Subir al Everest con tacones

Electa Navarrete
Electa Navarrete

Fragmento

Prólogo

PRÓLOGO

Electa te habla de tú, aunque lo haga de usted. En este libro también lo hace, de una manera sincera y directa que la representa. De eso se trata en realidad y a eso ha dedicado gran parte de su vida, a encontrar la manera de ser quien es, dispuesta a derribar mientras avanza las barreras que encuentre en el camino. Siempre con una finalidad muy clara: liberar el talento, desprenderse de los miedos para poder SER, con mayúsculas. «Conócete a ti mismo», decían los ancianos maestros de Delfos. Y ella se lo ha tomado al pie de la letra.

Cuanto más conozco el ámbito corporativo, más convencida estoy de que detrás de las instituciones o las empresas hay personas de carne y hueso que son quienes, al final, marcan la diferencia. En ese sentido, todos somos mucho más de lo que un curriculum vitae puede reflejar y por eso un libro como este, tan personal, es una oportunidad de oro para conocer a la persona detrás de un caso de éxito profesional.

Electa Navarrete y yo nos conocimos en un café con una amiga común que le había pedido consejos de nutrición. Lo que más me llamó la atención fue la franqueza de su mirada y la honestidad de sus palabras. Es una mujer extrovertida y arrebatadora. Pero no se dejen engañar; mucho más cautivadora resulta su fuerza interior, su convicción y la serenidad con la que mira a su alrededor. Ella es capaz de transmitir una confianza sin fisuras. Y es que Electa posee esa suerte de energía vital invisible que pone en danza el alma de las personas porque conecta a través de la autenticidad. Resultado de aquel primer encuentro: mi amiga se puso en sus manos y yo me puse también a su disposición para escribirle este prólogo.

Ella cuenta que, en su caso, esa capacidad de aceptarse como es ha sido precisamente su mayor reto. Diría también que menos mal que ha sido capaz de lograr «ser ella misma», porque ese don de ser auténtica le ha permitido después acercarse a sus pacientes de una forma diferente, conectando de corazón a corazón, de manera directa y sin rodeos. Mirando a los ojos y ofreciendo soluciones que implican al otro en la responsabilidad de los cambios profundos. Ella nos habla de no buscar atajos, sino de emprender nuevos hábitos sostenidos en el tiempo. Nos habla de comprometerse, de abandonar al tiempo las máscaras que visten al personaje, o tal vez lo disfrazan, pero que el ser humano no necesita para ser su mejor versión. Como decía Salinas: «es que quiero sacar de TI tu mejor TÚ».

De forma gráfica, Electa nos cuenta una historia de vida en la que habrá momentos para avanzar tranquilos por el valle y otros en los que tocará sufrir la dureza en las cuestas arriba. Con apertura, la doctora —entregada ya a su tarea de ser escritora— nos cuenta sus vivencias con esa misma metáfora de alpinistas en altas montañas, siempre sobre unos tacones. Unos momentos y otros forman parte de la historia completa de la vida sin edulcorar.

Como decía al principio, ella te habla de tú y a ti, en segunda persona, en una conversación desde las honduras de ese trayecto que a veces se asimila a escalar el Everest con tacones. Todo ello hace que el testimonio que Electa ofrece con este libro resulte inspirador. Sus palabras, como apuntaba antes, son valientes, a veces incluso procaces, potentes las metáforas y fluida la prosa. Igual que su mirada despejada nos ofrece en estas páginas un ejercicio de honestidad que traspasa y que conecta.

Electa nos habla desde el corazón de la importancia de la cercanía, como fórmula mágica que pone a la persona en el centro de los proyectos de negocio y los humaniza. No puedo estar más de acuerdo con ella; escuchar, comunicar y humanizar la perspectiva de nuestras relaciones profesionales son habilidades cada vez más demandadas en nuestra sociedad y ya resultan imprescindibles en los nuevos modelos de liderazgo y gestión. A ella le ha ido fabulosamente bien, como mujer emprendedora, potenciar su lado humano, y os aseguro que es una perspectiva de la que cada vez se habla más en el mundo empresarial. Agua lleva cuando el río suena.

Espero, por tanto, que disfruten de este libro escrito a corazón abierto y que apunta a una estrategia vital que todos deberíamos atender: la comprensión de la realidad, en los negocios o en la vida, empieza por el interior y luego, con coherencia y buen hacer, esa sabiduría esencial se extiende después en todas las direcciones. Eso es válido para la mejora de la salud, que es a lo que Electa dedica todos sus desvelos profesionales, y para todos los ámbitos de nuestra vida.

En estas páginas encontrarán aventuras que les resultarán familiares, disfrutarán de una mirada personal sin tapujos y descubrirán a una mujer de carácter decidida a la conquista de sus sueños. Y apostaría que al término de su lectura no solo conocerán mejor a la persona y la profesional Electa Navarrete, también se conocerán mejor a ustedes mismos.

