
Según el diccionario «prólogo» es el «texto situado al principio de una obra escrita, que sirve al autor para justificar haberla compuesto y al lector para orientarse en su lectura». Yo no he escrito este libro, pero sí formo parte de lo que estas páginas contienen. Unos renglones que casi de manera inesperada se empezaron a escribir en septiembre de hace dos años. Por entonces Mandarina y Telecinco me pidieron que presentara un programa especial con motivo del 25 aniversario de la trágica muerte de Paquirri. Lo confieso: la idea no me gustó. Yo creía que de aquel suceso estaba ya todo dicho, todo discutido y suficientemente inclinada la balanza para uno u otro lado en las cuestiones más polémicas: la herencia, las joyas, el amor por Carmina Ordóñez, el amor por Isabel Pantoja, el «supuesto» desamor por la segunda, el «presunto» amor no olvidado por la primera... En fin ¿qué podíamos aportar nosotros? Pese a aquellas dudas acepté. Hicimos el trabajo con la ayuda en el plató de Antonio Rivera, hermano del fallecido diestro, que arrojó nuevas luces sobre un tema en el que parecía no haber ya nada novedoso que contar.
Aquélla fue una buena tarde para la cadena, así que se les ocurrió seguir el sábado siguiente. Y hacerlo con otro especial de Paquirri... ¡Otro especial de Paquirri! ¡Eso ya era demasiado! Pero, tengo que reconocerlo, no lo era. Volvimos a tener una buena audiencia. Y Manolo Villanueva, director general de la cadena, me pidió otro sábado... y otro más... y dedicamos el espacio a Marisol, a Rocío Jurado, a Rocío Dúrcal... Aquello comenzó a tomar cuerpo. Empezarían a llegar invitados, canciones, imágenes extraídas de la memoria... Así nació Qué tiempo tan feliz.
Tengo que hacer una nueva confesión: tampoco me seducía la intención de mis jefes de hacer un programa dedicado a la nostalgia, algo a lo que siempre me he opuesto por lo que supone de paralizante y porque no es bueno detenerse en el tiempo, negarse a avanzar en una permanente mirada hacia atrás. Pero no era ni es nostalgia; es bucear en los recuerdos, en la sentimentalidad de los momentos y de las personas que pertenecen a nuestras vidas, en sus trayectorias de éxito y de sombras a la vez que se acerca todo esto al presente; a las generaciones que crecieron con ellos y a las nuevas que tienen interés en descubrir nuestra historia más reciente. Estos últimos por edad nunca habían escuchado canciones que ahora tienen la oportunidad de descubrir. Y que les gustan. Y ése es uno de nuestros aciertos: la naturalidad con la que conviven el ayer y el hoy, una audiencia más madura con otra más joven, una música de hace años con la puesta al día de nuestro magnífico grupo de voces, todas venidas de Operación triunfo.
En Qué tiempo tan feliz. hemos disfrutado de momentos irrepetibles con Mocedades o Albert Hammond o Paloma San Basilio o el Dúo dinámico o con el Puma, que reconoció haber vivido junto a nosotros uno de sus mejores programas de televisión.
En nuestras tardes de fin de semana hemos abierto el corazón de cada uno de los invitados hasta presentar al artista y a la persona que normalmente no se muestra en los platós. Hemos dado espacio y calor a nombres como Karina, Helena Bianco de Los Mismos, Alma María de Los tres sudamericanos o Mike Kennedy de Los Bravos, que fue uno de los protagonistas más celebrados por la audiencia...
Y los espectadores se quedan con ganas de más. Y por eso nos piden que vuelvan Fórmula V o Los Pecos, que siguen estando de actualidad y emocionando con sus actuaciones, y continúan siendo un fenómeno musical. Todos tienen su sitio, todos saben de nuestro afecto y respeto. Aquí no cabe el olvido.
Esta aventura televisiva la he podido hacer con mi director y amigo Yusan Acha y con un equipo de profesionales, la inmensa mayoría gente muy joven, que disfruta de manera apasionada con su trabajo. Y lo más importante, lo más necesario en este medio y en estos tiempos: el público. Ustedes que con tanta lealtad como con la que nos siguen cada semana han hecho posible que todo esto tenga sentido.
En cada una de estas páginas está su aliento y su cariño. Y en cada uno de estos minutos de televisión está para mí un tiempo feliz; verdaderamente feliz.
María Teresa Campos


