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Finn ShelbyJohn ShelbyMichael GrayAda ThorneTommy ShelbyArthur ShelbyPolly GrayFAMILIALAShelby
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Introducción deSteven Knight ConMatt Allen
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Con mi agradecimiento y gratitud,por un reparto y un equipo brillantesque con tanto ahínco han trabajadolos últimos diez años en Peaky Blinders.
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L
a inspiración para Peaky Blindersme vino de mis padres. Deniño me hablaban de su infancia en Small Heath, Birmingham. Aunque yo me hubiera criado en la misma ciudad, sus historias eran como cuentos de otro mundo. Sus palabras cobraban vida en mi imaginación.Supe por ellos que en la década de los años veinte las callessecundarias de Birmingham eran salvajes y, en mi mente, un lugar maravilloso. Un reparto de personajes anárquicos que fumaban y bebían se movía al ritmo de porrazos, estruendos y marti
Érase una vez en
las
West
Midlands
Introducción de Steven Knight, guionista y creadorLos auténticos Peaky Blinders, hacia 1917
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Érase una vez en lasWestMidlands| 9llazos misteriosos que procedían de las fábricas de coches yarmas, que funcionaban de manera ininterrumpida todo el año,y cuya ceniza caía como nieve en las calles ennegrecidas.A los nueve años, mi madre era la ayudante de un corredor de apuestas. Los corredores de apuestas del barrio utilizaban aniños para recaudar el dinero porque hacerlo fuera del hipódromo era ilegal y sabían que no sospecharían de ellos ni los detendrían. Con una cesta para la colada, ella iba por Little GreenLane y los jugadores le tiraban sus apuestas envueltas en un trozo de papel —solían ser monedas—, donde escribían el nombredel caballo por el que apostaban y su nombre en clave. Transportaba los sueños y las esperanzas de los pobres hasta el salónde juego ilegal de Tucker Wright, el corredor de apuestas de lazona, después de sortear a su feroz perro atado a una cadena yesquivar las botellas rotas de cerveza.Su padre —mi abuelo— era uno de los mejores clientes deTucker Wright, y a menudo mi madre llevaba su único traje a la casa de empeños para conseguir dinero para apostar. Cuandosuscaballosnoganaban,élseponíaatocarelpianoyacantarA los nueve años, mi madre era la ayudante de un corredor de apuestas.
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Érase una vez en las West Midlands| 11en el pub Garrison a cambio de pintas y whisky gratis para olvidar todo lo que había perdido.Algunas de las anécdotas que me contaban eran puramenteimágenes, casi escenas de una película. Como cuando enviaron a mi padre a hacer un recado en Small Heath: llevar unmensajeasustíos.Lafamiliademipadresehabíadedicadoatrabajar en las barcas del canal, pero sus tíos eran una familiamuy conocida de corredores de apuestas y gángsteres. Mi padre tenía ocho años y corría descalzo por los adoquines con untrozo de papel en la mano que le había dado su padre para quese lo entregara a los tíos. Tenía miedo porque a esa familia y aArriba: Los auténticos PeakyBlinders hacia 1920. De izquierdaa derecha: Henry Fowler, ErnestBayles, Stephen McHickie,Thomas Gilbert. Izquierda:El auténtico Billy Kimber juntoa su actor
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12| POr Orden de lOs PeaKY Blinderssus asociados se los conocía como «Peaky Blinders» por toda laciudad.Puede que los historiadores sostengan que la expresiónpeaky blinderdejara de usarse con el nuevo siglo, pero todosmis tíos y mis abuelos me confirmaron que siguió vivita y coleando hasta los años treinta. Eran Blinders desde la punta de sussuaves gorras de visera hasta sus lustrosas botas negras. Cuandosetratadelahistoriadela clase obrera,meheencontradosistemáticamente con que los libros de historia no son una fuentedeinformaciónfiable,yaque,engeneral,lagentenosemolestaba en escribir las cosas. Yo me fío de los relatos orales, delos recuerdos auténticos y, por supuesto, de los periódicos e informes judiciales.Mipadrellegóala calle Artillery y,nervioso,golpeó en lapuerta trasera, que se abrió con un fogonazo de humo de cigarrillos, cerveza pasada y whisky. Contaba que al entrar se encontró con un grupo de hombres repantingados en sillas que llevaban gorras bajas con cuchillas cosidas a las viseras y las armasSmall Heath hacia 1920Mi padre tenía miedo porque a esa familia y a sus asociados se les conocía como «Peaky Blinders» portoda la ciudad.
