Título original: Shú
Traducción: Oriol Fina Sanglas
1.ª edición: septiembre, 2017
© 2017, Sipan Barcelona Network S.L.
Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona
Sipan Barcelona Network S.L. es una empresa
del grupo Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.
Diseño de portada e interior: Donagh I Matulich
ISBN DIGITAL: 978-84-9069-831-0
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Contenido
Portadilla
Créditos
Prólogo
Primer Libro Clásico
El Ta-Hio o La Gran Ciencia
Comentario de Tseng-Tsé, discípulo de Confucio al capítulo único del Ta-Hio
Segundo Libro Clásico
Chung-Yung o Doctrina del Medio
Tercer Libro Clásico
Primera parte: El Lun-Yu o Comentarios filosóficos
Segunda parte: Hia-Lun
Cuarto Libro Clásico
Primera parte: Meng-Tsé
Segunda parte: Hia-Meng
Prólogo
Filósofo, teórico social y fundador de un sistema ético —más que religioso— que ha llegado hasta nuestros días, Kung-tsé (Confucio, para Occidente) vivió en la China feudal hace 2.500 años, entre el 551 y el 479 a. C. Sus orígenes eran muy humildes, pero desde joven mostró una gran inclinación por los libros antiguos y, con el tiempo, desempeñó una alta posición como funcionario del estado de Lu, en la actual provincia de Shang-tung.
Por la amplitud y profundidad de su sabiduría, pronto llegó a ser conocido como Kung el Sabio (Kung-Fu-Tsú, que los misioneros transcribieron como Confucio), pero esa nombradía no impidió que una intriga política le obligara a exiliarse y a peregrinar durante 13 años de una corte a otra, intentando persuadir a los monarcas de que adoptaran sus ideas sobre la justicia y la convivencia en armonía.
Decepcionado, acabaría refugiándose en la enseñanza y reuniendo a su alrededor a numerosos discípulos, con los que recogió y sistematizó los cinco grandes textos de la tradición china: el célebre Yi-King o Libro de las mutaciones, el Chu-King o Canon de la historia, el Chi-King (Libro de las Canciones), el Li-Ki (Libro de los ritos) y los Chun-Ching o Anales de primavera y otoño.
Las enseñanzas de Confucio, que han llegado hasta nosotros gracias a sus alumnos, se hallan reunidas en Los cuatro Libros Clásicos (o Shú) incluidos en la presente edición. Son el Ta-Hio o Gran Ciencia, atribuido al nieto de Kung-tsé —Kung-Ki— y dedicado a los conocimientos propios de la madurez; el Chung-Yung o Doctrina del Medio, que trata de las reglas de la conducta humana, del ejemplo de los buenos monarcas y la justicia de los gobiernos; el Lun-Yu o Comentarios filosóficos (también conocido como Analectas), que resume de forma dialogada lo esencial de la doctrina de Kung-tsé, y por último, el Meng-tsé o Libro de Mencio, compuesto por su más destacado seguidor, que vivió entre los años 371 y 289 a. C.
Lejos de la mística y de las creencias religiosas, el confucionismo se propone como una filosofía práctica, como un sistema de pensamiento orientado hacia la vida y destinado al perfeccionamiento de uno mismo. El objetivo, en último término, no es la «salvación», sino la sabiduría y el autoconocimiento. «A los quince años —se lee en el Lun-Yu— mi espíritu se hallaba ocupado en la búsqueda de la verdad mediante el estudio; a los treinta años ya había encontrado principios sólidos e inmutables; a los cuarenta ya había superado todas las dudas y vacilaciones; a los cincuenta años conocía la ley que el Cielo ha impreso en todos los seres para que se dirijan a su propio fin; a los sesenta conocía con facilidad las causas de todas las acciones; a los setenta años satisfice los deseos de mi corazón en su justa medida.»
Primer Libro Clásico
EL TA-HIO O LA GRAN CIENCIA
Capítulo único
1. Los objetivos básicos de la Gran Ciencia o filosofía práctica consisten en el cultivo de la naturaleza racional que todo hombre recibe del Cielo, en la educación y renovación de los pueblos, y en la búsqueda del bien supremo o fin último al que debemos dirigir nuestras acciones para alcanzar la perfección.
