Vivir peligrosamente en tiempos extraordinarios

Osho

Fragmento

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LA REVOLUCIÓN ABSOLUTA tiene que nacer de tu propio centro. Y en eso consiste mi trabajo aquí. Quiero que cada persona borre por completo el pasado de su mente. Todos los prejuicios y pensamientos, ya sean políticos, sociales o religiosos, deben desaparecer. Cuando te conviertas en una hoja en blanco, habrás alcanzado el espacio de la no-mente. La no-mente es meditación, la no-mente es la revelación, la no-mente es la mayor rebelión que haya habido jamás.

En el pasado solo unos pocos..., un Gautama Buda aquí y allá, tienen que pasar miles de años para que una persona florezca y se convierta en un buda. Pero ahora ya no nos queda tiempo. No puedes dejarlo para mañana. Sea lo que sea lo que quieres hacer, ¡tienes que hacerlo ahora! Por primera vez, el presente es cada vez más importante. Cada día estás más cerca de tomar una elección: convertirte en un buda o convertirte en un cadáver.

No creo que nadie quiera morirse, especialmente cuando toda la vida está en peligro. No podemos permitir que se produzca una tercera guerra mundial. ¡Tenemos que evitarlo!

Yo no tengo armas. No tengo misiles nucleares, pero tengo algo mucho mejor, mucho más efectivo. No sirve para matar, sirve para devolverles la vida a aquellos que viven casi como si estuviesen muertos. Sirve para despertar la conciencia de aquellos que se comportan como si fuesen sonámbulos, caminando dormidos y hablando en sueños, sin saber exactamente qué hacen ni por qué.

Quiero que las personas estén bien despiertas para que su conciencia alcance el centro más profundo de su ser y también la cima más alta. Se trata de un crecimiento vertical, como el de los árboles. Las raíces ahondan en la tierra y las ramas se elevan a las estrellas. Aunque florezcan apuntando al cielo, toman su alimento de lo más profundo de la tierra. Siempre tiene que haber un equilibrio: cuanto más crezca el árbol, más profundas tendrán que ser las raíces. No verás ningún cedro del Líbano de cuatrocientos o quinientos años, que se eleva bien alto en el cielo, con unas raíces pequeñas. Se caería inmediatamente.

La vida necesita que haya un equilibrio entre la profundidad y la altura. Yo te enseño ambas cosas simultáneamente. Cuando alcanzas tu centro por medio de la meditación, estás profundizando en el cosmos con tus raíces. Y cuando sacas al buda de tu centro oculto, estás sacando tu fragancia, tu gracia, estás elevando tu éxtasis hasta donde pueda florecer en el cielo.

Tu éxtasis es un movimiento hacia las alturas, y tu meditación es un movimiento hacia las profundidades. Si consigues hacerlo, tu vida se convertirá en una celebración.

Y esta es mi misión: conseguir transformar tu triste vida en una celebración.

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Relájate dentro de tu ser, sea el que sea. No te impongas ideales. No te vuelvas loco; no es necesario. Sé... y olvídate de convertirte en algo. No vamos a ninguna parte, simplemente estamos aquí. Y este momento es tan hermoso..., es una bendición; para no destruirlo, debes evitar introducir el futuro. El futuro es venenoso. Relájate y disfruta. Si puedo ayudarte a relajarte y a disfrutar, habré cumplido mi misión. Si puedo ayudarte a que dejes a un lado tus ideales y todos los conceptos de lo que deberías o no deberías ser, y consigo eliminar todas esas reglas que te han impuesto, habré cumplido mi misión. Cuando no haya reglas y vivas impulsivamente —de una forma natural, espontánea, sencilla, normal— habrá una gran celebración, pues habrás llegado a casa.

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La meditación abre las puertas a todos los misterios de la existencia, a todos los secretos de la existencia. La meditación es la llave maestra que abre todas las cerraduras, y la existencia se convierte para ti en un libro abierto.

QUÉ ES LA MEDITACIÓN? ¿Es una técnica que puede practicarse?

¿Es algo que cuesta un esfuerzo? ¿Es algo que la mente puede alcanzar? No, no es nada de eso.

Con la mente se puede hacer cualquier cosa menos meditación; la meditación está más allá de la mente, y esta resulta del todo inútil en ese lugar. La mente no puede acceder a la meditación; la meditación empieza donde acaba la mente. Hay que tenerlo muy presente, porque todo lo que hacemos en la vida lo hacemos a través de la mente; cuando conseguimos algo, es a través de ella. Y después, cuando nos enfocamos en nuestro interior, seguimos pensando en términos de técnicas, métodos, acciones, porque nuestra experiencia vital nos enseña que todo se puede hacer con la mente. Sí. Excepto meditar. Porque la meditación no es un logro, es algo que ya está ahí, es tu propia naturaleza. No es algo que tengas que alcanzar; solo tienes que reconocerlo, solo tienes que recordarlo. Está esperándote, basta con que mires en tu interior para encontrarla. Y siempre ha estado ahí.

La meditación es tu naturaleza intrínseca, está en tu interior, es tu ser, no tiene nada que ver con tus actos. No puedes tener o dejar de tenerla, no puedes poseerla. No es una cosa. Eres tú. Es tu propio ser.

Cuando entiendas qué es la meditación, se aclarará todo. Entretanto seguirás avanzando a tientas en la oscuridad.

