Cartas a la madre

Nicolas Bersihand

Fragmento

cartas_a_la_madre-4

JULIA WARD HOWE, «LLAMAMIENTO A TODAS LAS MUJERES DEL MUNDO»

«En nombre de todas las mujeres y de la humanidad, pido encarecidamente que se fije y celebre un congreso general de mujeres».

Una vez más, ante los ojos del mundo cristiano, dos grandes naciones han consumido su habilidad y poder en el asesinato mutuo. Una vez más, las cuestiones sagradas de la justicia internacional se han sometido a la fatal mediación de las armas de guerra. En esta época de progreso, en este siglo de la luz, se ha permitido que la ambición de los gobernantes trueque los queridos intereses de la vida doméstica por los sangrientos intercambios del campo de batalla. Así han hecho los hombres. Así lo harán los hombres. Pero las mujeres ya no tienen que formar parte de los procedimientos que llenan al mundo de pena y horror. A pesar de los postulados de la fuerza física, la madre tiene una palabra sagrada e imperativa que decir a sus hijos, que deben la vida a su sufrimiento. Esa palabra debe ser escuchada y contestada como nunca antes.

¡Alzaos, pues, mujeres cristianas de hoy! ¡Alzaos, todas las mujeres con corazón, ya sea vuestro bautismo de agua o de lágrimas! Decid con firmeza: No permitiremos que las cuestiones significativas las decidan organismos irrelevantes. No permitiremos que nuestros maridos vengan a nosotras, apestando a matanzas, en busca de caricias y aplauso. No consentiremos que nos arranquen a nuestros hijos para que olviden todo lo que hemos podido enseñarles sobre la caridad, la misericordia y la paciencia. Nosotras, mujeres de un país, sentiremos demasiada ternura hacia las de otro país, para permitir que nuestros hijos sean instruidos para herir a los suyos. Desde el seno de este mundo devastado se eleva una voz que se une a la nuestra. Dice: ¡Desarme, desarme! La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia justifica la posesión. Al igual que los hombres a menudo han abandonado el arado y el yunque en respuesta al llamamiento a la guerra, que las mujeres dejen ahora todo lo que pueda quedar del hogar para celebrar un gran día de reunión y consejo.

Que se reúnan primero, como mujeres, para llorar y homenajear a los muertos. Que luego se aconsejen solemnemente unas a otras respecto a los medios para que la gran familia humana pueda vivir en paz, el hombre como hermano del hombre, y que cada una deje tras de sí la sagrada impronta, no del César, sino de Dios.

En nombre de todas las mujeres y de la humanidad, pido encarecidamente que se fije y celebre un congreso general de mujeres, sin exclusión de nacionalidad, en el lugar que se considere más conveniente, y que sea desde el principio coherente con sus objetivos, para promover la alianza de las diferentes nacionalidades, para resolver amistosamente las cuestiones internacionales, los grandes y generales intereses de la paz.

JULIO MENÉNDEZ GARCÍA, «HIMNO DE LA MADRE»

En España, el principal activista de esta digna causa fue el poeta valenciano Julio Menéndez García, quien en 1925 publicó el «Himno de la madre» y lo envió a las Cortes Valencianas para que se creara este día.

«Hay un amor en la vida que supera a todos los amores: el amor de la madre».

JULIO MENÉNDEZ GARCÍA

HONREMOS A NUESTRAS MADRES

HIMNO DE LA MADRE

Folleto propulsor de la celebración del día de la Madre en España y en las naciones de habla española.

Llamamiento a los Gobiernos, al clero y a la prensa solicitando su cooperación.

Valencia, septiembre de 1925

UN RUEGO

Para mejor lograr el acrecentamiento del amor filial y veneración a la madre, que el autor persigue, se ruega a todos que constituyan este Himno en regalo de unas personas a otras; a los señores profesores de colegios particulares y escuelas nacionales, que lo adopten para ejercicio de lectura y memoria de los niños, y de premio a los aplicados; a las librerías que lo pongan a la venta al público, mediante los revendedores de periódicos el día de la Madre y siempre que se cante el himno; y a los señores directores de banda, orquesta y quintetos, etc., que procuren ponerlo en programa con alguna insistencia, en honor de sus madres y de las madres de todos.