2. Ante todo es preciso conocer el fin hacia el que debemos dirigir nuestras acciones, es necesario descubrir nuestro destino, para poder tomar la firme determinación de dirigirnos hacia él. Una vez tomada esta determinación, nuestro espíritu se verá libre de toda vacilación e inquietud. En cuanto se hayan consolidado esta serenidad y tranquilidad de espíritu, gozaremos de una profunda paz interior que ningún acontecimiento podrá alterar. Cuando gocemos de esta paz inalterable, estaremos en condiciones para meditar y para penetrar en la esencia de todas las cosas. En cuanto conozcamos la esencia de todas las cosas, habremos alcanzado el estado de perfección que nos habíamos propuesto.
3. Todos los seres de la naturaleza tienen una causa y producen unos efectos; todas las acciones humanas se fundan en unos motivos y dan lugar a unas consecuencias. El conocimiento de las causas y de los efectos, de los motivos y de las consecuencias, constituye la raíz del método racional con el que se alcanza la perfección.
4. Los antiguos príncipes, que pretendían educar y renovar a todos los pueblos, se esforzaban primero en gobernar con rectitud sus propios reinos. Para gobernar rectamente sus reinos, se aplicaban ante todo en ordenar bien sus familias. Para ordenar bien sus familias, procuraban previamente corregirse a sí mismos. Para corregirse a sí mismos, ponían un especial cuidado en adornar su alma de todas las virtudes. Para la consecución de todas las virtudes, se esforzaban en conseguir la rectitud y sinceridad de todas sus intenciones. Para lograr que sus intenciones fueran rectas y sinceras, se entregaban con ardor al perfeccionamiento de sus conocimientos morales. Y el máximo perfeccionamiento de los conocimientos morales consiste en penetrar y descubrir los móviles de las acciones.
5. Si alcanzamos un conocimiento claro y profundo de los móviles de las acciones, obtenemos con ello la máxima perfección de nuestros conocimientos morales. Cuando se alcanza la máxima perfección en los conocimientos morales, inmediatamente todas las intenciones son rectas y sinceras. Si las intenciones son rectas y sinceras, el alma queda adornada con todas las virtudes. Las virtudes del alma mejorarán y corregirán todo nuestro ser. Si alcanzamos nuestra perfección personal, quedará establecido el orden en nuestra familia. Si la familia está en orden, el reino será rectamente gobernado. Y cuando todos los reinos son bien gobernados, el mundo entero goza de paz y armonía, siendo renovados y educados todos los pueblos.
6. Desde el hombre más noble al más humilde, todos tienen el deber de mejorar y corregir su propio ser. El perfeccionamiento de uno mismo es la base de todo progreso y desarrollo moral.
7. Sería contrario a la naturaleza de las cosas el que produjeran los mismos efectos en estado de desorden y confusión, que organizadas y sistematizadas. Por consiguiente, ha de evitarse siempre el tratamiento superficial de lo más importante subordinándolo a lo que es secundario; jamás hemos de tratar con seriedad lo secundario, anteponiéndolo a lo principal y más importante.1
1 Este primer libro de Confucio solo consta de este capítulo, al que sigue un Comentario de su discípulo Tseng-tsé, en que explica las enseñanzas del Maestro, y que damos a continuación.
COMENTARIO DE TSENG-TSÉ,
DISCÍPULO DE CONFUCIO,
AL CAPÍTULO ÚNICO DEL TA-HIO
Capítulo I
Deber de cultivar nuestra naturaleza racional
1. El Kang-kao dice: El rey Wen cultivó las facultades racionales recibidas del Cielo, logrando que su inteligencia brillara con el máximo esplendor.
2. En el Tai-kia se lee: El rey Ching-tang tenía constantemente sus miradas fijas en este don sublime de la inteligencia que recibimos del Cielo.
3. El Ti-tien contiene este comentario: Yao supo cultivar y esclarecer con potente luz la profunda inteligencia que había recibido del Cielo.
4. Estas citas ponen de manifiesto que es preciso cultivar e ilustrar nuestra naturaleza racional.
Este es el primer capítulo del Comentario, en el que se explica lo que debe entenderse por «cultivar la naturaleza racional que todo hombre recibe del Cielo».