FÁTIMA BÁÑEZ GARCÍA

1

TACONES

Mi Everest personal

Todo está inventado. No hay nada nuevo. Está todo dicho. O, al menos, todo está escrito. Si esto es así, ¿por qué, entonces, he escrito yo este libro?

El libro que tienes en tus manos ha nacido de mis entrañas, en él está mi personalidad. Y, por eso mismo, tal vez queda aún mucho por escribir. La escritura es un viaje interior. Cada paso equivale a un capítulo, y cada capítulo da continuidad al anterior. En estas páginas encontrarás mis pensamientos tal como se presentan en mi cabeza: unas veces más estructurados que otras. Pero he intentado pausar mis pensamientos, pues al hablar suelo ser veloz y demasiado rápida. He intentado elegir las palabras adecuadas para expresar todo aquello que en mi mente se presentaba como una imagen, un recuerdo o una sensación. En definitiva, esto es lo que representa para mí este libro: la suma de recuerdos y de sensaciones que he acumulado a lo largo de mi vida.

Este libro me ha dado perspectiva. Me ha hecho pensar outside the box. Lo que quedaba encasillado dentro de mi ser se ha liberado. Escribirlo me ha hecho huraña y, a la vez, me ha despertado el anhelo de estar en compañía. Ha sido un viaje en el que sentía muy íntimamente lo que iba poniendo sobre el papel. Tuve que prepararme para estar en condiciones óptimas, tanto físicas como mentales porque con este libro he vivido una sensación similar a la que siente un alpinista al ascender a la montaña más alta: miedo, mucho miedo, hasta el punto de que al inicio paralizaba mi cuerpo. Tuve momentos de ansiedad que me cortaron la respiración; pensamientos incontrolables que influyeron en una peor calidad de mi sueño. En el último tramo me quedé sin oxígeno, no tenía fuerzas ni control sobre mi mente. Era como subir el Everest. Había llegado a la cumbre de mi Everest personal y no utilicé crampones ni piolet. Lo hice subida a unos tacones.

Si tuviera que explicar por qué viajar me apasiona tanto, no podría dar una única razón. Pero sí puedo explicar la razón del título del libro: Subir al Everest con tacones. Voy a contar lo que experimenté en las distintas fases durante el ascenso al campamento base. No me refiero solo al viaje físico, sino al personal, psicológico y espiritual que conlleva una empresa de este calibre. El Everest tiene un nombre que ya en sí mismo define su esencia: Diosa Madre del Mundo, he aquí su significado. Como tal, esta montaña brinda una experiencia única e irrepetible a quienes escalan miles de metros. La escalada entraña un riesgo enorme, eso es indiscutible, pero también ofrece un enriquecimiento incomparable: descubrimiento personal, paso a paso, y fuerza para construir cimientos sólidos. Del Everest se obtiene un consejo importante que ya hace miles de años obtenían los griegos en el templo de Apolo: «Conócete a ti mismo».

Subir mi Everest fue la aventura más apasionante de mi vida. Y no me refiero al riesgo de la escalada, que naturalmente es extremo. Me refiero al tesoro que descubrí durante el ascenso: a mí misma. Pero tuve que superar, paso a paso, el vértigo de la subida hacia lo desconocido.

Mientras subía, no imaginaba que sería mucho más difícil bajar que subir. Al subir, los tacones me daban impulso para seguir ascendiendo. Fue en el descenso cuando tomé conciencia de las consecuencias del viaje. Lo que iba encontrando a mi paso, a un lado y a otro del monte, me hizo plantearme si de verdad estaba preparada para seguir bajando. Pero no había vuelta atrás.

Mientras escribía este libro, rememoré mi camino vital paso a paso, campamento tras campamento. Mi viaje vital es el más importante de mi vida. Igual que hace un alpinista experto, cuando se prepara para el ascenso a la cima del Himalaya, yo tomé nota de todas las indicaciones. Preparé mi mente, mi espíritu, mi cuerpo. Fui consciente de mis debilidades aceptando cuáles eran, y así pude desarrollar mis fortalezas.

En el campamento base, durante la charla de preparación para subir a la montaña, el instructor te recuerda de manera insistente una frase. Es importante que la selles con fuego en tu mente, ya que tu vida depende de ello: «No te detengas cuando veas cadáveres. Sigue adelante. Los muertos te irán guiando. Los cadáveres a uno y otro lado del monte te indicarán que estás a punto de llegar. Que los muertos no te detengan».

