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Mecano

Javier Adrados

Fragmento

cap-2

1

Quiero vivir en la ciudad

 

España estaba viviendo una reconversión total y absoluta; políticamente todo había cambiado, el pueblo había votado masivamente la Constitución, el poder ya no era absoluto, se habían legalizado partidos políticos. La mujer comenzaba a tener verdadera voz, se empezaba a hablar sobre la posibilidad de aprobar el divorcio, etcétera. Y la juventud ya buscaba otras cosas, tenían inquietudes, y entre ellas estaba divertirse y vestir de color un mundo que hasta entonces había estado grisáceo. El cambio tuvo mucho que ver con los artistas que perseguían en Madrid ese cielo en el que poder mostrarse. Allí estaban Jose, Nacho y Ana.

Jose y Nacho eran hermanos y Ana era la novia del primero. Comenzaron a cantar y actuar juntos en los bares del Madrid de la ahora llamada «movida madrileña». Aunque no frecuentaban los lugares más característicos del movimiento, se movían en otro tipo de ambientes, como las típicas fiestas de amigos o los festivales de colegios mayores, donde José María se llevó un premio como cantautor revelación. José María y Nacho siempre habían tenido claro que se querían dedicar a la música. Nacho siempre había tenido sus grupos de rock con los compañeros del colegio y Jose quería ser cantautor, tenía muy claro qué clase de canciones quería componer y qué quería para ellas. Según él mismo reconoce: «Mi hermano y yo nos dedicamos a la música gracias a mi padre, que se compró una guitarra flamenca que nunca utilizó. Éramos muy jóvenes y evidentemente el estar todo el día tocando en casa nos desencadenó miles de problemas, pero una vez que vieron el primer single mis padres fueron nuestros primeros fans».

Ana Torroja, por su parte, venía de una familia sin destacada tradición musical. Su abuelo fue, eso sí, un arquitecto famoso, Eduardo Torroja, quien además obtuvo el título de marqués. Ana recuerda con humor que «mi padre más de una vez ha dicho entre risas que en esta vida había pasado de ser el hijo de Eduardo Torroja al padre de Ana Torroja». Antes de empezar con Mecano, Ana era una joven normal, como muchas otras de su generación: «Cuidaba niños pequeños, tenía una amiga que tenía un colegio y hacía suplencias, recogía a niños en el coche para llevarlos a la escuela e incluso daba clase de español a suecos. Recuerdo que un verano trabajé en un restaurante de Menorca. Nunca pensé que ocurriría todo lo que iba a pasar».

Las primeras canciones que interpretaban Ana, Nacho y José María no tenían nada que ver con lo que más tarde sería el estilo de Mecano. Jose no quería ser un cantautor de canción protesta, que tan de moda estaba en los setenta. Nunca había sido muy reivindicativo políticamente hablando. Incluso, años más tarde, comentó públicamente que no solía votar porque nunca le ha gustado que le manden, y menos elegir al que tenga que hacerlo. Él prefería escribir y cantar al amor. En esa época nacieron títulos como «Te quiero amor», o «Te fuiste» que, una vez consagrado como compositor, grabarían Miguel Bosé y Massiel, respectivamente.

Ana, sin embargo, nunca había querido ser cantante. «Cuando me paro a pensarlo —recuerda— la verdad es que no sé por qué me animaba a cantar con ellos. Yo no tenía ni idea de nada y desde luego no tenía intención de ser cantante. Imagino que lo hacía porque siempre quise mucho a Jose y Nacho, y era mi forma de apoyarles; yo creo que Mecano nació en una de esas fiestas en las que cantábamos canciones de otros, como aquella de “Un caballo sin nombre”.»

Al principio las cosas no fueron fáciles, realmente en el mundo del arte no lo suelen ser para casi nadie, y en algunos de los bares en los que actuaban tenían que pagarse hasta las copas. Jose cantaba y tocaba la guitarra, Nacho hacía coros y se encargaba de hacer arreglos con la guitarra, y Ana, de vez en cuando, apoyaba a Jose en las segundas voces. «Realmente éramos como los músicos de Jose —recuerda Ana—. Estas canciones que cantábamos solo se le podían ocurrir a Jose, y Nacho metía unos punteos con la guitarra, porque en ese momento no tenía ni voz ni voto a la hora de componer. Yo quería dedicarme tan solo a estudiar [Económicas], pero empecé a hacer los coros, no siempre, para reírnos un poco, pero sin ninguna pretensión.»