Capítulo II
Necesidad de renovar y educar a todos los pueblos
1. En la bañera del rey Ching-tang se hallaba grabada la siguiente inscripción: Renuévate totalmente cada día, luego vuelve a renovarte, renuévate sin cesar, y siempre sigue renovándote.
2. En el Kang-kao se lee: Consigue la renovación del pueblo.
3. El Libro de las Canciones dice:
Aunque la dinastía de los Tchou poseía un antiguo principado real,
obtuvo del Cielo una renovada dignidad en la persona de Wen-wang.
4. Con estos versos se da a entender que el sabio puede renovar y enaltecer aun las mayores dignidades.
Este es el segundo capítulo del Comentario, en el que se explica lo que debe entenderse por «educar y renovar a todos los pueblos».
Capítulo III
Necesidad de conocer nuestro bien supremo para alcanzar la perfección
1. En el Libro de las Canciones se lee:
Al pueblo le agrada situar su morada
no más lejos de mil li del palacio imperial.
2. Se lee también en el Libro de las Canciones:
El mien-man, pájaro amarillo de melancólico cantar,
establece su morada en la frondosa profundidad de los bosques.
El Maestro (Confucio o Kung-tsé) comentaba así estos versos:
Este pájaro, estableciendo allí su morada, demuestra que conoce cuál es su propio destino. El hombre, el más inteligente de todos los seres, ¿será más ignorante que este pájaro?2
3. El Libro de las Canciones dice:
¡Amplia y profunda era la virtud de Wen-wang!
¡Qué bien supo coordinar el esplendor externo adecuado
a su dignidad con el fiel cumplimiento de todos sus deberes!
En cuanto príncipe, consideraba como bien supremo la práctica del humanitarismo y benevolencia hacia todos los hombres; en cuanto súbdito, procuraba que todas sus acciones reflejaran su respeto hacia el soberano; como hijo, cumplía con todos los deberes inherentes a la piedad filial; como padre, se mostraba en todo momento tierno con sus hijos; en cuanto ciudadano, cumplía con esmero los compromisos contraídos y era fiel a su palabra.3
4. El Libro de las Canciones dice:
Contempla las riberas del Ki, allá a lo lejos;
¡Qué bellos y frondosos son los verdes bambúes!
Nuestro príncipe es sabio y prudente (Cheu-kung);
se parece al artista que corta y labra el marfil,
es comparable al que talla y pule las piedras preciosas.
Su porte es grave y discreto.
¡Cuán digna y austera es su conducta!
Nuestro príncipe es sabio y prudente,
jamás se borrará su recuerdo.
5. Investigaba con paciencia e inteligente esfuerzo los más profundos móviles de las acciones, y en esto se parecía al artista que corta y labra el marfil. Sin cesar se perfeccionaba a sí mismo, por lo que era comparable al que talla y pule las piedras preciosas. Buscaba la perfección en todos sus actos, y por ello su porte era grave y discreto. La ejemplaridad de su conducta es lo que hace exclamar al poeta: ¡Cuán digna y austera es su conducta! Por haber alcanzado tan inefable sabiduría y una virtud tan sublime, los pueblos guardarán siempre el grato recuerdo de un príncipe en quien la sabiduría y la prudencia alcanzaron su máximo esplendor.
6. En el Libro de las Canciones se lee también:
El recuerdo de los antiguos reyes Wen y Wu permanecerá
siempre vivo entre los hombres.
Los sabios y los príncipes posteriores imitaron su conducta y prosiguieron sus obras, con lo que cimentaron un futuro próspero. Los pueblos gozaron de paz y de prosperidad durante mucho tiempo después de su reinado, todos se beneficiaron con la equitativa división y distribución de las tierras llevadas a cabo por tan insignes reyes. Fue tan beneficioso su gobierno, que serán recordados a través de los siglos.4
Este es el tercer capítulo del Comentario, en el que se explica el significado de «buscar el bien supremo o fin último al que debemos dirigir nuestras acciones para alcanzar la perfección».
