Los últimos años de Karl Marx

Marcello Musto
Marcello Musto

Fragmento

cap-1

Nota preliminar

Los escritos de Marx en la edición original son citados por los volúmenes de la Marx Engels Opere (MEO), Roma, Editori Riuniti, 1972-1990. No obstante, en esta colección se editaron solo 32 de los 50 tomos previstos en un principio. A ellos se añadieron después 15 volúmenes publicados en Génova por las Edizioni Lotta Comunista, 2006-…, que en este libro se indican siguiendo la numeración del plan de la obra de Editori Riuniti. Como las traducciones italianas comprenden solo los principales escritos de Marx, en algunos casos remitimos al lector a ediciones aisladas de otros textos. Todas las traducciones han sido modificadas a menudo por el autor.

Para los manuscritos y los cuadernos de apuntes de Marx que no están traducidos al italiano y no han sido incluidos en las ediciones que acabamos de mencionar, hemos hecho referencia a la edición Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA²), Berlín, Dietz-Akademie-De Gruyter, 1975-…), de la cual han aparecido hasta la fecha 70 de los 114 volúmenes previstos (30 después de 1998). Para los textos de Marx que todavía no han sido publicados en la MEGA², pero que ya se han editado, remitimos a los Marx Engels Werke (MEW), Berlín, Dietz, 1956-1968, 41 vols., cuando fueron escritos originalmente en alemán, o a ediciones aisladas en la lengua de su redacción original, cuando no están incluidos en los MEW.

Por último, los manuscritos de Marx todavía inéditos se indican por su sigla de colocación en el Instituto Internacional de Historia Social (IISH, por sus siglas en inglés) de Ámsterdam, y en el Archivo Estatal de Rusia de Historia Sociopolítica (RGASPI, por sus siglas en ruso) de Moscú, en los que se conservan.

Por lo que respecta a la literatura secundaria, los títulos de los libros y de los artículos no publicados en italiano, así como las citas tomadas de estos, han sido traducidos por el autor.

Los nombres de las revistas y de los periódicos mencionados (excepto los rusos, que han sido traducidos) aparecen citados en la lengua original.

Los nombres de todos los personajes citados en el texto van seguidos, la primera vez que aparecen, de las fechas de nacimiento y de defunción; el símbolo (?) indica la falta de informaciones seguras al respecto.

Nota sobre la traducción

Cualquier acercamiento a la obra de Marx en castellano es un reto. La mayoría de títulos están desperdigados en un gran número de editoriales y en traducciones diversas, algunas más actuales que otras, y las traducciones «clásicas» resultan hoy en algunos casos de difícil lectura. No obstante, en esta edición se ha intentado respetar todo lo posible las traducciones ya existentes. En otros casos, aun y habiendo traducciones disponibles, se ha preferido proponer una propia a partir de los textos originales. Si no se ha encontrado traducción, se ha partido siempre que ha sido posible de la edición original que propone el autor.

El lector encontrará todas las referencias a las traducciones al castellano en las «Notas» y reunidas también en la «Bibliografía». Proponer una mayor selección crítica o sistemática de la vasta bibliografía de Marx en castellano queda fuera del alcance de estas líneas.

Introducción

De mil socialistas, puede que sólo uno haya leído una obra económica de Marx; de mil antimarxistas, ni uno ha leído a Marx.[1]

UN NUEVO EXAMEN DEL PENSAMIENTO POLÍTICO DE MARX

Tras la crisis financiera de 2007-2008, la recesión económica mundial más grave después de la Gran Depresión de 1929, Karl Marx ha vuelto a ser calificado como un pensador clarividente cuya actualidad se ve confirmada en todo momento. Muchos autores de perspectivas progresistas han reconocido que sus ideas siguen siendo indispensables para todos los que consideran necesario construir una alternativa al sistema social existente.[2]

Para llevar a cabo una reinterpretación global de Marx, resulta muy interesante la publicación, reiniciada en 1998, de la Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA²), la edición histórico-crítica de las obras completas de Marx y Engels. A los cuarenta volúmenes publicados entre 1975 y 1990, se han añadido otros treinta —y hay muchos en curso de elaboración— que comprenden nuevas versiones de algunos textos de Marx, todos los manuscritos preparatorios de El capital, el epistolario de importantes periodos de su vida, que incluye además las cartas recibidas —no solo las enviadas por él—, y cerca de doscientos cuadernos de apuntes.[3] Estos últimos contienen los resúmenes de los libros leídos por Marx y las reflexiones que suscitaron en él; constituyen la cantera de su teoría crítica, muestran el complejo itinerario seguido durante el desarrollo de su pensamiento y manifiestan las fuentes a las que tuvo acceso durante la elaboración de sus concepciones.

