El 9 agosto de 1969, la ciudad de Los Ángeles se estremeció al descubrir que Sharon Tate —la mujer de Roman Polanski— y otras cuatro personas habían sido asesinadas en la residencia del cineasta mientras éste se encontraba rodando en Europa.
Al día siguiente, el asesinato del matrimonio LaBianca en su domicilio conmocionó de nuevo a la ciudad.
En las paredes de las viviendas de las víctimas se encontraron palabras escritas con su sangre. Además, éstas murieron después de ser torturadas. Parecían asesinatos de naturaleza ritual.
A la policía le llevó casi un año encontrar y detener a los culpables. Se trataba de cinco jóvenes provenientes de familias de clase media, miembros de una secta conocida como la Familia, cuyo líder proclamaba que el fin del mundo estaba próximo.
Ese hombre era Charles Manson, y quería ser conocido como Charles Manson alias «Jesucristo», «Dios», «el Diablo».
Era la cara oscura de la contracultura hippy.
UN DELINCUENTE PRECOZ
Charles Milles Manson nació en Cincinnati (Ohio) el 12 de noviembre de 1934. Fue el hijo no deseado de Kathleen Maddox, una prostituta de tan sólo dieciséis años. Dos años después del nacimiento de su hijo, la chica interpuso una demanda de paternidad contra el coronel Scott, de Ashland (Kentucky) y consiguió una compensación económica. Pero Manson no llegó a conocer a su padre biológico, sino que recibió su apellido de un fugaz esposo de Kathleen, William Manson.
La madre del futuro líder de la Familia había pasado varias temporadas en prisión debido a diferentes delitos, entre ellos el robo a mano armada, y tenía graves problemas con el alcohol. En ocasiones dejaba a su hijo al cuidado de familiares, y otras en manos de desconocidos. Se cree que en una ocasión intentó vender a Charles a una camarera en pago por la cerveza que había consumido.
Manson tuvo que aprender pronto a sobrevivir en la calle. Su constitución enclenque le obligó a detectar con rapidez las señales de peligro y los puntos vulnerables de quienes le rodeaban. Esta cualidad le resultaría muy útil en el futuro como gurú de jóvenes perdidos.
A los doce años acostumbraba a robar en establecimientos comerciales, y su madre, que no deseaba seguir ocupándose de él, le internó en la Gibault School for Boys en Indiana. Al año siguiente escapó del centro y cometió su primer robo a mano armada.
En 1948, tras una sucesión de atracos, Manson fue enviado al centro juvenil del padre Flanagan, fundador de la «Ciudad de los Muchachos». Pero el nuevo interno se escapó a los cuatro días de su llegada. Poco después volvió a delinquir y fue capturado de nuevo. Esta vez se le envió a la Indiana School for Boys en Plainfield, de la que escapó en 1951, cuando tenía dieciséis años. En su huida robó un coche con el que atracó quince gasolineras y cruzó la frontera del estado. Pero aunque el joven Manson se dirigía a California, no consiguió pasar de Utah.
Tras ser detenido, fue recluido en la National Training Sch