Capítulo IV
Necesidad de conocer las causas
1. El Maestro (Kung-tsé) dijo: Yo no soy mejor que los demás hombres presidiendo juicios y administrando justicia. Sin embargo, ¿no sería más eficaz lograr que fueran innecesarios los juicios?, ¿no resultaría más provechoso dirigir nuestros esfuerzos a la eliminación de las inclinaciones perversas de los hombres? De este modo quedarían ahogadas en su raíz las malas acciones de quienes se desvían del buen camino. Esto es lo que yo entiendo por conocimiento de las causas o de la raíz.
Este es el cuarto capítulo del Comentario, en el que se explica la distinción entre causas y efectos.
Capítulo V
Para perfeccionar nuestros conocimientos morales es preciso profundizar en los móviles de las acciones
1. En esto consiste el conocimiento de la raíz de los actos.
2. Este es el conocimiento más perfecto.
Del capítulo quinto solo se conserva este fragmento. Sobre este mismo tema existen los siguientes comentarios:
Ji-kiang: «El entendimiento humano es inmaterial y se halla dotado de unas verdades innatas y de un saber natural; del mismo modo, también todas las acciones humanas proceden de unas tendencias o móviles naturales, los cuales constituyen la razón de ser de todos los actos.»
En el Ho-kiang se lee: «No se quiere significar aquí que sea preciso alcanzar un claro conocimiento de los motivos en sí mismos, sino que es preciso conocer profundamente las acciones. Si intentamos reducir nuestra investigación al conocimiento y análisis de los motivos, es fácil que nuestro espíritu se vea turbado constantemente por dudas e incertidumbres, pero si nuestra investigación parte de las acciones hasta llegar al conocimiento de sus móviles, entonces estaremos en el camino que nos conducirá al descubrimiento de la verdad.»
Capítulo VI
Necesidad de que todas nuestras intenciones sean rectas y sinceras
1. Para conseguir que nuestras intenciones sean rectas y sinceras debemos actuar de acuerdo con nuestras inclinaciones naturales, como las de retroceder ante un olor desagradable o complacerse en un objeto bello y delicado. Solo esto puede satisfacer al hombre y, para conseguirlo, el prudente vigila en todo momento sus intenciones y sus inclinaciones más profundas e íntimas.
2. Los hombres vulgares y oscuros, cuando están solos y no son observados por nadie, realizan acciones perversas y practican toda clase de vicios; por el contrario, cuando se hallan ante un hombre prudente y virtuoso que se controla a sí mismo, fingen parecérsele y pretenden hacer ostentación de grandes virtudes. Sin embargo, no pueden evadirse de la penetrante mirada del sabio, el cual descubre lo más íntimo de su ser como si se introdujera en su hígado y en sus riñones. Ya lo dice el proverbio: «La verdad se encuentra en nuestro interior, lo externo es solo apariencia.» Por esto el sabio controla en todo momento sus inclinaciones y sus más íntimas tendencias.
3. Tseng-tsé dijo: ¡Diez ojos lo miran, diez manos lo señalan! ¡Grande es su temor! ¡En todo momento debe ser dueño de sí mismo!
4. Los adornos embellecen y dignifican una casa; las virtudes embellecen y dignifican a la persona. La felicidad engrandece el alma y con ello también se enriquece la materia que le está sometida. Para alcanzar esta perfección, las intenciones del sabio deben ser siempre rectas y sinceras.5
Este es el sexto capítulo del Comentario, en el que se explica lo que significa tener intenciones rectas y sinceras.
Capítulo VII
Necesidad de fortalecer el espíritu para alcanzar la propia perfección
1. Para fortalecer nuestro espíritu es preciso eliminar todas las pasiones viciosas. Cuando el alma se halla agitada por la cólera, carece de esta fortaleza; cuando el alma se halla cohibida por el temor, carece de esta fortaleza; cuando el alma se halla embriagada por el placer, no puede mantenerse fuerte; cuando el alma se halla abrumada por el dolor, tampoco puede alcanzar esta fortaleza.
2. Cuando nuestro espíritu se halla turbado por cualquier motivo, miramos y no vemos, escuchamos y no oímos, comemos y no saboreamos. Con esto queda explicado que la fortaleza de nuestro espíritu solo se consigue mediante la eliminación de todas las pasiones viciosas.
Este es el séptimo capítulo del Comentario, en el que se explica el significado de la expresión «la perfección se consigue fortaleciendo el espíritu mediante la extirpación de todas las pasiones viciosas».