Carta a las Cortes valencianas del poeta valenciano Julio Menéndez García, diciembre de 1926, incluyendo el «Himno de la madre» (1925).

Muy respetable señor mío: Adjunta, me es grato enviarle una transcripción del artículo de fondo de La Nación, de Madrid, del 30-12-26, a la vez que le ruego se digne interesarse por que esa Diputación de que es usted digno presidente, eleve un escrito al Gobierno, apoyando el establecimiento del día de la Madre.

Adjunta asimismo la letra de otros himnos que he compuesto, cooperando en la obra cultural del Gobierno y quedo suyo atentamente S.S. q.s.m.b.

JULIO MENÉNDEZ

Su iniciativa fue reseñada en un artículo publicado en el semanario La Unión Ilustrada (1925).

EL DÍA DE LA MADRE

Un dignísimo jefe de Correos, don Julio Menéndez García, que presta sus servicios en Carlet (Valencia), ha pedido al Directorio la implantación de «el día de la Madre» en España.

La idea no puede ser más hermosa y digna de aplauso. La acogemos en nuestra revista, divulgándola, para que sea pronto una feliz realidad y su celebración resulte grandiosa en todas las poblaciones de España.

A continuación insertamos el llamamiento que el señor Menéndez García ha dirigido al Gobierno, al clero y a la prensa, solicitando su colaboración.

LLAMAMIENTO

Hay un amor en la vida que supera a todos los amores: el amor de la madre.

Rindámosle culto especialísimo, implantando el DÍA DE LA MADRE en nuestras naciones, y celebrando tan hermosa fiesta con todo el fervor de nuestro corazón.

Si su existencia sobre la tierra es un perenne manantial del amor más abnegado en beneficio nuestro, ¿qué menos podemos hacer que dedicar un día al año a honrarla y demostrarle, de especialísima manera, nuestro cariño?

Implántese, pues, tan honrosa fiesta, fijando para celebrarla un domingo de junio o de septiembre, a fin de no mermar el rendimiento del trabajo semanal.

EL DÍA DE LA MADRE debe ser de rica floración espiritual, y por eso habrá de celebrarse con actos en que el Arte ponga en juego los estímulos más nobles de su belleza y emoción, y la Religión las máximas y consejos más elevados, no creyendo necesario hacer ninguna otra indicación sobre el particular, pues cada pueblo, dentro de sus propios recursos e iniciativas, ideará la manera de honrar dignamente a la madre, de tal suerte que su día sea fecundo en los más excelentes frutos de amor filial indestructible y de los más firmes propósitos de virtud y amor al hogar.

Espero que todos acogerán la idea con gran entusiasmo, y que si los Gobiernos y el clero rivalizaran por que la implantación de esa fiesta sea inmediata y su celebración grandiosa, la prensa, por su parte, se esforzará en prender la llama del entusiasmo en sus lectores, mientras que todos los buenos hijos recibirán con gran satisfacción la idea y se dispondrán a celebrar tan hermosa fiesta en honor de sus madres con todo el fervor de sus almas y el más acendrado cariño de su corazón.

II

DÍA DE LA MADRE: CARTAS DE NIÑOS A SU MADRE, ¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!

Las cartas a la madre son especialmente emocionantes cuando provienen de niños, sobre todo cuando estos están destinados a ser grandes personajes de la historia.

EUGÈNE DELACROIX A SU MADRE, VICTOIRE ŒBEN

«Madre bondadosa, celebramos tu fiesta».

1806

En el día de hoy, madre bondadosa, celebramos tu fiesta. El mejor ramo de flores que te puedo regalar es el de cumplir con mis deberes. Es la mejor muestra de afecto que te puedo dar, bien lo sé, pero siempre busco la ocasión de satisfacerte, querida mamá, como pueda. Siempre pienso en ti y en mis pensamientos eres la mejor de las madres.

EUGÈNE DELACROIX

FRÉDÉRIC CHOPIN A SU MADRE, JUSTYNA KRZYŻANOWSKA

«Que tengas la más larga y satisfactoria vida».

16 de junio de 1817

¡Te felicito, mamá, en tu santo! Que los cielos cumplan lo que siento en mi corazón: que siempre estés bien y seas feliz, y que tengas la más larga y satisfactoria vida.

