Pepita Jiménez

Juan Valera

Fragmento

cap-1

INTRODUCCIÓN

1. PERFILES DE LA ÉPOCA

Durante el periodo constitucional, conocido con el nombre del Trienio Liberal (1820-1823), el rey Fernando VII, que ha jurado la Constitución, se siente incómodo con la nueva situación política. El propio monarca alentará la oposición armada de los absolutistas en colaboración con las cortes extranjeras a fin de incitar su intervención y poner así punto final a dicho periodo constitucional. Durante la primavera y el verano del año 1823 entrarán en España noventa mil franceses al mando del duque de Angulema, los cuales, en unión de treinta y cinco mil absolutista o realistas y casi sin encontrar resistencia, darán fin al trienio constitucional. Los liberales españoles se ven obligados a salir de España. En Inglaterra, año 1824, se encuentran más de mil familias de españoles emigrados y en Francia reside también buena parte del exilio español. El nacimiento de Juan Valera se produce en este marco histórico en el que el problema de la sucesión, la revolución liberal, la Desamortización de Mendizábal y la primera guerra carlista (1833-1840) van a formar también parte de los principales acontecimientos políticos acaecidos durante la niñez y adolescencia de J. Valera. Periodo que cubre parte del reinado de Fernando VII (1808-1833) y la minoría de su hija Isabel II (1833-1843). Esta etapa es rica en lances históricos, pues a raíz de la muerte de Fernando VII (1833) y en el marco de la Regencia de María Cristina, España se sumerge en un mar de revueltas que desembocan en una guerra civil, pues don Carlos, hermano de Fernando VII, haciendo caso omiso de la abolición de la Ley Sálica, se considerará, a sí mismo, el único pretendiente legal a la corona española.

Todo el primer tercio del siglo XIX español y europeo se circunscribe en una corriente estética que supone un cambio ideológico fundamental: el Romanticismo. En un primer momento aparece como una reacción europea contra el imperialismo napoleónico. La formación de una serie de gobiernos absolutistas que ven en el liberalismo el máximo peligro de su estabilidad, da a la primera etapa romántica un carácter conservador, tradicional y cristiano. Contra este centralismo político-cultural se alza el sentimiento nacionalista y regionalista que, a raíz de la Revolución de 1830, hará posible un nuevo cambio: el triunfo del liberalismo político al que sigue inmediatamente el literario, en todos los países de Europa. Las tertulias literarias como las de El Parnasillo y El Ateneo estarán llamadas a desempeñar un papel decisivo en la propagación de las nuevas doctrinas. Defensores, detractores y eclécticos analizarán las virtudes o defectos del Romanticismo. Revistas literarias de gran incidencia en la época, como El Correo Nacional, Cartas Españolas, Revista Española, El Artista, entre otras, divulgaron las excelencias del romanticismo frente al clasicismo y debatieron sobre los problemas planteados en torno a la nueva escuela.

