INTRODUCCIÓN
El día en que nació Fuckup Nights estábamos en una terraza de la colonia Roma en la Ciudad de México celebrando algo; ya saben, improvisando la fiesta. Amigos, música, chelas, un anafre y se armó la carne asada. Después salió el mezcal y empezaron las conversaciones más profundas. Entre plática y plática hubo una entre unos amigos con los que en algún momento intentamos emprender un proyecto que resultó fallido. No creemos que fuera coincidencia. Entonces surgió una idea rara, pero que nos caracterizaba al apostar por lo diferente: organizar un evento de fracasos. Siguió la noche, y para no dejar pasar el momento decidimos juntarnos una semana después y retomarlo un poco más sobrios.
Nos reunimos un jueves en una mezcalería. Pedimos una ronda de tragos. Alguien propuso que cada uno contara su fracaso para probar la idea entre nosotros. Lo que sucedió después se convirtió en una de las pláticas más inspiradoras, íntimas y divertidas que hemos tenido en la vida. Cada uno mostraba formas muy diferentes de ver el fracaso en sus historias: con unas te morías de la risa, con otras querías llorar y otras realmente te daban lecciones profesionales. Eso nos dio la seguridad de que por lo menos nos divertiríamos haciéndolo. No había nada que perder, así que decidimos hacer la primera Fuckup Night la siguiente semana, en la misma terraza donde inició todo.
En esa época los cinco cofundadores teníamos empleos de tiempo completo y la única forma en que Fuckup Nights podía suceder era si manteníamos el evento simple, es decir, que requiriera la menor cantidad de horas para su organización y que se desarrollara de forma orgánica. Por eso, gran parte de las decisiones de los primeros meses, y hasta la actualidad, se tomaron con base en la premisa Keep it simple, make it happen (en español, ‘mantenlo simple para que suceda’). Ese es el consejo que damos con mayor frecuencia a los organizadores de Fuckup Nights en el mundo, durante nuestra videollamada mensual, sobre todo a los que están empezando. Este enfoque impide que se pierda de vista el corazón de Fuckup Nights: contar buenas historias de fracaso. Todo lo demás puede no suceder, pero las historias son la clave para que el movimiento prospere.
Con el concepto de simplicidad en mente, sucedió la primera Fuckup Night (fun) de, de la historia, en septiembre de 2012, en el patio de We Are Todos, un colectivo de artes y oficios de la capital mexicana. Charlie y Luis eran sus cofundadores, así que generosamente ofrecieron sus instalaciones para citar ahí a nuestros amigos y llevar a cabo un primer experimento. Compramos cervezas para todos en la tienda de la esquina, y, a falta de hieleras, usamos huacales de madera forrados con plástico. Keep it simple ejecutado en todos los niveles.
El primer fracasado de la primera fun fue Luis López de Nava, otro de nuestros cofundadores. Asistieron 30 personas, en su mayoría amigos cercanos y familia, y después de los fracasos seguimos hablando hasta pasada la medianoche. Desde luego, los cofundadores tuvimos que dar varias vueltas a la tienda de la esquina para reabastecernos de cervezas y que la noche continuara.
Durante unos cinco meses les pagamos a todos los asistentes de Fuckup Nights las bebidas (antes, durante y después de las historias de fracaso siempre hay cervezas y música) hasta que nos dimos cuenta de que tal generosidad en serio nos llevaría al fuckup si el número de asistentes continuaba creciendo. La primera ocasión que tuvimos 150 personas en una fun empezamos a vender la cerveza. Para ese momento ya habíamos gastado alrededor de 20 000 pesos mexicanos solo en dicha bebida.
Desde siempre, hay emoción en el ambiente, totalmente informal y relajado, sin etiqueta ni protocolo. Cada evento conlleva una expectativa que nos recuerda lo que se siente cuando estás a punto de ver a tu banda favorita en vivo. O cuando asistes a una corrida de toros, donde el morbo en los espectadores que quieren ver triunfar con elegancia al torero se combina con el deseo de sangre, ya sea del toro o de quien porta el traje de luces. Qué valor del orador y de quien pregunta: ambos se exponen al salir del anonimato. ¡Y las risas, el llanto, las caídas y los quebrantos! Pedimos historias de fracasos profesionales para después publicarlas en nuestro blog (no teníamos redes sociales por no ser una tarea simple), pero siempre salen los divorcios, los nuevos amores, las bajas pasiones y las altas traiciones. Nos gustaría decir que solo existen aprendizajes y finales felices, pero así no es la vida real. Lo que sí hay es mezcal porque… para todo mal, mezcal, y para todo bien, también.