Del estudio de estos preciosísimos materiales —muchos de ellos disponibles solo en alemán y por lo tanto destinados a un restringido círculo de estudiosos—, surge un autor muy distinto del representado, durante largo tiempo, por muchos de sus críticos y presuntos seguidores. Las nuevas adquisiciones textuales de la MEGA² acreditan hasta qué punto Marx, entre los clásicos del pensamiento político y filosófico, es aquel cuyo perfil ha cambiado en mayor medida a lo largo de los últimos años. Además, la implosión del «socialismo real» ha contribuido a liberar su figura de la ideología del aparato estatal soviético.

Después de 1917, la ortodoxia marxista-leninista impuso un monismo inflexible que no pudo por menos que producir efectos perversos también en los escritos de Marx. De modo irrefutable, con la revolución rusa el marxismo vivió un momento muy significativo de expansión y de circulación por ámbitos geográficos y clases sociales de los que hasta entonces se había visto excluido. Sin embargo, la difusión de los textos, más que afectar directamente a los de Marx, tuvo que ver con manuales de partido fabricados por el Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, y con vademécums y antologías «marxistas» acerca de temas de lo más variado. Por otra parte, se impuso cada vez más la censura de algunas obras, el desmembramiento y la manipulación de otras, así como la práctica de la extrapolación y de la manipulación interesada de las citas. Este tipo de praxis estaba ya en boga desde finales del siglo XIX entre los socialdemócratas alemanes.[4] Se asignó a los textos de Marx el mismo trato que el bandido Procustes reservaba a sus víctimas: si sus miembros eran demasiado largos se los amputaba, y si eran demasiado cortos se los estiraba. El afán de popularizar el pensamiento de Marx y la necesidad de no empobrecerlo teóricamente constituyen un connubio difícil de conseguir. A Marx no habrían podido irle peor las cosas en la Unión Soviética de Iósif Stalin (1878-1953), luego en la de Nikita Jrushchov (1894-1971) y después en la de Leonid Brézhnev (1906-1982).

De ese modo, de la reducción dogmática de su teoría, crítica por antonomasia, nacieron las paradojas más inimaginables. El pensador más decididamente contrario a «formular recetas […] para el bodegón del porvenir»[5] fue transformado de manera ilegítima en el padre de un sistema social totalitario. Crítico rigurosísimo y nunca satisfecho con llegar a consecuencias cómodas, se convirtió, por el contrario, en fuente del doctrinarismo más tozudo. Firme defensor de la concepción materialista de la historia, ha sido arrancado de su contexto histórico más que cualquier otro autor. Pese a estar convencido de que «la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera»,[6] fue enjaulado dentro de una ideología que vio cómo se imponía el protagonismo de las vanguardias políticas y del partido en el papel de impulsores de la conciencia de clase y de guías de la revolución. Aunque propugnaba la idea de que la condición fundamental de la maduración de las capacidades humanas era la disminución de la jornada de trabajo, fue asimilado al credo productivista del estajanovismo. Valedor convencido de la abolición del Estado, acabó siendo identificado con su principal baluarte. Interesado como pocos otros pensadores en el desarrollo libre de la individualidad de los seres humanos, afirmando, frente al derecho burgués que esconde las diferencias sociales detrás de una mera igualdad jurídica, que «el derecho no tendría que ser igual, sino desigual»,[7] fue emparejado con una concepción que neutralizaba la riqueza de la dimensión colectiva en la indeterminación de la homologación.

Investigaciones recientes han demostrado la inconsistencia de las interpretaciones que han reducido la concepción marxiana de la sociedad comunista al mero desarrollo de las fuerzas productivas. En particular, se ha demostrado la relevancia que dio Marx a la cuestión ecológica. Denunció en repetidas ocasiones que la expansión del modo de producción capitalista aumenta no solo el robo del trabajo de los obreros, sino también el saqueo de los recursos naturales.

Otro tema que le interesó mucho fue el de las migraciones. Marx demostró que el movimiento forzoso de mano de obra generado por el capitalismo era un componente considerable de la explotación burguesa y que la clave para combatirlo era la solidaridad de clase entre los trabajadores, independientemente de sus orígenes o de cualquier distinción entre mano de obra local y mano de obra importada.

Marx se ocupó en profundidad de muchas otras temáticas —a menudo infravaloradas, cuando no ignoradas por muchos de sus estudiosos— que revisten una importancia crucial también en el debate político de nuestro tiempo. Entre ellas figuran la emancipación de género, la crítica de los nacionalismos, la falta de libertad individual en la esfera económica, los potenciales de emancipación que conlleva la tecnología[8] y la búsqueda de formas de propiedad colectiva no controladas por el Estado.