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16| POrOrdendelOsPeaKY Blindersapenas medio escondidas debajo de las chaquetas abiertas. Yen medio del grupo, apilada sobre una mesa, una montaña demonedas de plata.Era un barrio donde escaseaba el dinero, pero los Peaky Blinders eran reyes y príncipes, y ese era su tesoro. Mientras mi padre observaba con ojos como platos, alguien le lanzó media corona. Explicaba que iban vestidos de manera impecable: con lasrayas del pantalón tan afiladas como las cuchillas de las gorras, reflejos en las punteras de los zapatos, pajaritas y corbatas bienpuestas en el cuello.Pero lo que más le llamó la atención fue que esos hombres de la realeza de Small Heath bebían la cerveza y el whisky en tarros de mermelada en lugar de vasos o copas. No se gastaba niun penique de la fortuna de la mesa en algo tan trivial como artículos de vajilla. El dinero estaba en las fibras y el cuero de laropa, en el acicalamiento y en las armas.Yo tendría unos nueve años cuando mi padre me contó esahistoriaen concreto.La imagen de la banda reunida alrededordel dinero se me quedó grabada durante décadas, creo que fueporque me explicó todos los detalles con la visión inocente deun niño que vivía realmente esas cosas por primera vez.Más tarde, por el fútbol, yo iba con frecuencia a Small Heath,así que pude ver lo que quedaba de las viejas terrazas y pisosantes de que los derribaran. Todos los pubs tenían detrás unahistoria. Pasaba por delante del Garrison, del The Hen and Chickens o del The Marquis of Lorne y me imaginaba a mi abueloaporreando una melodía en el piano para que le dieran cervezagratis. O a mi madre, cuando era una niña de mi edad, corriendopor los callejones con su cesta de la ropa en la mano. Sobretodo, me imaginaba a los Peaky Blinders.Temporada tras temporada de fútbol, veía desaparecer pubs,fábricas y casas adosadas de Small Heath. Eso solo hacía que megustara más toda la mitología que entraba de sopetón con elhumo y el polvo de las demoliciones. Había un pub que se llamaba The Chain donde, en la época de los Peaky, solo dejabanTemporada tras temporada de fútbol, veía desaparecer pubs, fábricas y casas adosadas de Small Heath.
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Érase una vez en lasWestMidlands| 17entrar a mujeres. No era por imperativo legal, sino porque si unhombre intentaba poner un pie, la clientela, integrada en su mayor parte por fabricantes de cadenas de las factorías de la zona,le daba una paliza tremenda.Las calles rebosaban de personajes. Había un pastor llamadoJimmy Jesus que era negro, iba descalzo y predicaba el evangelio seguido de niños para quienes era el único hombre negro delmundo. Había un hombre, Tommy Tank, que solía explotar sinprevio aviso y destrozaba él solo pubs enteros. Había hombresque se habían quedado ciegos en la guerra y que caminaban enfila con la mano sobre el hombro del que tenían delante. Habíapubs que abrían a las seis de la mañana para que los trabajadoresde la fábrica pudieran beberse unas cervezas antes de entrar altrabajo, donde se les pagaba con cerveza, limpiaban las máquinas con ella y, al parecer, vivían únicamente a base de la bebida.En otro punto, había combates de boxeo a puño limpio enlos que se ataba al perdedor y se lo arrojaba al canal, donde debía nadar hasta la esclusa más cercana sin usar las manos. Otro hombre eraconocidopor ir de pubenpuby meterlacabezadentro de una jaula para enfrentarse con los dientes a la rata quehabía en su interior. Eran historias dementes que la mayoría de escritores no se atreverían a incluir en una obra de ficción por serdemasiado descabelladas, pero todo era cierto. Se trataba de nuestra historia.Yo logré ver de ese mundo en desaparición más que la mayoría porque mi padre acabósiendo herrero. Viajaba por lasWestMidlands herrando caballos. Además de ir a los establos habituales, seguía en contacto con varios gitanos y chatarreros quetenían desguaces y caballos en los barrios pobres del centro yen el Black Country. Yo era el menor de siete hijos y, a veces, enun día de colegio, nos preguntaba a mis hermanos y a mí:«¿Queréis ir al colegio o venir conmigo?». Por supuesto, la respuesta era obvia. Íbamos en familia a herrar con la camioneta y,cuando llegábamos a los desguaces, conocía a unos personajesincreíbles, parecían de otro universo.Había un hombre, Tommy Tank, que solía explotar sin previo aviso y destrozaba él solo pubs enteros.