F. CHOPIN

III

DECLARACIÓN DE AMOR FILIAL

Por suerte, algunas cartas a la madre se abstraen del mundo tangible y de las necesidades de su descendencia. Entonan, pues, una esplendorosa y merecida declaración de amor a la madre.

HONORÉ DE BALZAC A SU MADRE, ANNE-CHARLOTTE-LAURE SALLAMBIER

«¿Podré jamás compensarte con ternura y amor todo lo que tú haces por mí?».

Angulema

20 de julio de 1832

Mi buena y excelente madre, después de haberte escrito con tanta prisa, ayer, me arrolló la ternura más completa cuando leí la carta que me escribes, y después de una hora durante la cual te adoré, no tuve fuerzas para escribirte, así que he esperado hasta esta mañana. Pobre madre, ¿cómo podré compensarte, cuándo te compensaré y podré jamás compensarte con ternura y amor todo lo que tú haces por mí?

[HONORÉ]

JOSÉ MARTÍ A SU MADRE, LEONOR ANTONIA DE LA CONCEPCIÓN MICAELA PÉREZ Y CABRERA

«Con usted se me escapa el alma».

15 de mayo de 1894

Madre querida:

Usted no está aún buena de sus ojos, y yo no me curo de este silencio mío, que es el pudor de mis afectos grandes y mi modo de queja contra la fortuna que me los roba y como venganza de esta fatal necesidad de hablar y escribir tanto en las cosas públicas, contra esta pasión mía del recogimiento, cada vez más terca y ansiosa.

Pero mientras haya obra que hacer, un hombre entero no tiene derecho a reposar. Preste cada hombre, sin que nadie lo regañe, el servicio que lleve en sí. ¿Y de quien aprendí yo mi entereza y mi rebeldía, o de quién pude heredarlas, sino de mi padre y de mi madre?

Ahora voy al Cayo, por unos cuantos días y de allí sigo mi labor, más pura, madre mía, que un niño recién nacido, limpia como una estrella, sin una mancha de ambición, de intriga o de odio. Y ve —¿cuántas veces no se lo he dicho?— por qué no puedo escribirle.

A otros puedo hablar de otras cosas. Con usted se me escapa el alma, aunque usted no pruebe con el cariño que yo quisiera sus oficios; y a esa tierra infeliz donde usted vive no le puedo escribir sin imprudencia o sin mentira. Mi pluma corre de mi verdad: o digo lo que está en mí, o no lo digo. Luego, este hablar de sí mismo, tan feo y tan enojoso. Déjeme emplear sereno, en bien de los demás, toda la piedad y orden que hay en mí. Y crea, porque es lo cierto, que en nada pudiera su hijo estar empleado. [...]

Sí, quisiera que me escribiesen todos [...]. Y que me escribiesen sin pena, como si me estuviesen viendo todos los días. Yo las estoy viendo siempre, a mi Chata romántica, a mi Carmen digna, a mi dolorosa Amelia, a mi sagaz Antonia: yo no ceso de verlas un instante. Un rayo dejó una vez mudo a un hombre; ¿y no quieren que haya enmudecido yo?

A usted, madre mía, ni una palabra. La quiero y la sufro demasiado para eso. Toda la verdad y la tristeza de su hijo.

JOSÉ

MIGUEL HERNÁNDEZ A SU MADRE, CONCEPCIÓN GILABERT

«Madre, me acuerdo mucho de ti».

Alicante

5 de enero de 1942

Mi querida madre:

Me encuentro francamente mejor. Un poco débil, como advertirás en la letra, pero dispuesto a ponerme bien pronto, y además fuerte. Ha sido un principio de tifus, según el resultado del análisis de sangre que se me hizo. Hoy ya no existe ningún peligro. Tengo ganas de tener unas letras tuyas y saber de ti, de la tía Antonia y demás familia. No quiero que se te ocurra venir hasta que llegue el buen tiempo, a pesar de las ganas tan grandes que tengo de verte. Esta primavera vendrás, si no se me ocurre a mí ir antes.

Madre, me acuerdo mucho de ti. No sufras, come, cuídate y ya vendrán mejores tiempos. Ya estoy aquí en la enfermería de la prisión, un poco impaciente de llevar treinta y siete días en cama, y eso que es la primera vez que duermo en ella después de dos años y medio de prisión (un poco más).