Emprendió estudios concienzudos de las sociedades extraeuropeas y se expresó sin ambigüedades en contra de las devastaciones causadas por el colonialismo. Esas consideraciones resultan demasiado obvias para cualquiera que haya leído su obra, y es un error gravísimo dar a entender lo contrario. Además, Marx criticó a los pensadores que, aun evidenciando las consecuencias destructivas del colonialismo, utilizaban modos de análisis típicamente europeos en contextos socioeconómicos y culturales completamente distintos. Advirtió numerosas veces de que había que guardarse de aquellos que no tenían debidamente en cuenta las diferencias necesarias entre fenómenos distintos y, sobre todo después de los progresos teóricos madurados a lo largo de la década de 1870, fue mucho más cauto a la hora de transferir categorías interpretativas a campos históricos y geográficos muy diferentes entre sí. Todo esto ha sido demostrado por una voluminosa y rigurosa literatura sobre el tema,[9] a pesar del escepticismo reinante, que actualmente goza de un gran éxito en determinados ambientes académicos.

Ahora, treinta años después de la caída del Muro de Berlín, es posible descubrir la verdadera fisonomía de un autor que se nos revela muy alejado de la imagen de teórico dogmático, economicista y eurocéntrico que se ha difundido durante mucho tiempo.

En el enorme legado textual de Marx hay múltiples pasajes que permiten presumir la idea de la disolución del modo de producción capitalista a través del desarrollo de las fuerzas productivas. Aun así, sería un error afirmar que Marx creía en la inevitabilidad histórica de la llegada del socialismo. A su juicio, la posibilidad de transformar la sociedad dependía de la clase obrera y de su capacidad, a través de la lucha, de provocar trastornos sociales que pudieran generar el nacimiento de un sistema económico y político alternativo.

Los progresos de la investigación y las nuevas condiciones políticas permiten presagiar, por lo tanto, que la renovación de la interpretación de la obra de Marx es un fenómeno destinado a continuar. Con esta perspectiva, los temas abordados por Marx durante el periodo tratado en el presente volumen ofrecen al lector actual interesantes motivos de reflexión sobre algunas de las cuestiones políticas más relevantes de nuestra época. Durante largo tiempo, muchos marxistas han encumbrado las obras juveniles de Marx (ante todo los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844 y La ideología alemana), mientras que el Manifiesto del partido comunista sigue siendo su texto más leído y citado. Sin embargo, en estos escritos se exponen numerosas ideas que fueron superadas por sus estudios posteriores. Por el contrario, es en El capital y en sus numerosos borradores preliminares, así como en las investigaciones realizadas en sus últimos años de vida, donde encontramos las reflexiones más valiosas por lo que respecta a la crítica de la sociedad burguesa. Representan las últimas conclusiones a las que llegó Marx y, al ser revisadas críticamente y reconsideradas a la luz de los cambios acontecidos después de su muerte, pueden resultar muy útiles para replantear un modelo socioeconómico alternativo al capitalismo.

En el bienio 1881-1882, Marx emprendió un estudio en profundidad de los descubrimientos más recientes en el campo de la antropología, de la propiedad comunal en las sociedades precapitalistas, de las transformaciones más notables que estaban teniendo lugar en las sociedades no occidentales, de los posibles escenarios globales de la revolución socialista, y de la concepción materialista de la historia. Además, fue un observador atento de los principales acontecimientos de la política internacional: no es casualidad que sus cartas de esta época atestigüen un apoyo decidido a la lucha por la liberación de Irlanda y al movimiento populista en Rusia, así como la firme oposición a la opresión colonial de Inglaterra en la India y en Egipto, y a la de Francia en Argelia.

Interesado no ya solo en el conflicto de clase, Marx consideró que las investigaciones dedicadas a luchas políticas marginales únicamente en apariencia, a temáticas que hasta entonces había tratado poco y a áreas geográficas todavía inexploradas, eran fundamentales para poder avanzar en la construcción de su crítica del sistema capitalista. Ello le permitió madurar una concepción más abierta a la especificidad de los distintos países y considerar diferentes accesos al socialismo de los que se habían previsto anteriormente.