A pesar de que, en principio, todo comenzó como un divertimento, con el tiempo empezaron a llamar a las compañías de discos que entonces tenían sede en España, como CBS, Hispavox... Ni siquiera tenían presupuesto para poder grabar una maqueta, con lo que se ofrecían a ir a tocar delante del director artístico de turno. Aquellos años fueron fundamentales para la búsqueda por parte de las compañías de discos de nuevos y revolucionarios talentos musicales.

En esta búsqueda incansable, en donde la ilusión siempre es la clave, apareció una figura que sería definitiva en el futuro de Jose, Nacho y Ana: Miguel Ángel Arenas, más conocido como el «Capi». Capi es, desde hace cincuenta años, un referente del pop en España. En 1980 ya podía decir en su currículum que había sido «el descubridor» de artistas como Pecos y Tequila. También trabajó en la grabación del primer disco de Alaska y los Pegamoides y, por supuesto, del descubrimiento del segundo fenómeno musical más importante surgido en España, después de Mecano: Alejandro Sanz. Recuerda que cuando trabajaba como cazatalentos en Hispavox recibió un día a un cantautor llamado José María Cano, que iba con su hermano, Nacho, y su novia. «Hicieron una serie de canciones que creo hoy en día hubiesen sido muy interesantes, porque se adelantaban mucho al tiempo en lo que era tratamientos de textos, aunque en aquel momento sonaban un tanto trasnochadas debido a los cambios que se estaban produciendo en los gustos musicales de la juventud española. José María tenía una voz fea, con pocos matices, y el mercado ya tenía bastante con cantautores como Joan Manuel Serrat, Javier Krahe, Víctor Manuel.» Ana recuerda que «eran canciones muy de cantautor escritas por Jose, en las cuales ya demostraba que tenía una imaginación desbordante para crear historias».

Capi se sorprendió de la energía de Nacho en los punteos de guitarra y del color de voz de Ana cuando cantaba. «Me parecía como un duendecillo maravilloso», recuerda. Les propuso que por qué no preparaban algo como un grupo. «A las dos semanas me llamó Nacho, enloquecido, diciéndome que ya tenían tres canciones para grabarlas. Nacho llegó con un teclado, y era alucinante cómo, con tan solo dieciséis años, dominaba la situación.» Se grabaron tres canciones cantadas cada vez por uno de ellos, para ver quién convencía más. Esas tres canciones eran «Hoy no me puedo levantar», «Quiero vivir en la ciudad» y «Súper Ratón».

A finales de los setenta comenzó una gran amistad entre los hermanos Cano y Miguel Ángel, el «Capi». Incluso, en 1979 pasaron la noche de fin de año juntos. Capi recuerda que la pandilla de Nacho «era bastante broncas y, aunque me hizo mucha ilusión que me invitara a pasar la Nochevieja con ellos, me sorprendió ver a un grupo de quinceañeros dándose de hostias, y yo ahí de mero observador». Acabaron como a las ocho o nueve de la mañana, después de patearse todas las fiestas de Madrid. El día 1 tras levantarse y en plena resaca, Nacho llamó a Miguel Ángel y le dijo que desde esa noche iba a cambiar de vida, que sabía que su grupo iba a ser el más grande de la historia del pop español.

Capi encajó muy bien con los dos hermanos Cano. Con Ana la relación fue también cordial, aunque, tal y como él recuerda, «Ana desde siempre ha sido como más retirada, siempre una profesional, pero ya desde el principio se la veía que su vida personal o privada era otra cosa». Capi solía quedar con ellos todas las tardes, después de sus clases, para intercambiar ideas. También les llevaba a fiestas y encuentros con lo más selecto de la nueva ola madrileña, a posar ante los focos del fotógrafo Pablo Pérez Mínguez, o los colaba en casa Costus, el 1.º A del número 14 de la calle de la Palma, en el madrileño barrio de Malasaña, donde se reunía lo más granado de la movida madrileña y que sirvió de plató para el rodaje de los interiores de la película Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. En aquella casa vivían Juan José Carrero Galofré y Enrique Naya Igueravide, dos artistas plásticos. El primero murió de sida en 1989 y el segundo se suicidó un mes más tarde porque no soportaba su ausencia. Aquel célebre lugar fue, según Capi, donde nació la canción «Me colé en una fiesta».

