Mayo de 1935
Lo que quiero decir:
Que no se puede tener —sin romanticismo— nostalgia de una pobreza perdida. Cierta suma de años vividos miserablemente bastan para construir una sensibilidad. En ese caso particular, el sentimiento extraño que el hijo tiene por su madre constituye toda su sensibilidad.[1] Las manifestaciones de esa sensibilidad en los dominios más diversos se explican suficientemente por el recuerdo latente, material de su infancia (una viscosidad que se pega al alma).
De ahí, para quien repara en ello, un reconocimiento y por consiguiente una conciencia culpable. De ahí aun y por comparación, si se ha cambiado de ambiente, el sentimiento de bienes perdidos. A la gente rica el cielo, dado por añadidura, parece un don natural; para la gente pobre, su carácter de gracia infinita le es restituido.
A una conciencia culpable, confesión necesaria. Debo dar testimonio: la obra es una confesión. Pensándolo bien, no tengo sino una cosa que decir. Es en esta vida de pobreza, entre estas gentes humildes o vanidosas, donde he alcanzado con más seguridad lo que me parece el verdadero sentido de la vida. Las obras de arte nunca bastarán. El arte no es todo para mí. Que al menos sea un medio.
Lo que también cuentan son las vergüenzas culpables, las pequeñas cobardías, la consideración que se otorga al otro mundo (al del dinero). Creo que el mundo de los pobres es, si no uno de los pocos, el único que está replegado en sí mismo, que sea una isla en la sociedad. Con pocos gastos se puede jugar a los Robinsones. Para quien se asoma hay que decir «allá abajo», hablando del apartamento del médico que se encuentra a dos pasos.
Todo aquello debería expresarse por intermedio de la madre y del hijo.
Eso, en general.
Al precisar todo se complica.
1) Un decorado. El barrio y sus habitantes.
2) La madre y sus actos.
3) La relación del hijo con la madre.
¿Qué solución? ¿La madre? Último capítulo: ¿el valor simbólico realizado por nostalgia del hijo?
Grenier:[2] nos menospreciamos siempre. Pero debido a la pobreza, a la enfermedad, a la soledad, tomamos consciencia de nuestra eternidad. «Debemos ser llevados hasta nuestras últimas defensas.»
Es exactamente eso, ni más ni menos.
Vanidad de la palabra experiencia. La experiencia no es experimental. No se la provoca, se la sufre. Más bien paciencia, que experiencia. Esperamos con paciencia, mejor dicho, padecemos.
Muy práctico: al salir de la experiencia, no se es sabio, se es experto. Pero ¿en qué?
Dos amigas: la una y la otra muy enfermas. Pero la una de los nervios; una resurrección es siempre posible. La otra, tuberculosis avanzada. Ninguna esperanza.
Una tarde. La tuberculosa, a la cabecera de su amiga. Esta:
«¿Ves? Hasta aquí, y aun en mis peores crisis, algo me quedaba». Una esperanza de vida muy tenaz. Hoy me parece que no hay ya nada que esperar. Estoy tan débil que creo que nunca me levantaré.
Entonces la otra, con un relámpago de alegría salvaje en los ojos, y tomándola de la mano, le dice: «¡Oh! Haremos juntas el gran viaje».
Las mismas: la tuberculosa moribunda, la otra casi curada. Para eso hizo un viaje a Francia, para ensayar un nuevo método.
Y la otra se lo reprocha. Aparentemente le reprocha haberla abandonado. En verdad, sufre de verla sana. Había tenido esa loca esperanza de no morir sola, de arrastrar con ella a su amiga más querida. Va a morir sola y saberlo alimenta su amistad de un odio terrible.
Cielo de tormenta en agosto. Aire abrasador. Nubes negras. Al este, sin embargo, una banda azul, delicada, transparente. Imposible mirarla. Su presencia es una molestia para los ojos y para el alma, porque la belleza es insoportable. Nos desespera, eternidad de un minuto que querríamos sin embargo estirar a lo largo del tiempo.
A sus anchas en la sinceridad. Poco común.
Importante también el tema de la comedia. Lo que nos salva de nuestros peores dolores es ese sentimiento de estar abandonados y solos, no lo bastante sin embargo para que «los otros» no nos «consideren» en nuestra desgracia. Es en ese sentido en el que nuestros minutos de felicidad son a veces aquellos en que el sentimiento de nuestro abandono nos enorgullece y suscita en nosotros una tristeza sin fin. Es en ese sentido también en el que la felicidad a menudo no es sino el sentimiento apiadado de nuestra desgracia.
Sorprendente en los pobres; Dios puso la complacencia al lado de la desesperación, como el remedio al lado del mal.
Joven, pedía a los seres más de lo que podían darme: una amistad continua, una emoción permanente.
Sé pedirles ahora menos de lo que pueden darme: una compañía sin frases. Y sus emociones, su amistad, sus gestos nobles conservan a mis ojos su entero valor de milagro: un entero efecto de la gracia.
... Habían bebido demasiado y querían comer. Pero era Nochevieja y no quedaban ya lugares. Habiéndoseles negado lo que pedían, insistieron. Los echaron. En ese momento golpearon a patadas a la patrona, que estaba encinta. Y el patrón, un joven frágil y rubio, había tomado un arma y había disparado. La bala se había alojado en la sien derecha del hombre y la cabeza se había vuelto sobre la herida y ahora reposaba. Ebrio de alcohol y de espanto, su amigo se puso a bailar alrededor de su cuerpo.