El reinado de Isabel II en su mayoría de edad (1843-1868) y el complejo periodo revolucionario, cuyo inicio se produce en la Revolución de Septiembre (1868), van a constituir los principales rasgos de la historia de España y, por ende, de la plenitud de la vida y obra de J. Valera. Con la llamada Revolución de Septiembre y con el destronamiento de la reina se van a producir durante siete años una serie vertiginosa de cambios constitucionales (Gobierno Provisional, reinado de Amadeo I, Primera República Española, en sus dos fases sucesivas, federal y autoritaria), el último de los cuales consistirá en la restauración de la monarquía en la figura de Alfonso XII, como consecuencia del pronunciamiento de general Martínez Campos en el año 1874, fecha, precisamente, de la publicación de Pepita Jiménez. La restauración de la dinastía de los Borbones expulsados por la Revolución de 1868 y vueltos al trono en el ya citado año 1874 se conoce en la historia de España con el marbete de Época de la Restauración, que comienza en 1875 y concluye en el año 1902, con el inicio del reinado de Alfonso XIII en su mayoría de edad. Como hecho más relevante desde el punto de vista de las relaciones internacionales cabe señalar la escasez de recursos y la pasividad diplomática de España frente al expansionismo de Estados Unidos que desembocaría en la guerra del 98 y la pérdida de las últimas posesiones oceánicas: Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Desde el punto de vista literario y cultural cabe señalar que al promediar el siglo XIX el Romanticismo ha producido lo más representativo de su escuela. Sus representantes de antaño evolucionan hacia nuevas modalidades del Realismo de la misma forma que algunos escritores de la generación anterior, partiendo de la tendencia neoclásica, habían evolucionado hacia formas románticas. El paso del Romanticismo al Realismo está también ligado con nexos muy íntimos a circunstancias de orden político y social, por ese paralelismo de lo social con lo estético. Cabe recordar que una revolución había sido la causa inmediata del Romanticismo; y otra había de serlo de su liquidación y del nacimiento del nuevo credo o estética del Realismo. El panorama político y cultural de España al declinar la primera mitad del siglo XIX había evolucionado a raíz del brusco cambio realizado en Europa, especialmente en Francia, después de la revolución de 1848 y proclamación de la Segunda República Francesa. Fecha en la que también aparece el Manifiesto Comunista. Por aquellos años se produce una crisis en el pensamiento europeo, en la conciencia europea.

La crisis que se produce en la segunda mitad del siglo XIX gira en torno a una idea: la ciencia. Si en el siglo XVIII la razón pretendía explicar todo, ahora se asigna tal misión a la ciencia, pero entendiendo por tal sólo aquella rama que se orienta a lo material, a lo experimental, es decir: lo positivo. Surge un interés inusitado por el desarrollo de la industria que conlleva el crecimiento de la ciudad en detrimento del campo. Aumentan los medios de comunicación y transporte para cubrir las nuevas necesidades industriales. Los problemas, hasta entonces de índole política y religiosa, se complican con un factor nuevo, que ocupa pronto un lugar privilegiado: lo social. El elemento obrero se agrupa en densos núcleos urbanos, ofreciendo el terreno mejor abonado para las nuevas teorías socialistas de Carlos Marx. En este orden, el fetichismo por lo científico lleva al artista, al literato, a un estudio más profundo de la naturaleza humana y social. Se echa en falta el buen sentido, la verdad, tanto en la novela como en el teatro y se exige a la obra de arte más intención, más trascendencia y, especialmente, mayor veracidad. Los escritores empiezan a preocuparse de los problemas diarios y de la realidad circundante. Al novelista o al dramaturgo no le interesa reflejar las costumbres y la vida de las épocas pasadas, casi siempre vistas de forma subjetiva, a través de un prisma falso y carente de un valor real. El escritor aspira a que la literatura, como el arte en general, sea un trozo de la vida, una reproducción de la realidad.

Esta plasmación de la realidad ofrecerá múltiples facetas, no tanto en los diversos autores como en las distintas naciones o literaturas. En España, a diferencia de lo que sucede en Francia, se adoptará desde un primer momento una insoslayable actitud moralizadora. Por ejemplo, nuestros dramaturgos se nutren de casos tomados de la vida corriente, pero procurando sacar siempre de ellos una tesis. Con frecuencia, hasta les vemos sacrificar la verdad dramática, la realidad misma y la psicología de los personajes al propósito moral. Su deseo, al igual que en el siglo XVIII, es convertir el teatro en “escuela de buenas costumbres”. La novela encontrará feliz campo de experimentación en el tema regional, entroncando con lo psicológico, aunque en su primera etapa prevalece lo ético-docente.