Capítulo VIII
Necesidad de perfeccionarse a sí mismo para ordenar bien la familia
1. Para ordenar bien la familia es preciso perfeccionarse previamente uno mismo. Los hombres juzgan con benevolente parcialidad a sus padres y amigos, y por ello son injustos; son también injustos al juzgar con maliciosa parcialidad a quienes odian o menosprecian; juzgan con parcialidad servil y lisonjera a quienes respetan o reverencian; son parciales al juzgar con excesiva indulgencia6 a quienes les inspiran lástima o compasión; son también parciales al juzgar con altivez a sus subordinados. Raras veces los hombres reconocen los defectos de aquellos a quienes aman, y no acostumbran tampoco a valorar las virtudes de aquellos a quienes odian.7
2. Esta verdad se expresa en el proverbio: «Los padres no quieren reconocer los defectos de sus hijos, ni los labradores la fertilidad de sus tierras.»
3. Si esto es así, quien no empieza por perfeccionarse a sí mismo, eliminando todas las pasiones viciosas de su corazón, es incapaz de poner buen orden en la familia.
En este capítulo octavo del Comentario se explica que, para poner buen orden en la familia, es preciso perfeccionarse previamente uno mismo eliminando todas las pasiones viciosas.
Capítulo IX
Necesidad de poner buen orden en la familia para gobernar con eficacia el reino
1. Para gobernar con eficacia el reino es preciso, ante todo, poner buen orden en la familia. Un hombre que no sepa dirigir a su familia, es imposible que sepa dirigir a todo un pueblo. El hijo de un príncipe debe aprender el arte de gobernar bien un reino, comportándose con rectitud en las relaciones familiares; el ejercicio de la piedad filial le enseñará a comportarse después como es debido con el soberano; el respeto fraterno le enseñará a comportarse con deferencia y respeto con las personas de mayor edad que él; su ternura con los inferiores le enseñará a tratar al pueblo con suavidad y benevolencia.8
2. El Kang-kao dice: Espontáneamente una madre besa con ternura a su hijo recién nacido; pone el mayor empeño de su alma en descubrir los primeros deseos y necesidades de aquel pequeño ser; no necesita más que su amor y su inquietud para adivinar en todo momento lo que su hijo necesita, y raras veces se equivoca. No necesita haber estudiado y aprendido cómo debe alimentar y tratar a su hijo.9
3. Mientras exista una sola familia en la que reine la bondad y el amor, estas virtudes se difundirán por todo el reino; una sola familia que practique la cortesía y el humanitarismo bastará para que todo el reino resulte amable y humanitario. Por el contrario, si un solo hombre, el príncipe, es avaro y codicioso, la anarquía se apoderará de todo el reino. Esto es lo que significa el proverbio: «Basta una palabra para perder un negocio, un solo hombre decide la suerte de todo el Imperio.»
4. Yao y Chun gobernaron el Imperio con humanitarismo, y todo el pueblo era humanitario. Kie y Tcheu gobernaron sus reinos con crueldad, y todo el pueblo era cruel; sus órdenes no eran dictadas por el amor, y el pueblo no se sometió a ellas. Solo cuando el príncipe sea el primero en practicar las virtudes, podrá exigir a los demás que sean virtuosos. Si el príncipe no posee ni practica las virtudes, no podrá exigir que sus siervos las practiquen. Sería contrario a la naturaleza que un príncipe malo y perverso fuera capaz de lograr que los demás practicaran la virtud y se mostraran bondadosos.
5. De lo anterior se deduce que para gobernar con eficacia un reino es preciso, ante todo, poner buen orden en la familia.
6. En el Libro de las Canciones se lee:
¡Qué hermoso y encantador es el melocotonero!
¡Cómo resplandece la vivacidad de sus
abundantes hojas!
Su encanto es comparable al de una joven novia
que cuando se dirige por primera vez a casa de su prometido
sabe comportarse con rectitud y cortesía,
manteniendo en todo momento la actitud adecuada.
Si observáis con vuestra familia la debida rectitud y cortesía, seréis capaces de gobernar un reino con eficacia.