Así que las cervezas gratis se fueron, pero nuevas aventuras llegaron. Entre ellas, la de investigar el fracaso desde el Failure Institute, el único think tank en el mundo dedicado al fracaso en los negocios. Nació la noche en la que anunciamos al orador número 100 que participaba en una fun: al terminar la sesión, uno de los asistentes nos preguntó si, después de escuchar 100 historias de fracaso, teníamos alguna estadística acerca de las causas más comunes. Un par de días más tarde ya estábamos buscando aliados para investigar de forma rigurosa las causas más comunes por las que los negocios fracasan. Cuando nos reunimos con el equipo del Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Lagüera y con investigadores de la egade Business School, todos del Tecnológico de Monterrey, nos revelaron que hacía tiempo habían intentado estudiar el fracaso emprendedor y habían fracasado (un metafracaso, podríamos decir). Después de esa conversación, supimos que ellos eran los indicados para hacer realidad la primera investigación del fracaso emprendedor en México.
Así surgió el brazo de investigación de nuestro movimiento, con la misión de atender un claro vacío de información que impedía la toma de decisiones informadas en las empresas, la sociedad civil, el gobierno y la academia. Desde entonces, hemos desarrollado una metodología propia y colaborado con cientos de empresas y gobiernos para mejorar su cultura en torno al fracaso.
Pero el camino de transformar un hobby poco usual en un movimiento y, además, en un negocio nos presentó muchísimos retos. Cuando nació Fuckup Nights era percibido como un evento underground, con cerveza gratis, donde la gente hablaba de temas que no se abordaban en ningún otro lugar. Muchas personas rechazaron participar porque no querían asociarse con el tema. Incluso hubo quien dijo que hablar del fracaso atraía malas vibras y esto no podía dejar nada bueno en nuestra vida.
También enfrentamos dificultades con el nombre; nunca consideramos lo que implicaría crear algo que llevara la palabra fuck. Como te imaginarás, esto nos ha traído dificultades para anunciarnos en redes sociales, pues la palabra es un tabú para los angloparlantes.
Por último, desde el inicio tuvimos el sueño de algún día poder apoyar a los fuckuppers, es decir, los organizadores locales, con dinero para construir una gran comunidad de mucho impacto que se replicara en cientos de ciudades alrededor del mundo.
Cada mes asistíamos al menos al evento en la Ciudad de México y recibíamos comentarios de los asistentes sobre cómo Fuckup Nights les había cambiado la mentalidad y los había liberado para vivir la vida bajo sus propios términos. Este impacto siempre nos apasionó, por eso queríamos crecerlo hasta donde fuera posible. Pero, antes, había que encontrar un modelo de negocios que funcionara para fun, lo que nos llevó a experimentar varios fracasos.
Uno de los experimentos que hicimos los primeros meses fue poner una alcancía en forma de cochinito a la entrada de la Fuckup Night, la cual una vez apenas reunió unos 1 000 pesos, de los cuales la mitad era un billete de 500 que puso un amigo nuestro.
A los cinco meses de vida, vino una nueva idea: el patronato del fracaso, como el de los museos. Para ser parte necesitabas hacer una aportación de 2 000 dólares y, tras varias reuniones dedicadas a discutir el tema, decidimos invitar a las primeras 20 personas que habían contado su fracaso en las primeras ocho ediciones de Fuckup Nights. Nuestra hipótesis era que quienes ya habían contado su fracaso eran potenciales patronos, pues entendían el concepto y habían vivido en carne propia los beneficios de hablar en público de su fracaso. Sin embargo, y a pesar de la divertida velada que organizamos en casa de Leti para hablar con ellos al respecto, no les pareció una buena idea.
Después, decidimos que mejor dedicaríamos nuestros esfuerzos a construir una comunidad que ya estaba en crecimiento, pero necesitaba fortalecerse y podía volverse internacional. Estábamos convencidos de que el fracaso era una de las mejores maneras de tender puentes entre diferentes culturas: básicamente todos fracasábamos en las mismas cosas.
Pero, aún seguía latente la posibilidad de que Fuckup Nights muriera por la falta prolongada de dinero.
Tras un año de experimentos fracasados, al fin tuvimos uno exitoso que dejó al movimiento una pequeña utilidad: el primer aniversario de Fuckup Nights. Consistió en una fun con más asistentes y oradores famosos. Se trató de un momento clave. En nuestro segundo año de vida comenzamos a aliarnos con marcas para hacer eventos temáticos; es decir, sesiones con fracasos de una misma industria o área. La primera edición especial que organizamos fue de fracasos tecnológicos en colaboración con ibm.