Desde un punto de vista general, las notas más destacadas de la segunda mitad del siglo XIX atañen también a la observación atenta del detalle concreto, lo que se denomina el color local, sea material o humano y atención al hombre en particular. La época clásica estudiaba a la persona en general; la moderna estudia los diferentes seres humanos, la Humanidad múltiple y diversa, no sólo en sí misma, sino en el medio que la circunda, y que, por una parte, la determina, y aun la crea. El hombre, adscrito al medio ambiente, será la norma del nuevo credo estético o escuela, en consonancia con las teorías historicistas de Saint-Beuve y con las deterministas de Hipólito Taine. A la hora de recordar pervivencias y anticipaciones románticas no estará de más insistir en que ya Víctor Hugo en su prólogo que figura al frente de Cromwel había señalado la “localización exacta” como uno de los elementos básicos de la realidad. Sin embargo, la “localización” que pregonaban los románticos no era la misma que perseguían los realistas, pues los románticos, en su afanosa aversión del mundo circundante, se contentaban con una “localización” retrospectiva y exótica, falseada prácticamente en su totalidad. El realismo busca la exactitud local en el presente. Ambas técnicas, sin embargo, han coincidido en obras clásicas y maestras de la literatura, como Salambó, de G. Flaubert y Nuestra Señora de París y Los Miserables, de V. Hugo.

Al igual que en corrientes estilísticas anteriores, como el Barroco, cuya denominación pasó de las artes plásticas a la literatura, también en el realismo el término, que en su inicio se utilizó para designar específicas modalidades pictóricas, se extiende al arte y a la vida en general. El Realismo viene a significar el equilibrio y la perfección técnica frente a la exaltación proclamada por la escuela romántica. Los rasgos del Realismo afectan al fondo y a la forma: en el fondo, la tesis moral, asistida por un tema o problema que proviene del ambiente sociológico de la época; en la forma, pérdida gradual de lo poético con predominio de lo conceptual. El verso se hace ramplón; el lenguaje se aplebeya, muy en consonancia con el asunto al que sirve de envoltura. Frente a un teatro y una novela que no encarnaban los ideales de la época se buscó la identificación entre existencia y literatura. Surge otra concepción de la vida y con ella nuevos sentimientos y problemas que requieren un nuevo lenguaje. Éste tenía que ser, forzosamente, el común, el que se hablaba en las tertulias, en la calle, en los palcos, en el taller, en los salones aristocráticos. El realismo discurre y penetra en todas las clases sociales, de ahí que el escritor no desdeñe el empleo de voces plebeyas y vulgares ni la frecuente inserción de aquellos extranjerismos —galicismos y anglicismos, principalmente— que las clases privilegiadas de la época de la Restauración utilizaban en sus conversaciones. Se produce la separación entre lo que se venía denominando “lengua literaria” y “lengua real”, la viva, la hablada. Al calor de la Revolución del 68 se exacerba el liberalismo y, en lógica contrapartida, con la restauración borbónica se manifiesta un vivo afán de espiritualidad. Nace la novela de tesis, religiosa y social, con sutil tendencia al análisis psicológico de “casos de conciencia”. Más tarde se intensificará la orientación idealista, precisamente en aquellos escritores que más se habían significado en las técnicas naturalistas y en la sátira religiosa y clerical: Galdós —Ángel Guerra, Nazarín, Halma—, Pardo Bazán —Una cristiana, La prueba, La sirena negra—, Palacio Valdés —Los majos de Cádiz, La alegría del capitán Ribot, Tristán o el pesimismo—, Clarín —Su único hijo— y Valera —Morsamor—.

