gran ayuda: no sé si habría superado el peso de dos embarazos sin ella. Sin hijos habría tenido más tiempo y tranquilidad para escribir el libro, pero no habría sabido qué decir.

Sólo por ese motivo, mis hijos ya se merecerían la mitad de los derechos de autor. La otra mitad no se la merecen, aunque se la dilapidarán de todos modos. Los conozco como si los hubiese parido. Aunque no haya sido así.

Soy solamente el padre de las criaturas. Me convertí a esta causa con nocturnidad (en este tema, en casa, somos muy tradicionales) pero sin alevosía: nos habíamos puesto de acuerdo. Por eso habíamos quedado allí, a aquella hora, desnudos de aquel modo.

Sí, yo también he llorado en el taburete del baño al ver la marca rosa en el test de embarazo. He hablado con una barriga, con voz cursi y temblorosa. He mentido al ginecólogo, simulando haber adivinado dónde estaban los pulmones en la borrosa ecografía. He excedido el crédito de la tarjeta preparando el nido. He gritado histérico al oír que ella había roto aguas y he conducido el coche temblando de pánico.

He vuelto a mentir diciéndole a ella que lo estaba haciendo muy bien, lo de respirar y empujar, sin tener la más remota idea de cómo había que respirar y empujar. Me he alegrado de no desmayarme, porque menuda vergüenza tenerlo que explicar después.

He vuelto a llorar ante el cristal del escaparate donde exponían por primera vez a mis hijos. He sufrido cuando las visitas los cogían en brazos. He tenido miedo de que el agua de la bañera estuviese demasiado fría, o quemase, o de que se me resbalaran y se ahogasen.

He tenido la tentación de tirarlos por la ventana la tercera noche de cólicos, pero la he resistido. He agotado la tarjeta de almacenamiento de mi móvil, retratándolos segundo a segundo. Y he lamentado que la gente no nos aplaudiese al sacarlos de paseo por primera vez.

Y hablo siempre de mis hijos, mucho más de lo que mis amigos desearían, pero mucho menos de lo que me apetece. Ya lo veis: no sólo soy un papá; soy un auténtico papanatas.

Parir con humor es una historia basada en hechos reales, pero poco autob

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