La aventura era simple y acabaría mañana en un artículo periodístico. Pero, por el momento, en ese rincón apartado del barrio, la luz escasa sobre el pavimento grasoso de lluvia, las lentas patinadas de los automóviles, la llegada espaciada de los tranvías sonoros e iluminados, daban un relieve inquietante a esa escena de otro mundo: imagen empalagosa e insistente de ese barrio cuando el fin del día puebla de sombras sus calles; cuando, más bien, una sola sombra, anónima, señalada por un pataleo sordo y un ruido confuso de voces, surge a veces inundada de gloria sangrienta en la luz roja de un foco de farmacia.
Enero de 1936
De ese jardín, del otro lado de la ventana, no veo más que los muros y esos pocos follajes por donde se desliza la luz. Más arriba, más follajes aún. Más arriba, el cielo. Y de todo ese júbilo del aire que se siente afuera, de toda esa dicha esparcida sobre el mundo, no percibo más que las sombras de los follajes que juegan sobre las cortinas blancas. Cinco rayos de sol también, que derraman pacientemente en la habitación un perfume de hierbas secas. Una brisa, y las sombras se animan sobre la cortina. Que una nube cubra, luego descubra al sol, y he aquí que de la sombra surge el resplandor amarillo de ese florero de mimosas. Basta ese solo resplandor naciente y heme aquí inundado de una dicha confusa que me aturde.
Prisionero de la caverna, heme aquí solo frente a la sombra del mundo. Tarde de enero, pero el frío permanece en el fondo del aire. Por todas partes una película de sol que se quebraría bajo la uña, pero que reviste todas las cosas de una sonrisa eterna. Qué soy y qué puedo hacer sino entrar en el juego de los follajes y de la luz. Ser ese rayo de sol donde mi cigarrillo se consume, esa dulzura y esa pasión discreta que se respira en el aire. Si trato de alcanzarme, es en el fondo de esa luz.[3] Y, si trato de comprender y de saborear ese delicado sabor que libra el secreto del mundo, es a mí mismo a quien encuentro en el fondo del universo. Yo mismo, es decir, esa emoción extrema que me libra del decorado.
Muy pronto otras cosas y los hombres me solicitarán. Pero dejadme recortar este minuto en la tela del tiempo, como otros dejan una flor entre las páginas de un libro. Allí encierran un paseo de amor donde el amor los ha rozado. Y yo también me paseo, pero es un dios quien me acaricia. La vida es corta y es pecado perder su tiempo. Yo pierdo el mío durante el día y dicen que soy muy activo. Hoy es un alto y mi corazón va al encuentro de sí mismo.
Si una angustia todavía me oprime, es la de sentir ese impalpable instante deslizarse entre mis dedos como las perlas del mercurio. Dejad, pues, a aquellos que quieren separarse del mundo. Ya no me quejo, puesto que me contemplo nacer. Estoy feliz en este mundo, pues mi reino es de este mundo. Nube que pasa e instante que palidece. Muerte de mí mismo a mí mismo. El libro se abre en una página amada. ¡Qué insulsa hoy en presencia del libro del mundo! Es cierto que he sufrido, ¿no es cierto, acaso, que sufro?, y que ese sufrimiento me embriaga debido a este sol y estas sombras, a este calor y este frío que se siente tan lejos, en el fondo del aire. Me preguntaré si algo muere y si los hombres sufren, puesto que todo está escrito en esa ventana donde el cielo vuelca su plenitud. Puedo decir y diré enseguida que lo que cuenta es ser humano, simple. No, lo que cuenta es ser auténtico y, por tanto, todo se inscribe allí, la humanidad y la simplicidad. ¿Y cuándo soy más verdadero y más transparente que cuando soy el mundo?
Instante de adorable silencio. Los hombres callaron. Pero el canto del mundo se eleva, y yo, encadenado al fondo de la caverna, estoy colmado antes de haber deseado. La eternidad está ahí y yo la esperaba. Ahora puedo hablar. No sé qué podría desear mejor que esta continua presencia de mí mismo en mí mismo. No es ser feliz lo que deseo ahora, sino solamente estar consciente. Uno se cree a resguardo del mundo, pero basta que un olivo se alce en el polvo dorado, bastan algunas páginas deslumbrantes bajo el sol de la mañana para que uno sienta en uno mismo ceder esa resistencia. Así sucede conmigo. Tomo conciencia de las posibilidades de las cuales soy responsable. Cada minuto de vida lleva en sí su valor de milagro y su rostro de eterna juventud.
No se piensa sino por imágenes. Si quieres ser filósofo, escribe novelas.

En las Baleares: el verano pasado[4]
Lo que hace el precio de un viaje es el temor. Es que en cierto momento, tan lejos de nuestro país, de nuestra lengua, un periódico francés adquiere un precio inestimable. Y aquellas horas de la tarde, en los cafés, en que buscamos tocar con el codo a otros hombres, un miedo vago se apodera de nosotros y un deseo instintivo de recobrar el amparo de los viejos hábitos. Es la más clara contribución del viaje. En ese momento somos febriles, pero porosos. El menor choque nos conmueve hasta el fondo del ser. Encontrar una cascada de luz, y ahí está la eternidad. Por eso no hay que decir que se viaja por placer. Veo más bien una ascesis. Uno viaja por su cultura, si por cultura se entiende el ejercicio de nuestro sentido más íntimo, que es el de la eternidad. El placer nos aparta de nosotros mismos, como la diversión de Pascal aleja de Dios. El viaje, viaje que es como una ciencia más vasta y más grave, nos devuelve a nosotros mismos.
Baleares
La bahía.
San Francisco — Claustro.
Bellver.