Trasladar el lenguaje hablado a la literatura y dignificarlo es una de las máximas aspiraciones del Realismo. Con esta incorporación lingüística vendrán también la de los asuntos o contenidos de las obras literarias: no habrá ya temas nobles y temas repudiables. El novelista, por ejemplo, cifrará todo su empeño en la reproducción de la realidad. Pero esta plasmación de la vida y costumbres cotidianas desembocará pronto en el Naturalismo, movimiento literario surgido en Francia en la segunda mitad del siglo XIX que tendrá un amplio eco en toda Europa. El término naturalismo aparece en un principio aplicado a la crítica de obras de arte y, en concreto, en un artículo de Castagnary, publicado en la Revue Moderne (1857), que analizaba la obra pictórica de Courbet. La atribución del término se debe, según el crítico, a que en ella se trata “la naturaleza con el realismo”. En 1867 E. Zola, en el prólogo de Teresa Raquin, afirma su pertenencia a un grupo de escritores naturalistas que conceden a dicho término un significado nuevo, procedente del campo de las ciencias “naturales” que en esta época gozaba de gran prestigio por el uso de métodos rigurosos de observación, documentación y experimentación. El Naturalismo, además de estética literaria, implica una concepción del hombre y la vida. En la génesis del pensamiento antropológico y social de Zola ejercen una influencia decisiva las obras de H. Lucas, H. Taine, Ch. Darwin y C. Bernard. El principio de que las leyes fisiológicas de la herencia condicionan la conducta del ser humano (Lucas) formará parte de la concepción determinista de la vida que late en la obra de Zola, principio reforzado por la aceptación de otros condicionantes formulados por Taine: los de raza, medio y momento. Determinismo que se consolida con la doctrina de Bernard, cuyas teorías de observación, experimentación y documentación, aplicadas al campo de la medicina y de la fisiología, serán trasladadas por Zola al campo de la literatura. Naturalismo zolesco cuyos rasgos esenciales se podrían resumir de la siguiente manera: protesta contra la tiranía académica y abolición de las reglas clásicas, imitación de la naturaleza como norma suprema del arte, minuciosidad descriptiva (el arte es una fotografía), observación y presentación de la vida según el temperamento del escritor, supervalorización de lo patológico y morboso, elevación a dogma de la ley de la herencia, anulación del elemento espiritual en el ser humano que queda en poder de las fuerzas deterministas de la materia, pesimismo, preferencia por los tipos anormales, ausencia de lirismo, apología del instinto y pseudocientificismo, que da a la novela carácter doctrinario. En España, el Naturalismo, que comienza a conocerse a finales de los años setenta, provoca una agria polémica en la que participan tanto escritores como críticos. Un determinado sector estará a favor, como en el caso de Ortega Munilla, Clarín, Pardo Bazán, Pérez Galdós, Palacio Valdés; otros, por el contrario, estarán en contra de los postulados naturalistas, como, por ejemplo, Alarcón, Núñez de Arce, Pereda, Menéndez Pelayo y Valera.

Los grandes cenáculos literarios y las famosas tertulias son focos culturales de gran trascendencia en la vida española de toda esta época hasta ahora reseñada. Al promediar el siglo dichos núcleos sociales actúan como auténticos entes receptores de las nuevas corrientes estéticas del momento. Hacia el año 1870 el Ateneo se revitaliza y de nuevo empieza a irradiar su influencia en la novela española. A su semejanza se abren ateneos y liceos en casi todas las ciudades más importantes de España. En ellos vuelve a polarizarse la vida espiritual, y por sus salas se deslizan las corrientes ideológicas recién llegadas de fuera. Hacia el inicio del último tercio de siglo XIX Alemania es la preferida por nuestros intelectuales. Hay un momento en que parece que va a desbancar a Francia en los más amplios sectores del pensamiento español. Perojo y Sanz del Río introducen el neokantismo y el krausismo, llevándose tras sí buena parte de la juventud intelectual española. Por esta época aparecen publicaciones periódicas que difunden dichas ideas, como la Revista Española, la Revista Europea, la Revista Contemporánea, la Ilustración Española y Americana, la España moderna, entre otras. Vida intelectual y literaria que se canaliza también a través de otras revistas literarias que tendrán una gran acogida en la vida social y cultural de España durante finales del siglo XIX y comienzos del XX, como Madrid Cómico, La Caricatura, Vida Nueva, La Vida Literaria, Revista Nueva, Gente Vieja, La Lectura, Electra, Alma Española y La República de las Letras, entre otras. Revistas que atienden a la vida intelectual de España hasta el año 1905, fecha en la que se produce el fallecimiento de Valera.