El padre de Nacho y José María tenía un local en el barrio de Ríos Rosas. Allí solía reunirse Capi con los hermanos Cano, y en aquel lugar fue también donde empezaron a fraguarse los primeros temas de Mecano. Ana normalmente acudía solo a los ensayos generales. De aquellas reuniones surgieron las primeras maquetas para Hispavox. Por desgracia, Miguel Ángel dejó la compañía y el posible fichaje de Ana, José María y Nacho se malogró. Capi, lejos de amedrentarse e ilusionadísimo con estas canciones, se las pasó a Luis Cobos y a Jorge Álvarez. Luis Cobos estaba triunfando en la música pop con sus arreglos de clásicos; Jorge Álvarez era un visionario del pop que, además de trabajar en el desarrollo del primer disco de Mecano, formó un año más tarde el grupo Olé Olé (con un tema de Nacho Cano). También produjo discos que han sido importantísimos para la música patria como, por ejemplo, Sangre española de Manolo Tena. En 2007 Jorge recordaba que nada más ver a José María, Nacho y Ana supo que tendrían un éxito mundial.

Entretanto, mientras aguardaban la llegada de ese éxito, José María Cano consiguió actuar en el programa concurso de TVE Gente Joven. Este programa era una especie de talent show muy popular en los años setenta y primeros ochenta. Se emitía los sábados por la mañana y en él participaban artistas en distintas modalidades: copla, folk, pop, y lo que entonces se conocía como canción ligera. En ese género encajaron a José María y Nacho Cano, que acudieron acompañados de Ana para que les hiciese los coros. Se presentaron con una versión del tema «Al alba», de Luis Eduardo Aute, y un tema de propia cosecha que se titulaba «Qué haces tú en el mundo». La suerte no les sonrió. Nada más comenzar a tocar, José María y Nacho tuvieron la impresión de que algo no funcionaba, de que algo les faltaba aún para sonar como ellos querían. Ana, por su parte, se tomó aquello como algo divertido, sin darle mayor importancia, y quedaron en una decepcionante penúltima posición. «Nunca pensé que de ahí iba a salir una carrera profesional —recuerda ahora—. Lo hacíamos porque nos apetecía. Por supuesto fui encantada al programa, y me puse nerviosísima.»

José María solía presentarse a todo tipo de concursos musicales, motivado por una ilusión que prevalecía sobre cualquier otra cosa. Su hermano Nacho siempre lo acompañaba. Para él resultaba sencillo porque en aquella época coincidían en su gusto por el rock sinfónico de los setenta, como Yes, Genesis, etcétera. José María, por su parte, se sentía muy interesado por la música de cantautor, sobre todo las letras, a las cuales él les daba mucha importancia. No obstante, para él la música pop estaba a un nivel superior. Reconocía el valor insuperable de algunos nombres como Silvio Rodríguez o Joan Manuel Serrat, así como de genios internacionales como el ganador del Nobel Bob Dylan; pero sentía más interés por el personaje concreto que por el hecho artístico en sí del fenómeno del cantautor.

«Siempre he creído firmemente en las buenas intenciones —dice Nacho—, pero soy muy escéptico respecto a lo de la militancia personal; creo que es peligroso el artista que de alguna manera adoctrina, prefiero el que tiene un acercamiento más estético o frívolo a la música y a las canciones. Mecano tenía todo eso.»

