Mente de acero

Mayden
Mayden

Fragmento

Introducción

Introducción

A veces me siento como un coche viejo al que tratas de arrancar con la llave y sientes que la batería falla. A cada intento, el sonido de encendido se va apagando cada vez más. Y para cuando por fin consigues que se ponga en marcha sientes un petardeo por su tubo de escape, con la sensación de que cuando pares todo se caerá en pedazos.

Este sentimiento me ha acompañado los últimos años de mi vida día tras día, y si te sientes identificado con él creo que este libro es para ti. Seguro que una de las primeras preguntas que te has hecho antes de empezar a leerte este libro ha sido de qué hablo aquí.

¿Es un libro de entrenamiento y nutrición?

¿Es un libro de autoayuda?

¿Es un libro de filosofía, como los que se autocalifican como estoicos?

¿Es una biografía?

Por esta razón creo que es necesario hacer una pequeña introducción antes de que te pongas a leer la enorme cantidad de palabras que han ido saliendo de mis dedos, que al juntarlas han dado forma a una de las cosas de la que más orgulloso estoy de todo lo que he hecho en mi vida.

Pero volviendo al tema: si tuviera que describir todas estas páginas diría que son todas esas cosas, pero a la vez ninguna en concreto.

Solo tenemos un cuerpo y una mente unidos por algo más que impulsos nerviosos, un complejo sistema en el que uno no puede funcionar bien sin el otro. Pero pasamos la vida despreocupándonos de las señales de alarma de nuestro cuerpo y recurrimos a cosas complicadas y evasivas para tratar de sobrellevar el peso que hay sobre nuestros hombros, cuando es la simpleza de unas pequeñas acciones las que fortalecen nuestro físico y nos llevan a construir una mente de acero.

Así, este libro es sobre entrenamiento y alimentación porque aprenderás con él sencillos cambios para lograr mejorar tu físico.

También te daré herramientas que te pueden ayudar a lidiar con el día a día, y podrás aprovecharlas tanto para lograr un cambio físico como objetivos más ambiciosos en el trabajo; los límites los pones tú.

Hay filosofía porque hago reflexiones sobre mi particular visión del mundo y cómo he aprendido a lidiar con distintas situaciones.

Y es una biografía porque además trato de utilizar mis vivencias y experiencias para contextualizar todo lo que cuento en el libro.

Precisamente creo que esto último es lo más importante, ya que vivimos en un mundo donde cada vez se extiende más el uso de ChatGPT con estoicismo de corta y pega, en el que todos repiten las mismas frases motivacionales como loros. Por esta razón quiero ser particularmente riguroso con lo que de verdad es este libro.

No voy a hablarte de las claves para ser feliz ni cómo hacerte millonario.

Te ofrezco mi vida al descubierto con las enseñanzas que he ido aprendiendo a través de los malos momentos, cómo los superé y a qué conclusiones he llegado con el paso del tiempo.

Mi fin es ayudar a personas que estén pasando por situaciones similares y ofrecerles herramientas que a mí me han funcionado para avanzar en la vida con una sonrisa. Porque sí, por muy malas que sean las cosas que sucedan a mi alrededor, jamás negaré que soy afortunado de poder vivir la vida.

En resumen, este libro se podría considerar una oda a lo bonito de la vida, donde suceden cosas crueles, pero donde sin duda siempre hay motivos para disfrutarla y ser feliz, por lo que no debemos dejar que una bruma oscura nos ciegue ante los instantes que pasan fugaces.

Y antes de que comiences, quiero contarte cómo y por qué lo he estructurado en la forma en que lo he hecho.

Al principio de ponerme a escribir estaba realmente emocionado con todo lo que quería contar, pero una duda no paraba de darme vueltas. Me di cuenta de que lo único que hacía era poner herramientas sobre el papel, que, si bien eran buenas, eran como si entrases a trabajar a un taller de carpintería sin saber el oficio y te pusiera un montón de maquinaria delante esperando a que fabriques una silla.

Ante el «miedo» de caer en ser un libro más de manuales, tomé la decisión de contar mi historia, para que así tengas presentes los contextos vitales que me llevaron a actuar de la forma en que lo hice.

Así, abriendo mi corazón y pensamientos más profundos al mundo, creo que voy a ser capaz de conectar mucho mejor contigo y con tu situación única. Porque si bien cada persona pasa por cosas totalmente distintas, al final, las formas de pensar y actuar ante ellas suelen ser muy parecidas.