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18| POrOrdendelOsPeaKY BlindersUno de los mejores desguaces donde se podía tomar el té yescuchar anécdotas era el de Charlie Strong, un chatarrero. Suayudante era un tipo llamado Curly; más tarde me contaron queera mi tío abuelo. Mientras tanto, esos lugares eran como la cueva de Aladino. De niño, no podía evitar sentirme fascinado porlos trastos y las joyas que se encontraban allí. Cuando les preguntaba si algo de aquello era robado, me decían con firmeza: «Esta gente no roba; encuentra estas cosas antes de que se pierdan».A veces mi padre nos llevaba a ferias de gitanos como la deStowe Fair, que eran lugares aterradores llenos de personajesespeluznantes. Él había sido boxeador, así que se manejababastante bien, pero me acuerdo de cuando me llevó a Stowe.Estaba un poco nervioso y me advirtió: «Hijo, no mires a nadie. Si me meto en una pelea aquí, perderé».La infancia de mis padres tuvo como telón de fondo un reparto de personajes secundarios víctimas de la guerra y de las circunstancias.Erantiemposdifícilesylavidasolíasercruel,peligrosa y dura. En verano se llevaban los colchones a los patios yse quemaban para eliminar los chinches del tejido. La higieneprácticamente no existía. Los hombres se peleaban, las mujeresse defendían y los niños observaban desde las sombras.Para mí, como narrador, saber lo dura que era la vida en elmundo que habitaban los Peaky Blinders no lo hizo menos atractivo. Siempre sentí que había encontrado mi propia fuente demitos y poesía que debería transformar en una historia que enalgún momento podría compartirse. Y lo más importante: la vidade esas personas no se había contado. Con la ayuda de la BBC,me propuse rectificarlo.Steven Knight,guionista y creador dePeaky BlindersMe advirtió: «Hijo, no mires a nadie. Si me meto en una pelea aquí, perderé».Derecha, en el centro: Steven Knight,guionista y creador, con Cillian Murphy
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La creación de
Peaky Blinders
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Construir las
catedrales de luz
Hace veinticinco años, el guionista Steven Knight construyó las fábulas sobre la clase obrera que después conformarían la historia de Peaky Blinders. Su idea cobró vida rápidamente
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cOnstruir las catedrales de luz| 23STEVEN KNIGHT:Cuando pensé en adaptar a la televisión lashistorias que había escuchado de pequeño,quería conservar la misma mitología: la ideade que mis padres, de niños, habían experimentado de verdad esas historias y conocido a esos personajes. Después ellos me lascedieron. No quería que fuera una descripción de lo horrible que era la vida en Birminghamenaquellaépoca.Quería enseñar alagente lo fantástico, loco y anárquico que eratodo.De algún modo, quería abordar Peaky Blin-dersigual que los estadounidenses se habíanaproximado a su historia en la televisión. Losvaqueros eran obreros agricultores del sigloXiX,pero guionistasycineastas habíantransformado sus vidas en el salvaje Oeste.Quería mantener una atmósfera en pantalladonde presentáramos nuestros respetos a lasvidas de los británicos de esa época posteriora la Primera Guerra Mundial en lugar de compadecernos de ellos. Quería que los espectadores se imaginaran a los personajes de talmanera que los admiraran.Los protagonistas se desparramaban sobrela página. Polly Gray, la tía, interpretada porHelen McCrory, era una persona real y era aterradora,todosloshombre
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