INTRODUCCIÓN
Todo comienza en la plaza de toros de Pozoblanco. En la primera imagen que emite el programa, María Teresa Campos se encuentra en los tendidos del mítico coso taurino. Es 26 de septiembre del año 2009, pero la magia de la televisión la transporta al año 1984, al fatídico día de la cogida de Paquirri. Ése es el espíritu que guía desde hace más de dos años los pasos de Qué tiempo tan feliz: ver los toros del ayer desde la barrera del presente. Realizar un viaje en el tiempo al pasado más cercano. Devolver a la actualidad los personajes, las películas, los espacios televisivos y las canciones que forman parte de la memoria colectiva.
La presencia de los auténticos protagonistas de aquel tiempo en el plató permite rebobinar la cinta en la que sus vidas quedaron grabadas y detenerla en los momentos que los marcaron para siempre. Los personajes emocionan cuando ellos mismos se emocionan. Sorprenden y son sorprendidos por visitas inesperadas y recuerdos que creían olvidados. Todos cantan y bailan sin parar. Todos. La música es la columna que vertebra Qué tiempo tan feliz y el instrumento más eficaz para despertar la memoria. No es casualidad que el título del programa sea el de una canción interpretada en español primero por Gigliola Cinquetti, más tarde por Gelu y ahora por las privilegiadas voces de Los Supersingles.
María Teresa Campos es el firme pilar sobre el que se sostiene el programa. Su larga y exitosa trayectoria profesional le hace compartir y recordar experiencias personales con todos los protagonistas que visitan su plató. Gran parte de los invitados acepta pasar una tarde de su fin de semana con la presentadora gracias a la amistad y al enorme respeto que sienten por ella.
Rafael Lorenzo, subdirector del programa, cree con firmeza que Qué tiempo tan feliz es un programa de autor realizado por un equipo entusiasta. Ese autor no es otro que el director, Yusan Acha. Si María Teresa es la experiencia, Yusan es la memoria y el recuerdo que guarda en la cabeza, en el corazón y en los cientos de cintas de VHS grabadas por él mismo desde su adolescencia. Comenzó esta increíble colección con el inicio de la programación matinal. Yusan tenía que ir a clase y no quería perderse nada. Gracias a su amor por la televisión y al vídeo de sus padres Qué tiempo tan feliz cuenta con una enorme cantidad de impagables imágenes que lo dotan de una personalidad única.
Pero lo que hace de Qué tiempo tan feliz algo especial son sus personajes. Ésa es la razón por la que cada capítulo de este libro está dedicado y centrado en algunos de ellos. Imposible incluir a todos. Los que forman parte de estas páginas son sólo un pequeño número de los muchos que dejaron una huella especial a su paso por el programa. Unos impactaron con su presencia y sus palabras ante las cámaras. Otros lo hicieron cuando éstas ya estaban apagadas. Los hubo que revelaron detalles de su vida desconocidos hasta ese momento. El testimonio de sus seres queridos reveló valiosas intimidades de otros. Todos dejaron una impronta inolvidable que merece ser recordada en este libro, en el que presente, pasado y futuro se dan la mano, ya que los protagonistas de estas páginas permanecieron, permanecen y permanecerán en nuestro recuerdo. Si el tiempo es un estado de ánimo, el que a continuación se cuenta es, sin duda, un tiempo feliz.



sólo son dos pero sus cifras, millonarias: trece números 1, mil conciertos y más de cuatro millones de discos vendidos. Javi, más conocido como el Rubio, aunque ya peine canas, y Pedro, el Moreno, conquistaron las listas de ventas y miles de corazones con sus canciones de amor. Parecidos en lo físico y en lo capilar a los traviesos Zipi y Zape de los tebeos, con su música pusieron patas arriba el panorama musical español.
Su primer disco, Concierto para adolescentes, sale a la luz en el año 1978 y en él ya encontramos una canción tan representativa como «Acordes». El tema se mete en las entrañas de muchas fans que al escucharlo se quedan sonriendo con cara de felicidad. En el año 1979 editan su segundo elepé, «Un par de corazones», álbum que contiene el tema más exitoso de toda su carrera, «Háblame de ti». Los hermanos Herrero parecen tener auténtica ansiedad porque tan sólo un año después sale al mercado su tercer disco, Siempre Pecos.