Barrio rico (la sombra y las ancianas).
Barrio pobre (la ventana).
Catedral (mal gusto y obra maestra).
Café cantante.
Costa de Miramar.
Valldemosa y las terrazas.
Sóller y el mediodía.
San Antonio (convento). Felanitx.
Pollensa: ciudad. Convento. Pensión.
Ibiza: bahía.
La Peña: fortificaciones.
Santa Eulalia: la playa. La fiesta.
Los cafés del puerto.
Los muros de piedra y los molinos en el campo.
13 de febrero de 1936
Pido a los seres más de lo que pueden darme. Vanidad de pretender lo contrario. Pero qué error y qué desesperación. Y yo mismo quizá...[5]
Buscar contactos, todos los contactos. Si quiero escribir sobre los hombres, ¿cómo apartarme del paisaje? Y si el cielo o la luz me atraen, ¿olvidaré los ojos o la voz de aquellos que amo? Suelen darme los elementos de una amistad, los fragmentos de una emoción, jamás la emoción, jamás la amistad.
Vamos a ver a un amigo mayor para contárselo todo; al menos eso que nos oprime. Pero tiene prisa. Hablamos de todo y de nada. La hora pasa y heme aquí más solo y más vacío. ¡Esa enfermiza sabiduría que intento construir y que destruye la distraída palabra de un amigo que me rehuye! «Non ridere, non lugere»... y las dudas sobre mí mismo y los demás.
Marzo
Día atravesado de nubes y de sol. Un frío recamado de amarillo. Debería llevar diariamente un cuaderno sobre el tiempo. Ese hermoso sol transparente de ayer. La bahía palpitante de luz, como un labio húmedo. Y he trabajado todo el día.
Un título: Esperanza del mundo.
Grenier, a propósito del comunismo:[6] «Toda la cuestión cabe en lo siguiente: ¿por un ideal de justicia hay que aprobar necedades?». Se puede responder sí: es hermoso. No: es honesto.
Guardadas las proporciones: el problema del cristianismo. ¿Al creyente lo desconciertan las contradicciones de los evangelios y los excesos de la Iglesia? ¿Creer es admitir el Arca de Noé, es defender la Inquisición o el tribunal que condenó a Galileo?
Pero, por otra parte, ¿cómo conciliar comunismo y repugnancia? Si intento las formas extremas, en la medida en que llegan a lo absurdo y lo inútil, niego el comunismo. Y esa preocupación religiosa...
La muerte, que da al juego y al heroísmo su verdadero sentido.
Ayer. El sol sobre los muelles, los acróbatas árabes y el puerto estremeciéndose de luz. Se diría que, por ser el último invierno que paso aquí, este país se prodiga y se despeja. Este invierno único, tan resplandeciente de frío y de sol. Frío azul.
Lúcida embriaguez y despojamiento sonriente, la desesperación en la viril aceptación de las estelas griegas. ¿Qué necesidad tengo de escribir y de crear, de amar y de sufrir? Lo que en mi vida está perdido no es en el fondo lo más importante. Todo se vuelve inútil.
Ni la desesperación ni la alegría me parecen fundadas frente a ese cielo y al calor sofocante y luminoso que de él desciende.
16 de marzo
Largo paseo. Colinas con el mar de fondo. Y el sol delicado. Eglantinas blancas en todos los matorrales. Gruesas flores almibaradas, de pétalos violetas. A la vuelta también, dulzura de la amistad de las mujeres. Rostros graves y sonrientes de mujeres jóvenes. Sonrisas, bromas y proyectos. Uno vuelve a entrar en el juego. Y, sin creer en ello, todos sonríen ante las apariencias y fingen someterse. Ninguna nota falsa. Estoy unido al mundo por todos mis gestos, a los hombres por todo mi reconocimiento.[7] Desde lo alto de las colinas, se veía renacer bajo la presión del sol las brumas dejadas por las últimas lluvias. Aun descendiendo a través del bosque, internándome en esa gruta, el sol se adivinaba arriba y ese día milagroso en que se dibujaban los árboles. Confianza y amistad, el sol y las casas blancas, matices apenas oídos. ¡Oh, mis dichas intactas que ya me abandonan y que solo regresan a mí en la melancolía de la tarde a través de una sonrisa de mujer joven o de la mirada inteligente de una amistad que se sabe comprendida!
Si el tiempo transcurre tan rápidamente es porque no propagamos en él puntos de referencia. Lo mismo sucede con la luna en el cénit y en el horizonte. Por eso son tan lentos esos años de juventud, por ser tan plenos, y tan breves los años de vejez por estar ya constituidos. Observad, por ejemplo, que es casi imposible mirar una aguja girar durante cinco minutos sobre un cuadrante; hasta tal punto la cosa resulta lenta y exasperante.
Marzo
Cielo gris, pero la luz se infiltra. Algunas gotas de agua cayeron hace un rato. Allá abajo la bahía comenzaba a esfumarse. Luces que se animan. La felicidad y los que son felices. No tienen sino lo que se merecen.
Marzo
Mi dicha no tiene fin.
Dolorem exprimit quia movit amorem.
Marzo
Clínica en lo alto de Argel. Una brisa bastante fuerte sube por la colina braceando las hierbas y el sol. Y todo ese movimiento tierno y rubio se detiene a alguna distancia de la cima, al pie de cipreses negros que trepan la ladera en filas cerradas. Admirable luz que baja del cielo. Abajo, el mar sin ninguna arruga y la sonrisa en sus dientes azules. Bajo el sol que me calienta un solo lado del rostro, de pie frente al viento, miro transcurrir esta hora única sin poder pronunciar palabra. Pero llega un loco con su enfermero. Lleva una caja bajo su axila y se aproxima, serio.