En 1980, y gracias a los contactos de Luis Cobos y Jorge Álvarez, el trío de jóvenes artistas conoció a José María Cámara, quien les ofreció su primer contrato importante con CBS: un millón de las antiguas pesetas a cambio de un single. Parecía que la gran oportunidad al fin se había presentado. Nacho lo recuerda de la siguiente manera: «Después de varios vaivenes la cosa estuvo a punto de caerse porque Capi había sido despedido de Hispavox. Nuestra estrategia fue engañar a unas compañías y otras, haciéndolas ver que había más gente interesada en nosotros y al final firmamos con CBS. Desde el principio pedimos que Capi estuviera con nosotros, y te puedes imaginar nuestra satisfacción cuando firmamos el primer contrato, que seguro que era leonino, pero ahí estábamos por fin. Recuerdo que me lo metí como en una camisa que llevaba decolorada por mí y con flecos, y cuando íbamos súper contentos Ana, Jose y yo por la calle Orense (hacía un viento del carajo), se me voló... Yo tenía tan solo diecisiete años, y salía todas las noches a celebrarlo por Madrid.»

Para Ana, «leonino» era una palabra que describe perfectamente aquel primer contrato. «Aunque nosotros no entendíamos mucho estábamos muy contentos solo por el hecho de haberlo firmado, además no íbamos a estar muy atados ya que realmente era solo por un single. Además, te diré, que yo que había sido un ligue de Jose, ahí ya habíamos dejado de serlo, y ya era amiga tanto de Jose como de Nacho.»

El grupo ya había dado un paso importante en su carrera musical; sin embargo, todavía les faltaba algo básico: un nombre con el que salir al mercado.

La idea de «Mecano» surgió en los despachos de la CBS, en el 93 del madrileño paseo de la Castellana. Aurelio González, director artístico, fue quien tuvo la ocurrencia de basarse en el apellido familiar de Nacho y José María. La idea era la de emular y acercarse a grupos que venían dando fuerte en el mercado musical desde el Reino Unido, como Sapandau Ballet, Human League o Thompson Twins; así que, en un primer lugar, se pensó en buscar un nombre con dos palabras. Por aquel entonces existía una formación llamada Mecano Humano, y aún hoy existe el mito de que fue uno de los nombres que se barajó para el grupo de los Cano y Ana Torroja, cosa que no es cierta.

Aurelio González pensó en algo más directo, de una sola palabra, y propuso Mecano, quizá porque desde ese momento vieron en CBS que tenían entre sus manos un juguete para modelar a sus anchas. Sin embargo, no se dieron cuenta de que ninguno de los miembros del grupo era muy manejable. La primera en protestar fue Ana, a la que el nombre no le gustó demasiado porque aludía al apellido de sus compañeros masculinos (Cano) pero no había rastro del suyo (Torroja). No obstante, con el tiempo acabó por aceptarlo con entusiasmo, e incluso le pareció un acierto de Aurelio González. «Empecé a ver que realmente un Mecano son piezas que encajan —dice Ana— y me empezó a gustar mucho más. También se barajaron nombres como Yerma y Prisma, que eran los nombres de los grupos que había tenido Nacho con sus amigos del instituto.»

Lo que ella no se imaginaba por aquel entonces era el brusco giro que iba a dar su vida, cuando Capi tuvo la genial idea de que pasase a liderar el grupo como cantante, algo que tanto a José María como a Nacho les pareció fenomenal. «La verdad es que —continúa Ana— nunca he preguntado cómo fue el momento en el que decidieron que fuera yo la cantante. Jose tiene una memoria de caballo y seguro que él sí que se acuerda. Supongo que me pondría nerviosa, o puede que ni siquiera me diera cuenta de lo que eso suponía, ni de la responsabilidad que representaba. Ahora no me puedo ni creer que aceptase. Era todo nuevo: te proponían hacer algo y tú lo hacías porque pensabas que si lo decían tenía que ser así.»

Comenzaron las reuniones para elegir los temas del primer single. El contrato especificaba que no se grabaría un disco de larga duración, sino que antes se publicarían algunos sencillos para ir tanteando el mercado, lo que en aquel entonces era una costumbre muy habitual.