Como he decidido no guardarme nada, lo primero que vas a encontrar aquí son unas reflexiones sobre el momento actual en el que estoy escribiendo esto, en el que un cáncer terminal y fulminante está afectando a mi padre.

Es curioso, porque el primer capítulo está escrito unos días antes de que todo sucediera…, y parece que me estaba preparando para ello. Pero no quiero hacer spoilers, solo prepararte ante mi forma de pensar antes de todo lo sucedido, que considero fundamental para sobrellevar esta situación.

De hecho, durante el proceso de escritura he ido añadiendo una serie de capítulos tal como iba sucediendo todo, sin guía, para que reconstruyas la historia y comprendas mi modo de afrontar algo tan difícil.

A lo largo de estas páginas encontrarás muchas referencias a la buena alimentación, el entrenamiento y la búsqueda de objetivos pese a los fracasos, algo que considero fundamental para tener una buena salud física y mental. Pero como es fácil pensar que comer bien, dormir temprano e ir a entrenar es algo que no me cuesta, he dedicado unos capítulos a los problemas enormes que he tenido con la comida y el sedentarismo, para que puedas ver que hasta de las situaciones más difíciles uno puede sobreponerse y cambiar.

También he hecho un compendio de las herramientas que he ido usando para afrontar las distintas situaciones, para que seas capaz de cambiar lo que quieras cambiar y de aceptar aquello que escapa de tu control.

Es posible que esté dando demasiadas vueltas a esta introducción, seguramente derivado de que, pese a que he sido un «personaje público» durante los últimos doce años de mi vida, en ningún momento he hablado sobre todo lo que ha sucedido durante este tiempo.

Como nadie sabe realmente nada de mí hasta ahora, siento temor y vergüenza a lo que puedan pensar los demás, es inherente al ser humano. Pero estaría siendo contradictorio conmigo mismo y con este libro que he escrito si me dejara llevar por mis miedos y no actuara, algo importante que te enseño a superar.

Porque al final se trata de seguir avanzando. De que pase lo que pase en la vida esta sigue siendo maravillosa, divertida y emocionante, y no hay ni un solo día en que no me levante con ganas de comerme el mundo.

Creo que ese es el mensaje que quiero transmitir al final de la lectura, que cada momento es una oportunidad para reflexionar y que no importa las veces que nos caigamos, siempre podemos levantarnos y seguir viviendo la vida. No como un mero espectador, como ocurre cuando encendemos el piloto automático y el tiempo nos consume, sino disfrutando de cada pequeña experiencia que podamos vivir, con el fin de no tener arrepentimientos y siempre buscando ser un poquito mejor.

No quiero que te confundas, no se trata de «tu mejor versión en 30 días», porque lograr eso significa que has llegado a la cima, a un estancamiento, y que pasarás por décadas de apatía absoluta en la que ya has alcanzado todo. Y entre que eso es imposible (nadie puede lograrlo todo, y menos en 30 días), seguir mejorando es un esfuerzo constante en el que la vida te irá poniendo obstáculos, y para no verlos como muros tendrás que trabajar para considerarlos oportunidades. Estas, lejos de ir por el mundo del emprendimiento y la empresa (que también están bien), van más sobre el crecimiento personal.

Pero bueno, no me quiero enrollar más, que parece que no paro de escribir porque todavía hay cierta parte de vergüenza en que empieces a leer mi visión del mundo. Solo me queda darte las gracias de antemano por el tiempo que vas a dedicar a esta lectura y decirte que ojalá pudiera conocerte en persona para dártelas.

Camina

Me gusta andar, o más que andar me gusta lo que me ofrece el caminar, que es un momento de reflexión para enfrentarme a mis pensamientos con espíritu crítico. Pero no hablo de rumiar el pasado ni temer el futuro, pues eso solo lleva a una vorágine de pensamientos que genera bruma mental e impide ver con claridad el presente.

Es casi como una persona que sufre de cataratas: ves el mundo de tu alrededor a través de una capa traslúcida en la que eres incapaz de distinguir las cosas. El pasado pasado está, suena a una frase hecha, pero es que es la realidad, hay que asumirlo. Nada va a volver, ni lo bueno, ni lo malo, solo queda una dirección clara que tomar, seguir caminando hacia de­lante.