A finales del siglo XIX las corrientes ideológicas procedentes de otros países europeos favorecen la aparición de nuevas modalidades artísticas y literarias. El positivismo, con toda su secuela de creaciones filosóficas, sociales y artísticas está en trance de desaparición. Se imponen otros modos de vida y de pensamiento, y, como siempre, la literatura atempera sus pasos a esos nuevos modos. París sigue siendo el foco de la cultura universal, el punto de mira de nuestros escritores. De allí empiezan a venir en sucesivas oleadas innovadoras doctrinas capaces de revolucionar el arte: parnasianismo, simbolismo, impresionismo, prerrafaelismo, decadentismo, etc. Unas afectan a lo literario o a lo plástico; otras, a todo el orden de la cultura. Con ellas se confunden nuevas corrientes que tienen tanto de filosofía como de estética y de ética: la doctrina de la voluntad de Shopenhauer, la de la angustia de Kierkegaard, la del superhombre de Nietzsche, el misticismo neocristiano de Tolstoi, el pragmatismo de William James, el trascendentalismo de Emerson, el intuicionismo de Bergson. Únase a todo esta relación la revolución introducida por Wagner en la música; por Ibsen y Maeterlinck, en el teatro; por Dostoyevski, en la novela; por Verlaine y Baudelaire, en la poesía; por Ruskin y Croce, en el ensayo. En los albores del siglo XX aparece, pues, una nueva época y la generación anterior, la de Valera, no podrá reaccionar ante tal aluvión de corrientes ideológicas y estéticas, a lo sumo llegarán a una renovación que no afectará profundamente a su corpus literario.

2. CRONOLOGÍA

AÑO

AUTOR-OBRA

HECHOS HISTÓRICOS

HECHOS CULTURALES

1824

Nace el 18 de octubre en Cabra. Su padre, José Valera y Viaña, oficial de Marina retirado por sus ideas liberales. Su madre Dolores Alcalá-Galiano, marquesa de Paniega.

Fin de la dominación española en América con la batalla de Ayacucho (Perú).

Muere Lord Byron. A. Manzoni: Los novios (1ª parte).

1830

Abolición de la Ley Sálica por Fernando VII.

R. López Soler: Los bandos de Castilla.

1833

José Valera ocupa el puesto de comandante de Armas en Cabra. Después será nombrado Gobernador de Córdoba.

Muerte de Fernando VII. Regencia de María Cristina. Primera guerra carlista.

Inicios de la “Renaixença catalana” (Aribau: Oda a la Patria).

1834

Espronceda: Sancho Saldaña.

1835

Primeros poemas.

Muerte de Zumalacárregui. Victoria de Mendigorria contra los carlistas. Subida de Mendizábal al poder. Disolución de las órdenes religiosas con excepción de las hospitalarias.

Constitución del Ateneo de Madrid. Duque de Rivas: Don Álvaro o la fuerza del sino.

1836

Desamortización eclesiástica de Mendizábal.

García Gutiérrez: El trovador. Nace Gustavo Adolfo Bécquer. Lamartine: Jocelyn.

1837

Estudia Leyes y Filosofía en el Seminario Conciliar de Málaga hasta el año 1840. Sus autores preferidos son Espronceda y Byron.

Promulgación de la nueva Constitución liberal. Pronunciamiento moderado de los oficiales de Pozuelo y Aravaca. D. Carlos, el pretendiente, llega a Madrid.

Hartzenbusch: Los amantes de Teruel. Zorrilla: Poesías. Espronceda: El estudiante de Salamanca. Martínez de la Rosa: Doña Isabel de Solís. Muere Larra y nace Rosalía de Castro.

1839

Conoce a Espronceda, Ros de Olano y Miguel de los Santos Álvarez. Publica sus primeros versos en el periódico malagueño Guadalhorce.

Convenio de Vergara. Fin de la Primera Guerra Carlista.

Hartzenbusch: La redoma encantada.