—Buenos días, señorita (a la joven que está conmigo). Señor, permítame que me presente: señor Ambrosino.
—Señor Camus.
—¡Ah!, conocí un Camou. Empresa de camiones en Mostaganem. Un pariente, sin duda.
—No.
—No importa. Permítame permanecer un momento con ustedes. Tengo derecho todos los días a media hora de salida. Pero tengo que tumbarme boca abajo ante el enfermero para que consienta en acompañarme. ¿Usted es pariente de la señorita?
—Sí, señor.
—¡Ah!, le anuncio, por tanto, que vamos a comprometernos para Pascuas. Mi mujer me lo ha permitido. Tome, señorita, acepte estas pocas flores. Y esta carta es para usted. Siéntese a mi lado. No tengo más que media hora.
—Debemos irnos, señor Ambrosino.
—Ah, bueno, pero ¿cuándo volveré a verlos?
—Mañana.
—Ah, pero no tengo más que media hora y he venido a tocar un poco de música.
Nos vamos. En el camino, el maravilloso resplandor de los geranios rojos. El loco sacó de su caja un junco hendido a lo largo, cuya hendidura está tapizada de caucho.
Arranca una música extraña, quejumbrosa y cálida. «Llueve sobre el camino...»[8] La música nos persigue hasta los geranios y grandes macizos de margaritas, hasta ese mar de sonrisa imperturbable.
Abrí la carta. Contenía avisos recortados y clasificados cuidadosamente valiéndose de números escritos a lápiz.
M.[9] Todas las noches colocaba el arma sobre la mesa. Terminado el trabajo, arreglaba sus papeles, acercaba el revólver, lo ponía contra la frente y en él deslizaba sus sienes, calmando sobre el frío del metal la fiebre de sus mejillas. Y luego permanecía así durante un rato largo, dejando correr sus dedos a lo largo del gatillo, manoseando el seguro, hasta que el mundo callara en torno suyo y que, soñoliento ya, todo su ser se replegara en la sola sensación del metal frío y salado de donde podía salir la muerte.
Desde el instante en que no nos suicidamos, debemos guardar silencio ante la vida. Y él, despertándose, la boca llena de una saliva ya amarga, lamía el cañón del arma, introduciendo su lengua en él y, en un estertor de felicidad sin medida, repetía maravillado: «Mi dicha no tiene precio».
M. — 2.a parte.
Las catástrofes sucesivas. Su coraje. La vida se entreteje de esas desgracias. Se instala en esa tela dolorosa, construye sus días alrededor de aquellos regresos nocturnos, de su soledad, de su desconfianza, de sus sinsabores. Lo creen estoico y resistente. Pensándolo bien, las cosas no pueden ir mejor. Un día, un incidente insignificante: uno de sus amigos le habla distraídamente. Vuelve a su casa. Se mata.
31 de marzo
Me parece que emerjo poco a poco.
La amistad dulce y contenida de las mujeres.[10]
Cuestión social solucionada. Equilibrio restablecido. Dentro de quince días sabré exactamente dónde estoy. Pensar constantemente en mi libro. Organizar sin falta mi trabajo, a partir del domingo.
Reconstruir después de este largo período de vida trepidante y desesperada. El sol, al fin, y mi cuerpo jadeante. Callar. Confiar en mí.
Abril
Primeros días de calor. Sofocante. Todos los animales extenuados. La extraña cualidad del aire sobre la ciudad, cuando el día declina. Los ruidos que ascienden y se pierden como globos. Inmovilidad de los árboles y de los hombres. Moras que conversan esperando el atardecer en las terrazas. Café que se tuesta y cuyo olor también asciende. Hora tierna y desesperada. Nada que abrazar, nada donde echarse de rodillas, loco de agradecimiento.
El calor de los muelles. Enorme, aplastante, corta la respiración. Olores voluminosos de alquitrán que raspan la garganta. El aniquilamiento y el gusto por la muerte. El verdadero clima de la tragedia y no la noche, como se suele pensar.
Los sentidos y el mundo. Los deseos se confunden. Y, en este cuerpo que retengo, siento también esa alegría extraña que desciende del cielo hacia el mar.
Sol y muerte.[11] El descargador de la pierna rota. Las gotas de sangre, una a una, sobre las piedras ardientes del muelle. Su crepitación. En el café me cuenta su vida. Los demás se han ido, quedan seis vasos. Chalet en las afueras. Solo, no volvía sino de noche a cocinar. Un perro, un gato, una gata, seis gatitos. La gata no puede alimentarlos. Todas las noches muere uno, repentinamente, entre basuras. Dos olores también: orina y muerte mezclados. La última noche (extiende los brazos sobre la mesa, los aparta suavemente y empuja lentamente los vasos hasta el borde de la mesa) murió el último gato, pero la madre se comió la mitad. ¡Medio gato! Siempre las basuras. El viento que silba en torno de la casa, un piano, a lo lejos, y él, sentado en medio de aquellas ruinas y aquella miseria. Y todo el sentido del mundo se le había subido de golpe a la garganta. (Los vasos caen uno tras otro sin que deje de abrir los brazos.) Permanece allí varias horas, sin hablar, poseído por una cólera tremenda, las manos en la orina y el pensamiento puesto en la comida por hacer.
Todos los vasos se han roto, y él sonríe. «Está bien —dijo al patrón—, se le pagará todo.»
Pierna rota del descargador. Un muchacho ríe silenciosamente en un rincón.