Me gusta caminar, es una alegoría de la vida misma. Muchas veces andamos o más bien deambulamos absortos en lo que pudo ser y no fue, en todos los errores que cometimos, en todas las cosas buenas que perdimos, y la experiencia se convierte en un látigo de siete fustas con clavos en sus extremos. Caminamos, sí, pero caminamos flagelándonos, incapaces de apreciar el presente y con un aura de victimismo y autocondescendencia que provoca que la gente a nuestro alrededor o bien nos tenga lástima, o bien acabe cansada de nosotros y se aleje.

Pensar en el pasado con el filtro del victimismo hace que veamos la vida como una personificación, como si fuera un ser maligno que está ahí para (perdón por la palabra) jodernos. Esto provoca que echemos balones fuera y busquemos un culpable para así no rendir cuentas con nosotros mismos; al fin y al cabo, si la culpa siempre es de fuera, yo solo soy una mera víctima que no tiene responsabilidad de nada.

Esto solo lleva a una consecuencia clara, no cambiar, vivir atormentados por un pasado que no nos alcanza en nuestro presente, pero al que en nuestra cabeza le otorgamos la capacidad de influirnos, como un ente que siempre está ahí, alterando nuestras decisiones y acciones, o no acciones, porque una de las peores y terribles consecuencias de esto es la inacción.

Si la culpa siempre es de los demás y de la vida, ¿qué puedo hacer yo? Mejor no hago nada, ya que no tengo control de lo que sucede, y caigo en una falsa aceptación de lo que soy, de cómo soy y del mundo que nos rodea. Infelices, amargados y tristes porque nada va a cambiar, porque creemos que no se puede cambiar, y al final, como en una profecía autocumplida, caemos en un mundo dentro de nuestra cabeza en el que estamos atados con una camisa de fuerza, recibiendo palos por todos lados.

Como te he dicho, me gusta caminar y lo que se aprende de los caminos por los que transitas. Y es que caemos en la falsa creencia de que como seguimos un sendero estamos obligados a reptar por él en piloto automático. Me levanto, hago cosas, me acuesto y mañana se repite el ciclo. Espera, espera, espera. ¿Cómo que hay que seguir el sendero? Para empezar, ¿quién ha puesto ese sendero ahí?

Una de las cosas más maravillosas de la vida es perderse y aventurarse. Imagínate ese sendero de montaña, amplio, sin mucha cuesta, pero que cargas una mochila a rastras, pesada, muy pesada. Llevas unas gafas con cartulinas negras a los lados que no te dejan ver más allá de seguir recto, pensando si habrá un precipicio más adelante, pero sintiendo el peso de la mochila que llevas encima.

Pesa, pesa mucho.

Entonces te paras un día y te preguntas por qué tienes que cargar la mochila. En ese preciso instante es cuando te das cuenta de las gafas que llevas puestas, y te las quitas y miras a tu alrededor. Te fijas en los lindes del camino para descubrir que entre los matojos, zarzas y pinos hay un sitio escalonado lleno de piedras que puedes atravesar. Respiras profundo, te quitas la pesada carga, tiras las gafas y decides embarcarte en esa travesía que, si bien no sabes a dónde te lleva, como es cuesta arriba sabes que en algún momento llegarás a la cima, pero eso no te preocupa, pues te das cuenta de lo que tienes que hacer: subir y pisar firmemente cada paso que das.

Claro que te rozarás con las zarzas, es normal, al igual que tropezar con una piedra, llegar a un camino sin salida para tener que retroceder y tomar otra ruta, y por supuesto que las piernas se te van a cansar, pero ¿sabes qué? Es emocionante, porque te demuestras a ti mismo que eres capaz, que lo importante no es llegar a la cima puesto que hay montañas más altas, lo importante es que has estado en el presente, has visto una planta que olía muy bien, has descubierto una ardilla que saltaba de árbol en árbol y que paso a paso has llegado al sitio donde querías estar, aprendiendo del paso anterior.

Así es como veo yo la vida y cómo debemos enfrentarnos a ella, tratando de deshacernos de esa mochila cargada de piedras que no sabemos siquiera por qué la tenemos encima ni somos conscientes de que nos la podemos quitar.

Solo se vive el presente, no podemos dejar que el pasado nos derrumbe ni que el futuro nos abrume, pero sí podemos buscar aprendizajes útiles de lo que nos ha pasado, pues, al fin y al cabo, el punto en el que estás ahora mismo es la consecuencia de todo lo q

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos