Prefacio
A lo largo de mi vida personal y profesional, nunca he podido considerar al ser humano únicamente como un conjunto de pensamientos y conductas. Es cierto que están ahí y requieren ser trabajadas cuando hay sufrimiento, pero existe una vertiente mucho más profunda que necesita ser revisada, comprendida y trabajada para lograr un cambio profundo y verdadero: la vertiente espiritual. Esta parte de la persona es algo fundamental, y en ella se encuentran los verdaderos motivos de sus problemas y el auténtico significado de su actual vida física.
Desde hace muchos años estoy investigando esta parte espiritual de la vida del modo más riguroso posible, a través de centenares de investigaciones contemporáneas realizadas por reconocidos científicos del ámbito de la salud mental, así como a través de textos filosóficos y religiosos de todas partes del mundo. Cuando comencé a trabajar como psicoterapeuta pude aplicar estos conocimientos espirituales durante las sesiones de terapia, comprobando cómo esto ayudaba enormemente a mis pacientes a entenderse mejor a sí mismos, a comprender su entorno y las circunstancias vitales que estaban atravesando. También he podido comprobar cómo el conocimiento de la vida tras la muerte (postvida) ayuda de forma extraordinaria a quienes se encuentran atravesando un proceso de duelo, ya que logran entender lo que de verdad le ha sucedido a su ser querido fallecido. Además, toda esta información resulta muy útil a quienes se están trabajando interiormente, ya que les aclara parte del camino que están recorriendo, o a las personas que buscan una auténtica explicación acerca de quiénes somos, de dónde venimos, qué estamos haciendo aquí y a dónde iremos tras la muerte. Por tanto, a lo largo de este libro trataré de dar respuestas a todas estas personas, sea cual sea el camino que estén recorriendo en este momento.
Antes de comenzar a hablar sobre la vida tras la muerte, me gustaría contarte cómo llegué a conocer todo lo que voy a compartir ahora contigo. Desde muy pequeño, siempre tuve una gran inquietud espiritual. Como la mayoría de la gente en aquel tiempo, fui educado en una religión mayoritaria, la cual practicaba. Con el paso del tiempo, me di cuenta de que en ella no encontraba respuestas a las cada vez más numerosas dudas que me iba planteando sobre Dios, la vida tras la muerte o el sentido de la vida; de hecho, sentía en mi interior una fuerte sensación, casi un sonido, que me decía: «Esto no es». En consecuencia, decidí emprender un camino de búsqueda espiritual por otros lados. Investigué más religiones mayoritarias, me uní durante meses a grupos espirituales e incluso a sectas de diferentes ideologías, pero en ninguno de ellos terminé de encontrar las respuestas que necesitaba; no porque no me dieran respuestas, sino porque sus respuestas no resonaban en mi interior, lo que me hacía continuar teniendo la sensación profunda de «esto no es».
Como sucede siempre, todos tenemos un plan vital aquí en la tierra que va desplegándose ante nosotros sin que nos demos cuenta. En aquel momento, yo no era consciente de que el haber conocido a todos esos grupos espirituales sí tenía un sentido: aunque no me hubieran dado las respuestas que yo buscaba, de algún modo sí me habían mostrado el camino que no era y, además, había podido recoger algunas verdades que me servirían más adelante. Durante un breve periodo de tiempo dejé de buscar, cansado, pero el plan de mi aprendizaje personal continuó desarrollándose. Un día, mientras estudiaba segundo de carrera en la universidad, llegó hasta mí un pequeño libro que no había buscado. En él, un reputado científico hablaba de algo que yo no había escuchado nunca: la reencarnación y las vidas pasadas. Comencé a leerlo con mucho interés por dos motivos: primero, porque no sabía que había científicos hablando de estos temas y, segundo, porque la idea de la reencarnación era completamente nueva para mí. Pero lo que más me sorprendió mientras leía ese libro fue que no me sorprendía nada de lo que leía, era como si algo profundo en mí ya supiera esto. Y por primera vez tuve la certeza interna de que «esto sí puede ser».
Por mis experiencias anteriores con grupos espirituales y religiosos, y debido en gran parte a mi formación científica, necesitaba profundizar más en el tema de la reencarnación y las vidas pasadas buscando a diferentes autores y científicos de confianza que estuviesen abordando con rigurosidad este tema para poder contrastar la información. Fue sorprendente encontrar a una gran cantidad de investigadores que estaban trabajando en el conocimiento de la postvida desde universidades, hospitales o clínicas mentales y de los que los grandes medios científicos y de comunicación no hablaban: Brian Weiss, Michael Newton, Elisabeth Kübler-Ross, Ian Stevenson, Raymond Moody y muchos otros, todos ellos psicólogos o psiquiatras que desde hacía décadas estudiaban científicamente la supervivencia del alma tras la muerte y habían conseguido resultados maravillosos. Cada uno de ellos estaba especializado en un ámbito concreto de la postvida, de modo que, aunque no cubrieran toda la experiencia de la vida tras la muerte, estudiarlos a todos sí me ayudaba a ir trazando un mapa.