«No es nada. Lo que me hizo más daño son las ideas generales.» Carrera tras el camión, velocidad, polvo, estruendo. Ritmo enloquecedor de tornos y de máquinas, danza de mástiles en el horizonte, balanceo de los cascos. En el camión: saltos de los adoquines desiguales del muelle. Y en medio del polvo blanco y como de tiza, del sol y la sangre, en el inmenso y fantástico decorado del puerto, dos hombres jóvenes que se alejan a toda velocidad y que ríen sin poder contenerse, como poseídos por el vértigo.
Mayo
No separarse del mundo. No malogra uno su vida cuando la pone en contacto con el mundo. Todo mi esfuerzo, en todas situaciones, las desdichas, las desilusiones, consiste en volver a reanudar los contactos. Y, aún en medio de esta tristeza, qué deseos siento de amar y qué embriaguez ante el solo espectáculo de una colina en el aire de la tarde.
Contactos con lo verdadero: la naturaleza, en primer lugar; luego el arte de aquellos que han comprendido, y mi arte si soy capaz de ello. Si no, la luz y el agua y la embriaguez están aún ante mí, y los labios húmedos del deseo.
Desesperación sonriente. Sin salida, pero ejerciendo sin cesar un dominio que uno sabe vano. Lo esencial: no perderse y no perder lo que de sí está latente en el mundo.
Mayo
¿Todos los contactos = culto del Yo? No.[12]
Culto del yo presupone amateurismo u optimismo. Dos necedades. No elegir nuestra vida, sino desarrollarla. Atención: Kierkegaard, el origen de nuestros males, es la comparación.
Comprometerse a fondo, luego aceptar con igual fuerza el sí y el no.
Mayo
Esos crepúsculos de Argel en que las mujeres son tan hermosas.
Mayo
En los confines. Y, sobre todo, el juego. Niego, soy cobarde y débil, actúo como si afirmara, como si fuera fuerte y valiente. Cuestión de voluntad = llevar el absurdo hasta el extremo = soy capaz de...
De ahí, pues, tomar el juego a lo trágico, en su esfuerzo; a lo cómico, en el resultado (más bien indiferente).
Pero, para eso, no perder el tiempo. Buscar la experiencia extrema en la soledad. Purificar el juego por la conquista de uno mismo, sabiéndola absurda.
Conciliación del sabio hindú y del héroe occidental. «Son las ideas generales las que me hicieron más daño.»
Esa experiencia extrema debe detenerse siempre ante una mano tendida, para proseguir luego. Las manos tendidas son raras.
Dios — Mediterráneo: construcciones — nada natural. Naturaleza = equivalencia.
Contra la recaída y la debilidad: esfuerzo — Atención demonio:
cultura — el cuerpo.
Voluntad — trabajo (Fil.).
Pero contraparte: los intercesores — todos los días
mi obra (las emociones) las experiencias extremas.
Obra filosófica: el absurdo.
Obra literaria: fuerza, amor y muerte bajo el signo de la conquista.
Mezclar los dos géneros en las dos, respetando el tono particular. Escribir algún día un libro que dará el sentido.
Y, sobre esa tensión, la impasibilidad. Despreciar la comparación.
Un ensayo sobre la muerte y la filosofía — Malraux.[13] La India.
Un ensayo sobre la química.
Mayo
Que la vida es la más fuerte: verdad, pero principio de todas las cobardías. Hay que pensar ostensiblemente lo contrario.
Y helos aquí que proclaman: soy inmoralista.
Traducción: necesito imponerme una moral. Confiésalo, pues, imbécil. Yo, también.
El otro sonsonete: hay que ser simple, auténtico, nada de literatura: aceptar y darse. Pero no hacemos sino eso. Si estamos persuadidos de nuestra desesperación, debemos actuar como si esperáramos, o matarnos. El sufrimiento no da derechos.
¿Intelectual? Sí. Y no renegar nunca de ello. Intelectual = aquel que se desdobla. Eso me gusta. Estoy contento de ser los dos. «¿Si eso puede unirse?» Cuestión práctica. Hay que hacer la prueba. «Desprecio la inteligencia» significa en realidad: «No puedo soportar mis dudas».
Prefiero tener los ojos abiertos.
Segunda parte[14]
A. en presente
B. en pasado
Cap. A 1. Casa ante el mundo. Presentación.
Cap. B 1. Recuerda. Vínculo con Lucienne.
Cap. A 2. Casa ante el mundo. Su juventud.
Cap. B 2. Lucienne cuenta sus infidelidades.
Cap. A 3. Casa ante el mundo. Invitación.
Cap. B 4. Celos sexuales. Salzburgo. Praga.
Cap. A 4. Casa ante el mundo. El sol.
Cap. B 5. La huida (carta). Argel. Coge frío, enferma.
Cap. A 5. Noche frente a las estrellas. Catherine.
Patrice[15] relata su historia de condenado a muerte: «Veo a este hombre. Está en mí. Y cada palabra que dice me oprime el corazón. Está vivo y respira en mí. Tiene miedo junto conmigo.
»...Y a ese otro que quiere doblegarlo, también lo veo vivir. Está en mí. Todos los días le envío al sacerdote para debilitarlo.
»Sé que ahora voy a escribir. Llega un tiempo en que el árbol, después de haber sufrido mucho, debe dar sus frutos. Cada invierno concluye en una primavera. Debo dar testimonio. El cielo se reanudará.
»... No diré otra cosa sino mi amor por la vida. Pero lo diré a mi manera...