Creamos un modelo de sostenibilidad financiera que se basaba en la realización de investigaciones sobre el fracaso financiadas por fundaciones, gobiernos y bancas de desarrollo, lo que nos permitía generar impacto a través del conocimiento mientras pagábamos los sueldos de un equipo pequeño que mantenía las luces encendidas. Pero después de unos años nos dimos cuenta de que necesitábamos un modelo más escalable para alcanzar el potencial que veíamos en ese cambio de mentalidad a nivel mundial. Lo que hicimos fue tomar el ejemplo de las ediciones especiales y profesionalizar el servicio y la operación. A la par creamos una organización global de ventas eficiente y estructurada. Nuestro concepto clave fue crear un caballo de Troya para ayudarles a los rebeldes dentro de las empresas a cambiar sus culturas organizacionales, es decir, buscamos construir una pequeña comunidad que pensara y actuara diferente respecto al fracaso a través de nuestros eventos, talleres y contenidos.
El área de Enterprise de Fuckup Nights había nacido y crecía aceleradamente. Tanto así que podíamos seguir subsidiando la coordinación del movimiento global —donde siempre hemos perdido dinero—, agregar más manos al equipo para brindarles más amor y recursos a los fuckuppers y compensar económicamente a los que participan con nosotros en la organización de eventos Enterprise alrededor del mundo. ¡Contra todo pronóstico logramos crear un modelo meritocrático que también recompensaba con dinero a los fuckuppers que generaban más impacto! Nos gusta decir que es un modelo tipo Robin Hood porque ayudamos a las grandes empresas a mejorar sus culturas organizacionales y proyectos de innovación, mientras tomamos su dinero y lo reinvertimos en una bola de fuckuppers rebeldes para generar el cambio de mentalidad que queremos ver en el mundo.
Gracias a ello pudimos agrandar el equipo global y desarrollar el propósito y la narrativa de la organización alrededor de la vulnerabilidad, la autenticidad y la empatía, así como nuestros cinco valores:
1. Vive la vida sin filtros. Somos auténticos.
2. Ten las conversaciones difíciles. Adoptamos una postura porque creemos en algo más grande que nosotros.
3. Sé 1% mejor cada día. Creemos que sentirse realizados viene de desarrollar nuestras capacidades para tener impacto.
4. Derrota a tu ego. Buscamos ser vulnerables y conscientes para crear vínculos.
5. Actúa desde el amor. Asumimos que la gente siempre hace lo mejor que puede.
Si bien entendimos dónde aportamos valor y construimos un modelo de negocios sólido, seguimos cometiendo errores. En noviembre de 2014, celebramos que Fuckup Nights estaba presente en 100 ciudades en el mundo con un gran evento en la Ciudad de México, pero no contamos con que llegaría mucha más gente de la que esperábamos: ingresaron alrededor de 300 personas y se quedaron como 100 afuera. Nos sentimos muy mal, pero por seguridad, ya no podía entrar nadie más. Epic fuckup. Al día siguiente nos disculpamos en Facebook y recibimos todo tipo de comentarios: desde los que nos reclamaron y se enojaron (con toda razón) hasta los que agradecieron la honestidad.
Cuando los líderes dejan de ser congruentes con sus valores, el movimiento se debilita, deja de ser percibido como auténtico. Por eso, en el Manual del fuckupper, donde explicamos paso a paso cómo se organizan las Fuckup Nights, incluimos una sección llamada “Los fuckups de Fuckup Nights”. Ahí enlistamos todos los fracasos y errores que hemos tenido en estos dos años con la idea de que nuestros aliados en otros lugares del mundo puedan evitarlos. También por eso, en la edición de diciembre de 2014 de Fuckup Nights en la Ciudad de México, Charlie y Luis, en un acto de congruencia y en representación de los cinco cofundadores, se subieron al escenario a contar los fracasos del movimiento. Esa desde entonces ha sido una tradición anual en fun.
El movimiento crecía y cada día tenía más impacto. Trabajábamos con las organizaciones más grandes del planeta para fortalecer sus culturas organizacionales y recibíamos feedback espectacular. Todos éramos felices en un campo de flores con algodones de azúcar y ositos cariñositos… hasta que llegó la pandemia. Dado que prácticamente todo lo que hacíamos alrededor del mundo era presencial, de un día a otro más del 80% de nuestros ingresos estaba por desaparecer. En ese momento reaccionamos lo más rápido posible para reducir costos y pivotear nuestros modelos hacia lo digital e híbrido. Esta crisis puso a prueba nuestros valores
