Aquellos de vosotros que hayáis leído libros donde aparece la familia Walsh ya conocéis a mamá Walsh. Espero que al resto también os guste.
Os presento a mamá Walsh, madre, esposa, ama de casa y mediadora. No se anda con rodeos, no intenta quitar hierro. Mamá Walsh llama a las cosas por su nombre.
Hola a todo el mundo, soy mamá Walsh. Envíame tus problemas y haré lo posible por ayudarte. Pero antes has de saber que no he recibido ningún tipo de formación oficial. He aprendido en la «universidad de la vida». En otras palabras, tengo cinco hijas que, en diferentes momentos, han sido un quebradero de cabeza. La mayor, Claire, siempre fue un poco alocada, pero se casó y se quedó embarazada y pensé que todo se había normalizado, hasta que el cerdo de su marido huyó el día que ella dio a luz. Al final todo se solucionó, pero en aquel momento no tuvo ninguna gracia, te lo aseguro.* Luego la mediana, Rachel, decidió que tenía un problema con las drogas y que debía ingresar en ese centro de desintoxicación que cuesta una fortuna.* Por el mismo dinero el señor Walsh y yo podríamos haber viajado en el Orient Express a Venecia y habernos pasado ahí un mes. Luego, y hete aquí el golpe más fuerte, Margaret, la única hija buena, abandona a su —lo reconozco, soso, sosísimo— marido y se larga a Los Ángeles, donde vive su amiga Emily.* Anna, la cuarta, siempre estuvo algo mal de la cabeza. Para seros totalmente sincera, siempre pensé que le faltaba más de un tornillo. Pero me equivocaba, pues después de pasarse años dando tumbos, ha conseguido un estupendo empleo en Nueva York con una casa de cosméticos. Seguramente habréis oído hablar de ella;