»Otros escriben por tentaciones diferidas y cada decepción de su vida se les convierte en una obra de arte, mentira tejida de las mentiras de su vida. Pero, en mi caso, es de mis dichas de donde saldrán mis escritos. Incluso en lo que tendrán de cruel. Tengo que escribir como tengo que nadar, porque mi cuerpo lo exige».
Tercera parte (todo en presente)
Cap. I. — Catherine, dice Patrice, sé que ahora voy a escribir. Historia del condenado a muerte. He sido devuelto a mi verdadera función, que es escribir.
Cap. II. — Descenso de La casa ante el mundo en el puerto, etc. Gusto por la muerte y el sol. Amor por la vida.
6 historias:
Historia del juego brillante. Lujo.
Historia del barrio pobre. Muerte de la madre. Historia de La casa ante el mundo.
Historia de los celos sexuales.
Historia del condenado a muerte.
Historia del descenso hacia el sol.
Noviembre
Ver Grecia. Espíritu y sentimiento, gusto por la expresión como pruebas de decadencia. La escultura griega decae cuando aparecen la sonrisa y la mirada. También la pintura italiana con los «coloristas» del siglo XVI.
Paradoja del griego: gran artista a pesar suyo. Los Apolos dóricos, admirables porque carecen de expresión. La expresión solo estaba dada por la pintura (lamentable). Pero, desaparecida la pintura, queda la obra maestra.
Las nacionalidades aparecen como signos de disgregación. Unidad religiosa apenas rota del Sacro Imperio Romano Germánico: las nacionalidades. En Oriente el todo permanece.
El internacionalismo trata de devolver a Occidente su verdadero sentido y su vocación. Pero el principio ya no es cristiano, es griego. El humanismo de hoy afirma todavía el foso que existía entre Oriente y Occidente (caso Malraux). Pero restituye una fuerza.
Protestantismo. Matiz. En teoría, actitudes admirables: Lutero, Kierkegaard. ¿En la práctica?
Enero
Calígula o el sentido de la muerte. 4 actos.[16]
I. a) Su advenimiento. Júbilo. Discurso virtuoso.
(Cf. Suetonio.)
b) Espejo.
II. a) Sus hermanas y Drusila.
b) Desprecio de los grandes.
c) Muerte de Drusila. Huida de Calígula.
III. Fin: Calígula aparece abriendo el telón:
«No, Calígula no ha muerto. Está aquí y allá. Está en cada uno de vosotros. Si el poder os fuera dado, si tuvierais corazón, si amarais la vida, veríais desencadenarse ese monstruo o ese ángel que lleváis dentro. Nuestra época muere por haber creído en los valores, por haber creído que las cosas podían ser bellas y dejar de ser absurdas. Adiós, vuelvo a la historia, donde desde hace tanto tiempo me tienen encerrado los que temen amar demasiado».
Enero
Ensayo: La casa ante el mundo.[17]
En el barrio la llamaban la casa de los tres estudiantes.
—Cuando se sale de allí es para encerrarse.
—La casa ante el mundo no es una casa donde uno se divierte, pero es una casa donde se es feliz.
—«Aquí no hay más que muchachas», dice M. delante de X., que dice groserías.
M. y el amor:
—«Ha llegado usted a una edad en que se es feliz reconociéndose en el hijo de los demás».
—«Hay que enseñarle la teoría de la relatividad de Einstein para poder hacer el amor.»
—«Dios me libre de ello», dice M.
Y subir cada vez es conquistarla cada vez, tan escarpado es el camino que conduce allí.
Febrero
La civilización[18] no consiste en un grado más o menos alto de refinamiento, sino en una conciencia común a todo un pueblo. Y esa conciencia nunca es refinada. Es, además, muy recta. Hacer de la civilización la obra de una élite es identificarla con la cultura, que es otra cosa. Hay una cultura mediterránea. Y, en el extremo opuesto, no confundir civilización y pueblo.
Giras (teatro)[19]
De mañana, ternura y fragilidad de una Orania que uno sabe tan dura y tan violenta en el sol del día: ramblas reverberantes bordeadas de laureles rosados, tintes casi convencionales del cielo naciente, montañas moradas de franjas rosadas. Todo anuncia un día radiante, pero con un pudor y una delicadeza que uno siente ya próximos a su fin.
Abril de 1937
Curioso: Incapacidad de estar solo, incapacidad de no estarlo. Se aceptan las dos. Las dos sacan provecho.
La tentación más peligrosa: no parecerse a nada.
Kabash: Llega siempre un momento en que nos separamos de nosotros mismos. Un pequeño fuego de carbón que chisporrotea en medio de una calleja viciosa y oscura.
Locura — Hermoso decorado de la mañana admirable — Sol. Cielo y osamentas. Música. Un dedo en el vidrio de la ventana.
La necesidad de tener razón, signo de un espíritu vulgar.
Relato: el hombre que no quiere justificarse. Prefiere la idea que nos hacemos de él. Muere, único en tener conciencia de su verdad. Vanidad de ese consuelo.[20]
Abril
Las mujeres que prefieren sus ideas a sus sensaciones.
— Para el ensayo sobre las ruinas:[21]
El viento que deseca. El anciano tan despojado como un olivo de Sahel.
1) Ensayo sobre las ruinas: el viento en las ruinas o la muerte al sol. 2) Retomar la «muerte en el alma».[22] Presentimiento.
3) La casa ante el mundo.
4) Novela. Trabajar en ella.
5) Ensayo sobre Malraux.
6) Tesis.
En un país extranjero, sol que dora las casas sobre la colina. Sentimiento más poderoso ante el mismo hecho en su propio país. No es el mismo sol. Lo sé, yo, que no es el mismo sol.