EL CAPÍTULO OLVIDADO: EL ÚLTIMO MARX

Las ideas de Marx han cambiado el mundo. Sin embargo, pese al triunfo de sus teorías, convertidas, en el siglo XX, en ideología dominante y doctrina de Estado para una parte considerable del género humano, a fecha de hoy todavía no se ha publicado una edición completa de sus escritos. El motivo primordial de esta singular situación reside en el carácter incompleto de su obra. El número de trabajos publicados es inferior al de los múltiples proyectos que quedaron incompletos, por no hablar de la voluminosa mole de apuntes relacionados con las numerosas investigaciones emprendidas.

Marx dejó muchos más manuscritos de los que llegó a publicar.[10] Su carácter inacabado determinó buena parte de los trabajos que tenía en cartera. Las condiciones de profunda miseria y el permanente estado de mala salud que lo atenazaron toda su vida; el método extraordinariamente riguroso y la autocrítica más despiadada, que aumentaron las dificultades que había que superar para acabar las obras emprendidas; la inextinguible pasión cognoscitiva, que no cesó nunca y lo empujó siempre a abordar nuevos estudios; los compromisos políticos, que nunca supo poner en segundo plano; y, por supuesto, la ingente labor teórica que se había planteado, «presentar la organización interna del modo capitalista de producción, por así decirlo, en su término medio ideal»,[11] fueron las causas de que no llegara a terminar algunos de sus escritos. A pesar de todo, sus incesantes esfuerzos intelectuales resultaron muy fértiles por las extraordinarias consecuencias que tuvieron para el futuro.[12]

En muchas biografías de Marx, el relato de los principales acontecimientos de su vida es muy exiguo comparado con el análisis de sus reflexiones teóricas.[13] De forma análoga, los estudios de carácter académico han ignorado en su mayoría los acontecimientos biográficos de Marx que, sin embargo, influyeron notablemente en el desarrollo de sus trabajos. Con frecuencia, muchas publicaciones se han dedicado a discutir las diferencias entre los escritos del Marx joven y los del Marx maduro. No han examinado con la atención debida el imponente volumen de trabajo realizado por Marx tras la publicación de El capital y las ideas innovadoras que surgieron de este. Finalmente, muchos otros estudios se han concebido a partir de la división ficticia entre el «Marx filósofo», el «Marx economista» y el «Marx político».

Además, la casi totalidad de las biografías intelectuales publicadas hasta ahora, incluidas las más recientes,[14] ha dado la máxima relevancia a los escritos juveniles. De hecho, durante mucho tiempo, la dificultad que supone acceder a las investigaciones llevadas a cabo por Marx a lo largo de los últimos años de su vida ha imposibilitado el conocimiento de los desarrollos teóricos a los que había llegado. Por tal motivo, todos sus biógrafos han limitado a unas cuantas páginas el análisis de los estudios que emprendió tras la disolución de la Asociación Internacional de los Trabajadores en 1872.[15]

Por si fuera poco, basándose en la convicción errónea de que Marx había renunciado a terminar El capital, no se atrevieron a investigar en mayor profundidad a qué se dedicó realmente Marx durante aquel periodo. Aunque semejante actitud pudiera tener una justificación en el pasado, debido al conocimiento limitado del legado marxiano, resulta pasmoso que esa tendencia no haya cambiado a pesar de la enorme cantidad de nuevos materiales incluidos en la MEGA2 y de las investigaciones publicadas acerca del Marx «maduro» a partir de los años setenta.[16]

El presente volumen pretende colmar el vacío existente en la literatura acerca de Marx, aun a sabiendas de que representa un resultado todavía incompleto y parcial. Y ello no solo porque los volúmenes de MEGA2 relativos al periodo 1881-1883 todavía no han sido publicados en su totalidad, sino también porque la obra de Marx se encuentra entre las disciplinas más diversas del saber humano y su síntesis representa una meta difícil de alcanzar incluso para los estudiosos más exigentes.

Además, la obligación de respetar las dimensiones convencionales de una monografía ha impedido que podamos analizar con la misma atención todos los escritos de Marx. Por consiguiente, a menudo ha sido preciso resumir en pocas palabras lo que habría sido preciso desarrollar por lo menos en todo un párrafo, y en una página lo que habría necesitado mucho más espacio. En particular, el tratamiento de los Apuntes etnológicos habría requerido, por su riqueza y complejidad, un capítulo entero. Conscientes de estas limitaciones, ofrecemos al lector los resultados de las investigaciones llevadas a cabo hasta la fecha. Constituirán el punto de partida de ulteriores estudios de carácter teórico aún más detallados.

En 1957, Maximilien Rubel (1905-1996), una de las mayores autoridades en Marx del siglo XX, afirmó que todavía quedaba por escribir una «biografía monumental» del pensador.[17] Semejante afirmación, ya a muchos años de distancia, sigue siendo válida. Las publicaciones d

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