1841

Traslado a Granada. Ingresa en el Colegio Seminario del San Dionisio del Sacromonte para continuar sus estudios en Leyes. Lee toda clase de libros. Descubre a los clásicos: Propercio, Catulo, Horacio, etc. Traduce en verso varios fragmentos del Manfredo y el Don Juan de Byron, además de componer sonetos a imitación de Lamartine.

Fusilamiento del general Diego de León en Madrid. Comienza la Regencia de Espartero.

Hartzenbusch: Los polvos de la madre Celestina.

1842

Primeros triunfos poéticos en la revista La Alhambra. Estudia Derecho en Madrid. Conoce a G. Gómez de Avellaneda.

Sublevación en Barcelona contra Espartero y bombardeo de la ciudad.

Muere Espronceda.

1843

Se enamora de G. Gómez de Avellaneda, diez años mayor que él, a la que dedica poemas con el sobrenombre de Lelia.

Fin de la Regencia de Espartero. Isabel II, proclamada mayor de edad a los catorce años. Olózaga forma el primer ministerio del reinado de Isabel II.

Nace Benito Pérez Galdós.

1844

Bachiller en Jurisprudencia. Publica Ensayos poéticos.

Isabel II, reina de España.

Zorrilla: Don Juan Tenorio. E. Gil y Carrasco: El señor de Bembibre. A. Dumas: Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo.

1845

Se licencia en Jurisprudencia. Frecuenta las tertulias literarias, los teatros y los salones de la condesa de Montijo, de los duques de Rivas y de los duques de Frías. Publica versos en El Siglo Pintoresco.

Promulgación de la cuarta Constitución.

Hartzenbusch: La jura de Santa Gadea. Ventura de la Vega: El hombre de mundo. E. Sue: El judío errante.

1847

Istúriz lo nombra agregado sin sueldo en la Legación de Nápoles, cuyo embajador es el duque de Rivas. Primeros escarceos amorosos con Lucía Palladi, la muerta, a la que dedica algunos versos.

Crisis económica internacional.

Estébanez Calderón: Escenas andaluzas. E. Brontë: Cumbres borrascosas. Ch. Brontë: Jane Eyre.

1849

Conoce en Italia a S. Estébanez Calderón. Toma posesión de su puesto en la Legación de Lisboa. Regresa a Madrid. Publica en El Heraldo.

Zorrilla: Traidor, inconfeso y mártir. Fernán Caballero: La Gaviota. Mueren F. Chopin y E. A. Poe.

1850

En Madrid coquetea con Malvina, hija del duque de Rivas. Comienza a escribir la novela Cartas a un pretendiente, que no terminará. Es nombrado agregado de número en Lisboa. Se convierte en partidario del iberismo, influido por Estébanez. Fracasa en su intento de ser elegido diputado.

Paz de Berlín, que pone fin a la guerra germano-danesa. Se inaugura el canal de Isabel II.

Se inaugura el Teatro Real de Madrid. Muere H. de Balzac.

1851

Estrecha relación con Alcalá Galiano. Se traslada a Río de Janeiro, a la Legación presidida por José Delavat.

Concordato entre España y la Santa Sede.

Donoso Cortés: Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo.

1853

Regresa a Madrid en septiembre.

Estalla la guerra de Crimea.

Verdi: Il Trovatore y La Traviata. Wagner: El anillo de los Nibelungos.

1854

Publica en la Revista de Ambos Mundos el ensayo “Del romanticismo en España y de Espronceda”. Fracasa nuevamente en su intento de ser diputado.

Pronunciamiento de O’Donnell en Vicálvaro. Manifiesto de Manzanares.

Sanz del Río introduce el krausismo.

1855

Viaja a Dresde, donde es nombrado Secretario de Embajadores. De vuelta a Madrid es nombrado Oficial del Ministerio. Publica el artículo “Sobre los Cantos de Leopardi”. Inicia una serie de artículos en la Revista Peninsular.

Ley de concesiones de ferrocarriles. Primera huelga general de España en Barcelona.

