Cuando pensé en escribir este libro recordé todas aquellas relaciones que viví antes de experimentar el amor. Quería escribir lo que tienes entre tus manos desde mis conocimientos profesionales, pero también desde mi propia experiencia.
Yo también pasé por numerosas relaciones tóxicas y sufrí dependencia emocional. Durante mucho tiempo ignoré aquella vocecita en mi interior que me decía que las cosas no iban bien. La realidad de aquella época es que me daba miedo mirar dentro de mí, por lo que pudiera encontrar. Así que, tristemente, fui acallando esa voz que habitaba en mí hasta hacerla desaparecer.
Silenciar aquella voz fue alimentar la de otros que pretendían anularme. Me desprecié tanto a mí misma que me convertí, por enésima vez en mi vida, en mi peor enemiga. Mientras llenaba el corazón de mis parejas, en el mío habitaba el vacío. Si pudiera decirle a Dante que añadiera un círculo más en su infierno, ese sería el sufrimiento psicológico. No tengo la menor duda.
Pero el instinto es fuerte y no se rinde tan fácilmente. Un día cualquiera esa vocecita volvió y supe que era mi momento. Tenía que hacer algo. Ya estaba bien de caer una y otra vez en las mismas trampas. Y ahí, cuando mi vida entera sufría una debacle y yo permanecía en el ojo del huracán, cogí fuerzas para comenzar mi trabajo personal.
La vida me siguió llevando por numerosos fracasos a nivel personal y profesional, pero algo empezaba a cambiar, y es que me sabían diferentes. Ya no sentía ganas de autodestruirme o boicotearme. Ahora era más consciente de las cosas.
No recuerdo el momento exacto del cambio, así que no te puedo contar dónde estaba o qué me rodeaba. Pero sí lo asocio con la etapa que viví en Madrid, la ciudad que me acogió e ilusionó, pero también la que me maltrató. Allí sufrí y disfruté la vida a partes iguales. Allí conocí a Alberto, el amor de mi vida, quien me acompañó a comprender que probablemente me enamoré muchas otras veces antes, pero que nunca había conocido el amor de verdad hasta que él llegó a mi vida.
A ti, lector/a que estás leyendo esto, te digo que te entiendo (no sabes cuánto). Sé que, al igual que me pasó a mí, es posible que dentro de ti se escondan dudas y preguntas que temes mirar a la cara. Quizás ya sospechas que las cosas no van bien y que lo que vives en tus relaciones de pareja puede no ser lo normal. Incluso puede ser todo lo anterior, y que además quieras salir de toda esa mierda, pero no sepas cómo. Estás leyendo este libro porque sé que esa vocecita de la que te hablaba antes también la oyes tú y por fin has decidido escucharla. Ojalá aquí encuentres lo que a mí me habría encantado tener en mi época de oscuridad.
Yo pretendo motivar tu introspección. Da igual en qué punto estés, nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde si la dicha es buena. Te acompañaré a mirar dentro de ti para que te escuches, reflexiones y encuentres las respuestas que buscas, sean cuales sean.
Ahora, echando la vista atrás, pienso que, si hace unos años, cuando lo único que tenía en la vida era un trabajo precario con el que no llegaba a fin de mes y varias relaciones dependientes a la espalda, me hubieran dicho que un día iba a estar como estoy ahora, no me lo habría creído. Aprendí a la fuerza a estar sola y a valorarme. Me desvinculé de todas aquellas personas que solo estaban en mi vida para sacar provecho de mí y de lo que yo era. Dejé el trabajo y, a pesar de no creer en nada ni en nadie, volví con la maleta llena de esperanzas a la tierra que me vio nacer. Decidí, en ese camino en el que empezaba de cero, simplemente confiar en mí y en mis capacidades, sin depender de nada ni de nadie. Y así lo hice, muerta de miedo, pero lo hice. Me volví a llevar un par de palos más de esos que nunca olvidas, pero me dio igual. Continué. Me decía a mí misma: «Tú a lo tuyo, tú a lo tuyo», frase que aún de vez en cuando me sigo repitiendo. Y, así, llegó un día en el que el trabajo empezó a dar sus frutos, en el que la vida me puso en el camino a gente en la que, por fin, podía confiar. La vida me mostró su segunda cara y yo acepté.