7. El Libro de las Canciones dice:
En el trato entre hermanos y hermanas de distintas edades
observad todas las normas establecidas por la costumbre.
Si os comportáis como es debido con vuestros hermanos mayores y menores, luego seréis capaces de exigir el cumplimiento de los mutuos deberes entre todos los hermanos mayores y menores de un reino.
8. En el Libro de las Canciones se lee:
Si el príncipe es justo y equitativo
los hombres de todo el reino imitarán sus virtudes.
Si el príncipe cumple con sus deberes de padre, de hijo, de hermano mayor y de hermano menor, todo el pueblo le imitará en la práctica de esas virtudes.
9. Por todo lo dicho puede afirmarse que, para gobernar bien un reino, es necesario establecer primero buen orden en la familia.
En este capítulo noveno del Comentario se desarrolla y explica el principio de que para gobernar con eficacia un reino, es preciso, ante todo, poner en buen orden la familia.
Capítulo X
Necesidad de gobernar bien los reinos para que el mundo entero goce de paz y armonía
1. Si todos los reinos son bien gobernados, el mundo entero gozará de paz y armonía. Cuando el príncipe se muestre respetuoso con su padre y con su madre, todos los hombres del reino practicarán la piedad filial; cuando el príncipe muestre la debida estimación hacia sus hermanos, la deferencia fraternal será practicada en todo el reino; cuando el príncipe sea compasivo con los huérfanos, la virtud de la compasión se extenderá por todo el reino. Esto demuestra que el príncipe queda constituido en guía y norma de las acciones de todo el pueblo.
2. Lo que desapruebes de tus superiores, no lo practiques con tus subordinados, ni lo que desapruebes de tus subordinados debes practicarlo con tus superiores. Lo que desapruebes de quienes te han precedido no lo practiques con los que te siguen, y lo que desapruebes de quienes te siguen no lo hagas a los que están delante de ti. Lo que desapruebes de quienes están a tu derecha no lo hagas a quienes están a tu izquierda, y lo que desapruebes de quienes están a tu izquierda no lo hagas a quienes están a tu derecha. Esta es la norma principal que debe guiar todas nuestras acciones.
3. El Libro de las Canciones dice:
Solo proporciona verdadera satisfacción al pueblo, el príncipe que actúa como un padre y como una madre.
Para que la conducta del príncipe pueda compararse con la de un padre y la de una madre, es preciso que ame lo que el pueblo ama y que sienta aversión hacia lo que el pueblo odia.
4. También se lee en el Libro de las Canciones:
Contemplad a lo lejos la gran montaña del Mediodía
con sus escarpadas y robustas peñas.
Del mismo modo destacaba la fuerte
personalidad del ministro Yn,
y por esto el pueblo entero lo contemplaba con veneración.
Quienes poseen autoridad deben mantener un rígido control sobre todos sus actos para practicar en todo momento el bien y evitar el mal, ya que de lo contrario ocasionarían la ruina de todo el Imperio.
5. El Libro de las Canciones dice:
Mientras los príncipes de la dinastía Chang gozaron del afecto del pueblo,
su grandeza era comparable a la del Cielo.
El lamentable fin de esta dinastía
muestra la dificultad de conservar tan elevada dignidad.
Estos versos se completan con los siguientes:
Consigue el afecto del pueblo y gozarás de autoridad;
pierde el amor del pueblo y perderás también la autoridad.10
6. El príncipe debe, ante todo, perfeccionar su inteligencia y su carácter para alcanzar la virtud; si alcanza la virtud, se ganará el afecto del pueblo; si goza del afecto del pueblo, su poder se extenderá sobre sus tierras; si tiene poder sobre las tierras, obtendrá sus rentas; si obtiene las rentas de las tierras, podrá utilizarlas para la próspera administración del reino. Lo básico y esencial es el cultivo de la inteligencia y del carácter, las riquezas no son más que una consecuencia y resultado de lo anterior.
7. No dar importancia a lo principal, es decir, al cultivo de la inteligencia y del carácter, y buscar solo lo accesorio, es decir, las riquezas, solo puede dar lugar a la perversión de los sentimientos del pueblo, el cual también valorará únicamente las riquezas y se entregará sin freno al robo y al saqueo.
8. Si el príncipe utiliza las re