Dulzura del mundo sobre la bahía, al atardecer. Hay días en que el mundo miente, hay días en que dice la verdad. Esta tarde dice la verdad, y con qué insistencia y triste belleza.
Mayo
Error de una psicología del detalle. Los hombres que se buscan, que se analizan. Para conocerse, afirmarse. La psicología es acción, no contemplación de sí mismo. Uno se determina a lo largo de su vida. Conocerse perfectamente es morir.
1) La prestigiosa poesía que precede al amor.
2) El hombre que lo ha perdido todo, incluso su muerte.
3) Joven, uno se adhiere más a un paisaje que a un hombre. Es porque los primeros se dejan interpretar.
Mayo
Proyecto de un prólogo para El revés y el derecho.
Para muchos, estos ensayos, tal como están presentados, son defectuosos, lo que no se debe a un cómodo desprecio con respecto a la forma, sino solo a una madurez insuficiente. Para los que tomen estas páginas por lo que en verdad son: ensayos, lo único que puedo pedirles es seguir su progresión. Quizá se perciba, desde la primera hasta la última, un ritmo secreto que les sirve de unidad, querría decir que los legitima, si la justificación no me pareciera vana y si no supiera que, antes que un hombre, preferimos la idea que nos hacemos de ese hombre.[23]
Escribir es desinteresarse; cierta renuncia en arte. Volver sobre lo escrito. El esfuerzo que siempre reporta una ganancia, cualquiera que sea. Cuestión de pereza para los que no aciertan.
Lutero: «Es mil veces más importante creer firmemente en la absolución que ser digno de ella. Esa fe os vuelve dignos y constituye la verdadera satisfacción». (Sermón sobre la Justificación, predicado en Leipzig en 1519.)
Junio
Un condenado a muerte, que un sacerdote visita todos los días. Debido a la cabeza cortada, las rodillas que ceden, los labios que querrían articular un nombre, el loco impulso de echarse al suelo para ocultarse en un «¡Dios mío, Dios mío!».
Y cada vez el hombre se resiste a esa facilidad y prefiere tragarse el miedo. Muere sin pronunciar una palabra, las lágrimas llenándole los ojos.[24]
Las filosofías valen lo que valen los filósofos. Cuanto más grande es el hombre, más verdadera es la filosofía.
La civilización contra la cultura
El imperialismo es civilización (cf. Cecil Rhodes). «La expansión es todo» — las civilizaciones son islotes —. La civilización como la resultante fatal de la cultura (cf. Spengler)[25].
Cultura: grito de los hombres ante su destino.
Civilización, su decadencia: deseo del hombre ante las riquezas. Deslumbramiento.
De una teoría política sobre el Mediterráneo. «Hablo de lo que conozco.»
1) Evidencias económicas (marxismo).
2) Evidencias espirituales (Sacro Imperio Romano Germánico).
Combate trágico del mundo que sufre. Futilidad del problema de la inmortalidad. Lo que nos interesa es nuestro destino, sí. Pero no «después», sino «antes».
Poder consolador del infierno.
1) Por un lado, sufrimiento sin fin, no tiene sentido para nosotros. Imaginamos pausas.
2) No somos sensibles a la palabra eternidad. Inapreciable para nosotros. Al menos en el sentido en que hablamos de «segundo eterno».
3) El infierno es la vida con este cuerpo, lo que es preferible a la aniquilación.
Regla lógica: el singular tiene valor universal.
— ilógica: lo trágico es contradictorio.
— práctica: un hombre inteligente en cierto plano puede ser en otros un imbécil.
Ser profundo por insinceridad.
La chica, vista por Marcel. «Su marido no sabía hacerlo. Un día ella me dice: “Con mi marido nunca sucedía así”».
La batalla de Charleroi vista por Marcel.
«A nosotros, los zuavos, nos pusieron en avanzadilla. El comandante dijo “a la carga”. Y luego bajamos a lo que parecía un barranco con árboles. Nos dijeron de atacar. No había nadie delante de nosotros. Por lo tanto avanzamos, como si tal cosa. Y de golpe las ametralladoras comienzan a acribillarnos. Todos caemos, unos sobre otros. Había tanta sangre en el fondo del barranco, debido a los heridos y a los muertos, que se podía atravesar con una canoa. Algunos gritaban “Mamá”, lo cual era terrible.»
—¿Cuántas medallas tienes, Marcel? ¿Dónde las ganaste?
—¿Dónde las gané? En la guerra, hombre.
—¿Cómo en la guerra?
—Oye, ¿quieres que te traiga los diplomas donde está escrito? ¿Quieres que te los haga leer? ¿Qué te crees? Trae los «diplomas».
Los «diplomas» conciernen a todo el regimiento del cual Marcel formaba parte.
Marcel. Nosotros no somos ricos, pero comemos bien. ¿Ves a mi nieto? Come más que su padre. A su padre le basta con una libra de pan, él necesita un kilo. Y adelante con la «soubressade». Y adelante con el escabeche. A veces, cuando ha terminado, dice «ah, ah» y come más.
Julio
Paisaje de la Madeleine.[26] Belleza que da el gusto por la pobreza. Estoy tan alejado de mi fiebre, tan poco capaz de otro orgullo que de amar. Mantenerse a distancia. Decir y decir pronto lo que me colma el corazón.
«Ninguna relación.» Verdadera novela. El que defiende una fe toda su vida. Su madre muere. Abandona todo. De todos modos no cambió la verdad de su fe. Ninguna relación; sucede así.
Hidroavión: gloria del metal refulgente sobre la bahía y el cielo azul.