La María que soy hoy no tiene nada que ver con la María que era. Me ha costado lloros infinitos, grandes decepciones y una ansiedad con la que aún convivo. Lo he pasado mal, sí, pero tengo todo lo que siempre soñé y no puedo dejar de mirar atrás pensando en que todo, de alguna manera, me valió como aprendizaje para poner límites. De vez en cuando aún recuerdo algún episodio de mi vida al que vuelvo llorando para abrazarme fuerte. Ya nada es como antes y, aunque ahora mi vida tampoco sea maravillosa, sigo teniendo a los pilares más importantes de mi vida a mi lado: mi pareja y mi familia, a quienes dedico este libro. Gracias por haber estado siempre ahí, sois mi refugio, mi apego seguro y la estabilidad emocional que necesito cuando los fantasmas del pasado vuelven a visitarme.
NOTAS IMPORTANTES
Sobre los sucesos descritos en este libro
En este libro encontrarás descritas vivencias personales estrictamente reales de la propia autora.
Por otra parte, también podrás leer testimonios basados en hechos reales de sus pacientes. Estos últimos están ligera y moderadamente modificados con la intención de salvaguardar y respetar la identidad e intimidad de las personas implicadas.
Algunas de las situaciones plasmadas, como por ejemplo las conversaciones de WhatsApp, son ficticias y pertenecen al proyecto Radiografías de conversaciones tóxicas por WhatsApp de la misma autora. Dichas imágenes pretenden recrear situaciones que pueden darse y se dan en la vida real.
Todos los nombres utilizados en la narración son ficticios, por lo que cualquier parecido con la realidad que el lector pueda encontrar es fruto de la casualidad.
Sobre la gramática
En el libro se usa el masculino genérico para facilitar la lectura, pero este libro va dedicado a cualquier persona que desee leerlo, independientemente de su identidad y expresión de género.
Antes de empezar a abordar conceptos más específicos de las relaciones de pareja, me gustaría hablarte acerca de la importancia de crear vínculos sanos en las relaciones con los demás y con nosotros mismos.
En la vida nacemos y, mientras crecemos, vamos descubriendo mundo y aprendiendo a relacionarnos con el entorno que nos rodea. Lo que aprendemos, y cómo lo hacemos, es lo que, más adelante, determinará en gran parte nuestra forma de procesar las cosas, de vincularnos con los demás y de responder ante los estímulos que nos rodean (por ejemplo, la forma de reaccionar ante los problemas). Por este motivo, podemos decir que nuestra historia personal marca la manera de relacionarnos, ya no solo con los conflictos, sino con nosotros mismos y con los demás.
Tras leer este libro no volverás a ser la misma persona.
Una de las cualidades que tiene nuestro cerebro es que es plástico (moldeable), por lo que todo, absolutamente todo lo que nos pasa, modifica nuestra forma de percibir el mundo. Cada segundo que nuestro cerebro está procesando información, está cambiando. Si te digo, por ejemplo, que cada mes que empieza en domingo tiene un viernes 13, esto será una nueva información que tu cerebro procese e integre como la parte del todo, que a su vez te permitirá cambiar la forma de percibir las cosas. Por eso sé que tras leer este libro no volverás a ser la misma persona.
Para las relaciones de pareja pasa lo mismo. Todo lo que aprendemos a lo largo de la vida de manera consciente o inconsciente cambia nuestra manera de vivirlas, incluso si lo que aprendemos lo hacemos dentro de la misma relación. El ser humano es como una esponja, aprende comportamientos, situaciones, palabras, imágenes, formas de pensar e incluso actitudes. Aprende incluso lo que no quiere aprender.
Muchas veces estas vivencias se pueden llegar a convertir en auténticos traumas (vivencias de alta intensidad emocional que condicionan de manera negativa la vida de la persona y se quedan grabadas en su mente para siempre). En las relaciones con los padres, las amistades o la pareja, cualquier vivencia que suponga un sufrimiento emocional o físico se considera traumática porque afecta a la parte íntima y afectiva de la persona. Este tipo de traumas serán los que más adelante puedan condicionar el tipo de vínculo en una relación, que podrá ser tóxico o no.
Un vínculo tóxico es aquel que genera malestar. Ya lo define su propio nombre: «tóxico». Algo tóxico es algo malo o dañino para nosotros.