Los Pecos no se libran de la mili

Se encuentran en la cumbre de su carrera cuando un imprevisto detiene lo que parecía el imparable crecimiento del grupo: el servicio militar. Primero es Javi, el mayor de los hermanos, el que tiene que cortarse su melena rubia para cumplir con la patria. A su vuelta es Pedro el llamado a filas. Destino: Melilla. En Qué tiempo tan feliz Pedro recordó que en aquella época, poco tiempo después del intento de golpe de Estado del 23 de febrero del año 1981, ni Los Pecos ni el cantante Iván ni Antonio Flores se libraron del servicio militar precisamente por ser famosos. Los obligaron a cumplirlo para dar ejemplo a todo el mundo.
José Luis Uribarri, invitado ese día a Qué tiempo tan feliz, desveló que la discográfica hizo todo lo posible para que los hermanos Herrero se libraran. Los directivos incluso propusieron rodar una película con Los Pecos en el ejército. Pedro afirmó que ahora se alegra de que el proyecto no prosperase porque le daría mucha vergüenza que sus hijos lo pudieran ver hoy en una película así.

No fue adiós, sino hasta luego

A la vuelta de la mili Los Pecos editan tres discos más, pero ninguno de ellos obtiene el éxito anterior. El obligado parón y la irrupción de la Movida madrileña, con el consiguiente cambio en los gustos del público, son los dos argumentos que se barajan como posibles causas. Tras la bajada de ventas el dúo cesa las actividades musicales, aunque nunca llegan a disolverse del todo, como ha quedado claro a lo largo de las sucesivas apariciones que han protagonizado en el programa.

Qué tiempo tan feliz tuvo el privilegio de ser el espacio donde el mítico dúo anunció a todo el mundo el inicio de una nueva gira por los teatros de toda España.
En otra de sus siempre recordadas y deseadas visitas el equipo quiso sorprender a los artistas con la presencia inesperada de su madre. Pese a los más de treinta años de carrera de sus hijos, Carmen Pozo jamás había aparecido ante las cámaras de televisión. Todo estaba listo para la sorpresa cuando Javi, pensando que su madre se encontraba viéndoles en casa, le envía un saludo y la felicita por su cumpleaños. En el equipo de producción saltan las alarmas porque nadie sabía nada de tan señalada fecha. Cosas del directo. Se pospone la aparición de Carmen de inmediato y se busca una tarta con la que agasajarla, pero en el madrileño barrio de Las Tablas, donde se ubican los estudios de Telecinco, no abundan precisamente las pastelerías. Y menos a esas horas de un fin de semana. Conseguir la tarta de cumpleaños se convierte en una prioridad y un reto. Todavía no se sabe cómo, ni sobre todo dónde, pero el equipo de producción encuentra una. Por fin, bajo los acordes de «Cumpleaños feliz», Carmen entra por primera vez a un plató, sorprende a sus hijos y disfruta de su tarta. Ese día la emociones sólo acababan de empezar.

En un desgarrador testimonio Carmen narró los duros momentos por los que pasó cuando falleció su marido. Sólo diecisiete días después del entierro no tuvo más remedio que ponerse a trabajar en el Hotel Plaza de Madrid sirviendo en las habitaciones. Era la única forma de poder sacar adelante a sus dos hijos pequeños. Emocionado, el mayor de los hermanos recordó las palabras exactas que en aquellos días le dijo a su madre. «Algún día te llevaré yo al Hotel Plaza para que te sirvan a ti». Conmovido por el recuerdo, Javi rompe a llorar en el plató. Un momento muy emotivo que los dos hermanos cerraron interpretando en directo, y con el solo acompañamiento de la guitarra, una de las canciones más bonitas de toda su carrera: «Madre».

Qué tiempo tan feliz se declara muy orgulloso de la calidad de sus vídeos, pero cuando tiene errores los admite. Uno de ellos fue el día que se afirmó que Los Pecos habían sido... ¡¡novilleros!! Aunque el estupor se dibujó en el rostro de los hermanos Herrero, su educación les impidió negar la metedura de pata. Eso sí, en la siguiente visita del dúo, el programa dio fe de su error. La única relación que han tenido Los Pecos con la tauromaquia ha sido la multitud de conciertos que han celebrado en las plazas de toros. «Lo más cerca que hemos estado de los novillos han sido los que hacíamos de pequeños en el cole», observó con guasa Pedro a