La meditación es un estado de claridad, no un estado mental. La mente es confusión. En la mente nunca hay claridad. Es imposible que la haya. Los pensamientos son como nubes que te rodean, son nubes sutiles. Crean una neblina y la claridad desaparece. Cuando los pensamientos se evaporan, cuando deja de haber nubes a tu alrededor, cuando simplemente eres, hay claridad. Entonces podrás ver a mucha distancia; podrás ver hasta los confines de la existencia; tu mirada se volverá penetrante, llegará hasta la esencia del ser.

La meditación es claridad, es tener una visión absolutamente clara. No puedes pensar en ella. Tienes que dejar de pensar. Cuando digo: «Tienes que dejar de pensar», no saques conclusiones precipitadas, porque tengo que usar por fuerza el lenguaje. Yo digo: «Deja de pensar», pero si te propones hacerlo nunca lo conseguirás, porque lo estarás reduciendo de nuevo a un acto.

«Deja de pensar» tan solo quiere decir: no hagas nada. Siéntate. Deja que los pensamientos se serenen. Deja que la mente se detenga sola. Tú simplemente quédate mirando a la pared en un rincón tranquilo y sin hacer nada en absoluto. Relajado, cómodo, sin hacer ningún esfuerzo. Sin ir a ninguna parte. Como si estuvieses quedándote dormido despierto; estás despierto y vas relajándote, todo tu cuerpo se está durmiendo. En tu interior permaneces alerta, pero tu cuerpo está profundamente relajado.

Los pensamientos se sosiegan solos, no hay que inmiscuirse para intentar acallarlos. Es como si el agua de un arroyo está turbia..., ¿qué vas a hacer? ¿Ponerte a saltar para que se aclare? Así solo conseguirás enturbiarla más. Simplemente te sientas en la orilla y esperas. No puedes hacer nada. Todo lo que intentes enturbiará más el agua. Si alguien ha atravesado el arroyo y ha removido el barro y las hojas muertas han subido a la superficie, solo te queda tener paciencia. De modo que siéntate en la orilla. Observa con indiferencia. Y el arroyo, en su constante fluir, se irá llevando las hojas muertas, y el barro se irá asentando, no va a quedarse en suspensión toda la vida. Al cabo de un rato, de pronto, te darás cuenta de que el agua vuelve a estar transparente.

Cada vez que un deseo cruza tu mente, el río se enturbia. Así que siéntate. No intentes hacer nada. En Japón, al estar simplemente sentado se le llama zazen; sentado sin hacer nada. Y un día, ocurre la meditación. No es que tú la provoques, sino que llega. Y cuando llega, la reconoces de inmediato; siempre ha estado allí, pero tú no la buscabas en el sitio correcto. El tesoro se hallaba en tu interior, pero tú estabas ocupado con otros asuntos: los pensamientos, los deseos, y mil y una cosas. No prestabas atención a lo único importante: tu propio ser.

Cuando la energía se dirige hacia tu interior —lo que Buda llama parabvrutti , el regreso de tu energía a la fuente—, de pronto hay claridad. Entonces puedes ver las nubes a miles de kilómetros y puedes oír la antigua música de los pinos. Entonces todo queda a tu alcance.

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La gente está tan saturada de cultura que primero tiene que aligerar esa carga; esta necesidad es nueva. Buda desconocía todo esto, por eso ahora los métodos budistas no nos sirven. Para poder emplear los métodos budistas primero hay que quitarse todo ese peso de encima, de lo contrario no te servirán. Este es uno de los problemas a los que debe enfrentarse Occidente. Oriente se ha divulgado en Occidente. Todos los antiguos métodos y técnicas empiezan a estar disponibles, pero las personas que los están transmitiendo no son en absoluto conscientes de que tratan con una mente moderna. Esos métodos fueron desarrollados hace cinco mil años, y algunos hace incluso diez mil. La gente de aquella época tenía una mente distinta a la de ahora, una mentalidad muy inocente, infantil. Esos métodos se adecuaban perfectamente a ese tipo de mentalidad. El ser humano ya no es un niño, ha crecido, y los problemas que conlleva el crecimiento están ahí. El ser humano ya no es inocente.

Estos métodos se desarrollaron antes de que Adán comiera del fruto del árbol del conocimiento. El hombre moderno está repleto de manzanas; está comiendo constantemente del árbol del conocimiento. La carga que lleva es tan grande, que para que los antiguos métodos funcionen, habrá que desprenderse de ella antes. La psicología humanista, el psicoanálisis, la psicosíntesis, la confrontación, el psicodrama y la gestalt son de gran ayuda, y en la actualidad son una necesidad básica, pero son técnicas incompletas; preparan el terreno pero no cultivan el jardín.

Las patologías humanas se dan porque el ser humano tiene que trascender. Si no eres capaz de trascender el hecho de ser humano, te convertirás en un ser patológico. Las enfermedades psicológicas se producen porque el ser humano tiene la capacidad interna de superar su humanidad e ir más allá. Esta energía existe, y si no le permites salir a flote se volverá contra ti, se volverá destructiva. Todas las personas creativas son peligrosas; si no se les deja crear se tornan destructivas. El hombre es el único animal creativo que hay en el mundo; el resto de los animales no son tan peligrosos porque son incapaces de crear. Simplemente viven, tienen una vida programada y nunca se salen del camino trazado. Un perro vive y muere como un perro. Nun

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