Por otra parte, la discográfica era consciente de que Mecano tenía varios riesgos añadidos, como el de ser el primer grupo con una chica al frente, el primer trío sin un bajo y baterías fijos. De hecho, Jorge Álvarez quiso meter como bajista a Carlos de France de Objetivo Birmania y como baterista a Juan Tarado de Olé Olé. Carlos de France lo recuerda así: «Llegué incluso a ir a ensayar con ellos al local, pero honestamente no les gusté. Me quedé impresionado con el talento de Nacho para hacer canciones, recuerdo que se ponía en un teclado y nos tocaba canciones como “Me colé en una fiesta”, “Maquillaje”... Ellos tenían muy claro lo que querían y aunque en un principio supongo que les obligaron a aceptar la idea de Jorge Álvarez para que me incluyeran a mí y a Juan, ellos se opusieron porque no éramos para nada lo que buscaban. No volvimos a coincidir». El caso de Juan fue más o menos parecido. Juan vivió las mieles del éxito con Olé Olé y falleció a los cincuenta y tres años en 2014. Siempre mantuvo amistad con Nacho Cano.

Una de las claves en el sonido del grupo fue la voz de Ana, quien tuvo que empezar a formarse musicalmente para sacar mayor partido de su capacidad como cantante. «Cuando empiezas a cantar —dice—, tienes una forma de entonar muy plana, lo haces de una manera innata e inconsciente. Luego empiezas a saber más y a sacarte más matices. Yo siempre he intentado ser muy metódica, no me gusta fallar. Siempre hay que dar lo mejor que uno pueda. En el escenario he aprendido a olvidarme de que estoy cantando, lo que me permite relajarme y hacerlo mejor.»

Mecano era algo nuevo y diferente. No tenían nada que ver con las formaciones por las que el público apostaba en ese momento, como Tequila y Pecos, Camilo Sesto, Miguel Bosé, Iván y Pedro Marín; o el rockero (por aquel entonces punk) Ramoncín, y otros representantes de la movida madrileña como Kaka de Luxe, La Mode, Nacha Pop, Trastos o Los Secretos.

En concreto Pecos, que a finales de los setenta se convirtieron en un fenómeno de fans sin precedentes —las chicas se colaban en sus habitaciones, abarrotaban recintos y llegaron a vender más de dos millones de discos con canciones como «Acordes» o «Háblame de ti»—, fueron, en cierta medida, quienes contribuyeron al éxito de Mecano. A principio de los ochenta los miembros del conjunto tuvieron que hacer la mili, que entonces era obligatoria, y eso los alejó del panorama musical. Su ausencia dejó un hueco disponible para que lo llenara un nuevo grupo juvenil y con gancho. Un grupo como Mecano.

Pecos estaba compuesto por los hermanos Pedro José y Javier Herrero, quienes siguen ligados al mundo de la música. Ambos tenían poco más de veinte años cuando apareció Mecano. Pedro recuerda que su hermano y él conocieron al grupo a través de Capi.

«Nos comentó que estaba trabajando en el disco de un trío y nos los presentó. Los hermanos Cano vinieron a casa a enseñarnos alguna de las cosas que estaban preparando. Luego, cuando grabaron sus primeros vídeos, como no tenían reproductor en casa, vinieron a la nuestra para verlos. Mi hermano y yo siempre pensamos que el talento de Nacho y José María iba a traspasar fronteras. Nacho era el de las ideas espectaculares, el más inquieto. Con José María toqué muchas veces en casa canciones suyas que con el tiempo han sido un éxito en la voz de otros artistas.»

En la convención de CBS de 1981, invitaron a Mecano a cenar con los trabajadores de la compañía de discos. Allí estaban también Javier y Pedro, los Pecos. A Ana la sentaron junto a Javier y algún fotógrafo avispado inmortalizó el momento. Al día siguiente se publicó el nuevo romance de Javier, el rubio de Pecos. Este se ríe cuando lo recuerda, pero lo cierto es que a Ana Torroja esto le sentó fatal.

«Realmente creo que fue una táctica de la compañía de discos, como para darnos a conocer. Yo no me lo creía. Nunca he entendido por qué hay que inventarse estas cosas para vender discos. Desde siempre me ha repateado que se metieran en mi vida, incluso hasta de pequeña con mis padres cuando me preguntaban adónde iba. Mi reacción siempre ha sido ponerme de uñas; incluso cuando veía fotos con mi novio de verdad, me preguntaba por qué me espiaban. Cuando tenías un amigo más especial hasta podía perjudicar la relación. Con los años lo asumí, pero hay cosas que sigo sin entender, como por qué es importante si tienes pareja o no la tienes. Lo que importa es que trabajes y lo hagas bien. He luchado siempre por mantener mi vida al margen del éxito y la fama y creo que si quieres lo consigues.»