Todos conocemos la expresión «dejar muertos en el camino». Es una metáfora en tu viaje vital, pero nunca creí que tuviera un significado real. Esa subida al Everest me confirmó que sí. En el ascenso, en el famoso glaciar Cascada de la Muerte, que se encuentra después del campamento base, si no tienes cuidado al andar, puedes caer por una de sus grietas y desaparecer. Allí comprendí que son reales los cadáveres en el camino, el esfuerzo extenuante y la fuerza infinita que tenemos las personas, aunque no seamos conscientes de ello.

¿Ves la similitud con tu camino vital? Las etapas de tu vida también están formadas por glaciares a través de los cuales es difícil caminar. Atrás dejas personas…, porque te restan energía. Las dejas atrás porque impiden que tú avances; si te detienes por ellas, te arrastran al vacío. Necesitas hacer un esfuerzo constante para superar momentos difíciles, pero, al final, descubres la capacidad que tienes para levantarte cuando ya pensabas que tus fuerzas te habían abandonado. Por eso, y por muchas razones, decidí subir mi propio Everest.

Con tacones. El principal objetivo de los tacones no es vernos más altas. Caminar correctamente sobre tacones implica apretar abdomen, contraer glúteos, encontrar tu core, tu centro de equilibrio, poner el pie delante del otro para fomentar el movimiento pendular de tus caderas. Cuando caminamos sobre tacones tenemos conciencia de todo el cuerpo. No se trata de cómo te vean los demás, sino de cómo te ves tú. Con los tacones, todo gira en torno a ti.

Mi obsesión con los zapatos empezó cuando yo era adolescente. Debido al tamaño de mis pies no encontraba calzado que me gustara, ¡y mucho menos con tacones! Por más que me resistía, tuve que aceptar la realidad y llevar unos zapatos que eran de lo más antiestético y que, además, me hacían los pies todavía más grandes… Al menos, así los veía yo. Había visto Frankenstein, de Boris Karloff, y te juro que veía mis pies reflejados en los del monstruo. Esa película de terror a mí me pareció un drama por la empatía que desarrollé hacia la criatura debido al tamaño de sus pies.

«Las mujeres altas no necesitan tacones». «No hay mujeres con ese número de pie».

Frases de este tipo empezaron a ser muy comunes en mi entorno. ¡Pues sí, yo calzo un número 44…, un 45 cuando me siento generosa! Soy mujer, mido 1,77 y no necesito tacones… Simplemente, me los quiero poner.

Al leer este libro entenderás lo importante que son los tacones en mi vida. Forman parte de mí. No son un simple recurso estético. Constituyen mi equilibrio y mi seguridad. En ellos se sustenta mi orgullo de ser mujer.

Amamos, construimos, hablamos, por la misma razón por la que escribimos: para que quede constancia de lo que nos importa. Me importas tú. Aquí dejo escrita gran parte de mi vida. Y estoy feliz de que me acompañes a lo largo de cada uno de estos capítulos.

MI VIAJE VITAL

Toda aventura empieza con un viaje. Yo he viajado mucho, me apasiona descubrir lugares y formas distintas de vida. Disfruto viajando sola, la soledad me permite observar de un modo diferente los paisajes y sus gentes, y puedo reflexionar, eso me proporciona paz. La soledad me ayuda a conocerme mejor.

Con este libro quiero compartir contigo mi viaje vital. Empezaré recordando cómo era yo cuando vivía en República Dominicana y acabaré mostrándote cómo soy ahora. Durante todo este trayecto he aprendido a verme con la perspectiva del tiempo y de la distancia desde que salí de mi país rumbo a Madrid.

Madrid me resultó una ciudad fascinante, al tiempo que enigmática y sorprendente. Necesité tiempo y calma para asimilar la idea de que estaba en Madrid, con un clima y una luz diferentes a mi ciudad natal. También con gente distinta, un ritmo distinto, una forma de vivir distinta y un modo de hablar también distinto. Hablamos la misma lengua, naturalmente, pero en República Dominicana hablamos con otro acento. Y yo, además, hablo tan deprisa que a veces me como letras.

Pasé muchas horas recorriendo las calles de Madrid. Necesitaba hacer mía la ciudad que había elegido para empezar mi nueva vida, dejando atrás una infancia y adolescencia que no deseaba olvidar, pero sí filtrar a la luz de un nuevo presente y futuro. Paseé por el Parque del Retiro, me gustó la paz que sentí desde el principio. Al llegar al paseo del Prado, se puso a llover. No sabía dónde refugiarme para no acabar empapada, así que entré en el museo. Y allí encontré lo que necesitaba, no solamente un techo, sino mucho más. El Museo del Prado se convirtió en mi refugio y fuente de inspiración. Volví muchas veces durante mis primeros días en la capital. Más tarde me enteré de algo que me pareció entrañable: muchos extranjeros que llegan a Madrid entran en la pinacoteca no necesariamente porque quieran ver arte, sino porque entre sus muros perciben la calide

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