Bueno, vieja, se me cansa la mano y te voy a abrazar, no es muy fuertemente, porque no puedo, pero sí con las fuerzas necesarias con que cuento actualmente.

Hasta la tuya te saluda y abraza otra vez tu hijo Miguel.

ROBERT SCHUMANN A SU MADRE, CHRISTIANE SCHNABEL

«Solo a ti debo mi vida feliz, mis expectativas de contar con un futuro alegre y sereno».

Monheim, cerca de Nüremberg

2 de abril de 1828

Pienso en ti a menudo, mi buena y querida madre, y en todas las excelentes máximas con las que me armaste para la batalla de la vida… Querida madre, ¡cuántas veces te he ofendido y he malinterpretado tus sabias intenciones! Perdona a tu hijo, que espera expiar las faltas de su exaltada juventud con buenas acciones y una vida virtuosa. ¡Qué extraordinario ascendiente tienen los padres sobre sus hijos! Al quedar huérfano de padre, tengo aún mayores obligaciones para contigo, queridísima madre. Solo a ti debo mi vida feliz, mis expectativas de contar con un futuro alegre y sereno. Que tu hijo se muestre digno y responda siempre al amor de su madre llevando una buena vida. Pero tú debes ser, como siempre, mi madre bondadosa e indulgente, y juzgarme con benevolencia cuando cometa una transgresión, amonestarme con delicadeza cuando mis extravagancias me adentren en exceso en el peligroso laberinto de la vida. Jean Paul dice: «La amistad y el amor recorren este mundo casi velados y con los labios sellados, y ningún hombre habla de su amor a otro, porque el alma no tiene forma de hablar; pero los niños pueden revelar su amor, expresar en voz alta su devoción al corazón de sus padres, y reintegrar adoración por amor…».

[ROBERT]

FIÓDOR DOSTOIEVSKI A SU MADRE, MARIA DOSTOIEVSKAIA

«Cuando ahora pienso en ti, me invade tal tristeza que resulta imposible ahuyentarla».

[Moscú, abril-mayo de 1834]

Querida mamá:

Una vez te fuiste, querida mamá, empecé a echarte muchísimo de menos, y cuando ahora pienso en ti, querida mamá, me invade tal tristeza que resulta imposible ahuyentarla. ¡Si supieras cuánto me gustaría verte! Apenas puedo esperar a que llegue ese feliz momento. Cada vez que pienso en ti rezo a Dios por tu salud. Haznos saber, querida mamá, si has llegado bien, dale un beso a Andryushenka y Verochka de mi parte. Beso tus manos y seguiré siendo tu hijo obediente.

F. DOSTOIEVSKI

RICHARD WAGNER A SU MADRE, JOHANNA ROSINE WAGNER

«Sé que, si todo lo demás me abandonara, seguirías siendo mi último y más querido refugio».

Carlsbad

25 de julio de 1835

Solo de ti, querida madre, puedo pensar con el más sincero amor y la más profunda emoción. Lo sé, hermanos y hermanas deben seguir su propio camino, cada uno tiene la mirada puesta en sí mismo, en su futuro y en el entorno relacionado con ambos. Así es, y yo mismo siento que llega un momento en que estos caminos se separan, cuando nuestras relaciones recíprocas se rigen en exclusiva por las apariencias; nos convertimos en meros diplomáticos que no se involucran, guardamos silencio cuando el silencio parece prudente y hablamos cuando nuestra opinión sobre algún asunto así lo exige; y cuando estamos lejos, separados unos de otros, es cuando más hablamos. Pero ¡oh, cuán por encima se eleva el amor de una madre sobre todo eso!

Sin duda, yo también soy de los que no siempre pueden expresar al momento lo que les dicta el corazón, aunque tú has llegado a ver con frecuencia una parte de mí mucho más tierna. Pero mis sentimientos no han cambiado; y mira, mamá, ahora que te he dejado, el de agradecimiento por el gran amor mostrado hacia tu hijo, que tan cálidamente y con tanta ternura volviste a manifestarle el otro día, tanto me subyuga que de buen grado te escribo para contártelo, con tanta devoción como la que profesa un amante a su amada. Sí, y con aún más devoción, porque ¿no es el amor de una madre muchísimo más impoluto que cualquier otro?

No

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