En esa búsqueda también me encontré con importantes textos clásicos, los cuales encerraban un gran conocimiento sobre la vida espiritual y la realidad del ser humano. Estos textos antiguos estaban empezando a ser confirmados por las investigaciones actuales, lo que les daba una mayor credibilidad y relevancia. En aquel momento me di cuenta de lo difícil que era acceder a esta información por parte de la mayoría de la gente, ya que eran textos herméticos, complejos y confusos. Fue entonces cuando decidí abrir un blog en internet donde poder compartir, de una manera sencilla pero profunda, toda la información que estaba recabando y reelaborando. Pronto comenzaron a llegar a este espacio cientos de personas en busca de respuestas. Poco tiempo después, los lectores me pidieron un lugar en el que poder compartir sus experiencias con la postvida: contactos que habían tenido con seres queridos fallecidos, sueños, señales de otros planos de existencia, experiencias cercanas a la muerte, etc., por lo que abrí una comunidad virtual. Gracias a esto, pude comprobar que todo lo que había leído sobre este hecho, estaba siendo experimentado por centenares de personas de diferentes países, culturas, creencias o niveles educativos.
Al terminar la carrera en psicología, estuve durante un tiempo realizando mi práctica profesional en hospitales y centros de salud, utilizando psicoterapia convencional; sin embargo, sentía que este tipo de terapia, perfectamente válida en muchos casos, no terminaba de profundizar en aquello que yo consideraba fundamental: el aspecto espiritual. No podía trabajar únicamente desde ese nivel sabiendo que el ser humano es mucho más que todo eso, que su vida es enormemente más amplia de lo que él cree y que en su interior se encuentra esa alma de la que se siente desconectado y con la que necesita reencontrarse para lograr una verdadera paz interior y un conocimiento profundo sobre quién es y el sentido real de su existencia. De ahí que, en la práctica privada, mientras continuaba trabajando con elementos de la psicología convencional, comenzase a utilizar también herramientas espirituales, dando lugar a un modo ecléctico de trabajo al que suelo referirme como Terapia Psicoespiritual.
Con muchos de mis pacientes he realizado a diario regresiones mediante hipnosis a vidas pasadas y a Vida entre vidas, de modo que además de ayudarlos a ellos en su mejoría psicológica, espiritual y vital, he podido continuar ampliando mis conocimientos en la postvida, comprobando personalmente lo que sucede tras la muerte física y resolviendo dudas a las que no había encontrado respuestas en otros estudios.
A lo largo de estos años, lectores, compañeros y pacientes me han pedido que les recomendase algún libro para poder profundizar en este conocimiento; sin embargo, me resultaba muy difícil aconsejar uno que abordase todas las partes de la postvida o que lo hiciese de manera rigurosa y sencilla. Aunque existen infinidad de libros y artículos acerca de la vida tras la muerte, estos suelen tener dos problemas principales: una gran parte de ellos son excesivamente complejos de entender, mientras que otros más sencillos o bien no recogen todo lo que se conoce del mundo espiritual o dejan muchas preguntas sin resolver o mal resueltas, al mezclarse con creencias filosóficas o religiosas. Poder abarcar todos los aspectos del mundo espiritual de un modo sencillo, profundo y riguroso es lo que me ha llevado a escribir este libro. Espero haberlo conseguido y que todas las dudas que te has planteado sobre la vida tras la muerte física queden resueltas cuando lo hayas terminado.
Introducción
Muchas personas suelen preguntarse por qué investigar la muerte en lugar de concentrarse en la vida. Ellos ven estos dos temas incompatibles: o muerte o vida, y esto es algo muy alejado de la Verdad. En efecto, nadie va a hablar aquí de la muerte, al menos no de la muerte tal y como se entiende habitualmente. De lo que vamos a hablar a lo largo de este libro es de vida; de hecho, vamos a hablar de la Vida auténtica, la Vida que no muere nunca, que trasciende a todo lo que conocemos. Vamos a hablar de una vida infinita.
Cuando nos adentramos en el conocimiento de la auténtica naturaleza de la muerte y de lo que sucede tras ella, estamos profundizando en realidad sobre la vida, de manera que la mayoría de las preguntas que hasta ahora nos hemos estado planteando quedan perfectamente resueltas: ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos tras la muerte? ¿Qué estamos haciendo en la tierra? ¿A qué hemos venido? ¿Qué sentido tiene lo que nos pasa? Y al ser respondidas, todo el sentido de nuestra existencia cambia, llegando incluso a poder comprender las situaciones más difíciles a las que nos hemos enfrentado.
En nuestra sociedad actual, hablar de muerte sigue dando todavía miedo, sigue siendo un tema tabú que es preferible evitar. Sin embargo, el miedo comienza a desvanecerse cuando entendemos que la muerte no es más que un cambio de plano, un cambio de lugar; de ahí que si en lugar de usar el término muerte usásemos el de desencarnación estaríamos acercándonos más a lo que en verdad sucede, porque lo único que pasa cuando morimos en la tierra es que salimos de este cuerpo físico. El problema de nuestra sociedad ha sido creer que solo existimos en este lugar, en este mundo, relegando el conocimiento espiritual al oscurantismo y la religión. Esto le es muy útil a nuestro sistema económico basado en el consumo, por eso insiste en mantenerlo, pero a cambio reduce la vida a una simple anécdota de corta duración y con muy poco sentido. Sin embargo, más adelante veremos que el plano o mundo físico es solo uno de los muchos lugares en los que existimos y, por tanto, la muerte física es solo eso, la muerte del cuerpo físico. Nosotros no somo