Los pinos, el amarillo de los pólenes y el verde de las hojas.
El cristianismo, como Gide, pide al hombre reprimir su deseo. Pero Gide encuentra en ello un placer. El cristianismo considera que es mortificante. En ese sentido, es más «natural» que Gide, que es intelectual. Pero menos natural que el pueblo que satisface su sed en las fuentes y que sabe que el fin del deseo es la saciedad (una «Apología de la saciedad»).[27]
Praga. Huida ante sí mismo.[28]
—Querría una habitación.
—Cómo no. ¿Por una noche?
—No. No sé.
—Tenemos habitaciones de dieciocho, veinticinco y treinta coronas.
(ninguna respuesta)
—¿Qué habitación desea, señor?
—No importa cuál (mira hacia fuera).
—Botones, lleve el equipaje a la habitación número doce.
(se despierta)
—¿Cuánto cuesta esta habitación?
—Treinta coronas.
—Es demasiado caro. Querría una habitación de dieciocho coronas.
—Botones, habitación número 34.
1) En el tren que lo llevaba hacia «...», «X» se miraba las manos.
2) El tipo que está siempre ahí. Pero es pura coincidencia.
Lyon
Voralberg-Halle.[29]
Kupstein. La capilla y los campos bajo la lluvia a lo largo del Inn. Soledad que echa anclas.
Salzburgo. Ildermann. Cementerio de San Pedro. Jardín Mirabelle y su precioso resultado. Lluvias, floxs — lago y montañas — caminata por la meseta.
Linz. Danubio y barrios obreros. El médico.
Butweiss. Barrio. Pequeño claustro gótico. Soledad.
Praga. Los cuatro primeros días. Claustro barroco. Cementerio judío. Iglesias barrocas. Llegada al restaurante. Hambre. Sin dinero. El muerto. Pepino en vinagre. El manco y su acordeón bajo la nalga.
Dresde. Pintura.
Bautzen. Cementerio gótico. Geranios y soles en los arcos de ladrillo.
Breslau. Llovizna. Iglesias y chimeneas de fábrica. Su peculiaridad trágica.
Planicies de Silesia. Implacables e ingratas — dunas —. Vuelos de pájaros en la mañana sucia y la tierra viscosa.
Olomouc. Planicies tiernas y lentas de Moravia. Ciruelos agrios y lejanías conmovedoras.
Brno. Barrios pobres.
Viena. Civilización. Lujo hacinado y jardines protectores. Miseria íntima que se oculta bajo los pliegues de aquella seda.
Italia
Iglesias. Sentimiento peculiar con que se las relaciona: Cf. Andrea del Sarto.
Pintura: mundo grave e inmovilizado. Confianza, etc.
Tomar nota: pintura italiana y su decadencia.
El intelectual ante la adhesión (fragmento).
Julio
Lo que tiene de insoportable para las mujeres la ternura sin amor que un hombre puede ofrecerles. Para el hombre, una amarga dulzura.
Las parejas: el hombre trata de brillar delante de un tercero. La mujer inmediatamente: «Pero tú también...», y trata de disminuirlo, de volverlo solidario con su mediocridad.
En los trenes: una madre a su hijo:
—No te chupes los dedos, cochino. O: si sigues, vas a recibir.
Id. parejas: la mujer que se levanta en el tren atestado.
—Dame —dice ella.
El marido busca en su bolsillo y le entrega el papel que necesita.
Julio de 1937
Para la novela del jugador.[30]
Cf . Les Pléiades:[31] cadencia desbordante. Entrar en el juego.
Alma de lujo. El aventurero.
Julio de 1937 — Jugador
Revolución, gloria, amor y muerte. ¿De qué vale todo aquello al precio de ese algo en mí, tan grave y tan verdadero?
—¿Y qué?
—Este duro camino de lágrimas en que consiste mi gusto por la muerte —dice.
Julio de 1937
El aventurero. Tiene el sentimiento inequívoco de que no queda nada por hacer. Nada grande ni nada nuevo es posible — en esta cultura de Occidente, al menos. No queda más que la acción. Pero quien tiene un alma grande no entrará sino desesperadamente en la acción.
Julio
Cuando la ascesis es voluntaria, se puede ayunar seis semanas (el agua basta); cuando es obligada (hambre), no más de diez días.
Reserva de energía real.
Costumbres respiratorias de los yoguis del Tíbet. Lo que habría que hacer es aportar nuestra metodología positiva a experiencias de esa envergadura. Tener «revelaciones» en las cuales no creemos.Lo que me gusta: llevar su lucidez al éxtasis.
Mujeres en la calle. La bestia ardiente del deseo que llevamos adujada en la cavidad de los riñones se agita con una dulzura salvaje.
Agosto
Camino a París: esa fiebre que late en las sienes, el abandono singular y repentino del mundo y de los hombres. Luchar contra su cuerpo. Sentado en un banco, en medio del viento, sintiéndome vacío y hueco por dentro, pensaba todo el tiempo en K. Mansfield,[32] en esa larga historia tierna y dolorosa de una lucha contra la enfermedad. Lo que me espera en los Alpes es, junto con la soledad y la idea de que estaré allí para curarme, la conciencia de mi enfermedad.
Ir hasta el fondo no es solo resistir sino también dejarse llevar. Tengo necesidad de sentir mi persona en la medida en que es sentimiento de lo que me sobrepasa. Tengo necesidad de escribir cosas que, en parte, se me escapan, pero que son la prueba precisamente de lo que en mí es más fuerte que yo mismo.
Agosto
Ternura