CBS no tenía la intención de asumir demasiados riesgos con Mecano. Los intentos previos de lanzar grupos nuevos como Sissí, Greta o Trastos habían sido un fracaso. Para no repetir la historia, se decidió lanzar al grupo con un tema que fuera muy comercial entre las canciones de los hermanos Cano. El single se publicó el 22 de junio de 1981, producido por Jorge Álvarez y Luis Cobos. Para la cara A, la canción elegida fue «Hoy no me puedo levantar». Para la cara B lo fue el tema «Quiero vivir en la ciudad», el único compuesto por Nacho y José María y el que mejor guarda la esencia de lo que en un principio pensaron que podría ser Mecano, ya que es la única canción en la que cantan los tres. Quizá fue un experimento de su descubridor para comprobar quién podría funcionar mejor como voz del grupo.

José María recuerda que «Hoy no me puedo levantar» salió en el último momento. «Es una canción totalmente compuesta por Nacho, aunque en un principio apareciera firmada por los dos porque en aquel momento así era como habíamos decidido firmar todos los temas. Yo compuse solo la línea de guitarra, de la cual me siento muy orgulloso. Es más, creo que también es el logotipo de la canción y casi te diría que de Mecano —realmente con esa línea se identificarían los conciertos del grupo, así como el musical que años más tarde brilló en la Gran Vía—. Ese sonido tan característico lo grabó Luis Cobos en una máquina.»

Según Nacho, esa canción fue el principio real de Mecano. «También el mío: fue la primera canción que compuse en mi vida y al escucharla me doy cuenta de que es mágica por muchas cosas, realmente corresponde a una mañana de resaca en la que pensé tenía que componer una canción y pensé que nadie había hablado de un lunes de esa forma tan fresca y clara. Me pareció total. Me encanta y es una de las canciones más honestas que he hecho en mi vida.»

En cuanto a Ana, ella piensa que «de todas las compuestas era una canción más adecuada para un grupo que las de José María, que se acercaban más al estilo de cantautor. Fueron muchas cosas las que nos hicieron decantarnos por “Hoy no me puedo levantar. Era un tema innovador, como bien dice Nacho. Él ha escrito numerosas canciones en las que casi todo era estribillo y lo que cambiaba era la letra, aunque en esa composición no tanto, y eso casi nadie lo hacía. Siendo honesta te diré que yo misma en ese momento me sentía más a gusto con las canciones que había escrito Nacho. Yo tenía mucha imaginación, pero José María me desbordaba con sus letras. Nacho hacía canciones más para alguien como yo, que no había cantado nunca, me reconocía más en ellas; de todos modos, tanto José María como Nacho tenían muchas influencias del rock sinfónico, que era lo que pretendíamos hacer. No obstante, para nosotros era difícil saber qué pasos había que seguir, teníamos que enfrentarnos al hecho de que casi nadie entendiera el que una mujer estuviera al frente del grupo».

Ana ha sido la primera mujer en nuestra música pop en abanderar un grupo con gran éxito. La primera en llevar cazadora de cuero y charol. Un año más tarde llegaría Alaska y los Pegamoides (en Kaka de Luxe Alaska solo tocaba la guitarra) y a partir de ahí un sinfín de grupos que imitaron su ejemplo.

Ana, además, no solo fue la primera mujer en liderar un grupo musical de hombres, también tuvo la particularidad de cantar expresando pensamientos masculinos ya que las letras, compuestas por los hermanos Cano, no se adaptaron al género de la intérprete.

La imagen siempre ha sido un factor importante en la carrera de Mecano. Lo es en todo artista que se precie, sobre todo porque ayuda a transmitir el tipo de música que interpretas. En aquellos tiempos por las calles de Madrid comenzaban a verse los primeros punks, heavys, etcétera. Mecano no querían dar una imagen demasiado agresiva, puesto que tampoco lo eran sus letras. Por consejo de Alejandro Cabrera, que fue quien hizo las fotos para la portada del single, decidieron tomar como referencia estética a grupos como Spandau Ballet o Duran Duran, en la línea de los «nuevos románticos», que por entonces

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