Dependiendo del pasado de cada integrante de la relación y la interacción de sus aprendizajes, la causa del vínculo tóxico podrá ser una u otra. Tengo claro, después de haber visto y vivido muchos vínculos tóxicos, que solo son eso, vínculos que se reflejan en comportamientos. Por lo que no existen las personas tóxicas, existen las personas con historias y aprendizajes que emiten comportamientos tóxicos.
Quiero hacer hincapié en esto porque considero que juzgar a alguien como «tóxico» no solamente le priva de la posibilidad de cambiar su forma de entender el mundo y sus comportamientos, sino que encima le otorga de manera indirecta la etiqueta de mala persona, algo que, al menos desde el de punto de vista la psicología, no existe. No hay diagnósticos en el DSM (libro de diagnósticos que usamos psicólogos y psiquiatras) de «mala persona» o «buena persona». Vamos, que la psicología es una ciencia, y lo de ser bueno o malo mejor dejarlo para las religiones y la moral de cada uno.
Cuando hablamos de dependencia emocional,hablamos de necesidad afectiva y enganche emocional que implica incapacidad de dejar una relación de pareja que genera sufrimiento (incapacidad de dejar una relación tóxica). Hay momentos de lucidez en los que la persona que mantiene una relación dependiente ve claro que debe dejar la relación y alejarse por el sufrimiento que le provoca, pero el miedo la paraliza.
Por otro lado, tenemos el concepto de codependencia, que es lo que observamos en aquellas personas que, dentro de una relación tóxica y dependiente, tienen la necesidad imperiosa de agradar al otro, motivada de manera inconsciente por el miedo al abandono («Si le doy todo lo mejor de mí, le cuido y le agrado, nunca me dejará»). Estas personas suelen escoger como pareja a otras con problemas (por ejemplo, con trastornos mentales, problemas físicos o adicciones a sustancias o a los juegos) o débiles en algún sentido. Esto último bien podría darse, por ejemplo, cuando la persona codependiente escucha a su pareja contar el relato de sufrimiento de su infancia o sus relaciones de pareja anteriores. Tras esto, la persona codependiente pondrá en marcha estrategias de atención constante dirigidas a la pareja. Estas personas suelen tener gran capacidad de aguante y tienden a asumir los problemas del otro como suyos, sobreprotegiendo en muchas ocasiones a la pareja y anteponiéndola a sus propias necesidades.
También tenemos que tener en consideración el concepto de maltrato. Según las Naciones Unidas, «el maltrato puede definirse como un patrón de conducta utilizado en cualquier relación para obtener o mantener el control sobre la pareja. Constituye maltrato todo acto físico, sexual, emocional, económico o psicológico que influya sobre otra persona, así como toda amenaza de cometer tales actos». Es decir, una relación de maltrato será una relación en la que una de las dos partes ejerza control sobre la otra o, dicho de otra manera, será una relación en la que podamos identificar a la parte agresora (dominante) y a la parte víctima (sumisa).
Por último, también podemos hablar de personalidad dependiente, conformada por un conjunto de características propias de aquellas personas que tienen la tendencia a crear vínculos dependientes. Suelen relacionarse con los demás (amigos, familiares y pareja) de una manera un tanto obsesiva, lo que puede provocar relaciones tóxicas. Sin embargo, tener una personalidad dependiente no siempre implica tener una relación de dependencia emocional, y es que se puede tener un tipo de personalidad dependiente y, al mismo tiempo, estar en una relación sana en la que ambos miembros de la pareja cubren de manera satisfactoria sus necesidades emocionales, especialmente si hay un trabajo de desarrollo personal que ayude a la persona con este tipo de personalidad a entender de dónde viene su forma de relacionarse y trabaje la manera de «independizarse» emocionalmente.
Sobra decir que cualquiera de estos cuatro conceptos implica malestar emocional, pero también sabemos que no todo empieza así de mal. En mi libro Ama tu sexo (Penguin Random House), te hablaba de «El cuento de la rana Genoveva»y de las dinámicas de las relaciones de pareja dependientes para entender cómo las relaciones aparentemente sanas podían evolucionar con facilidad hacia relaciones tóxicas y dependientes.
Veamos las fases de una relación y dónde pueden empezar a aparecer esos problemas o, dicho de otra manera, dónde empiezan a reflejarse aquellos aprendizajes que hemos hecho a lo largo de la vida.