Muere Kierkegaard. Exposición Internacional de París.

1856

Publica su ensayo sobre las Escenas andaluzas, de Estébanez, y poesías. Es nombrado Secretario de la Embajada extraordinaria del duque de Osuna en Rusia.

Fin del Bienio progresista. Reacción moderada, subida de Narváez al poder.

Empiezan las exposiciones nacionales de Bellas Artes.

1857

Se enamora de la actriz francesa Magdalena Brohan. Regresa a Madrid. Polémica con Castelar sobre La doctrina del Progreso. Muere su padre. Inicia sus colaboraciones sobre literatura en El Estado.

Mueren Quintana, Musset y Sue. G. Flaubert: Madame Bovary. Baudelaire: Las flores del mal.

1858

Es elegido diputado a Cortes por Archidona. Dimite de su cargo en el Ministerio de Estado, del que estará cesante siete años.

O’Donnell forma el Ministerio de la Unión Liberal.

Taine: Ensayos de crítica y de historia.

1859

Se publican sus poesías con un prólogo de Alcalá Galiano. Funda La Malva, periódico satírico-literario, junto con Miguel de los Santos Álvarez y Pedro A. de Alarcón. Publica Parsondes en El Estado.

Guerra contra Marruecos.

Darwin: El origen de las especies mediante la selección natural. V. Hugo: La leyenda de los siglos.

1860

Colabora en la revista satírica El Cócora. Escribe el cuento El pájaro verde y un ensayo titulado La revolución en Italia, que le crea fama de hombre liberal.

Fracasa el golpe carlista de San Carlos de la Rápita. El general Ortega es pasado por las armas.

Dickens: Grandes esperanzas. P. A. de Alarcón: Diario de un testigo de la guerra de África.

1860

Explica en el Ateneo unas lecciones sobre Historia crítica de nuestra poesía. Acepta el puesto de redactor principal en El Contemporáneo. Escribe De la naturaleza y carácter de la novela.

Toma de Tetuán. Abraham Lincoln, presidente de los EE. UU.

1861

Académico de la Real Academia de la Lengua. Empieza a publicar Mariquita y Antonio en El Contemporáneo. Se casa en París con Dolores Delavat.

Sublevación campesina de Loja. Tratado de paz con Marruecos. Estalla la guerra de Secesión en los EE. UU. Víctor Manuel II, rey de Italia.

Dostoievski: Recuerdos de la casa de los muertos. Turgueniev: Padres e hijos.

1862

Lee el discurso de recepción en la Academia al que contestó Cánovas. Reseña sobre Los miserables, de V. Hugo en El Contemporáneo.

Caída de la Unión Liberal presidida por O’Donnell.

Muere Martínez de la Rosa. V. Hugo: Los miserables.

1864

Director General de Agricultura, Industria y Comercio.

1865

Ministro plenipotenciario en Frankfurt.

Insurrección de los estudiantes y represión sangrienta de la noche de San Daniel en Madrid. O’Donnell sube al poder por tercera y última vez.

Muere el duque de Rivas.

1866

Dimite de su cargo en Frankfurt. Viaja a París y a Biarritz con su familia. Reencuentro con la familia Delavat.

Nace Jacinto Benavente. Dostoievski: Crimen y castigo.

1867

Muere su hermana Ramona. Polémica con Cánovas a raíz del ingreso de éste en la Academia. Valera le contesta con un discurso sobre “La libertad en el arte”.

Nacen Rubén Darío y V. Blasco Ibáñez. Muere Baudelaire. Strauss: El Danubio azul. Karl Marx: El Capital (primer tomo). Ibsen: Peer Gynt.

1868

Subsecretario de Estado. Publica los artículos “De la revolución y la libertad religiosa” y “Sobre el concepto que hoy se forma de España”.

Revolución de Septiembre: pronunciamiento de Topete, Prim y Serrano. Sublevación en Cuba. Exilio de Isabel II.

Dostoievski: El idiota. Bécquer: manuscrito de las Rimas

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